ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 22 de marzo de 2011

NUESTRAS FELICIDAD ESTÁ EN NUESTRA CAPACIDAD DE AMAR (Mt 5, 20-26; Mt 1. 16. 18-21. 24a; Mt 17, 1-9; Lc 6, 36-38; Mt 23, 1-12)


Después de unos días hermosos en la presencia del SEÑOR y junto a los hermanos que, como yo, hemos participado en el 44 Cursillo mixto de Lanzarote, vuelvo de nuevo al camino de mi peregrinar para continuar el combate de mi vida injertado en el SEÑOR.

Un combate ganado pero no por eso excento de lucha y sacrificios. Porque todo combate implica lucha, esfuerzo, sacrificio y renuncia, pero que con, por y en el SEÑOR se hace suave y ligero.

En estos últimos días el SEÑOR nos ha hablado de perdón y misericordia. Nos ha indicado que si no somos mejores que los escribas y fariseos no venceremos y, por lo tanto, no alcanzaremos la dicha de ser felices eternamente. Porque no se trata de aparentar sino de ser. Ambas cosas van unidas e inseparables: "Ser y parecer".

Si algo anda mal en mi vida, debo arreglarlos  antes de aparentar ser y en la realidad no serlo. Eso ocurrió, continua la Palabra de DIOS, con san José, esposo de María. Tuvo duda, no entendía lo que ocurría con María, y trató de ser coherente con su pensamiento. Pero avisado en sueños decidió dar verdadera respuesta a sus dudas y aceptar y obedecer lo que el SEÑOR le señaló. Porque TÚ lo mandas, ¡DIOS mío!, seguiré tu camino.

Consciente de nuestras limitaciones y pobreza, JESÚS nos anticipa la Gloria de su Divinidad y nos sorprende con la Transfiguración. Pedro ya no quería otro lugar ni nada más. La sola presencia de la Gloria del SEÑOR le bastaba. Sólo el SEÑOR basta, y todo lo demás son añadiduras que, mientras caminamos por este mundo, nos sirven para cumplir nuestra misión.

Y la medida de nuestro amor será el veredicto de nuestro juicio. En la medida que perdones, que comprenda, que sirva, que disculpe, que sea misericordioso, que ame, seré así, y no de otra forma, perdonado y glorificado para la eternidad.

Y hoy, 22 de marzo, JESÚS nos llama a la pobreza y humildad. No nos dejémonos llamar maestro, ni consejero, porque Uno solo es nuestro PADRE, el del Cielo. Uno solo es nuestro Consejero, CRISTO. El primero entre nosotros será nuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla sera enaltecido.

¡DIOS mío!, no dejes que me
engríe, que me sienta más
importante que otros. 
Que siempre tenga claro que
solo TÚ eres el importante y
SEÑOR del Cielo y la Tierra.

Que entienda, mi SEÑOR, que todo
me viene de TI. Que sepa darme
cuenta que lo que tengo es don 
y regalo de tu amor. Amén.

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