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miércoles, 19 de septiembre de 2012

SIEMPRE TENGO LA RAZÓN...

 Lc 7, 31-35. Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

porque cuando las cosas salen como yo quiero, todo es porque soy un tío único y estupendo. Soy una persona muy preparada y sé mucho, ¡si no el más!, de estas cosas que hago muy bien. Es lo que solemos oír de muchos profesionales de diversas profesiones.

El ejemplo, a modo de parábola, lo podemos apreciar muy bien en el terreno deportivo. Por ejemplo en el fútbol. Los entrenadores, no todos, pero sí los prepotentes y engreídos, suelen echar balones fuera, en el argot deportivo, cuando las cosas le salen mal. Alegan que no tienen equipo, cuando son ellos los que lo han formado o aceptado. Pero en caso contrario, se ponen flores y méritos.

Y lo mismo podemos decir en todo los aspecto de nuestra vida. Nuestras razones no nos las cambian, y cuando nuestro corazón se rodea de esta clase de coraza, difícilmente se puede entrar en él. Así nuestra fe permanece inmóvil, casi muerta y se hace difícil que crezca. No le permitimos despertar.

Tenemos una y mil justificaciones. Nuestra libertad tiene muchas vías por donde escaparse. Si no hablas, porque eres muy callado y con poca iniciativa. Si, por el contrario hablas, porque abusas demasiados. Si sabes y lo haces en sabiduría, porque eres prepotente y orgulloso. Si no, porque tienes miedo y no sabes. Y así cada uno puede suponer las múltiples evasiones y justificaciones cuando no se quiere aceptar la verdad.

Sólo es posible si somos capaces, al estilo de María y otros muchos, revestirnos del traje de la humildad y dejarnos adornar por la semilla de la Gracia de Dios. Sólo si somos capaces de dejar entrar al Espíritu Santo en nuestro corazón y permitirle que lo suavice y lo abra a su acción en el Amor del Padre y el Hijo.

Sólo hay una salida, elevar nuestra mirada al Cielo y pedirle al Padre que nos dé un corazón contrito y humilde, al estilo de su Madre María, para saber disponernos a abrirlo a la acción del Espíritu Santo. De esa forma, aceptando su Palabra y su Acción seremos llevados por caminos de salvación. Amén.

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