ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 11 de mayo de 2010

PUNTOS DEL CATECISMO MEDITADOS POR EL PADRE JESÚS.


PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
CAPITULO SEGUNDO,

DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE
Artículo 1 LA REVELACIÓN DE DIOS

I Dios revela su designio amoroso - Número 51

51 "Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina" (DV 2).

Meditación:

Amar a Dios. Ese deseo de amor que nos roe las entrañas, ese deseo de ser amados que todos necesitamos, vino Dios Nuestro Señor Jesucristo a llenarlo con su Sangre derramada por cada uno de nosotros.

Sabíamos que vendría Jesús, aunque su nombre nos era vedado en la razón de esperarlo como hombre, pero sí que todos esperábamos a Dios, porque Él mismo, El Verbo, por las palabras del Espíritu Santo y su Gracia en acción, han llenado siempre la vida del hombre de su propia Revelación. Muchos han oído la voz del Padre y del Hijo, también la voz de María, la Madre de Dios, ha sido escuchada, y alabado es, ha sido y será Dios, por revelarnos Su Amor.


Porque Dios decidió revelarse al hombre, el hombre conoció a Dios, lo esperó en los tiempos y lo sigue esperando para llenarse con su Amor, sus ganas de ser amado, de amar y servir, porque Dios Espíritu Santo, se muestra, y al mostrarse empuja al alma, que es de Dios, a hacer obras de amor a sus hermanos los hombres, para que el amor que Dios le inspira y le dá, lo lleva a lo que muchos podrían llamar “temeridad” de amar más allá de las fuerzas del mismo hombre, porque amando con Dios, ese Dios que nos visita, después que el Verbo habló las promesas del Padre que fueron cumplidas en Cristo y por Cristo, el Amor de Dios Espíritu Santo mueve las aguas que dan la vida espiritual y que son el amor en acción, la acción de la Santísima Trinidad, un sólo Dios de Amor, Paz, y alegría interior. Si el hombre siente gozo en su interior, a pesar de sufrir en el mundo y por el mundo, ese hombre vive la revelación del mismo Dios que le inspira en su alma la dicha del goce del Amor de Dios y de amar a Dios.

P. Jesús

Mi comentario:

¿Cómo es posible, me pregunto, que antes la realidad de la muerte, que está delante de nuestras propias narices, el hombre permanece impasible? ¿Cómo es posible qué el hombre no se pregunte nada, o quiera ocultar su propia realidad mirando para otro lado? Más increíble me parece aún permanecer impávido ante el hecho evidente de la muerte y de su trascendencia. No encuentro respuestas a este drama que el hombre y la mujer viven a diario de forma indiferente y sin sentido.

Porque la realidad de la vida y la muerte no se puede discutir, está delante de nosotros, y el no querer ver lo qué habrá más allá de la muerte es meter la cabeza, como el avestruz, en el agujero del sin sentido y disparate. Realmente, creo que es mucho más difícil optar por esta elección que enfrentarse a la evidencia de lo que tengo delante de mis ojos.

Y esta es nuestra reflexión de hoy. La única oferta a ese sentimiento trascendente que todos sentimos dentro de nuestro interior es JESÚS. La única oferta clara, con sentido, con lógica, con razonamiento, con concordancia con lo que queremos y sentimos dentro de nosotros mismos.

Es posible que no lo comprendamos; es posible que no lo veamos claro, que tengamos dudas y hasta planteamientos diferentes y razonables, pero ¿quien da algo de esperanza ante la certeza de nuestra muerte? Sólo este planteamiento debe llevarnos a sentir curiosidad, a darle importancia, a acercarme y conocerle. A ver qué dice y por qué. Y cómo lo plantea y lo testifica.

Si siento necesidad de beber agua para vivir, y, en consecuencia busco el agua, ¿por qué no trato de buscar esa Agua que siento dentro de mí que me lleva hasta la vida eterna.? Porque todos queremos y deseamos ser eternos y felices. Igual que la cierva busca esa agua para calmar su sed, yo debo buscar la fuente que sacie y calme mi sed de buscar la verdad; mi sed de buscar la felicidad eterna que me haga sentir gozoso para siempre.

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