ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 18 de junio de 2008

TODO NO DEPENDE DEL SEÑOR


Todo no depende del SEÑOR porque así ÉL lo ha querido. Es obvio que sí el SEÑOR hubiera querido hacer las cosas de otra forma, nos hubiese hecho de otra forma, valga la redundancia.



Por ejemplo, no nos hubiese hecho libres, al menos, para poder elegir seguirle o no. Tampoco nos hubiese dado voluntad para no hacer esto o lo otro, algo así como los animales: su ideario de vida está marcado por las leyes que le dictan sus instintos. No son libres ni para comer, pues comerían hasta veneno si se lo ponen delante.



Eso si, el SEÑOR nos da todo lo necesario para poder llegar a ÉL y para poder seguirle y cumplir lo que ÉL nos propone. Llamo la atención a "lo que nos propone", que significa que no nos lo impone, sino nos lo propone, por lo tanto, somos muy libres de aceptarlo o no.



En mis esfuerzos por comprenderlo y expresarlo, se me ocurre decir lo que oí, y estoy totalmente de acuerdo con él, a Don Máximo Pérez en radio María: "el SEÑOR nos regala todo el esfuerzo necesario para nuestra conversión, pero siempre queda unos kilipondios para que la conversión se produzca".



Esos kilipondios no los puede poner nadie, sino yo, y sí yo no los pongo le cierro las puertas a DIOS y no entro en su Casa, en su Misterio, en su Amor. Somos nosotros los que nos negamos nuestra propia salvación y nos dictamos nuestra propia condenación. Nuestro PADRE DIOS siempre estará pendiente de que aparezcamos por el horizonte de regreso a su Casa, para abrirnos sus brazos.



Es, pues, necesario una dosis de humildad, de abajarnos, de despojarnos de toda soberbia, suficiencia, prepotencia, vanidad, vanagloria y todo lo que no sea sentirnos necesitados y pobres del amor de nuestro PADRE, pues ÉL es nuestro destino queramos o no.



Diría que para abrir nuestra propia puerta estamos necesitado de nuestro PADRE DIOS. Sin ÉL no la podemos abrir, pero ÉL sin nosotros no podrá abrirla, pues nos ha hecho copartícipe de todo: de su gloria y de nuestra propia salvación. Necesita de nuestra elección; necesita de nuestra pobreza y de nuestra humildad.



Ese es el ejemplo que he visto retratado en Mark Gibson, un joven norteamericano que llegó a nuestro país, como otros muchos, para pasar las vacaciones de verano. Buscaba el sol y aprender español. Sin embargo se encontró con una persona que fue puente entre él y DIOS.



Para que eso se diera fue necesario las ansias de búsqueda por encontrar sentido a una vida que se hace rutina, vació y sin sentido. Sin inquietud no hay búsqueda ni llamada. Se hace, primero, necesario buscar, y para buscar hace falta sentirse necesitado, pobre, y la pobreza te llena de humildad. Es entonces cuando tu corazón está preparado para ser "Belén" de nuevo, y dejar nacer en ti un nuevo Espíritu.



Eso explica muchas cosas que suceden en nuestro mundo. Eso explica lo grande que es el Amor de nuestro PADRE que tanto nos ama que dio la vida, en su HIJO JESÚS, por nosotros, y que espera infinitamente a que nos demos cuenta de que la felicidad que buscamos está en llegar a ÉL.

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo en que no todo depende del Señor, tu post me hizo recordar algo que leí y que me gusta mucho:
    "Dios mueve el cielo entero en aquello que el ser humano es incapaz de hacer.
    Mas no mueve una paja en aquello que la capacidad humana puede resolver." antiguo dictado oriental

    Dios nos da lo necesario y no nos impone, creo que eso es parte de lo maravilloso de estar vivos, la libertad que nos obsequia.

    Saludos. Hilda

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