ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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jueves, 26 de abril de 2012

SAL Y LUZ

(Mt 5, 13-16)

No puede ser de otra forma, porque cuando alguien tiene una experiencia, sea del color que sea, siente la necesidad de compartirla y transmitirla. De esa forma, tanto las alegrías como las penas compartidas aumentan o disminuyen según corresponda.

Y esa necesidad de compartir nos transforma en sal y luz queramos o no queramos. Porque al compartir dejamos nuestras huellas en los demás, y esas huellas serán las que otros sigan. De tal forma que, cuando el camino señalado es bueno y verdadero, se sigue buen camino, pero cuando es lo contrario, es decir, malo y falso, se sigue mal camino.

Por lo tanto, todo depende de que esa, nuestra sal, sea de la buena, bien salada, o por el contrario no sea así, es decir, esté desabrida y sosa. El mundo de nuestro particular entorno quedará bien salado y luminoso, o desalado, desabrido, insípido y sin ningún sabor, ya este nuestra propia sal bien salada o desalada.. Y por consiguiente, nuestros colores no serán de todo intensos, claros, fuertes, luminosos.

Dejaremos en sombras, oscuridades y penumbras todo lo que alcance nuestro círculo. Nuestra luz será siempre del mismo color, un único y sólo color, el negro. Toda queda rodeado de oscuridad. El mundo sin sal ni luz, pierde todo su sentido, su dirección, su encanto, su verdad.

O, por el contrario, nuestro entorno se verá resplandeciente de luminosidad, de colores intensos y claros, hermosos y transparentes, con un gusto a punto, bien salado si nuestra sal es de la buena.

Pidamos que nuestras ansías de compartir estén cargadas de acciones buenas, sencillas, generosas, en busca siempre de la verdad, empapadas de actitudes de servicio, de entrega, de disponibilidad, de verdad... Llenas de luminosidad, de colores, de transparencia y claridad.

Pongámonos en Manos del Espíritu Santo, dejémonos guiar y llevar por su asistencia, por su acción y, dando todo lo que hemos recibido, tal y como lo hemos recibido, demos sentido a nuestra propia sal y nuestra propia luz. Amén.

1 comentario:

  1. Gracias, por esta reflexión, es verdad muchas veces yo no dejo que esa LUZ que Él ha puesto en mi se vea por mi propio egoismos,pedire al Espìritu Santo que me ayude, sabe a veces no es facil dejarse llevar del Espíritu, gracias un abrazo.

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