ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 20 de abril de 2011

EN EL CAMINO DE LA PASCUA (MEDITACIÓN)

EN EL CAMINO DE EMAÚS

Amar hasta en los peores momentos de nuestra vida es la donación más grande que una persona puede hacer. Amar cuando experimentas, con dolor y sufrimiento, que tu vida se está apagando es entregar hasta la última gota de tu sangre. Y eso con solo nuestras fuerzas no podemos hacerlo. Por eso, nuestro PADRE, consciente de nuestras debilidades envío a su HIJO JESÚS para que nos acompañara y nos fortaleciera con su testimonio y ejemplo.

El huerto de Getsemaní abre toda una lección de lucha y combate contra el mal. Muestra la clave donde está nuestra fortaleza y nuestra victoria: "Hacer la Voluntad del PADRE y permanecer en su presencia con la oración y en estrecha intimidad con ÉL. Es lo que hace JESÚS en el huerto. No se separa de su presencia y del constante diálogo con ÉL. La lucha se centra en la obediencia absoluta al PADRE y en hacer su Voluntad. Para ello, solicita la fuerza de su Gracia, porque la Naturaleza Humana necesita de la Divina para vencer.

La caridad es ser capaz de servir hasta que no haya nada más que uno pueda hacer y dar. La caridad es servir hasta lo último. "No hay amor más grande que aquél que da la vida por quien ama". CRISTO, constantemente, va a unir su caridad con su muerte, y en el huerto de Getsemaní nos descubre sus intenciones y su voluntad: "Hacer la Voluntad del PADRE". Y tanto es así, que la Cruz va a ser la mayor expresión de su caridad.

El amor de CRISTO es un amor totalmente desinteresado, no es un amor que se busque a sí mismo. El amor de CRISTO no busca la propia felicidad, ¿la buscamos nosotros?, sino la felicidad de aquellos que ama. El amor de CRISTO va a buscar en todo momento compartir, ¿compartimos nosotros?, y por eso JESUCRISTO les dice a sus discípulos, "y también a nosotros": "Como YO les he amado, así también amense ustedes".

El amor de CRISTO no es un amor que arrasa; es un amor que reconstruye, cuando el alma se deja reconstruir, para eso nos hizo libre y por eso cuenta contigo y conmigo. Depende, pues de nosotros la respuesta. Es un amor que hace que aquél que lo ha negado pueda amarlo a ÉL, como CRISTO lo ama. ¿Cómo nos ha amado CRISTO? Hasta dar su vida por nosotros. ¿Cómo tenemos que amara nosotros a CRISTO? Hasta dar nuestra vida por ÉL.

"El Paráclito, el ESPÍRITU SANTO, que el PADRE enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo cuanto les he dicho". La presencia amorosa de DIOS en nosotros es la garantía de la luminosidad interior. No puedes guiar tu vida si estás cegado por el egoísmo. No puede guiar tu vida si en tu interior no existe luminosidad y la disposición de vivir en la obediencia. No puedes guiar tu vida si en tu interior no existe la verdadera presencia de DIOS. La caridad, como obediencia que se hace presencia, es la clave que JESÚS mismo nos deja.

Y así ha sido desde siempre. En el Camino de Emaús, JESÚS, les abrió la mente a aquellos dos discípulos que iban derrotados, confusos y cegados por la realidad que se presenta ante nuestros ojos, pero no ante su presencia. JESÚS se hace Luz en sus mentes y les abre sus entendimientos para que puedan ver. Todo lo sucedido estaba escrito y profetizado por los profetas. Toda la verdad revelada es una, pues se resume en CRISTO, ese del que ustedes dicen haber muerto. ¡Ha Resucitado, como estaba escrito", y se les presenta escondido en la apariencia de un caminante despitado y ajeno a los acontecimientos.

Más, cuando la Luz se hace presente, deslumbra, emociona, da esperanza, se hace vida y reboza de alegría. Alegría que no se puede contener y corren apresurados a dar la Buena Noticia: "CRISTO vive, ha Resucitado".

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