ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 13 de mayo de 2011

EL DESEO DE VIVIR SIEMPRE (Jn 15, 1-8)


“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva...

No podemos negar que dentro de nosotros hay una fuerza irresistible de aspirar a la vida eterna. No nos vale vivir para morir, sino que vivimos para vivir siempre. Eso es lo que nos iguala y lo que nos hace sentir esperanza y deseos para luchar siempre en esta vida. Y es que, desde que no nos sintamos así estamos acabados y muertos de verdad.

Porque morir significa no creer, precisamente, en la vida, pues hemos sido creados para ella, para vivirla gozosamente y eternamente. Pero hay una condición: “Se necesita nuestro concurso libre y voluntario”, para eso hemos sido adornados con la capacidad de elegir libremente, o de renunciar y rechazar el don de la felicidad eterna. Por lo tanto, de ti depende. ¿Qué decides ahora?

Lo más sensato es buscar si hay Alguien que nos pueda dar tan alta aspiración, y, de buen gusto es, hallado, seguir sus indicaciones y mandatos. Pues sería contradictorio querer y desear algo tan fuertemente y rechazarlo cuando se nos ofrece.

Pues bien, esto es lo que JESÚS de Nazaret nos viene a prometer hoy. Hoy, 13 de mayo de 2011, día de Nuestra Señora de Fátima. Y mañana volverá a decirnos lo mismo. El SEÑOR nos llama cada día, a cada hora, en cada momento: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día”.

No se puede ser más claro y firme. Ese deseo del corazón y que tanto buscamos, nos lo resuelve JESÚS, y nos dice: “mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Pero nosotros nos empeñamos en comer el pan de aquí abajo, ese pan caduco y perecedero que, aunque nos sacia temporalmente, nunca nos deja plenamente satisfechos.

Danos la sabiduría y fortaleza de despertar
nuestros egoísmos e iluminar nuestras
mentes para comprender que lo que
buscamos es lo que JESÚS, 
Nuestro SEÑOR JESUCRISTO
nos propone.

ÉL es nuestro verdadero Camino,
nuestra verdadera Verdad y 
nuestra verdadera Vida. Amén.

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