ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 14 de abril de 2010

PUNTOS DEL CATECISMO MEDITADOS POR EL PADRE JESÚS.


-PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
-PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»
-CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS

CAPÍTULO PRIMERO:
EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS

IV ¿Cómo hablar de Dios?- Número 41

41 Todas las criaturas poseen una cierta semejanza con Dios, muy especialmente el hombre creado a imagen y semejanza de Dios. Las múltiples perfecciones de las criaturas (su verdad, su bondad, su belleza) reflejan, por tanto, la perfección infinita de Dios. Por ello, podemos nombrar a Dios a partir de las perfecciones de sus criaturas, "pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor" (Sb 13,5).

Meditación:

Contemplar a Dios al observar a las personas, que son a su imagen y semejanza, a imagen y semejanza de Dios, eso nos acerca a Dios, porque Dios no quiere que el hombre esté solo, sino que siendo muchos, sirviéndonos unos a otros, gocemos del amor de Dios que, viviendo en nosotros, por vivir nosotros en gracia de Dios, nos demos uno a otro a Dios en las obras de nuestras manos, en las palabras de nuestro corazón, en los hechos de nuestra vocación.

Dios está en todo: todo refleja la obra de sus manos, como todo lo que hacemos lleva nuestro sello: “Hecho por nosotros”. A veces leemos un escrito y por su sola redacción podemos saber quien es el autor, y aunque las palabras son las mismas para todos, la combinación que se usa de ellas para darnos sus ideas, eso es distinto en muchos, sobre todo en personas que se forman continuamente por la práctica de todas sus facultades.

Vernos unos a otros es conocer a Dios que nos creó a todos. Y como Dios es bueno y sabio, lo bueno y sabio de nosotros es lo que sale de Dios por ser semejantes a Él.

P. Jesús

Mi comentario:

Hay ciertas personas que con sólo oír o leer el contenido de lo que dicen o escriben otros, les identifican personalmente. La voz y la forma de hablar del Padre Munilla en el catecismo de la Iglesia católica ya se nos hace casi inconfundible. De la misma forma, nosotros, criaturas humanas, somos el fiel reflejo de nuestro PADRE DIOS.

Cuando, frente a otra persona, tengo la oportunidad de hablar de la existencia de DIOS, esgrimo este argumento que me parece irrefutable y muy clarividente: Todos los hombres cuando aman y buscan el bien se sienten felices. El hecho de haber tenido la oportunidad de salvar a alguien de un incendio, terremoto u otros acontecimientos nos deja satisfecho, gozoso y feliz. Y eso lo hemos experimentados todos cuando hemos hecho algo por alguien.

La felicidad está en el amor que se da libremente y desinteresadamente. Es el deseo más profundo y grande que el hombre tiene, junto al de ser feliz, que lo consigue, precisamente, amando. Y unido a todo esto cohabita en su interior la meta de alcanzar la eternidad. Al hombre no le vale ser feliz un cierto tiempo, quiere ser feliz Eternamente.

Pues bien, amar, felicidad y eternidad son las características que definen a DIOS. DIOS es amor, es gozo y felicidad y eterno. ¡Más parecidos a nuestro PADRE es imposible! Verdaderamente somos semejantes a nuestro PADRE DIOS.





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