ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 14 de abril de 2012

SOMOS DURO DE MOLLERA

Marcos 16, 9-15

Y es que nos cuesta creer. Nos cuesta aún más dependiendo de quienes lo transmitan. Porque la palabra de una mujer, tenía muy poco valor. En aquella época, la mujer, no tenía voz ni voto, y no se le tenía en cuenta. ¿Cómo le iban a creer.

Pero, ¡es que que tampoco, llegado el momento, le creyeron a los dos de Emaús! ¡Costaba mucho creer! Si no lo veo no lo creo, solemos decir, y no es nuevo eso, sino que como podemos observar viene desde muy lejos. Cambiar nuestra manera de ver las cosas nos cuesta mucho, hasta tal punto que podemos casi asegurar que no podemos hacerlo con nuestras propias fuerzas. Necesitamos una ayuda especial, la Gracia de Dios.

Y es que la fe es un don de Dios sin el cual no podemos creer. Eso no significa que tengamos que estar pasivos y esperándolo, sino que a pesar de nuestra disponibilidad, nuestros esfuerzos y búsquedas, sólo nosotros no podemos conseguirlo. Necesitamos la Gracia Divina para que nuestra mente se ilumine y podamos creer.

Así ocurrió con los apóstoles,  tuvo el Señor que cogerlos a todos reunidos y presentarse ante ellos, y hasta les regañó su incredulidad al no creer en el testimonio de María Magdalena y los de Emaús. Pienso y creo que a nosotros nos ocurre algo parecido. Nos cuesta creer en Jesús; nos cuesta fiarnos de Él. Se nos hace difícil depositar nuestra confianza en sus Manos, y por eso nuestro testimonio no se transmite ni convence.

Hoy mismo lo he experimentado al mantener una conversación con una persona joven. No transmito, y puede ser porque no tengo la fe suficiente para hacerlo. También puede ser que la persona esté cerrada y no se abra, pero siempre estará la duda. 

Y eso debe interpelarnos a ser más auténticos, a ser más veraces, a, que es lo que cuenta y lo que perciben y le impactan más, amar más.

No hay otra manera mejor de concluir que ponernos en disposición de súplica y pedir a nuestro Padre Dios el don de la fe, y llevarla a nuestra vida en hechos concretos, para que dándola aumente en nosotros y se transmita a los demás. Amén.

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