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DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 3 de marzo de 2012

AMAR Y AMAR, INCLUSO TAMBIÉN HASTA A LOS ENEMIGOS

 La enseñanza de Jesús acerca del amor a los enemigos es la cumbre de la ...


Si miras alrededor, fuera del cristianismo no hay otro mensaje que exhorte a amar hasta al propio enemigo. Y ese criterio del amor hasta el extremo va contra el criterio humano de la justicia y hasta del amor. 

Porque sí, amar a los que lo necesitan; amar a aquellos que carecen de lo necesario y que demandan asistencia, compañía... es decir, amor, se comprende y es hasta lógico. Pero, ¿amar a los que te amenazan y tratan de hacerte daño...? ¿Amar a aquellos que te odian, que buscan tu mal y hasta tu muerte? Eso no lo dice nadie, y menos lo hace. Solo Jesús de Nazaret lo proclamó y lo vivió con su vida hasta el extremo de derramar todo su amor en una muerte de Cruz.

Pero sucede que no tomamos conciencia de ello, porque no experimentamos que murió por nosotros. En el fondo de nosotros mismos sentimos que murió por sus propias ideas, por su propia locura, porque quiso. Sí, lo decimos, pero no lo experimentamos, ni tampoco lo conocemos. No nos damos cuenta porque no partimos de los interrogantes ¿quién soy y de dónde vengo? Y también porque no nos gusta, compromete mucho nuestro acomodo.

Porque si reflexionamos sobre nuestro origen nos daríamos cuenta que quien nos creó nos hizo eternos y para vivir felizmente. No se puede entender de otra forma. Y estamos donde estamos porque rechazamos esa propuesta de felicidad eterna por nuestra soberbia de querer determinar nosotros mismos nuestros propios proyectos. Y todavía seguimos erre que erre.

Y lo grandioso es que, habiendo hecho eso y solo merecernos el destierro errante y doloroso, Él se hizo como nosotros, menos en el pecado, y nos rescató con su muerte, Resucitando, para que nosotros podamos también empezar a una vida nueva resucitando con Él. Y eso solo se puede hacer por amor, porque por otra cosa... Nada le podríamos dar para pagar tan infinita deuda.

De manera que, la única forma de merecerla, por su Gracia y Bondad, es corresponderle en el intento y esfuerzo de imitarle y amar como Él nos ama. Y la manera de hacerlo, puesto que no está de forma física entre nosotros, es en los hermanos. Así que cuando amo a otra persona, y si es necesitada más, lo estoy amando a Él.

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