lunes, 3 de septiembre de 2012

LA VERDAD DUELE Y CUANDO...

Lc.4,16-30. Y vino a Nazaret, donde había sido criado; y...
no se acepta genera envidias, disputas y hasta muertes. La verdad no puede ser vencida. Y esto sucede a diario y en muchas comunidades. La Iglesia no está exenta de ello. El enviado, el Mesías está pensado en la mente de cada uno, no se acepta que sea de otra forma. Nos adelantamos a la Voluntad del Padre.

Y más difícil se nos hace cuando el Mesías esperado se nos presenta en un hombre cercano, humilde, sencillo, sin notables diferencias a primera vista. Y es más, hijo de José y María, gente conocida, sencilla y humilde del pueblo. ¿Cómo va a ser este el Mesías  esperado?

Supongo que a mí me hubiese pasado lo mismo. ¿Sería yo capaz de aceptarlo en la sociedad de aquel tiempo? Pero ya no se trata de algo pasado y lejano, sino de hoy mismo, en este momento presente. Me toca ahora decidir: ¿Creo que Jesús, el Mesías, es aquel hijo del carpintero José? ¿O por el contrario mantengo mis dudas y mi forma de pensar?

No es cuestión de discernir si lo es o no, más bien se trata de responder con la vida y con mis actos. Mi forma de vivir, de obrar, de ser es la que irá expresando y conformando mi respuesta y mi elección. Ese sentir y obrar serán los que aceptarán a Jesús por el verdadero Mesías esperado.

Danos, Señor, un corazón puro, sencillo, humilde y sabio para ver y entender la luz de tu Palabra y que Ella sea la que alumbre mi vida, tanto en el sentir como en el obrar. Amén.

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