ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 10 de junio de 2011

TODOS BUSCAMOS A DIOS (Jn 21, 15-19)


Estoy convencido, aunque las circunstancias a veces parezcan otras, que todos los hombres y mujeres buscan a DIOS. Y lo estoy porque, en primer lugar son hijos de DIOS, y el hijo busca siempre al padre. Y segundo, porque todos queremos encontrar la verdadera felicidad y, esa, se encuentra sólo en DIOS.

Ocurre que muchos no queremos reconocerlo, nos parece cosa de niños y, según nuestra razón, pensamos que la felicidad está en dar cumplimiento a todas nuestras inclinaciones carnales y sensoriales para sentirnos corporalmente satisfechos. 

Otros, aun presentando lucha, nos desanimamos pronto y damos por imposible oponernos con nuestra libertad y voluntad a las pasiones que nos dominan. Queremos hacerlo a nuestro modo y sin ayuda, y eso si que es imposible. Sin el ESPÍRITU SANTO nada podemos lograr.

Y otros nos autoconvencemos que el camino de la felicidad y el gozo no está en mortificarnos en una lucha inútil contra nosotros mismos y el mundo, sino en dejarnos arrastrar satisfactoriamente y dar cabida al bienestar de la vida viviendo lo mejor y más cómodo posible. Al final terminamos sometidos al capricho de nuestros propios egos.
Pero todos buscamos, muchos sin saberlo, al verdadero DIOS, porque dentro de nosotros llevamos el sello del deseo de ser feliz y, no para un tiempo, sino eternamente. Y experimentamos que cuando verdaderamente amamos gratuitamente es cuando sentimos la verdadera felicidad y gozo. Ese deseo de ser feliz eternamente y experimentarlo cuando amamos de verdad es el Amor de DIOS que vive en nosotros.

Quizás, la pregunta insistente de JESÚS a Pedro, por tres veces. "Me amas", quiere hacernos caer en la insistencia de que DIOS está pendiente de nosotros, de que nos espera, de que si realmente estamos a su lado, podemos vencer todas aquellas dificultades que nos van a salir al paso en nuestra vida, y aunque no las queramos, si podemos vencerla injertados en el Amor de CRISTO.

Te busco, SEÑOR, sin descanso, pero quizás te
busco donde no te encuentras. Te busco en
mi propia satisfacción, en mis caprichos,
en mis comodidades, en procurarme 
  mis egoísmos y toda fuente de
felicidad.

Pero nada encuentro que permanezca, y
cuando vuelve la insatisfacción, el
desespero, la angustiosa y
incesante búsqueda me
doy cuenta que sólo 
en TI está lo 
eterno y perdurable. Amén.

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