ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 29 de octubre de 2008

¡NO DESESPEREMOS!

San Narciso
No debemos desesperar, ni rasgarnos las vestiduras por los abatares que suceden en nuestra época. Sin lugar a duda el horizonte que se nos presenta no es halagüeño ni prometedor, al contrario, barrunta pérdida de los valores cristianos. La familia, fundamento de la sociedad, está en proceso de destrucción, mejor, quieren destruirla y en consecuencia tratan de dañarla, desestructurarla y desaparecerla; la autoridad está corrompida, desautorizada y sin firmeza de ejercircio; todo alumbra al caos y a la muerte: aborto, eutanasia, bioetica para matar...etc.

Nunca estaremos, ni estamos solos, pues el ESPÍRITU está con nosotros: "si, pues, ustedes aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el PADRE del cielo dará el ESPÍRITU SANTO a los que se lo pidan". No tengamos miedo por los momentos que nos tocan vivir, pues la historia de la Iglesia está salpicada por su persecución y violencia contra ella. Eso explica la gran cantidad de mártires que tiene.

Ya en el siglo II, por no hablar de las primeras comunidades donde Pablo tuvo muchas confrontaciones y desacuerdos, ocurrían contradicciones y desencuentros entre los mismos cristianos. San Narciso, obispo de Jerusalén Narciso nació a finales del siglo I en Jerusalén, formando parte seguramente de la tercera generación de cristianos. En el año 180 fue consagrado obispo de la ciudad, ya en avanzada edad. Quince años después se le ve como obispo en el concilio de Cesárea, cuando se unifica con Roma el día de la celebración de la Pascua. El obispo fue acusado por envidia de un crimen por propios compañeros cristianos (desde los comienzos acecha el pecado). El obispo deja el cargo y se retira a la soledad, pero perdonando a sus envidiosos difamadores.

Todo esto nos debe de animar y alentar a perseverar, a seguir el camino y a no pararnos como hizo el SEÑOR a pesar de las calumnias, los abandonos y las amenazas. Sin dejarnos amedrantar: "no tengan miedo", nos decía nuestro querido Juan Pablo II. Seamos, pues constante en la oración, fieles a la Palabra y unidos en fraternidad.

¡SEÑOR, PERDÓNAME MI INGRATITUD!





Sin darme cuenta se me rebozó el corazón de gozo y alegría contenida derramada en lagrimas que cantaban alabanzas y glorias a TI, mi SEÑOR. ¡Cuanto tengo que agradecerte por todo lo que he recibido! ¡Y cuanta indiferencia e ingratitud a tantos dones y regalos!

Mirando a Juanito me siento que has derramado muchos más dones en mí que él; me siento privilegiado y no merecedor de abrir la boca. No encuentro ninguna razón para merecer yo más que él, pero, como se trata de mí, lo acepto de buen agrado y callo en el reparto. ¿Me pregunto si fuese al revés?

Sin embargo, ¿no entiendo por qué siendo un PADRE Bueno a unos nos das mucho y a otros tan poco y hasta se los pone difícil? Yo tengo mis cruces y dificultades, pero son simples tonterías ante las de Juanito. Y no sólo Juan Pablo, sino muchos más discapacitados y disminuidos que conozcos y veo en los vídeos.

Más mi corazón se llena de gozo cuando empiezo a entender que la dicha que tanto anhelamos y buscamos no está en las cosas, ni en ser agraciado con muchos dones, tanto físicos como intelectuales, sino en ser agradecido con lo que TÚ nos has dado y, desde ahí, aceptar y caminar en el amor hacia TI.

Sin darme cuenta casi empiezo a envidiar a Juanito y a otros tantos, porque aceptando sus incapacidades y sus dificultades están ganándose la Gloria de estar CONTIGO. También, empiezo a comprender que compartiendo y caminando con ellos podemos, los privilegiados, ganar la Gloria prometida.

¿Quien levanta su mano para aniquilar a esas personas tan dignas como los demás y hermanos en CRISTO? ¿Con que autoridad y derecho se atreven a apartarlo de su derecho a la vida regalada por nuestro PADRE DIOS? ¿Quienes se erigen dueños y señores de determinar lo que está bien o mal?

Todo estriba, simplemente, en un problema de compartir lo que hemos recibido, ya sea material o espiritual. Desde aquí levanto mis ojos al SEÑOR para, por medio del ESPÍRITU SANTO, elevar alabanzas de gratitud y gozo por todo lo recibido y por alcanzar la disponibilidad de compartirlo con todos.

viernes, 24 de octubre de 2008

¡¡ESTE ES EL CAMINO!!





Porque mi PADRE DIOS me ha creado y estoy llamado a la Santidad. Me ha creado para eso y no para perderme en la infelicidad y en el vacío de una vida eternamente atormentada. Y doy mi consentimiento en mi compromiso Bautismal. Pablo, nuestro gran Apóstol, nos exhorta desde la cárcel a que vivamos de una manera digna la vocación con la que hemos sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia.

Nos llama a soportarnos unos a otros por amor. No se trata de enfrentarnos porque no me caes simpático; porque tus criterios no son los míos; porque intuyo que tu te buscas; porque te aprecio vanidoso, porque... etc., sino porque tengo que amarte, con la Gracia de DIOS, poniendo empeño en conservar la unidad del ESPÍRITU con el vínculo de la paz.

Soy llamado, lo pongo en primera persona, a la esperanza de formar con los otros, mis hermanos, un sólo cuerpo y un sólo ESPÍRITU. Un solo SEÑOR, una sola fe, un solo Bautismo, un solo DIOS y PADRE de todos, que está sobre todos, actúa por todos y está en todos.

A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia, los carismas, para ponerlos al servicio de los demás, es decir, la Iglesia. Y estos dones repartidos están para, administrados, disponerlos al bien de la comunidad. Pero, por nuestra condición humana, estamos inclinados a mal usarlos y a sentirnos inclinados a ponerlos para nuestro propio bien, egoísmo, y olvidarnos del otro.

Y este va a ser y será nuestro caballo de batalla en nuestro peregrinar, por eso somos caminantes, peregrinos hacia la perfección, hacia la Casa del PADRE. Debemos, pues, tener estas exhortaciones de Pablo muy presentes en todo nuestro camino. Habrá, tendrá que haberlas, enfrentamientos, diferencias de pareceres, criterios, silencios, reflexiones, dureza, oscuridad y...etc., pero siempre agarrados al "soportaos unos a otros por amor".

Experimento esa vivencia en mi vida y en ella encuentro la presencia del ESPÍRITU que me constata su existir y asistencia a través de 2008 años en nuestra Madres y Santa Iglesia. Hay momentos de zozobra, de turbulencias, de hundimientos aparentes, de confusión y oscuridad, pero en lo más profundo de ese volcán incandescente está la voz del ESPÍRITU, como Pablo en su tiempo nos exhortó, a soportarnos por amor.

Y así han ido surgiendo voces que en cada momento han proclamado que CRISTO es el fundamento que nos une y nos dirige. No tú ni yo, sino ÉL. Y por eso, en ÉL, con ÉL y por ÉL, nuestro PADRE dispuso que unos fuéramos apóstoles; otros, profetas; otros, evangelizadores; otros, pastores y maestros, para la adecuada organización de los santos en las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de CRISTO, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del HIJO de DIOS, al estado de hombre perfecto, a la plena madurez de CRISTO.

Claro está el camino y nada se puede añadir. Eso sí, nos toca a nosotros discernir las sendas por las que caminamos y allanarlo y adecentarlo para poder recorrerlo. No seamos como niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce al error. ¡Mucho cuidado con los personalismos y nuestras intenciones de trepar a los primeros puestos; de elevarnos a los altares privilegiados; de las arrogancia del saber más que los otros; de, en resumen, ser los primeros, tal y como se vieron tentados los apóstoles.

Antes bien, con la sinceridad en el amor, crezcamos en todo hasta aquel que es la cabeza, CRISTO, de QUIEN todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por la colaboración de los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro, para el crecimiento y edificación del amor (de Ef. 4, 1-16).


lunes, 20 de octubre de 2008

SOMOS COMO UNA PLANTA: O NOS MARCHITAMOS O CRECEMOS, PERO ES IMPOSIBLE SEGUIR IGUAL. ¿QUÉ ES LO QUE PREFIERES?







La vida es el periodo de tiempo, corto, que tenemos para decidir nuestra eternidad, y para amar. Cada día mueren millones de personas, un día será el tuyo y el mío. Un día todo esto habrá acabado y tenemos en nuestras manos que ese día sea el mejor de nuestra vida. Hemos de trabajar sin descanso, pensando en el día que todo será descanso. Puede que la idea del cielo no nos incentive demasiado, que prefiramos un premio terrenal, que creamos que el cielo es una levitación aburrida..., no desconfiemos, cuentan de aquel pobre vagabundo que pidió a un rey una moneda y éste le miró con cariño y le lavó, le vistió con las mejores galas y lo llevó a palacio. No nos quedemos con la moneda de la felicidad terrenal, confiemos en nuestro Rey que mirándonos con amor nos dará muy por encima de lo que pidamos e imaginemos. Todo lo que deseamos y mucho más está en el cielo, pues ¡vamos a llenarlo!, vamos a dedicar nuestra vida a hacer felices a los hombres, a llevarles al cielo.

Hoy puede ser un punto de partida en que tome nuevas decisiones. ¿Qué escojo ahora? ¿Cómo reparo los errores del ayer? El tesoro de la libertad sigue en pie, a pesar de nuestros fallos. Puedo iniciar un nuevo camino, puedo cambiar de táctica (aunque lo pasado quede fijo, inmodificable).

Sobre todo, comprometido con mi compromiso de Bautismo, puedo rezarle a DIOS, pedirle luz y consejo. Pedirle, sobre todo, que me enseñe a aceptar SU VOLUNTAD y a acoger su perdón, para vivir los días o los meses que me quedan en esta tierra según la ley del juego más importante: amar a DIOS como DIOS nos amado.

Se hace vigente y actual el pensamiento Paulino: "considero todas las cosas como una pérdida, comparadas con la excelencia del conocimiento de CRISTO JESÚS, mi SEÑOR; y las tengo todas por pura basura a cambio de ganar a CRISTO (Flp 3, 8).

Es el momento de elegir el camino y, aunque aparentemente parecen muchos, sólo hay dos: el angosto y el ancho. Por nuestra propia experiencia nos sabemos inclinados a escoger el ancho, pues nos promete un horizonte más atractivo a simple vista, pero también experimentamos que detrás del sabor dulce aparece el amargo, el vacío y la insatisfacción de sentirnos perdidos y confundidos en una insaciable carrera de satisfacciones.

domingo, 19 de octubre de 2008

¡LÍBRAME, SEÑOR, DE SER FARISEO!







En el silencio interior de mi corazón haz, SEÑOR, que encuentre la paz, la sabiduría y fortaleza necesaria para estar siempre atento a tu Palabra y dispuesto, sin condiciones, a amarte y servirte en los hermanos.


Renuévame interiormente con un espíritu limpio, desapegado, disponible y humilde. Haz, SEÑOR, que me abandone en Las MANOS del ESPÍRITU y mi boca hable por Su BOCA; mis pensamientos sean Sus PENSAMIENTOS, y mis proyectos sean Sus PROYECTOS.


No permitas que me busque a mí mismo; no permitas que me engríe en mis virtudes y cualidades egoístamente, pues tuyas son, SEÑOR, y de TI las he recibido generosamente y
gratuitamente.


Guíame por el camino que TÚ quieres que siga y dame la paz, sabiduría y fortaleza que necesito para el camino. Haz que sepa serte agradecido y conformarme con lo que TÚ quieres, no con lo que yo te pido.


Enséñame a obedecerte y a aceptarme tal como TÚ has querido que sea; enseñame a conformarme con mis limitaciones, con mis fracasos, con mis dudas, con mis defectos, con mis impotencias, con mis malos deseos, con mis envidias, con mi pasiones, con mis perezas, con mi soberbia, con mi suficiencia, con mi inteligencia, y con tantas cosas que ni yo mismo puedo llegar a ver.


Hazme entender que TÚ me conoces enteramente, pues eres mi CREADOR, y sabes de todas mis cosas. Y eres TÚ, mi SEÑOR, QUIEN me transformas, QUIEN me instruyes, QUIEN me modelas, QUIEN me perfeccionas, QUIEN haces de mí tu hijo, QUIEN me ama y QUIEN me salva.


Finalmente, SEÑOR, haz que me deje caer confiado y esperanzado en TUS MANOS y, como un niño en brazos de su padre, me duerma en tu regazo.

CUANDO LLUEVE, LA TIERRA SE TRANSFORMA Y...








No trato ni pretendo desesperar, ni mucho menos, atormentar, sólo me interpelo y me esfuerzo en compartir lo que, irrevocablemente, siento en lo más profundo de mi interior y que estimo como lo más importante, pues de nada me vale mi vida sí la pierdo para siempre.
El tiempo, inexorable, camina sin mirar atrás, y cada paso hacia delante quema una etapa de nuestro peregrinar que no volverá a repetirse. Lo realizado, hecho queda, y lo presente es la oportunidad que se nos abre a la esperanza de rectificar lo pasado.

De ahí la importancia enorme que tiene la frase. "el tiempo es oro". Sin embargo, a pesar de pasar y pasar ,el tiempo, por nuestra vida, lo dejamos escapar igual que agua al río. Permanecemos impasible y distraídos sin preguntarnos los grandes interrogantes que nos plantea nuestra existencia. ¿Hay algo tan y más importante? Tendremos que responder que si, pues a pesar de llover y empaparnos nuestra respuesta no emerge como hierba agradecida por el agua.

sí, al observar los campos secos de mi isla, observo que, a pesar de su sequedad cuando llueve, su tierra se transforma y se viste de verde. Sus frutos despiertan y nacen a la vida llenando sus contornos de hermosas amapolas y dulces margaritas. Los mantos plantados, a la espera del ansiado alimento, prometen ingentes cosechas y un futuro abundante. ¡Podemos exclamar, la tierra despierta y responde a su llamada!

Y mi pregunta, como volcán encendido y exultante lava, me interpela y me grita: ¿cómo es posible que ante tan magnitud nosotros permanezcamos estériles? ¿Dónde están nuestros frutos como respuesta a esa lluvia ( la Gracia ) regalada que nos empapa y nos envuelve. Ocurre que,sin darme cuenta, entretenido como el rico en los placeres y divertimentos de la vida olvide abonar mis campos y desparramar mi cosecha.

También me puede ocurrir que, llevado por lo corriente: "lo que hacen la mayoría", pero no lo normal: "lo que se debe hacer para bien de todos", me deje seducir por los criterios misericordiosos de los que todo lo justifican en el perdón y el amor mal entendido. Porque perdonar y amar están integrados en darse y entregarse por el bien de los demás. Si me excluyo, empecinado en la búsqueda de mí mismo y en mi propio egoísmo y vanidad, estoy eligiendo el otro camino: el que no quiere ser perdonado, ni amado.

No hay, pueden confundirnos, un PADRE amenazante y al acecho, sino unos hijos que, a pesar de un Amor incondicional, misericordioso, paciente, y gratuito, se excluyen, se retiran, se niegan a dejarse abrazar y rechazan toda donación amorosa. Hay muchas respuestas que, más que demostrar, tratan de justificar, sin poder hacerlo, lo que no se puede negar por su presencia evidente: la vida.

No trato de convencer, ni de afirmar nada, sólo sé que JESÚS resucitó porque lo dice la historia y lo testifican sus Apóstoles; porque su tumba, la historia no lo puede contradecir, quedó vacía y sus apariciones lo corroboran; porque muchos se afanan en negarlo y hasta les va la vida en eso; porque es más plausible la inexistencia del ateismo que la creencia de que JESÚS resucitó entre los muertos y era QUIEN clamaba ser. Pero esto supone que DIOS existe.

Consecuencia de mi ser bautismal, mi fe en el SEÑOR, siento la necesidad de regar de forma adecuada y bien aprovechada toda el agua que por mis venas pueda circular y proclamar, desde lo más profundo de mi ser, en paz, con sabiduría y fortaleza, la experiencia que palpita dentro de mí y me llena de gozo y plena felicidad, sólo con la alegría de que otros la puedan sentir también, pues a eso, queramos o no, estamos todos llamados.

miércoles, 15 de octubre de 2008

LA PÁRABOLA DE LOS VIÑADORES














Me pregunto cuanto podemos tener de viñadores homicida nosotros, por cuanto no aceptamos administrar la viña que hemos recibido. ¿En qué actitud estamos en cuanto rechazamos lo que el Viñador nos reclama de lo contratado?



¿Somos de los que no admitimos componendas, ni exigencias, ni explicaciones, ni rendimientos de cuentas de aquellos que nos interpelan, nos testimonian y nos, con su ejemplo y vida, advierten de guardarnos lo que no nos pertenece, y nos apropiamos de lo que no se nos ha dado solamente para nuestro propio bien?



¿Estamos en el grupo de los que, a lo mejor, a algún personaje cualificado y preparado, enviado por el Señor de la Viña, le atendemos y le aceptamos sus sugerencia, pero no soltamos prenda alguna, ni cambiamos de parecer, ni de actitud ante sus advertencias y exigencias?



¿O estamos en el grupo que no escuchamos ni a unos u otros, y quitamos del medio a todo aquel que se acerca a nuestra viña, tomada como propia, llegando incluso a matarlos si es preciso? Nuestro camino y conducta nos puede ir señalando en que actitud nos podemos encontrar ante tal respuesta a la exigencia de responder sobre lo que nos ha sido dado.



Finalmente, nuestra actitud llega a tal punto que, ofuscado por nuestros propios egoísmos y avaricia, no reconocemos ni al Hijo del Señor y no sólo lo rechazamos, sino que a este, el Hijo, lo matamos creyendo que con esto todo será nuestro y para nuestro provecho.



Y claro, hay muchas viñas poseídas sin ningún título, ni documento que lo acredite, pero expedientadas por derecho propio según nuestro egoísmo y valía. He, por mis cualidades naturales, también recibidas del Señor de la Viña, tomado todo lo que mi interés personal y egoísmo propio me ha sugerido. Sin importarme nada los demás, ni lo que diga el Viñador. Sólo ha primado mi bien, egoísmo, ignorando todo lo que haya al mi alrededor.



Y esto no es algo lejano, suena muy cerca, y en estos momentos de incertidumbre e inestabilidad la Viña, al parecer, está asaltada y despropiada para muchos. No hay cosecha, ni trabajo; menos hay para pagar una vivienda y proveernos de lo que necesitamos para vivir; cunde el pánico y aumenta el pillaje y el asalto a lo ajeno; llegan multitud de voces que reclaman su sitio en la viña y su correspondiente frutos; nace el caos, la confusión y la anarquía.



Gritan, aún los que no han venido todavía: no tienen voz, están a merced de lo que decidan los demás, están en un lugar mitad cárcel, mitad corredor de la muerte, mitad vida, pero con todo el derecho a ella y, a muchos le es negada. ¿Quienes ha decidido convertir la casa que me ha preparado el Señor de la Viña en casa de muerte cuando fue creada para dar sólo vida? Vuelven los viñadores a matar por quedarse con todo.



Se puede hablar más claro; se pueden decir las cosas más explícitas y concretas para que todo funcione bien. El Señor de la Viña dejó todo muy claro y bien atado. Se preocupó de dejar una viña fértil y en muy buen estado; una Viña grande y con cabida para todos; una Viña rica y con frutos abundante para todos, pero "todos" la estamos desaprovechando y administrándola mal.



Nadie podrá responderle, porque no hay respuesta: los hombres ya han dicho la suya, y no vale; sólo queda la esperanza de reconocerle como dueño y SEÑOR de la Viña y seguirle según sus mandatos. Todo será entonces diferente y bueno para todos.



Pero aparecen los señores propietarios, otros usurpadores de la Viña del Señor, y, auto proclamándose dueños y señores, establecen soluciones; prometen mejoras que no pueden prometer; inyectan ganancias que no son suyas, obtenidas con el trabajo de los que vendimian, y reclaman serenidad, tranquilidad y paciencia, pero la viña sigue en su poder y los frutos no se reparten sino como ellos quieran.



Supongo que estamos viendo que esa es nuestra propia realidad de ahora mismo. ¿Donde están los frutos de la Viña de mi PADRE? Y si no están, ¿que han hecho con ellos? ¿Las soluciones son solo para los importantes, para los que manejan, en el medio, la riqueza de los viñadores apropiadores de lo que no es suyo? Las ayudas son sólo para los mejores colocados y para los ya poderosos?



¿Y lo de los pequeños, de los que han caído en el camino? ¿Y de las pequeñitas viñas, más bien huertitos, que se ven aniquiladas en medio de esta tormenta antinatural provocada por el egoísmos de los viñadores? ¡Y de sus trabajadores y familias?



¿No estaremos desoyendo a los enviados por el Señor, dueño de la Viña, que nos reclaman y exigen los frutos de la cosecha? Hoy, quice de octubre, día de Santa Teresa se me ocurre, tomando de laudes, el himno sacado de su propia interpelación, las siguientes preguntas:


Vuestra soy, pues me criasteis; vuestra, pues me redimisteis; vuestra, pues que me sufristeis; vuestra, pues que me llamasteis; vuestra, porque me esperasteis; vuestra, pues no me perdí; ¡Qué madáis hacer de mí?


Si quereis que esté holgando, quiero por amor holgar; si me manadáis trabajar, morir quiero trabajando: decid, dulce AMOR, decid: ¿Qué mandáis hacer de mí?


lunes, 6 de octubre de 2008

QUIENES FORMAN LOS PUEBLOS









En el camino de nuestra propia educación se nos dice que la familia, comunidad de amor abierta a la vida, está apoyada en nuestra propia razón social y de relación. Es decir, la base de la formación de los pueblos son las familias.

No necesitamos mucho que pensar para comprender que, al margen de lo que nos digan, es verdad tal sentencia, y hasta podemos formular nuestro propio silogismo:

“Si la persona pertenece y nace en la familia,
Y los pueblos los forman muchas personas,
las familias, unas juntas a otras, forman los pueblos”.

No hay ninguna duda, sólo por motivos de guión, he empezado esta reflexión dejando como una señal la referencia del sustento y pilar fundamental de quien compone los pueblos. En esta yuxtaposición familiar, pronto nacen problemas como origen de la convivencia entre las mismas. Hay que educar a los hijos, hay que vigilarlos, hay que darles de comer, hay que ganarse el sustento, ¿cómo y qué hacer?

Y se funda el origen del Ayuntamiento, gobierno y cuidado de la comunidad formada por las familias. Y así llegamos al Gobierno, tan complejo hoy, de Comunidades, Municipios, Estado…etc. Y ahora en esta carrera tan vertiginosa y compleja se diluyen la raíz para lo que fueron creadas tales instituciones. Llegamos a una verdad: “sólo en nuestros propios orígenes encontraremos respuestas en el horizonte de nuestras preguntas”.

Responder a nuestros problemas y dar respuesta a nuestro verdadero camino es mirar a nuestro pasado e indagar la razón de los problemas qué y por qué se fueron planteando en cada momento de nuestra propia historia y cuales fueron nuestra respuestas a los mismos.

Hoy surgen nuevos problemas, los que nos pertenecen a nuestro tiempo y en nuestro propio camino, y desde nuestros orígenes debemos responder a los mismos. La verdad hay que buscarla en la razones y comportamientos de nuestros abuelos: su concepción del amor, su respeto a la libertad, su autoridad en la familia, sus diferentes roles familiares… etc., sin descartar ni perder de vista que es un camino de perfección donde a nosotros hoy nos toca poner y cribar el mal transmitido y el bien común percibido y alumbrado por el tiempo, la experiencia y la ley natural. Permítame decir que para un creyente, yo lo soy, contamos con la asistencia del ESPÍRITU SANTO que nos asiste e ilumina el camino hacia nuestro propio bien.

Sin embargo, no quiero sólo apoyarme en mi fe, sino en, para los que no creen, la razón. Toda persona de buen gusto se precia de elegir el bien; les revela que lo bueno está barnizado por la verdad, el respeto y la justicia, y eso sólo se consigue con la libertad de buscar la verdad y el bien común.

Y, indudablemente, llegar a eso exige esfuerzo, renuncia y sacrificio. El otro camino: lo fácil, lo apetecible, lo que me gusta, lo cómodo no es, casi nunca, lo correcto. Lo corriente, en muchas ocasiones, no es lo normal. Por lo tanto, se hace necesario y así está recogido en el sentir y en nuestra Constitución que la comunidad política tiene el deber de honrar a la familia, asistirla y asegurarle especialmente:

la libertad de fundarle un hogar, de tener hijos y de educarlos de acuerdo con sus propias convicciones morales y religiosas;

La protección de la estabilidad del vínculo conyugal y de la institución familiar;

La libertad de profesar su fe, transmitirla, educar a sus hijos en ella, con los medios y las instituciones necesarios;

el derecho a la propiedad privada, a la libertad de iniciativa, a tener un trabajo, una vivienda, el derecho a emigrar.

conforme a las instituciones del país, el derecho a la atención médica, a la asistencia de las personas de edad, a los subsidios familiares;

la protección de la seguridad y la higiene, especialmente por lo que se refiere a peligros como la droga, la pornografía, el alcoholismo, etc.;

la libertad para formar asociaciones con otras familias y de estar así representadas ante las autoridades civiles.

Para un creyente, yo lo soy, el cuarto mandamiento ilumina las demás relaciones en la sociedad. En nuestros hermanos y hermanas vemos a los hijos de nuestros padres; en nuestros primos, los descendientes de nuestros antepasados; en nuestros conciudadanos, los hijos de nuestra patria; en los bautizados, los hijos de nuestra madre, la Iglesia; en toda persona humana, un hijo o una hija del que quiere ser llamado “PADRE nuestro”.

Así, nuestras relaciones con el prójimo se deben reconocer como pertenecientes al orden personal. El prójimo no es un “individuo”, (cosa), de la colectividad humana; es “alguien”, (persona), que por sus orígenes, siempre “próximos” por una u otra razón, merece una atención y un respeto singulares.

Las comunidades humanas están compuestas de personas. Gobernarlas bien no puede limitarse simplemente a garantizar los derechos y el cumplimiento de deberes, como tampoco a la sola fidelidad a los compromisos. Las justas relaciones entre patronos y empleados, gobernantes y ciudadanos, suponen la benevolencia natural conforme a la dignidad de personas humanas deseosas de justicia y fraternidad.

Y esto es lo que debemos, los ciudadanos que anhelamos el bien común, exigir y analizar en los programas electorales. Primero que se comprometan a ello; segundo que luego los cumplan, pues lo primero sin lo segundo sería engañarnos y aumentar el libertinaje y la irresponsabilidad.

Y para ello, debemos de renunciar toda tentación de soborno: fiestas, ayudas hipócritas y artificiales y sólo para algunos, mejoras intrascendentes, no prioritarias, y huir de resuelto mi problema que los demás arreglen el suyo. Tenemos y debemos ir juntos y solidarios, pues arreglar el problema del otro es también arreglar mi problema.

Somos seres relacionados y sí tu problema está arreglado, el mío saldrá beneficiado. Juntos saldremos todos mejorados, pero si mis hijos tienen su problema resuelto y no me preocupo por los demás, tarde o temprano entrará en contacto con los que no lo tienen y, el problema está servido. Saldremos todos perjudicados. Es lo que está pasando con los países del tercer mundo. El egoísmo de los ricos está cayendo sobre ellos mismos y todos salimos salpicados. Nuestras tierras son invadidas por los que buscan un horizonte más esperanzador. Sus problemas nos incomodan, nos molestan, nos exigen lo que hace mucho tiempo no quisimos darles; nos reclaman sus derechos a compartir un mundo mejor para todos. Siempre sus problemas deberían haber sido nuestros problemas.

Y ahora debemos tomar conciencia y preguntarnos: ¿vamos a seguir igual?; ¿esperamos que otros solucionen nuestros problemas?; ¿arrimamos el hombro? ¿cómo?

Creo que no hay soluciones rápidas ni completas; se trata de empezar a participar; a hablar y a ponernos de acuerdo para luego pasar a denunciar y exigir con, simplemente, nuestro voto. Al parecer, no es muy difícil y sí. Se trata de ponernos de acuerdo llenando nuestros ambientes de afirmaciones con valores, con verdades, con justicias, con sinceridad, con solidaridad, con respeto y libertad.

Eso sí, con capacidad de sacrificio y lucha. No se trata de mi problema y, resuelto, me voy a casa. Se trata también del tuyo. Así las cosas todo empezaría a cambiar como por arte de magia, porque los amigos del poder, sí quieren permanecer en él tendrían que escuchar la voz del voto ahora y, mañana, ellos mismos estarían contagiados por el buen gusto de hacer las cosas por el bien común.

AL DESPERTAR DE CADA DÍA


En el silencio de este día que nace vengo a pedirte: paz, sabiduría y fortaleza.
La Paz que proviene de TI, mi SEÑOR. La Paz que es producto de no ser yo, sino TÚ que habitas en mí. La Paz de no buscarme, ni engreírme, ni auto valorarme, ni sentirme suficiente, ni meritorio, ni con una buena hoja de servicio, sino la Paz de saberme tu hijo.

Sabiduría para servirte y caminar por el camino que TÚ me indicas, sin reclamaciones, sin cobardías, sin titubeos, sin dudas, sin condiciones, sin medias tintas, sin tristezas, sin enfados, sin regañadientes, sólo porque TÚ, mi SEÑOR, me lo mandas y de TI me fío.

Fortaleza, porque dándome es como únicamente puedo sentirme creyente y seguro. Mi fe se fortalecerá en la medida que me vaya dando a los demás: en la familia; en el trabajo; entre los amigos; en el grupo; en la comunidad; entre los necesitados; entre los enemigos, porque si soy capaz de amar y perdonar es señal de que TÚ, mi SEÑOR, estás detrás de mí.

Quisiera, lleno de paz, sabiduría y fortaleza ver el mundo con los ojos llenos de amor: ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno. Porque sólo de esa manera seré capaz de esperar, comprender, servir, tener serenidad y buscar la verdad.

Quisiera ver a los demás como los ves TÚ, mi SEÑOR, para poder así apreciar la bondad de cada uno, porque siendo tus hijos tendrán muchas cosas buenas ya que TÚ ,mi SEÑOR, nada malo puedes hacer.

Cierra mis oídos a toda murmuración; guarda mi lengua de toda maledicencia, que sólo permanezcan en mí los pensamientos que bendigan; que construyan; que unan; que edifiquen; que animen; que compartan.

Quiero ser tan bien intencionado y justo para que todos aquellos que se acerquen a mí sientan tu presencia. Como Juan, tu primo, que sólo te vean a TI y que yo mengüe y desaparezca. Quisiera ser instrumento útil y fructífero que irradie tu Luz y contagie por donde quiera que vaya.

Y que en todos los actos de mi vivir cotidiano, revestido de tu Bondad, sea capaz de reflejarte y de transparentar la mayor dignidad de sentirme hijo TUYO.

¡Alabado y glorificado sea el SEÑOR!