ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 12 de septiembre de 2011

LA FE ES UN DON DE DIOS (Lc 7, 1-10)


Experimento que, a pesar de que quiero sentir la fe, no puedo, y sólo estoy a merced de que entren en mí esos sentimientos de creer. Quiero significar que el hecho de tener fe no es algo que mi voluntad domine, ni tampoco la puedo comprar en algún lugar. La fe es un don de DIOS y la recibimos cuando, donde y como ÉL quiera.

Otra cosa bien distinta es que, yo quiera tenerla y me empeñe en pedirla y en poner toda mi voluntad, que si puedo dominar, al servicio del empeño de creer. Tengo que confiar que nuestro PADRE DIOS, Bondad y Misericordia Infinita, me la dará en la medida que yo la quiera aceptar y recibir. 

Creo que fue lo que pasó con el Centurión del Evangelio. El pensó que JESÚS podía sanar a su siervo, y no sólo lo pensó, sino que su fe en ello le hizo moverse y enviar, porque no se consideraba digno de pedir ese favor, era extranjero y pensaba no tener derecho a merecer nada, a una misiva a pedirle que sanara a su siervo. 

Incluso, su osada fe le llevó  a pedirle que sólo con unas palabras bastaría para sanarlo, porque se decía: Yo que soy un subalterno tengo siervos que les digo hagan esto, y lo hacen, cuanto más, podía hacer ese JESÚS del que había oído grandes prodigios. Verdaderamente, aquel Centurión había tomado conciencia de que se trataba de Alguien diferente, del SEÑOR de la Vida y la Muerte, del HIJO de DIOS.

Y eso, como ocurrió con Pedro, no es cosa de los hombres, sino de un don que DIOS da al hombre que limpiamente se pone en sus Manos. En estos momentos recuerdo y pienso en los niños. Esos niños tan puros y limpios que creen todo lo que sus padres les dicen, y lo creen tan confiados y seguros que lo hacen. Algo así creo que debe ocurrir con nuestro PADRE DIOS.

DIOS mío, aumenta mi fe y aparta de mí todo deseo
razonador y científico que me incita a sólo 
creer lo que veo.

Dame la sencillez de los niños y la confianza de 
dejarme guiar y llevar por tu Palabra, y,
como el Centurión, que no me 
pregunte el cómo, sino
que confíe en que
una Palabra tuya 
bastará para sanarme. Amén.

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