ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 26 de mayo de 2008

PARA VIVIR HAY QUE MORIR

No es que lo parezca, sino que realmente lo es: "para ser feliz hay que renunciar a serlo". No cabe la menor duda que lo que afirmamos lleva implícito una contradicción. Si quiero ser feliz tengo que renunciar a serlo. ¿Me estoy diciendo que para ser feliz tengo que no serlo? Indudablemente que algo falla en lo que decimos, pues tal cosa no nos entra en la cabeza.


Y es que los criterios de DIOS no son los criterios del mundo. Bien dijo ÉL: mi Reino no es de este mundo. Sólo desde ahí podemos empezar a entender lo que tratamos de meditar y reflexionar. Podemos observar que no es tan descabellado lo que decimos cuando nos paramos a analizar la realidad que nos rodea. Cuantas veces decimos: ¡No hay nada como una madre! Y es que una madre da hasta su vida por el bien del hijo. Cuantas veces vemos reflejado la renuncia de sus padres a todo lo que han anhelado en sus vidas por lograr el bienestar de sus hijos. Cuantas veces se repite la renuncia para dar bien a otro. ¡Pues no estamos tan disparatado como creíamos al principio! Hay mucha renuncia a mi propio bien y mucha entrega al bien del otro.



Y en este darse y entregarse, aún sufriendo, se produce el milagro de encontrar lo que otros buscan buscándose a si mismo: "la felicidad". Porque la felicidad no consiste en darse a si mismo, ni en poseer, ni en engrandecerse. La felicidad consiste en darse al otro, en entregarse al otro, en desvivirse por el otro. La felicidad es amar gratuitamente.

Y esto es así porque DIOS, nuestro creador, es Amor y nosotros somos criaturas creadas por ÉL a su imagen y semejanza, por lo tanto somos amor también. De modo que, cuando amamos estamos haciendo lo correcto, para lo que hemos sido creado. Y sí hacemos lo que debemos hacer somos felices. No hay, pues otra razón ni otra manera de encontrar la felicidad. Sólo en la renuncia la podemos encontrar. Por eso dice el SEÑOR: él que quiere ser el primero, que sea el último. O lo que es lo mismo: el que quiere alcanzar la felicidad (el primero cree ser feliz por ser primero) que se ponga a servir (que sea el último de la fila, el servidor de todos).

No hay otro camino por mucho que nos empeñemos en buscar otras salidas y otras respuestas. Todo lo que encontraremos es caduco y finito. Nos sacia por unos momentos, pero vuelve a dejarnos insatisfechos y ansiosos. Sólo la renuncia y el amor colma nuestras ansias de felicidad. Y no trato de demostrarlo ni de imponerlo, sino de compartirlo desde mi experiencia vital y la de otros muchos que nos testimonian esta realidad. Y al decir, desde mi experiencia, quiero expresar la vivencia de encontrar el vacío y la desesperanza en las cosas que este mundo te puede ofrecer. Y, aunque muchos no estarán de acuerdo, que levanten la mano los que se consideran felices yendo por el camino egoísta de buscar su propio bien sin importarle el de los demás. En lo más profundo de su ser, en la soledad del encuentro consigo mismo aceptaran esta realidad, porque en este caminar no encontraremos nunca la plena felicidad, pues sólo en DIOS está la meta de la misma.

Nuestra esperanza nos presagia el empezar a saborear las mieles de sentirnos en paz, serenos y esperanzados en llegar un día al Centro de toda felicidad en su estado más puro. Y estar en paz, serenos, tranquilos es el preludio de sentirnos felices.

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