ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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jueves, 9 de agosto de 2012

¿LO TENGO CLARO?


 - (Reflexión a Mt. 16, 13-20). "¿Quién decís que soy yo?".

Supongo que no mucho, y lo importante es no pararme sino continuar el camino de lucha que a diario se presenta en mi vida. En una ocasión, Jesús, nos dijo que no había venido a traer la paz sino la guerra. Y es verdad, pues cada día entablo una guerra conmigo mismo.

Guerra en mi familia, guerra en mi trabajo, guerra con mis amigos, guerra en mi apostolado, guerra en mi comunidad, guerra en todas partes... Y es que morir a mí mismo y pudrir mi vida amasada con el barro y el estiércol mezclados con el agua para renacer a una nueva semilla que de frutos, consiste en la batalla de cada día. 

Es el renacer a una nueva vida que se entrega por amor al quedar limpia de toda impureza. Pero, se presenta una cuestión, ¿dónde repostar y recargar fuerza para esa lucha titánica de cada día? Porque imbuidos como estamos en una sociedad que propugna el éxito rápido, aprender sin esfuerzo y de modo divertido, y conseguir el máximo provecho con el mínimo de labor, es fácil que acabemos viendo las cosas más como los hombres que como Dios.

Es la experiencia de Pedro, se resistía a morir y ser transformado, y pretendía que a Jesús no le sucediera nada. No entendía que a la vida le precediese la muerte, pues nada nace limpio se no es purificado con la muerte. Y la de Jesús rescató ese valor que nosotros no podíamos pagar. Su muerte mereció el precio de nuestro rescate y salvación.

 Una vez recibido el Espíritu Santo, Pedro aprendió por dónde pasaba el camino que debía seguir y vivió en la esperanza. «Las tribulaciones del mundo están llenas de pena y vacías de premio; pero las que se padecen por Dios se suavizan con la esperanza de un premio eterno» (San Efrén).

Ese es el Jesús verdadero. El que ha pagado con su muerte por nuestra salvación. Ese es el Jesús que quiero conocer mejor, que quiero seguir y vivir. Dame, Señor, como a Pedro, la sabiduría de seguir tus pisadas y de entender que Tú eres el Hijo del Dios Vivo. Amén.

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