ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 28 de septiembre de 2011

SEGUIR ES CAMBIAR EL RUMBO DE MI VIDA (Lc 9, 57-62)


Detrás de un seguimiento hay un cambio. Indudablemente, cuando caminas por la vida y, de repente, algo o Alguien te llama la atención, lo primero, te paras, e inmediatamente empiezas otro camino detrás de aquello o Aquel que ha llamado tu atención.

Luego, experimentas que ese seguimiento comporta sacrificios y dificultades, y se te hace difícil seguir sus pasos. Todavía más cuando descubres que no hay morada estable ni donde apoyar tu inquieta y cansada cabeza. La travesía se hace dura y fatigosa. 

Nuestro corazón, endurecido por el pecado, está oscuro, nublado y no ve el horizonte que realmente buscamos. La Ley natural y los Mandamientos impreso en nuestros corazones, están escondidos y ocultos por nuestras limitaciones, cegueras y caídas. Son las consecuencias del pecado. Se hace que muy difícil el camino de seguimiento. Lo percibimos y experimentamos.

Pero, el Amor del PADRE, que entrega a su HIJO a una Muerte de Cruz por Amor, nos redime y por sus méritos se hace la luz en nuestros corazones. Lo oscurecido por el pecado se torna ahora claro, iluminado y despejado. Volvemos a percibir en nuestro corazón la impronta de la Ley Natural y el Decálogo. Pero con un importante matiz, es JESÚS quien ha vuelto a escribirlo en nuestros corazones. La Plenitud de la Salvación.

Y ahora con una salvedad, podemos seguirle porque no vamos solos. Nos acompaña el ESPÍRITU SANTO, que nos asiste y nos fortalece para poder llevar a cabo ese seguimiento imposible en otras circunstancias. Es la Vida de la Gracia, ganada por JESÚS para nosotros por la Misericordia del PADRE, que nos hace posible que podamos seguirle.

El camino es angosto y duro, pero si TÚ, SEÑOR,
me llamas a recorrerlo, no debo tener
miedo. Sé que contigo puedo
hacerlo. 

Sí, siento dudas, miedo y flaquezas, pero te
tengo cerca. Te has quedado en la 
Eucaristía, y allí puedo
verte y hablarte.

Y te digo, JESÚS, que quiero seguirte
a pesar de mi debilidad. Que
se me empina el camino,
pero confío que con
tu asistencia
podré seguir tus pasos. Amén.

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