ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 26 de octubre de 2011

NO SE TRATA DE SUERTE NI DE CONSEGUIR UNA PLAZA

Lucas 13, 22-30

No, se trata de un estilo de vida según el estilo de JESÚS. ÉL nos lo ha marcado y nos lo ha dicho: "Si quieres entrar en el Reino de los Cielos, ama". Por eso, la esencia de la vida es el amor, porque conseguirás vivir eternamente si amas.

Pero para amar se necesita luchar a muerte por entrar por la puerta estrecha. La puerta de la renuncia de uno mismo, la puerta del sacrificio y la disponibilidad a comprender, a servir, a ser humilde, a la obediencia, al compartir. Es más atractiva la puerta ancha, donde uno se encuentra más cómodo, más a gusto, más preocupado por uno mismo, por sentirse bien y vivir placenteramente. 

Es la puerta de los derechos a la calidad de vida, al bienestar... sin tener en cuenta ni preocuparme por los demás. Sólo yo soy mi misma prioridad. Es la puerta de los primeros que guardan cola para entrar y aguardan a que el SEÑOR la abra. Pero ocurre que igual no se abre y nos sorprendamos por ello.

Es la puerta de lo políticamente correcto, de confundir lo normal con lo corriente, de que vale todo según tú lo veas, de pensar como piensa la mayoría, y de hacer lo que hace la mayoría, porque esa es la moda y lo que me permite mantener mis intereses y mi estatus. Es el derecho a satisfacer mi propio egoísmo y a defenderme frente al otro sin importarme lo que le pase.

Nos sorprendemos al oír que  nos diga el SEÑOR que no nos conoce, que no sabe de donde somos... ¿Cómo puede ser eso? Nos extraña esa respuesta. Nosotros que hemos celebrado la Eucaristía tantas y tantas veces; nosotros que hemos rezado muchos rosarios, que hemos seguido al pie de la letra todos los preceptos...etc.

Sí, nosotros que quizás confundimos las normas y preceptos con la esencia de lo fundamental, el amor. Porque todo lo que hagamos estará en función del amor, para el amor. Porque para amar se necesita luchar, estar en JESÚS, hablar con ÉL, seguirle a pesar de no tener donde reclinar la cabeza. Olvidarme de esa vida llena de confort y muy agradable, porque mientras otros sufren, tú y yo no podemos descansar.

Sólo cuando realmente empecemos a amar, será cuando empezaremos a sentir paz, bienestar del bueno, serenidad y tranquilidad plena. Porque sólo el amor nos puede dar eso. Y ese será el síntoma de que verdaderamente estamos amando.

Que sepamos distinguir la norma del fundamento,
porque lo que abre la puerta no son los
preceptos, sino, siendo necesarios,
la llave de la puerta estrecha,
esa que conduce a la
eternidad, es
el amor. Amén.

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