ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 30 de mayo de 2009

VEN ESPÍRITU SANTO

VEN,
ESPÍRITU
SANTO,

MANDA TU
LUZ DESDE
CIELO.

PADRE AMOROSO DEL
POBRE; DON EN TU
DONES ESPLENDIDO;

LUZ QUE
PENETRAS LAS
ALMAS;
FUENTE DEL
MAYOR
CONSUELO.

VEN
DULCE HUÉSPED
DEL HOMBRE,
DESCANSO DE
NUESTRO
ESFUERZO.

TREGUA EN
EL DURO TRABAJO,
BRISAS EN LAS
HORAS DE
FUEGO,

GOZO QUE
ENGUJA LAS
LÁGRIMAS Y
RECONFORTA
EN EL DUELO.

ENTRA HASTA EL FONDO DEL
ALMA,
MIRA AL VACÍO
DEL HOMBRE,
SI TÚ LE FALTAS
POR DENTRO;

MIRA EL PODER
DEL PECADO
CUANDO NO ENVÍAS
TU ALIENTO.

RIEGA LA TIERRA
EN SEQUÍA,
SANA EL
CORAZÓN
ENFERMO,

LAVAS LAS MANCHAS, INFUNDE
CALOR DE VIDA EN EL HIELO.

DOMA EL ESPÍRITU
INDÓMITO,
GUÍA AL QUE
TUERCE EL
SENDERO.

REPARTE TU SIETES DONES,
SEGÚN LA FE DE TUS SIERVOS;

POR TU
BONDAD Y TU
GRACIA, DALE
AL ESFUERZO
SU MÉRITO;

SALVA AL QUE
BUSCA
SALVARSE Y
DANOS TU GOZO
ETERNO, AMÉN.

¡¡ FELIZ DÍA DE PENTECOSTÉS!!

miércoles, 27 de mayo de 2009

AYER HIZO UN AÑO DE ESTA ANDADURA.


Se me pasó el día de ayer, pero al abrir los ojos hoy, él mismo me ha recordado que llevamos un año caminando juntos. Y no he resistido la tentación de pararme y mirarlo: "¡has cumplido un año!, me dije, y apenas nos hemos dado cuenta. Pero el tiempo lo delata y el camino de búsqueda, de encuentros, de preguntas, meditaciones, oraciones, y hasta suspiros y gemidos nos descubre y registra ese año vivido juntos.

Naciste de improviso, no fuiste programado, ni siquiera deseado, fuisteis producto de la necesidad de crearte porque no podías ser concebido en otro, ni usurpar el lugar de otro, tenías que ser tú y no había otra forma. Así fuisteis, entonces, pensado y elaborado. Y tu vocación fue dar riendas suelta a nuestra relación, a nuestra cercanía, a nuestra encuentro y luz. Luz que nos alumbrará el peregrinar unidos hacia su Casa, sin titubeos ni pérdida de tiempo. Con paciencia, serenidad, confianza y esperanza, confiados en ÉL, por su Palabra, por su fidelidad, por su compromiso, por su amor.

Nunca me ha fallado. Siempre está y siempre que trato de hablarle me responde, me acompaña, está presto a compartir, a dialogar, a serenarme, a comprenderme, a escucharme, a verme en los que nos visitan y comparten, a aprender dando y recibiendo, a, en una palabra, Amar.

Porque eso es lo que TÚ quieres que hagamos: "Amar y estar unidos". Para eso has bajado y para eso te has dado, y subes de nuevo, no podía ser de otra forma, para recomendarnos y decirle al PADRE que nos cuide, que TÚ has terminado, pero que necesitamos que Alguien siga con nosotros, que nos dirija, que nos asista, que nos alumbre. Y abajó el ESPÍRITU y habita en nosotros, y nos acompaña, nos fortalece, nos serena, nos llena de paz, esperanza y nos dirige hacia TI, para que, al final, TÚ nos introduzca en la Casa de tu PADRE, como al hijo prodigo, como a la oveja perdida, como al buen ladrón.

Y todo ha salido, así, de repente, como guiado, conducido, inspirado. Y te doy las gracias, te felicito, porque me das la vida, el tiempo, la fuerza, los amigos, los comentarios, el ánimo, los afectos, los piropos, la palmadita, la sabiduría, la verdad... también penas, sufrimientos, tristezas... pero todo unido y compartido es más comprendido, llevadero, ligero, suave y hacen el camino menos pesado., hasta el punto que, sin saber cómo, empezamos a sentir, en ese morir, alegría, paz, felicidad de la buena, de la que no caduca, de la que no muere...

Por eso y muchas cosas más, como diría Luis Aguilé, les doy las gracias a todos los que con su ánimo, su compartir y visitas, han hecho de este rincón, su rincón, y han hecho de mí una persona más madura, más humana, más cristiana y más hijo de DIOS.

sábado, 23 de mayo de 2009

A LA FE SE LLEGA POR LA RAZÓN


En muchos momentos, cuando el horizonte se nubla, la impaciencia te sobrecoge y el sentido de la vida parece oscuro, sin esperanza y sin, valga la redundancia, sentido común, te desplomas y tu integridad se ve sacudida y con el deseo de rendirte, de dejar de luchar, de no sentirte tan responsable, de erguir la espalda tan doblada por el peso del compromiso responsable, del sentimiento de responder al mal con bien, de ser libre y, en consecuencia, buscar el bien común.

Es entonces, en esos momentos difíciles y duros cuando la razón se pone en funcionamiento y enebra los pensamientos y juicios que te encienden el entendimiento y te abren a la luz de la fe, de proclamar, como hace unos momentos compartía con mi amigo y hermano en la fe, Elías, "yo si creo en DIOS, y disfruto la vida con ÉL".

Y es que fe es saberse querido y aceptado por el PADRE DIOS, que nos quiere, que nos acepta tal y como somos ahora, en este mismo momento, con nuestras debilidades, cabezudeces, perezas, limitaciones, soberbia, egoísmos, vanidades... ÉL sabe como somos, no en vano somos su obra y sus hijos, y en prueba de su amor nos entregó a su verdadero HIJO, para que viniera a decirnos lo mucho que nos quería, y a enseñarnos el Camino para mejorar y ser más buenos.


Porque nuestro PADRE DIOS, nos quiere como somos, pero le gustaría que mejoremos, que seamos, poco a poco, mejores, menos débiles, menos cabezudos, perezosos, limitados, soberbios, egoístas, vanidosos... por eso ha decidido quedarse con nosotros, y sabiendo, hoy día de la ascensión, que tenía que volver al PADRE, nos ha dejado al ESPÍRITU que vendrá muy pronto, Pentecostés, a quedarse con nosotros para asistirnos y acompañarnos en el camino.

No tengamos miedo, pues el ESPÍRITU está con nosotros y siempre nos alumbrará el lugar por donde podemos seguir la marcha, el camino, hasta llegar a la Casa. DIOS nos quiere tanto que permanece callado a nuestro lado, al lado de los que lo tratan indiferente y lo insultan; al lado de los que no le reconocen como PADRE; al lado de los que no quieren hablarle ni que les hable; al lado de los que, incluso, le ofenden, le insultan, le persiguen en el prójimo...

DIOS, nuestro PADRE, nos quiere tanto que con la entrega de su HIJO nos demuestra, más no se puede hacer, la altura de su Amor. Y eso, razonado, nos alumbra el camino que nosotros, sus hijos, debemos recorrer. Si DIOS, mi PADRE, me quiere de esa manera, ¿no tendré yo que hacer lo mismo con los demás? Ese testimonio de amor, que aguanta todo y espera a que respondamos, hasta el último momento de nuestra vida, aquí en la tierra, nos da a pensar que nosotros debemos proceder de la misma manera.

Por eso, en correspondencia al que me regala la vida y una vida para siempre, eterna y feliz, y sin méritos ninguno por mi parte, porque no le respondo como debiera, yo no puedo menos que esforzarme en hacer lo mismo con los demás. Y te das cuenta, al pensar de esa forma, que eso enciende tu vida, le da sentido, y es más, es la solución que todos esperamos y queremos, porque de esa forma no habría crisis, guerras, hambre, muertes, injusticias, desigualdades... ¿a qué esperan los señores gobernantes de las naciones y los que mueven los hilos económicos del mundo?

sábado, 16 de mayo de 2009

El MILAGRO DE LA VIDA.


Hace días, cuando me disponía a cerrar la ventana, debajo de la cual hay una planta, cuyo nombre desconozco, pues de planta sé muy poco, observé que estaba muy deteriorada y débil. Sus hojas yacían cabizbajas y debiluchas mostrando el rendimiento a inclinarse agotadas con el sufrimiento de no poder aguantar más. Su aparente estado olía desesperadamente a muerte y su agonía era apremiante.

Sorprendido por tal visión, espeté a Berta lastimado por la perdida de la planta, pues había sido un hermoso regalo de mi hijo Pepe y su encantadora novia María. Más, Berta, mi mujer, más conocedora de lo que podía pasar, respondió con el regalo de un poco de agua, sólo un poco, que a gritos silenciosos, la sencilla y humilde planta clamaba desesperadamente. Sólo quedaba esperar y mis recelos de que pudiera entonarse estaban en cierta duda.

Al día siguiente, invitado por Berta a que mirase la planta, mi sorpresa fue todavía mayor, pues su vitalidad y fuerza cantaban al mundo su agradecimiento por el agua recibida. Su color verde contrastaba con una hoja amarilla que había muerto en la agonía, pero su resplandor general y sus hermosas hojas firmes, esbelta y de un sano y brillante color explicaban al mundo el milagro vital del agua (vease la fotografía arriba mostrada).

Lamenté no haberle hecho una fotografía en el anterior y lamentable estado, pero ahora sí se la iba a hacer, y arriba se las muestro. Es asombroso ver la diferencia. Imaginesen todas esas hojas que ustedes ven ahora tan esbeltas y hermosas, caídas, torcidas y derrumbadas.

Simultaneamente y, como de forma instantánea, surgió en mí está reflexión que trato de plasmar y de rumiar para provecho propio y de todos los que puedan aprovechar. Así como el agua es vital para la vida de las plantas, la oración es vital para la vida espiritual de un creyente. Así como el árbol necesita podarse, limpiar sus ramas infectadas, enfermas, desformadas y asimétricas, así, nosotros necesitamos también podar nuestra vida para no dejarla debilitar, enfermar y perderse.


Tengo que podar mi voluntad, y ejercitarla en una disciplina, alumbrada por la razón y sentido común, de hábitos constructivos y armónicos que estructuren mis actos de conductas y coloreen y fortalezcan mis responsabilidades. Tengo que podar mis sentimientos y afectos, que se desvían por las apetencias de tragar mucha agua, más de la que necesito, e ingesta mi voluntad y fortaleza, debilitándome y perdiéndome.

Tengo que podar mis amistades, que me pesan demasiado y me contagian a dejarme guiar por un camino indisciplinado,. fácil, cómodo y desorganizado, que dará al traste con el cuidado de mis ramas, de mi limpieza, de mis buenos hábitos, de mi entrenamiento, de mis ratos de sol y sombra, de mi propia contemplación, de ser yo mismo.

Tengo que podar mis resultados, y cuidar mi eficacia y mis talentos (frutos), pues soy árbol para dar frutos y debo de producirlos de la mejor calidad, en razón a mis talentos y dones, y no desperdiciarlos y mal gastarlos. Tengo que ser fiel a lo que se me ha dado, y responder en consecuencia. Tengo que estar muy pendiente a la poda de mi vida, pues en el camino hay muchas cosas que dejar y tomar, pues sólo lo bueno y verdadero permaneces, lo demás perece.

Y tengo, fundamentalmente, que aconsejarme por el mejor cultivador, por el mejor jardinero, por el mejor y más sabio labrador. Porque sólo teniendo al que lo sabe todo, lo arregla todo, lo cuida todo, y se ofrece y entrega a hacerlo, es como puedo mantener mi árbol erguido, digno, hermoso, fuerte y eternamente feliz.

El Evangelio de hoy nos muestra, casualmente, el contenido de lo que quiero expresar en esta simple reflexión, y precisamente por boca del que tiene verdadera autoridad para decirlo: JESÚS. Sin ÉL nada podemos hacer, y sólo permaneciendo en ÉL y cumpliendo sus mandamientos, podemos mantener nuestro propio jardín hermoso y eternamente cuidado.

viernes, 8 de mayo de 2009

DIOS ES NUESTRO PADRE.

Al regreso de la Eucaristía, hoy viernes, tuve el sentimiento de experimentar, gozosamente, la cercanía y la vivencia de considerar y considerarme hermano de todos los hombres. Y esto surgió, porque desde siempre, hasta hoy, la palabra hermano me sentaba mal y me dolía el votarla y soltarla desde mis adentros hacia afuera. No por su contenido, ni por su significado, sino porque la dificultad de su compromiso, me exigía mucho, me obligaba a desapegarme y a morir a mí mismo. Ante tan elevada misión y desprendimiento, mis apetencias, apegos y egoísmos se resistían a pronunciarla, porque temían y temen no cumplirla.

¿Por qué la escribo en este blog, siendo consecuencia de una vivencia experimentada y sentida? Parece más apropiada para derramarlo en vivencias e inquietudes, más, me parece, sin dejar de tener su contenido vivencial, que corresponde al apartado de los criterios, que debemos de esclarecer para, entendiéndolos, sentirnos agarrados y profundamente hermanos.

También, es parte de la preparación y meditaciones con las que preparo mis "rollos" y vivencias desde la proclamación kerigmática de la Palabra a través del método del Cursillo. DIOS es nuestro PADRE, pero un PADRE lejano que sólo se manifestó en los Personajes por ÉL elegidos y por los profetas. Desde el principio su plan estaba pensado, y así lo realizó, desde Abrahan hasta la llegada de JESÚS. Era un DIOS lejano, invisible, manifestado en signos o en una voz. Un DIOS que nos hablaba a través de sus personajes elegidos y sus profetas. Un DIOS que podía generar dudas y desconfianza.

Un DIOS representado en personas que no tenían la autoridad y el crédito para creer ciegamente en ellos. Un DIOS que hablaba, pero no se sentía cercano. Por eso, en su éxtasis de locura de Amor, DIOS pensó que llegado el momento, todo iba a converger en su HIJO, y para ÉL todo había sido creado y pensado. Y, cuando llegó la hora, cuando el PADRE lo creyó oportuno, su Torrente de Amor Infinito generó la Persona del HIJO, que tomando la Naturaleza Humana, se hizo hombre y acampó entre nosotros.


Ahora, el DIOS PADRE, lejano y escondido entre nubes, brisas y fuego, nacía, pobre y humilde, entre nosotros los hombres. Y ya lo lejano se acercaba; lo invisible, se veía; lo escondido y etéreo, se tocaba y hablaba de tú a tú. DIOS PADRE entre nosotros. Y JESÚS, el HIJO, vino, no a hacer su propio plan, su propio proyecto, sino a dar cumplimiento al Amor del PADRE y a enseñarnos el camino de hacerlo nosotros también.

JESÚS, no hace lo que quiere, sino obedece la Voluntad del PADRE, y como HIJO, nos hace hijos a nosotros también, nos hace coherederos de su gloria, cumpliendo la Voluntad del PADRE, y enseñándonos el camino que, ÉL mismo, recorre primero: la Cruz.

Y ahí está la clave y el misterio. Nacemos en familia, y experimentamos que tenemos la misma sangre y el mismo padre, y ese sentimiento nos une y nos hace hermanos naturales, que nos lleva a querernos, unirnos fraternamente y hasta dar la vida unos por otros. Ese sentimiento de padre, hijos y hermanos nos compromete y enlaza a unos con otros.


Y JESÚS nos viene a decir que, no sólo somos hermanos naturales, sino que en su PADRE somos todos hermanos, pues nacemos del agua y del ESPÍRITU y en ÉL estamos todos contenidos y unidos. Por eso, para JESÚS todo tiene sentido, y su Vida está entregada, en el PADRE, por cada uno de nosotros; por eso, JESÚS, con toda naturalidad y sentimiento, da la vida por cada uno de sus hermanos y se entrega hasta ese extremo, porque ha experimentado, naciendo de María, la cercanía de sentirse hermano de todos los hombres.

Desde ahí, desde ese sentimiento que nos dignifica y nos une; desde ese sentimiento que nos descubre nuestro mismo origen y nos hermana, sólo se puede entender que todos los hombres estamos llamados a ser hermanos, a sentirnos cerca, a ayudarnos, a comprometernos y a respetarnos. Tantos los que desfavorecidos nada tienen, como los privilegiados tienen todo. Unos y otros deben compartir y repartir desde la honradez, sinceridad y el respeto.

Pero siendo siempre libres, porque la Verdad, nuestro PADRE ABSOLUTO, nos hace libre. Y libre no es sino buscar el bien común, el bien del otro, todo lo contrario de lo que creemos entender, cuando pensamos que libertad es hacer lo que quiero y me gusta. Cuando entendemos que es lo contrario, entendemos que lo más natural es ser hermano, aunque, por desgracia, no sea lo corriente.