ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

↑ Grab this Headline Animator

martes, 31 de enero de 2012

¿CUÁL ES LA MEDIDA DE MI FE?

Marcos 5:21-43

Porque en la medida de mi fe, así serán mis obras y mi confianza en ÉL. Porque cuando me abandono en una fe ciega y confiada, la promesa de JESÚS cobra todo su sentido y seré capaz de mover montañas. Seré capaz de ser curado y de curar.

JESÚS nos promete que seremos capaces, ¡de tener fe!, de hacer cosas más grande que las que ÉL hizo. Y pienso que nos dice eso para que caigamos en la importancia que es confiar en ÉL a pesar de nuestras dudas e incredulidad. Nos da la capacidad de hacer cosas que no podemos ni imaginar. Algo así como poner el mundo al revés dominado las leyes naturales que ÉL mismo ha creado.

Pero la fe y la confianza son cosas que no podemos alcanzar por nosotros mismos. Nos damos cuenta que sólo ÉL puede dárnosla, y sólo a ÉL podemos pedírsela. No podemos lograrlo nosotros solos porque es algo superior a nuestra capacidad de entender. No cabe en nuestra cabeza el saltarnos una ley natural y superarla. Y nos cuesta, aunque pensamos que JESÚS puede hacerlo, creérnoslo. 

Porque de ser así, la Palabra del SEÑOR no falla, y el milagro, para nosotros, se realizaría. Por eso, estos dos personajes del Evangelio de hoy nos sirven de luz y ejemplo sobre lo que es tener fe y confianza en el SEÑOR. Primero, la mujer, que considerándose indigna y poco influyente para pedir la atención de JESÚS, impulsada por su fe y confianza, se atrevió a tocar el manto de JESÚS confiada y segura que, de lograrlo, alcanzaría la curación. Nace una pregunta: ¿Qué arriesgo yo por alcanzar la fe en JESÚS?

Y segundo, Jairo, aquel personaje con nombre y apellidos, influyente y capaz de llamar la atención de JESÚS y pedirle favor. Pero, antes, confiado en su poder de curar y de, querer, sanar a su hija. Y seguro de sí mismo, convencido a quien se dirigía y confiado en su misericordia y poder, se arriesga, poniendo su prestigio e influencia, ante el fracaso de hacer el ridículo de no ser escuchado o atendido. Su fe le movía a confiar en la misericordia y poder de JESÚS. Y surge otra pregunta: ¿Es mi fe capaz de moverme a arriesgarme, con la seguridad y confianza puesta en JESÚS?

Pablo decía: "Sé de quien me fío". ¿Soy capaz yo SEÑOR de decirte lo mismo? Y si lo soy, ¿hasta que punto soy capaz de arriesgar? Por eso, nada mejor que levantar la mirada hacia TI e implorarte que aumentes mi fe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compartir es esforzarnos en conocernos, y conociéndonos podemos querernos un poco más.

Tu comentario se hace importante y necesario.