ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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domingo, 11 de marzo de 2012

NUESTRA VIDA CENTRADA EN CRISTO

Jn 2,13-25

No hay que ir al templo para encontrarse con Jesús. Eso lo sabe cualquier cristiano que ande cerca de sus pasos. Jesús, el Señor, está en todas partes, pero de una manera especial y muy presente, en el Sagrario de cada Templo católico.

En nuestra vida, Jesús se hace presente en muchos momentos puntuales y oportunos. Lo está cuando le invocamos dos o más personas. Así lo prometió Él: Dónde dos o más se reunan en mi nombre, allí estaré yo con ellos". 

También, Jesús, está con todos aquellos que sufren dolor, que padecen enfermedad, que sufren soledad, pobreza, tanto material como espiritual, que son víctimas de injusticias, de esclavitudes, de... Jesús se hace presente en el necesitado de pan y de espíritu.

Pero, Jesús también ataca la falsedad, la mentira, la incoherencia de aquellos que tratan de aparentar una vida que luego se esconde en otra vida vivida en oposición a los mandatos de Jesús. Son aquellos que fundamentan su seguimiento a Jesús en las normas y cumplimientos, pero luego persiguen sus intereses y proyectos.

En este plano se encontraban los mercaderes del Templo. Lo habían convertido en un lugar de tráfico de mercancía, de intereses económicos, de cambios y mentiras, de apuestas y engaños, de todo lo que ocupa el primer lugar en su corazón, y de espaldas a nuestro Padre Dios, cuyo Templo era un lugar de costumbre, de práctica y de comercio.

 Él era lo menos importante, o al menos no mandaba en las vidas de aquellos mal llamados creyentes, cuyo corazones estaban embotados y agarrados a lo simplemente material. El centro de sus vidas, no eran las personas como hijos de un mismo Padre Dios, sino el comercio y las ganancias que ellos hacían. Dios quedaba convertido a una mera práctica de cumplimientos, y los hombres simples instrumentos de operaciones mercantiles económicas.

Pidamos al Señor que, en el Espíritu Santo, nos ilumine, nos fortalezca y nos predisponga a tenerlo en el centro de nuestras vidas como Señor y dueño de todo nuestro ser y obrar, para que como hijos suyo vivamos en armonía, justicia y paz.

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