ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 30 de abril de 2012

QUIEN NO ACTÚA A LA LUZ, ESCONDE LA VERDAD

Jn 10,1-10: El buen pastor

Porque cuando se vive en la verdad no tiene sentido esconderla. Solo se esconde aquello que no interesa o no se quiere que sea visto, y cuando se actúa así es porque algo se esconde. Y si se esconde algo es porque tememos que no sea bien visto o aceptado. Y ese temor encierra muchas veces mentira.

La inclinación natural es esconder la mentira, porque la verdad nadie teme ni se preocupa en esconderla. Solemos decir que "yo no tengo nada que ocultar", cuando defendemos, al menos eso creemos salvo riesgo de estar inconscientemete equivocados, la verdad. Y también estamos dispuesto a aceptarla si, por el contrario, estábamos en el error.

Es decir, cuando nuestra intención es buena, nada tenemos que ocultar ni esconder. Y no hacerlo descubre que tenemos segunda intenciones. Por todo ello, Jesús nos descubre en el Evangelio de hoy que Él es la Verdad, la Puerta; «si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

No hay otro camino, porque solo uno conduce al verdadero redil. Todos los anteriores y posteriores están engañando, y solo buscan mentir y sus propios intereses. Así anda el mundo y todos los que en él vivimos. Sí, hay muchos pastores, pero pastores que matan, roban y destruyen. Siembran el redil de miedos y muertes, y no dan la vida por las ovejas.

Jesús es el Único y Verdadero Pastor; Él ha dado la vida por sus ovejas y en Él encontramos el verdadero pasto que nos llena plenamente y que da para todos. A nadie excluye, y todos en Él encontrarán verdadera vida, y vida en abundancia.  

Danos Señor el alimento imperecedero que nos sostenga siempre en tu redil, prestos a entrar, a tu llamada, por la puerta del Buen Pastor que nos llama. No permitas que nos apartemos de tu Rostro, de tu voz y tu señal que nos guía y nos protege de lobos y falsos pastores. Amén.

 

domingo, 29 de abril de 2012

EL PELIGRO ES NUESTRA SOBERBIA

Jn 10, 11-18

Porque es el pecado, que nos apartó del Paraíso terrenal, nuestra constante soberbia. Por eso tenemos que llenarnos de humildad, para combatirla. Hoy en día no nos gusta se ovejas de nadie. Eso de pertenecer a un rebaño nos fastidia, y hasta cierto punto nos incómoda y nos hace sentirnos rebaño manipulado.

Es uno de los obstáculos más difícil, por no decir el más, de superar, la soberbia de no dejarnos mandar, o la humillación, así nos lo hace sentir nuestra soberbia, de ser obediente en todo, incluso en aquello con lo que no estamos de acuerdo o no entendemos. Por ejemplo, el hecho de tener que amar hasta a los enemigos.

Por eso, esa imagen de Jesús, el símbolo del Buen Pastor, no cae bien en todos los círculos cristianos. Y qué razón tiene Jesús cuando, sabedor de nuestra miseria, nos dice que no podemos llegar a El si no nos hacemos como niños. Porque un niño se siente seguro junto a su padre; porque un niño cree ciegamente en su padre; porque un niño necesita de los cuidados y protección de su padre; porque un niño...

Ser como niño es sentirnos necesitado del Buen Pastor, de Aquel que nos protege y nos lleva por el buen camino hacia la salvación. Se como niño nos hace descubrir la necesidad de un Padre, un Padre que da la vida por cada uno de sus hijos, y sale a buscarlo ante el peligro para salvarlo de caer en manos de lobos.

Ser como niños es saborear la autoridad de Jesús que nace de su Misericordia y Amor, que nos no impone sino que nos propone; que no nos castiga, sino que nos perdona y nos ofrece la redención y la salvación. Ser como niño es darnos cuenta que nuestros problemas, por duros y difíciles que sean, tienen solución cuando los compartimos en la presencia del Padre Bueno que nos pastorea.

Pidamos, junto a María, nuestra Madre, que seamos capaces de abajarnos como ella, humillarnos hasta descender a ser como niños, y dejarnos pastorear por el Buen Pastor, Aquel que da la vida por sus ovejas y nos conduce al redil de la salvación. Amén.

sábado, 28 de abril de 2012

¿NO NOS INDENTIFÍCAMOS CON LOS APÓSTOLES?

Evangelio: Juan 6,60-69 "¿A quién vamos a acudir?

No estamos, o no están ellos muy lejos de nosotros. Las actitudes de ellos están hoy vigentes en nosotros, porque seguimos pensando y creyendo que eso de comer y beber el Cuerpo y la Sangre de Jesús es duro de creerlo. 

Sin embargo, no pensamos que es Dios y que todo en Él es posible. También no contemplamos que, su Cuerpo glorioso no es el mismo que el conocido por los apóstoles. Porque lo que Jesús nos da es su Cuerpo y su Sangre espiritual, su Espíritu que vive y se mueve entre nosotros. 

Ese pan y vino, del que estoy muy cerca en muchas Eucaristías porque me acerco a llevársela al sacerdote que preside la Eucaristía, se transforman en su Cuerpo y Sangre Gloriosa que se hace vida en nosotros, que nos transmite su fortaleza, su sabiduría, su paciencia, su entrega, su disponibilidad, su servicio, su amor por cada uno de los hombres por los que Él murió.

No se trata de carne ni sangre material; no se trata de un cuerpo de carne y hueso. Se trata del Cuerpo Glorioso de nuestro Señor Jesús, un Cuerpo Resucitado que se hace vida en nosotros cada vez que nos acercamos a la mesa de la Eucaristía.

Allí recibimos vida y fuerzas para ser compasivos y misericordiosos como Él fue con nosotros. Es el alimento que nos transforma, que nos mantiene, que nos transmite vida y poder para amar como Él. Amén.

viernes, 27 de abril de 2012

NUESTRA RAZÓN, UN DIFÍCIL OBSTÁCULO

Juan 6, 52-59. "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene Vida eterna y yo lo...

Sí, así suele ser porque dentro de nosotros hay una inclinación bastante fuerte a no creer lo que no vemos o no esté de acuerdo con nuestra lógica, sentido común y razón. Y eso de comer mi cuerpo y beber mi sangre no nos entra en nuestro entendimiento.

Sin embargo, el hombre, todo hombre, es un gran buscador de eternidad, hambriento e insatisfecho; mendigo de felicidad en todos lo momentos. Busca y no encuentra, porque busca donde nunca podrá encontrar, ni cree en quien se la puede dar.

¿Cómo puede este darnos a comer su carne? Es imposible que podamos asimilar tal cuestión. Imposible para nuestra razón, como también lo es aquella respuesta de Jesús a Nicodemo: "...volver a nacer de nuevo"...  No nos damos cuenta que la fe empieza cuando termina nuestra razón. Si no, ¿qué es fe y para que la necesitas?

Podríamos estar, y lo están, hablando y discutiendo sobre eso desde que Jesús lo dijo, y nunca llegaremos a comprenderlo. No es nuestra inteligencia capaz de asumirlo y entenderlo., por eso somos su criaturas y Él es Dios. Nunca podrá haber un Dios inteligible, pues dejaría de serlo en ese momento.

Lo que importa es que el ofrecimiento está hecho: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida". Y tu propio ser te dice que estás hecho para ser eterno y feliz. Eso es lo que sentimos y deseamos. 

Pues muy bien, ahí tenemos la oferta y el testimonio de que quien lo dice ha Resucitado. Testigos hay para comprobarlo. De ti depende el creerlo o no.

jueves, 26 de abril de 2012

SAL Y LUZ

(Mt 5, 13-16)

No puede ser de otra forma, porque cuando alguien tiene una experiencia, sea del color que sea, siente la necesidad de compartirla y transmitirla. De esa forma, tanto las alegrías como las penas compartidas aumentan o disminuyen según corresponda.

Y esa necesidad de compartir nos transforma en sal y luz queramos o no queramos. Porque al compartir dejamos nuestras huellas en los demás, y esas huellas serán las que otros sigan. De tal forma que, cuando el camino señalado es bueno y verdadero, se sigue buen camino, pero cuando es lo contrario, es decir, malo y falso, se sigue mal camino.

Por lo tanto, todo depende de que esa, nuestra sal, sea de la buena, bien salada, o por el contrario no sea así, es decir, esté desabrida y sosa. El mundo de nuestro particular entorno quedará bien salado y luminoso, o desalado, desabrido, insípido y sin ningún sabor, ya este nuestra propia sal bien salada o desalada.. Y por consiguiente, nuestros colores no serán de todo intensos, claros, fuertes, luminosos.

Dejaremos en sombras, oscuridades y penumbras todo lo que alcance nuestro círculo. Nuestra luz será siempre del mismo color, un único y sólo color, el negro. Toda queda rodeado de oscuridad. El mundo sin sal ni luz, pierde todo su sentido, su dirección, su encanto, su verdad.

O, por el contrario, nuestro entorno se verá resplandeciente de luminosidad, de colores intensos y claros, hermosos y transparentes, con un gusto a punto, bien salado si nuestra sal es de la buena.

Pidamos que nuestras ansías de compartir estén cargadas de acciones buenas, sencillas, generosas, en busca siempre de la verdad, empapadas de actitudes de servicio, de entrega, de disponibilidad, de verdad... Llenas de luminosidad, de colores, de transparencia y claridad.

Pongámonos en Manos del Espíritu Santo, dejémonos guiar y llevar por su asistencia, por su acción y, dando todo lo que hemos recibido, tal y como lo hemos recibido, demos sentido a nuestra propia sal y nuestra propia luz. Amén.

miércoles, 25 de abril de 2012

CREER O NO CREER

Marcos 16:15-20

Hoy era día de visitar la cárcel. En la cárcel trato de dar catequesis. Colaboro en la Pastoral penitenciaria y mi labor se basa en eso, dar catequesis en la cárcel. No iba muy convencido de que tuviese algún asistente, pero me dije, no importa, iré y al menos estaré allí.

Ahora me sorprendo a leer el Evangelio de hoy. Me siento enviado a predicar la Buena Nueva, y experimento que la mayoría hace oídos sordos a su proclamación. Presenciaba la asistencia, bastante fluida, de presos a cursos de formación y otras actividades, sin embargo, para lo más importante, la llamada a la salvación era ignorada y rechazada.

No asistió nadie, y me pregunto, ¿qué hacer? Porque no se trata de no decirlo, saben a qué voy, pero al parecer no la desean. Prefieren la salvación del mundo, la que el mundo ofrece, caduca, pero inmediata. Vacía, pero que les llena de momento aunque sea un rato. Pan para hoy, pero más hambre para mañana. Es por eso, por buscar ese pan que es perecedero por lo que muchos se encuentran atrapados, encarcelados...

Hay muchos presos que no están encarcelados, pero sí sometidos, encadenados y esclavizados. A pesar de estar libres en las calles y pueblos. Porque la libertad no es algo exterior, sino interior. Se es libre cuando se es capaz de buscar el verdadero bien, la vida eterna y gozosa a la que estamos llamados. La otra vida, la que el mundo ofrece es una vida caduca, finita, perecedera.

Y todos buscamos la vida gozosa y eterna, sin embargo no acudimos a la llamada que nos hace quien es el Camino, la Verdad y la Vida. El próximo miércoles volveré a ir y, en nombre de Jesús, proclamar la Buena Nueva. Pidamos que los corazones de esa gente encarcelada, tanto exterior como interior, sepan descubrir donde está la verdadera libertad, salvación y felicidad. Amén.

martes, 24 de abril de 2012

EL VERDADERO ALIMENTO

Juan 6, 30-35. Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal...

Es lo que interesa, un alimento que sea garantía de felicidad y gozo eterno. Porque en el fondo todo ser humano siente eso dentro de sus entrañas y lo busca como máxima prioridad en su vida.

No hace falta argumentar mucho más para darnos cuenta que todos buscamos lo mismo. ¿Y qué es lo mismo? El denominador común de nuestros objetivos es la felicidad. Y ser feliz no es otra cosa sino ver cumplidos todos nuestros deseos. Ahora, ¿cuáles son esos deseos?

Tampoco hace falta correr mucho para descubrirlo. En el fondo podemos concretarlo en pocas palabras: poder, riqueza y  bienestar. Es posible que dentro de esos tres grandes objetivos o metas haya que matizar muchos puntos, pero como estándar a todo ser humano, en el fondo todos desean eso.

Ocurre que muchos confunden una moderada ambición en no buscar riquezas, como en no ejercitar poder, no desearlo, y, abundando en lo mismo, el sentir inquietudes y ser muy activo como no anhelar el bienestar y la comodidad, pero nada más lejos de la realidad. 

Porque en cuanto nos sacan de nuestra zona de confort nos sentimos incómodos, molestos y desesperados. Queremos y deseamos volver y hasta mejorar nuestra forma de vida donde estábamos instalados. Nos resulta fácil mejorar, pero empeorar es harina de otro costal.

Y lo importante de todo esto es descubrir donde se encuentra eso que realmente queremos encontrar. Lo buscamos desesperadamente durante toda nuestra vida, y no somos capaces de encontrarlo. Incluso, llegado el momento de sentirnos cansados, tiramos la toalla y desistimos. Aceptamos que la vida es así y esperamos de forma resignada el momento que se acabe todo.

Hemos aceptado la ceguera, cerramos los ojos y no vemos el Verdadero Tesoro. Lo tenemos a nuestro lado, junto a cada uno. El verdadero alimento que nos sostiene y nos llena plenamente. Todavía nuestra ceguera es tanta que exigimos pruebas que nos convenzan. No aceptan todos los milagros que han sido hechos delante de sus ojos, y ahora de nuestros ojos, porque tal y como va la vida es fácil comprender que la única solución es vivirla como Jesús nos enseña. ¿No es ese el gran milagro?

El único antídoto para salvarla es el amor, y eso es precisamente lo que Jesús nos presenta. Se presenta Él como el verdadero Amor: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed». Amén.

lunes, 23 de abril de 2012

A PROPÓSITO DE PASARLO BIEN

Jn 6, 22-29 →¡Qué buen rato se pasaría con Jesús!

Andamos corriendo para conseguir espacios de poder pasarlo bien. Si nos paramos a pensar, andamos buscando momentos que nos satisfagan y nos procuren bienestar y emociones placenteras. Todos buscamos pasarlo bien.

Sin embargo, cuando logramos encontrar un momento de esos, siempre terminamos de la misma forma. ¡Qué pena, se acabó!, pero, decimos como consolación y pena, hemos pasado un buen rato. Y seguimos la lucha por volver a conseguir pasar otro buen rato. Alguna circunstancias que nos procure felicidad. ¡Es la carrera de todos los días!

Incluso nos juntamos para pasarlo bien y entretenernos. Y me parece muy bien todo eso. Yo no me puedo excluir de ello, y trato de buscar una buena película, un buen partido o hablar con los amigos para conseguir pasar un buen momento. Es nuestra humanidad insaciable de felicidad que no para de buscar. Se trata de eso, de buscar lo que nos haga feliz.

Eso le pasó a aquella gente contemporánea de Jesús. Lo buscaban para saciarse, para satisfacer la sed de tantas cosas que necesitaban, cosas de este mundo, pero efímeras, caducas... satisfechos, de inmediato vuelve a aparecer el hambre y sed de saciarse de nuevo. Buscar a Jesús por eso no es bueno del todo, porque no tomamos lo verdaderamente importante, sino lo temporal, lo que tiene su tiempo marcado.

En muchos momentos de nuestra vida lo buscamos para llenar un espacio muerto que tenemos y que lo pasamos mal, nos aburrimos, estamos solos sin saber qué hacer. Se lo dedicamos a Él, entre paréntisis, no buscándolo, sino buscando nuestro momento de entretenernos y pasarlo bien,

Es lo que Jesús les reprocha a aquellos que le buscan para saciar su hambre. Les advierte de que lo importante es buscar el alimento imperecedero, aquel que nunca deja de saciarnos, y encontrado nos llena plenamente para toda la eternidad.

Porque, una pregunta, ¿no pasamos un buen rato con Jesús en medio de nosotros? Incluso con la conversación divertida, chistosa, amigable... Sin olvidarnos de que Él está también en esa tertulia para ayudarnos a alumbrar todo, hasta los ratos de relajamiento, desde Él. Porque es el Camino, la Verdad y la Vida.

Eso es lo verdaderamente importante, lo que nos hace pasar, no un buen rato, sino una buena eternidad, porque también existe una mala eternidad para los que se quedan distraído y se autocolocan a la izquierda del Señor. Esa es, sin obviar que lo demás también tiene sus buenos momentos, lo que debe llenar profundamente nuestros espacios de amistad, de tertulia y café. Amén.

domingo, 22 de abril de 2012

CAMINAMOS EN LA DUDA

Lucas 24, 35-48

Sí, porque estamos sujet@s a ella, vive con nosotros y nos interpela en todas nuestras acciones. Provoca la desconfianza y el miedo, y nos inmoviliza y desvía por otros caminos donde impera la oscuridad y la noche. Nos aleja de la verdad y cuestiona todo lo que nos rodea.

No escapan tampoco los apóstoles; les cuesta creer a los de Emaús, e incluso, presentándoseles Jesús, no se fían, se llenan de desconfianza y dudan de que sea Él. Una vez más, Jesús, tiene que persuadirlo con pruebas que les convenza. No basta dejarse tocar, palpar que tiene huesos y carne, y que no es ningún espíritu. Llega hasta pedirle comida para que le vean comer como cualquier persona.

Les recuerda todo lo que estaba escrito, y cómo todo tenía que cumplirse tal y como estaba en las Escrituras. Y fue entonces cuando abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».

Y eso, todavía con dudas, limitaciones, fragilidad y debilidad tratamos de hacer. No sin esforzarnos en poner por delante nuestra vida, y en experimentar que estamos muy lejos de ser dignos de merecer proclamarla. Necesitamos su presencia, su Palabra, su Gracia para, fortalecidos e iluminados, abrir nuestro entendimiento y añadir nuestra vida a nuestra palabra.

Y eso le pedimos, llenos de esperanza, tratando de confiar, de dejarnos llevar por su Espíritu y de ser fieles a su Palabra. Danos, Señor, la sabiduría, fortaleza y paz de poder, con firmeza y fortaleza, proclamar tu Palabra al ritmo de nuestra propia vida. Amén.

sábado, 21 de abril de 2012

EL PODER SOBRE LO CREADO

NO TENGAN MIEDO (Jn 6, 16-21)

No es una manifestación más para lucirse, ni para quedar como un rey, se trata de manifestar que Jesús tiene poder sobre las leyes que rigen la naturaleza, sobre el viento y el mar, y sus tempestades.

Creerme por mi Obras si no creéis en mi Palabra. Jesús hace manifestación de su poder para dejar sentado que Él es Dios hecho Hombre, y que ha venido a salvarlos.

La oscuridad de la noche, la tempestad del mar, la fragilidad de la barca, son símbolos que representan la dependencia de lo establecido, del Cosmos creado y sujeto a leyes naturales. Leyes creadas por Dios, y que solo Dios puede alterar y dominarlas.

Después de delicado y amoroso testimonio de amor al darle de comer a todo aquel gentío, la multiplicación de panes y peces, Jesús se presenta ante los apóstoles como Señor y dueño de todo lo creado, a quien el viento y el mar obedecen. Es el respaldo del Tabor, el señorío del poder y de la Misericordia de Dios.

Te pedimos, Padre nuestro, que nos allanes el camino, calme la tempestad y suavices los vientos, para que moviéndonos entre ellos seamos capaces de vislumbrarte y llegar hasta Ti. Amén.

viernes, 20 de abril de 2012

LE SEGUIAN PORQUE CURABA A LOS ENFERMOS

 (Juan 6, 1-15). Hechos 2, 44-47. 2:44 Todos los que habían creído estaban ...

Sí, así es cuando perseguimos algo con bastante interés, significa beneficios y mejoras importantes. Porque nadie sigue a nadie por nada, tiene que haber un motivo, un beneficio, un interés. Así está hecho el mundo, y ese impulso que busca lo mejor está innato en nuestro corazón.

De tal forma que, ese impulso innato dentro de nosotros, lo llamamos "felicidad". Todos buscamos ser felices, y eso pasa por estar libre de toda enfermedad. Por eso seguían al Señor, hasta el punto que se sentía perseguido y asediado.

Podemos imaginar y comprender que Jesús, hacía estos signos milagrosos para significar que su poder estaba por encima de la naturaleza. Porque un milagro es algo que altera las leyes naturales y las rompe en beneficio de algo mejor. Y ese prodigio no lo puede hacer nadie, salvo Aquel que haya creado esas leyes naturales.

Por eso, haciendo esas curaciones y prodigios milagrosos, Jesús descubría y enseñaba que Él era Dios, y venía de lo alto. No fueron milagros caprichosos ni por publicidad, sino en momentos puntuales, necesarios y, en otros casos conmovido por la fe de los que lo pedían.

En otras ocasiones, Jesús, nos demuestra su preocupación y amor al mirar por nuestras necesidades primarias, y nos provee de lo que necesitamos para alimentarnos. Hace signos que nos testimonian su atención y amor por cada uno de nosotros. Da significado a sus Palabras al no solo quedarse en ellas, sino trascender hasta mostrárnoslo con el hecho.

Sin embargo, huye de los honores, de los privilegios, de los halagos y premios. Nos señala que lo hace, no por destacar o interés, sino por amor y de forma gratuita. Es el criterio que queda marcado en su estilo de vida y en su actitud con cada uno de nosotros. Amar sin condiciones, y por amor sin esperar recompensa. Este símbolo está impreso en muchos momentos de la vida de Jesús. Dar a cambio de nada.

jueves, 19 de abril de 2012

SÓLO JESÚS IMPORTA Y BASTA

Juan 3,31-36. “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; ...

Cuando todo se te desploma, y no porque te ocurran cosas grandes ni trágicas, sino pequeñas cosas que te salen, como solemos decir, mal. Cuando pierdes un billete que has comprado, cuando pierde el equipo de tu vida, cuando no te salen las cuentas... Y descubres lo pequeño, lo frágil y débil que eres, y lo poco que cuesta perder la paciencia, tu propia confianza y llenarte de soberbia.

Es, en esos momentos, cuando debes pararte y reconocerte pobre y necesitado de dejar entrar mucha, mucha humildad en tu corazón. Porque solamente en la humildad puedes encontrarte tú mismo, y encontrado, encontrar a Jesús.

Porque es sólo Él lo que importa, y todas las demás preocupaciones pasan a segundos términos. Desaparecen y pierden toda nuestra atención, y dejan de ser, al menos, tan importantes. Sí, no podemos evitar que sigan ahí, porque son parte de este mundo, y nosotros vivimos en él, pero dejan de ser fin y pasan a ser medios, lo que siempre deberán ser.

Y cuando los medios sirven para conseguir el fin, que es llegar a un encuentro pleno con Jesús, cobran sentido y valor. Mientras, son simplemente cosas que no sirven sino para complicarnos la vida si las ponemos como fin. Sólo el que viene de arriba está por encima de todo, y sólo Él basta.

Y cuando haces esa reflexión y tratas de ponerte en sus Manos, empiezas a notar que la paz te invade y todo recobra su lugar. Renace la esperanza, el gozo y la alegría, y la vida descubre su belleza y su color. Todo lo que hasta ahora te podía violentar y atormentar, se difumina y queda minimizado. Experimentas entonces que son cosas sin valor, y que sólo lo tienen cuando están referidas al encuentro con Jesús.

Pero hay una cosa más, empiezas a darte cuenta que a ese Jesús le encuentras de forma más directa en tu comportamiento con los que están a tu lado. Se enciende la luz, porque tu vida recobra toda la fuerza necesaria para emerger con sentido, con esperanza, con entusiasmo, con paciencia, con valor, con constancia, con alegría... Sientes un impulso que te empuja y que te devuelve a la lucha diaria por convertirte en amor.

No perdamos de vista que sólo Jesús es lo Único importante. Nuestra mejor oración es ponerlo a Él en el centro de nuestra vida. Amén.

miércoles, 18 de abril de 2012

LA LUZ DESCUBRE LA MENTIRA

Juan 3,16-21 "Dios mandó su Hijo para...

Porque a la luz del día o a la del fuego, en nuestros días, la artificial, todo queda descubierto y la mentira no se puede esconder. Este simbolismo de la luz frente a las tinieblas nos vivencia claramente que la verdad es lo que todos buscamos, pues nadie se refugia en la mentira ni la desea.

Cuando el entorno está limpio, la luz descubre la verdad y todo queda iluminado, pero cuando el entorno está turbio, oscurecido por tanto cuerpo opaco, incluso hasta la luz solar queda oculta. Por eso no se esconde una luz debajo de la mesa, sino que se pone encima para que alumbre a todos.

Vino la Luz al mundo, entregado por la propia Luz, no para juzgar, pobre de nosotros si así fuera, sino para salvar a todos aquellos que la acogen y la aceptan. Porque Jesús, el Hijo del Padre, entregado para nuestra salvación, es la Luz que ilumina toda verdad y la certifica.

Pero los hombres no la escucharon sino que prefirieron las tinieblas, y en ellas permanecen. Y así ocurre lo que ocurre, mientras se defiende la maternidad de unos hijos desaparecidos, otras los asesinan antes de donarlos o dejarlos en manos de unos padres que si se responsabilizan.

Realmente estamos necesitados de luz, de una luz que nos ilumine en la verdad. Y esa luz no puede ser otra sino Jesús de Nazaret, aquel que dio la vida por cada uno de nosotros. Pongámonos, pues, en disposición de dejarnos alumbrar por la Luz que nos desvela y descubre la verdad, para que, alumbrados en ella, seamos capaces de vivir en justicia, verdad y paz.

Él es el único Camino, Verdad y Vida. Amén.


martes, 17 de abril de 2012

JESÚS NOS HABLA CON SÍMBOLOS

(Jn 3, 7-15) ... extraño encuentro de Jesús con un...

Y creo que este puede ser uno, nacer del agua y del Espíritu. Nicodemo no lo entiende, porque está, quizás, apegado al concepto nacimiento. ¿Cómo puede nacer uno de nuevo? ¿Acaso puede meterse de nuevo en el vientre de su madre y volver a nacer?

Me parece un ejemplo real y práctico de nuestras Nupcias de Dios. Nuestra razón no nos deja ver más allá de ella, y no entendemos la actuación de Dios en la creación. El símbolo del agua y el Espíritu significa el cambio que se origina en nuestra vida una vez producido el encuentro.

No puede haber verdadero encuentro si no ha hecho efecto en el nuevo nacimiento a la nueva vida. La vida que está dirigida por el Espíritu Santo, y que nos lleva a actuar con la misma actitud de Jesús. Una vida donde impera la compasión, la dignidad de la persona humana, y el perdón. Una vida empapada y desbordada por el amor en su significación más profunda.

Una vez más, el símbolo nos viene dado desde arriba para significar de forma natural y trascendente la realidad del cambio de vida que tiene lugar cuando nos encontramos con Jesús. Sin un "volver a nacer" a la vida de la Gracia, no podemos alcanzar la salvación.

"El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va". Nos muestra cómo solo en Manos del Espíritu Santo podemos encontrar el camino que nos conduce a la salvación.

lunes, 16 de abril de 2012

VOLVER A NACER

JUAN 3,1-8. Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío...


Es la consigna que todo bautizado se propone al serlo. Un encuentro, un bautizo es el comienzo de una nueva vida, y como tal el nuevo rumbo tiene otras coordenadas y destino muy diferente al trazado hasta ahora en este mundo donde vivimos.

Sin lugar a duda, seguimos en él, pero con los pies en él, nuestro caminar es diferente y nuestros pasos siguen otra huella que este mundo se niega a descubrir y a seguir. Por lo tanto, de repente nos encontramos en un camino contra corriente, porque todo lo que huela a Jesucristo es considerado estorbo, obstáculo y molestia.

Ocurre eso con Nicodemo, un prestigioso magistrado judío, que no quiere perder su prestigio y su posición, y se esconde. Visita a Jesús de noche para no ser visto. Le cuesta mucho cambiar, tomar un nuevo rumbo en su vida. Y esa actitud le hace a Jesús advertirle de la necesidad de empezar una nueva vida, "nacer de nuevo". No se puede intentar ser aparentando. Se es y se muestra tal y como se es. De otra forma caemos en la hipocresía, como los fariseos.

Un nacer del agua y del Espíritu Santo que ilumina nuestra vida y nos fortalece para remar contra corriente y poder vencer al mundo que nos atenaza y nos tienta. No podemos cambiar por nosotros mismos. Jesús sabe que necesitamos de sus fuerzas, de la acción del Espíritu Santo, y ponernos en sus Manos, por el Bautismo, es el comienzo de un renacer de nuevo.

Pidamos al Espíritu Santo que nos dé el don de sabiduría, de inteligencia, de consejo, de fortaleza, de ciencia, de piedad y de temor de Dios, para que enriquecidos en ellos podamos volver a la vida nueva que nos lleva a la salvación. Amén. 

domingo, 15 de abril de 2012

SI NO LO VEO NO LO CREO

 Juan 20,19-31: Dichosos los que creen sin...

Esas mismas palabras las solemos oír hoy. No son palabras del ayer, sino que se repiten en el hoy, en el presente. Estamos tocados por las dudas, por la desconfianza, por la confirmación de la razón. Necesitamos que nuestra razón nos de fe de que lo que creemos sea confirmado. Luego, ¿para qué necesitamos la fe?

¿Qué sentido tiene tener fe si exigimos ver aquello que creemos? La fe supone creer sin ver, por eso, Jesús llama bienaventurados a aquellos que creen sin necesidad de ver. Y en ese sentido somos todos nosotros los dichosos y bienaventurados si creemos y confiamos en el Señor.

Hay mucho de Tomás en cada uno de nosotros, porque nuestras obras no se corresponden con la fe que profesamos y confesamos. Jesús nos envía de la misma forma que Él fue enviado, y no solos sino injertados en el Espíritu Santo. Estamos bien acompañados y muy bien dirigidos. La dificultad radica en que nosotros nos dejemos nuestra libertad, don de Dios, en Manos del Espíritu. Ese es el reto y la clave.

Por eso, en Manos del Espíritu Santo, la Iglesia tiene poder para atar y desatar, para alumbrar el camino a seguir. Y ahí nacen muchas dudas, mucha confusión, mucha soberbia a dejarnos llevar. No resistimos a ser conducidos, porque esa acción necesita mucha humildad, y de eso carecemos mucho los hombres. 

A ejemplo de María, la humildad es la puerta que nos abre la acción del Espíritu Santo, y todo lo demás vendrá por añadidura, porque entrará la Gracia de Dios a raudales.

Pidamos que aumente nuestra fe, que no tengamos que exigir la presencia de Jesús, sino que las palabras de sus Apóstoles, su Iglesia, nos basten para dejarnos empapar por su Gracia y por la acción del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 14 de abril de 2012

SOMOS DURO DE MOLLERA

Marcos 16, 9-15

Y es que nos cuesta creer. Nos cuesta aún más dependiendo de quienes lo transmitan. Porque la palabra de una mujer, tenía muy poco valor. En aquella época, la mujer, no tenía voz ni voto, y no se le tenía en cuenta. ¿Cómo le iban a creer.

Pero, ¡es que que tampoco, llegado el momento, le creyeron a los dos de Emaús! ¡Costaba mucho creer! Si no lo veo no lo creo, solemos decir, y no es nuevo eso, sino que como podemos observar viene desde muy lejos. Cambiar nuestra manera de ver las cosas nos cuesta mucho, hasta tal punto que podemos casi asegurar que no podemos hacerlo con nuestras propias fuerzas. Necesitamos una ayuda especial, la Gracia de Dios.

Y es que la fe es un don de Dios sin el cual no podemos creer. Eso no significa que tengamos que estar pasivos y esperándolo, sino que a pesar de nuestra disponibilidad, nuestros esfuerzos y búsquedas, sólo nosotros no podemos conseguirlo. Necesitamos la Gracia Divina para que nuestra mente se ilumine y podamos creer.

Así ocurrió con los apóstoles,  tuvo el Señor que cogerlos a todos reunidos y presentarse ante ellos, y hasta les regañó su incredulidad al no creer en el testimonio de María Magdalena y los de Emaús. Pienso y creo que a nosotros nos ocurre algo parecido. Nos cuesta creer en Jesús; nos cuesta fiarnos de Él. Se nos hace difícil depositar nuestra confianza en sus Manos, y por eso nuestro testimonio no se transmite ni convence.

Hoy mismo lo he experimentado al mantener una conversación con una persona joven. No transmito, y puede ser porque no tengo la fe suficiente para hacerlo. También puede ser que la persona esté cerrada y no se abra, pero siempre estará la duda. 

Y eso debe interpelarnos a ser más auténticos, a ser más veraces, a, que es lo que cuenta y lo que perciben y le impactan más, amar más.

No hay otra manera mejor de concluir que ponernos en disposición de súplica y pedir a nuestro Padre Dios el don de la fe, y llevarla a nuestra vida en hechos concretos, para que dándola aumente en nosotros y se transmita a los demás. Amén.

viernes, 13 de abril de 2012

JESÚS NO DA CONSEJOS, TRANSMITE VIDA

Juan 21:1-14. "Después de esto, Jesús se manifestó otra...

Sí, me he quedado extrañado, pensativo, sorprendido. Se aparece ante ellos y les pregunta por pescado. Ante la respuesta de que no tienen, les invita a echar de nuevo las redes. Me quedo algo confundido, porque imagino que lo han hecho algo remisos y desconfiados, pues habían estado pescando sin conseguirlo toda la noche.

Sin embargo, pienso que intuían algo, estaban barruntando la presencia del Señor, pues no era la primera vez que se les había aparecido. El relato empieza diciendo que Jesús se apareció otra vez a los discípulos...

Y en esa tribulación someten su voluntad al deseo de Jesús. Y, no podía ser de otra forma, la red se llena de peces. ¡Es el Señor!, clama Juan, el discípulo que tanto quería Jesús, y Pedro, como siempre, se lanza al mar al encuentro de Jesús.

Al predisponerme a reflexionar sobre esta Palabra de Dios, he observado una primera actitud. Jesús no da consejos, ni advierte de un plan a seguir. Es de sentido común presuponer que si así fuese, los hechos narrarían lo que Jesús les hubiese programado y marcado, sin embargo, no ocurre así. Se cuenta que se acercan, la brasa ya está encendida y preparada. Hay incluso un pescado en ella, y sentados todos a su alrededor comparte la comida.

Al parecer nadie se atreve a preguntarle nada, pues sabían que era el Señor. Jesús les reparte el pan y el pescado. Y lo demás tendremos que deducirlo por nosotros mismos. Para eso está el Espíritu Santo, para continuar la Palabra de Dios.

Supongo que esa es la intención y la finalidad. Jesús transmite vida, está vivo y ha resucitado. Eso lo dice todo. Pocas palabras se necesitan para señalarnos el camino. Su vida compasiva, misericordiosa, comprometida, con preferencia al más necesitado, al más desheredado, al más pobre, está delante de ellos. Y muerto, asesinado en la Cruz por esa sorprendente compasión, su Resurrección, presente ante ellos, les ilumina el camino que ellos también han de recorrer.

¿Nos dice a nosotros lo mismo? ¿Estamos afectados, sorprendidos, motivados a ser compasivos como nos transmite con su presencia Jesús? ¿Las parábolas del Samaritano, el hijo prodigo, la mujer adultera... nos recuerda que la bondad del Padre, del que Jesús nos habla, se comporta así?

Me quedo con la sorprendente actitud de Jesús de no dar consejos ni prescripciones, sino transmitir vida. Amén.

jueves, 12 de abril de 2012

EL MIEDO NOS ALEJA Y DESVIRTÚA LA REALIDAD

Evangelio según San Lucas 24,35-48. Ellos, por su...

Porque la única realidad es que Jesús vive y está entre nosotros. No es un sueño, sino su real presencia entre nosotros cada día en la Eucaristía. No es un sueño, sino su Palabra que nos descubre que su Pasión estaba profetizada en las Escrituras. Y, no es un sueño, sino que se presenta vivo y palpable entre todos los suyos para que abran los ojos y despierten a la realidad de su vida eterna.

Sin embargo, ocurre que el miedo a complicarnos la vida nos atenace y nos aleje de su presencia. Y ese alejamiento termine por llevarnos al olvido de su presencia y de su Palabra. Porque Él no se ha ido, sigue real y presente entre nosotros.

Cada día lo podemos visitar y recibir transformado en alimento para nuestras vidas, dándonos las fuerzas necesarias para seguir firmes y perseverantes en la fe.

Como los apóstoles, permanezcamos juntos, unidos a Él en la Eucaristía, donde permanece real y vivo, y desde Él, tomemos todas las fuerzas para superar las adversidades de cada día, sin miedo y con renovada fe y esperanza.

Confiemos en su Palabra, y en la oración que Él nos ha recomendado. No dejemos de pedirle, como a un Padre, todo lo que necesitemos, que, como nos ha prometido, seremos escuchados. Amén.

miércoles, 11 de abril de 2012

SUS OJOS ESTABAN ENTRISTECIDOS

Lc 24,13-35: Los discípulos de Emaús...

Y a nosotros nos suele ocurrir igual. Nos entristecemos cuando nuestra esperanza se debilita en el acontecer de cada día; cuando desesperamos ante la adversidad o situaciones trágicas que nos desconciertan. Cuando nos vemos cogido por el mal o sucumbimos ante los apegos y tentaciones. 

Perdemos la paz, la paciencia, bajamos los brazos, nos entristecemos, nos desmoralizamos, nos dejamos llevar por los avatares, decae nuestra moral, perdemos la esperanza... Caminamos hacia Emaús.

Eso mismo que aquellos discípulos experimentaban, nosotros lo vivenciamos también muchas veces en nuestras vidas. Ha pasado la Cuaresma, la Pasión, estamos en la octava de Pascua, y todo en nuestra vida sigue igual. Caminamos entristecidos hacia Emaús. ¿Qué pasa por nuestro corazón? ¿Qué sentimos en nuestro interior? ¿Tenemos alguna experiencia de la Resurrección? ¿Es impactante esa experiencia para que nuestra vida cambie? ¿Dejamos que Jesús Resucitado se acerque a nosotros, y le escuchamos con un corazón ardiente?

Y estas y otras muchas preguntas son las que tocan a la puerta de tu corazón. También del mío. ¿Estamos dispuestos a escucharlas y dejar que moren en él hasta cambiarlo? 

De ti y de mí depende, lo de más será de la Gracia de Dios. Amén.

martes, 10 de abril de 2012

ES CUESTIÓN DE CONFIANZA

Juan 20,11-18. Estaba María junto al sepulcro fuera...

Y de fe, porque de la confianza nace la fe. Indudablemente, la confianza viene de saber que hay una experiencia del Resucitado por sus más allegados, apóstoles y discípulos, que lo experimentan, lo palpan y tocan y lo ven con sus propios ojos. Y, los que queremos creer y pedimos la fe, nos fiamos, primero de la Palabra de Dios, y luego del testimonio de esas personas que nos han precedido, que nos transmiten su fe con su honestidad, su compromiso y testimonio de vida hasta la muerte. Muchos, por no decir casi todos, con una muerte martirial.

No cabe ninguna duda, como dice el padre Joan, que la fe es un don de Dios, porque solo con nuestro esfuerzo no podremos nunca adquirirla. Ese es el pecado de todos aquellos que quieren razonarla, demostrarla, y necesitan ver para creer. Pero, incluso, habiendo visto no creen. Eso ya ocurrió en tiempos del Señor, y ocurre ahora. Nunca entenderemos el Milagro de un Dios que existe "Siempre", y crea todo lo visible e invisible. Es un misterio inalcanzable para el hombre.

Por eso, como le sucedió a María Magdalena y a todos los demás, pidámosle al Espíritu Santo que nos ilumine, que nos de la fortaleza y sabiduría de aumentar nuestra fe por la Gracia de Dios, y podamos experimentar su presencia y su gracia. Amén.

Dios mío, Padre Bueno, enciende en mí la confianza
de saberme tu hijo, y de esperar, de un Padre como Tú,
las bondades y amores que experimentamos de los
padres de la tierra.

Señor, Padre mío, enciende en mí la llama de tu amor,
dame la luz de saber que me amas y que me perdonas
de todos mis pecados. 

Soy un esclavo de mis apegos y vicios. No puedo superarlos,
y necesito tu ayuda para poder vencerlo. Dame la fe y la
esperanza de confiar en tu fuerzas para salir victorioso de 
esa batalla.

Aumenta mi fe en Ti y fortalece mi voluntad para poder
hacer la Tuya. Amén.

lunes, 9 de abril de 2012

Y ASÍ CONTINUA OCURRIENDO


Mt 28, 8-15. Jesús les salió al encuentro y les dijo, alegraos...

No es de extrañarnos que esto siga sucediendo en nuestros días. Lo observamos de forma notable a diario, cada semana, en el mundo del deporte entre otros. Los que pierden justifican, menos ver la verdad, su pérdida por efectos de los jueces del partido, los árbitros, en lo que respecta a los partidos de fútbol. Todos buscan una justificación para mantener su autoengaño.

Distorsionamos la realidad con tal de configurarla a nuestros intereses. La falseamos y adulteramos de forma que, aun siendo irreal, se ajuste a la realidad que nosotros queremos ver y nos interesa. Así, la Resurrección de Jesús se disimulo con un engaño, con una mentira para esconder la realidad. Y a los ciegos, porque querían ser ciegos, no les costó creerlo. Era y es lo más fácil, lo que nos asegura nuestra confortable y cómoda zona de confort. Nuestra vida vivida según nosotros, no según la Voluntad de Dios.

Es la consecuencia del tener, porque cuando se tiene, riquezas y poder, cuenta desprenderse. Por eso son los pobres, los que nada tienen, los que se entregan a la verdad. No tienen nada que perder, y sí mucho que ganar.

 Recodermos lo del joven rico... Cambiamos una vida sometida a las esclavitudes del cuerpo, hambre, sed, enfermedad, apegos, vicios, pereza, cansancio, debilidades, drogas. tentaciones, sufrimientos...etc., por una vida liberada, gozosa, feliz, donde el espíritu domina y dirige al cuerpo. Es la Resurrección gloriosa que observamos en nuestro Señor Jesús.

Preferimos estar sujetos a nuestra corporalidad humana, limitada y finita y no aspirar a una libertad de espíritu, donde sea el espíritu quien domine al cuerpo. Preferimos cambiar esta realidad gloriosa e infinita, por la esclavitud de estar sometidos por los apegos y esclavitudes del cuerpo. Porque Jesús, con su Resurrección, nos libera de nuestra condición corporal, para darnos, unida a nuestro cuerpo, una dimensión espiritual liberada del mismo y liderada por el espíritu.

Disparatamos cuando no creemos en la Resurrección de Jesús. Una Resurrección confirmada, testimoniada, demostrada en las numerosas apariciones a sus apóstoles y discípulos. Una Resurrección certificada por el poder de alterar las leyes de la naturaleza, los milagros, que solo pueden obedecer a Aquel que las ha creado. ¡Verdaderamente el Señor ha Resucitado!

Y nada más verdadero que aquellos que no lo reconocen y permanecen ciegos a la Verdad. 

Pidamos al Señor, nuestro Dios, que nos aumente nuestra confianza en Él, y en consecuencia, nuestra fe en sus Palabras y testimonios. Amén.

domingo, 8 de abril de 2012

EL SEPULCRO ESTÁ VACIO

(Jn 10, 1-9). El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, ...

No se encuentra el cuerpo de Jesús, pues el sepulcro está vacío. ¿Dónde está? ¿Quién se lo ha llevado? Todavía hay alguien que sostiene que lo han ocultado. ¿Se puede creer en ese disparate? ¿Hay alguna razón que lo pueda sostener?

Sin embargo, se cuentan por millares sus apariciones, primero a las mujeres, y luego a sus apóstoles y discípulos. Cincuenta días permaneció Jesús preparando a sus apóstoles para la tarea de edificar su Iglesia. Cincuenta días estuvo testimoniándole su resurrección. Y la vida y obras de los apóstoles lo certifican. ¡Jesús ha resucitado!

Sólo así se puede entender ese gran milagro de su Iglesia. Sigue viva y firme como roca a pesar de las dificultades, las divisiones, los enfrentamientos, los pecados de todos los que la formamos. Y también por los que permanecemos fuera y la perseguimos. Nadie puede aniquilarla. Los poderes del infierno no prevalecerán contra ella.

Jesús vive y permanece entre nosotros en cada momento. Cada día lo podemos ver, tomar y comer su Cuerpo, alimentarnos y fortalecernos con su presencia. Está presente en el Sacramento Eucarístico. Allí nos acompaña, nos cita, nos sigue y nos aconseja. Allí nos fortalece, nos ilumina, nos sostiene y nos motiva. Allí nos inunda de su Gracia y nos da la luz para ser pacientes, constantes, perseverantes y firmes en la fe.

¡Jesús vive entre nosotros y nos acompaña hasta la muerte, para que muertos en Él, resucitemos en Él!  Amén.

sábado, 7 de abril de 2012

JESÚS NOS BUSCA, ESA ES LA DIFERENCIA

¿Estará la parte de atrás reservada para nosotros?

En el hombre hay algo interior que lo impulsa a buscar, a preguntarse, a dar respuestas a muchos interrogantes que lo inquietan. El motor que mueve esa inquietud es el ansia de gozo y felicidad que habita dentro de él. El Creador, puesto que eso no puede nacer de la casualidad o creación espontánea, lo ha puesto en cada uno de sus criaturas. Otra característica que revela la obra de Dios.

Sin embargo, la gran diferencia de la fe cristiana con otras religiones o búsquedas de la verdad estriba en que, mientras son ellos los que buscan, en la cristiana, es Jesús quien nos busca. Nosotros no salimos a su encuentro, sino que es Dios quien sale primero a nuestro encuentro, se encarna en nuestra naturaleza humana y se acerca a nosotros para descubrirnos todo su amor.

En su Hijo, enviado a revelarnos el amor del Padre, Dios nos habla y nos dice cuanto nos ama y lo que quiere para nosotros. Toda la Pasión, el Triduo Pascual, que celebramos estos días pueden sintetizarse en este simple mensaje: ¿Hombre, qué buscas?, ¿a dónde vas?

Jesús viene a buscarnos de parte de su Padre, y nos pregunta qué buscamos nosotros. No cabe duda que todos buscamos ser felices eternamente, pues a esa pregunta Jesús nos responde: A eso he venido de parte de mi Padre, a darte la felicidad eterna, ¿la quieres?

La respuesta es sabida por todos, pues no hay nadie que no quiera ser feliz eternamente. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿De qué manera? Y Jesús nos responde: Para eso he venido Yo, para enseñarte el camino y la forma de andar por él. Mira, "Ama, tal y como Yo te amo a ti". Sígueme y veraz.

Estamos meditando y reflexionando estos días sobre la medida de Amor que Jesús entregó por cada uno de nosotros. ¿Qué te parece como nos ha amado Jesús? Dio todo lo que tenía, hasta lo último que le quedaba su Cuerpo destrozado, llagado y hecho una piltrafa. Pero, aún más, dio ya el resto, lo último, su Madre. Nos la entrego como madre nuestra. No se guardó nada para Él. Lo entregó todo.

Nos ha dejado una pedagogía clara y simple de seguirle y de imitarle. Y lo más grandioso, el testimonio y la prueba de la Resurrección. Viviendo como Él, Resucitaremos cómo y con Él. Amén.

viernes, 6 de abril de 2012

DETENIDO

Juan 18, 1-19, 42. Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado...

Jesús es detenido, se le acusa de blasfemar, de proclamarse Hijo de Dios. No se le cree ni por su Palabra ni por sus obras. ¡No puede ser, un galileo, un nazareno, el hijo de un simple carpintero y una sencilla mujer, María! Es imposible, ese no puede ser el Mesías prometido.

Esperábamos otra cosa, alguien más notorio, más poderoso, más humano y de acuerdo con nuestros ideales. Esperábamos a alguien que nos liderara para levantarnos contra los romanos y liberarnos de su yugo. Esperábamos a alguien parecido a un celote, a un revolucionario que despertara a Israel y lo sacará del dominio del Imperio romano.

Y se nos presenta un pobre hombre, un hombre que habla de amor, de poner la mejilla cuando te han abofeteado en la otra., que habla de perdón, de paz, de justicia y de amar hasta a los enemigos. Esto es el colmo, lo contrario a lo que queremos. Esto es inhumano, contradictorio, imposible de aceptar. Este hombre es un impostor, un farsante, un...

Jesús es considerado un mentiroso y su Palabra queda entredicha y desprestigiada. Los intereses de aquellos que mandan se anteponen a los intereses del Hijo de Dios. Hoy todo sigue igual. Esto del amor a los enemigos es cosa de débiles, de pobres y de niños. La fuerza y el poder es nuestro dios, lo que triunfa y lo valioso.

La soberbia del hombre sigue mandando en él, y a pesar de experimentar frustración, no se da por vencido. Su ceguera es crónica, le impide ver y reconocer su esclavitud. Se precipita al vacío. Esta enfermo, pero no se deja curar. Pronto, su esclavitud es tan grande que no verá la Resurrección, el triunfo del Amor.

Pidamos al Señor que nos de un corazón contrito, humillado, sencillo, y no busquemos vencer ni tomar venganza, sino simplemente amar, porque en el amor está el triunfo.

jueves, 5 de abril de 2012

LAVARSE LOS PIES UNOS A OTROS

Juan 13:1-15 “Vosotros me llamáis Maestro...

Lavarse los pies, los unos a los otros, significa estar pendientes los unos de los otros; significa compartir todo aquello necesario para que cada uno tenga una vida digna, libre y justa; significa estar en el mismo plano de igualdad y dignidad; significa ser hijos de un mismo Padre; significa...

Lavar los pies a los demás es un signo de abajamiento y de servicio. Es un detalle de que estoy para servirte y dispuesto a ello. Es una señal de que amar es estar y ponerme a la misma altura, y desde ahí compartir lo que somos y tenemos. Lavar los pies a los demás es el testimonio que certifica una muerte de Cruz por amor.

Hay una historia muy bonita que nos alumbra todo lo dicho anteriormente. Es una historia en clave de fábula, pero muy iluminadora. Es el cuento de los erizos. Al parecer los erizos pasaban mucho frío. Sus cuerpos llenos de púas les mantenía apartados unos de otros, y eso facilitaba que las bajas temperaturas actuaran sobre ellos de forma más intensa y efectiva.

En cierta ocasión, a uno de ellos se le ocurrió comentar que estando más juntos podrían combatir mejor el frío, pero en el intento, muchos se lastimaron y quedaron heridos. Sus púas no les permitían estar cercas y menos juntos los unos de los otros. De forma que volvieron de nuevo a separarse.

Pero el frío era muy intenso y lo pasaban muy mal. Así que ante el sufrimiento decidieron volver a intentarlo, pero esta vez estaban decidido a acercarse con más cuidado, despacio y tratando de no picarse los unos a los otros. Hubo algún que otro picor, pero no pasó de ahí. Sus cuerpos con mucho cuidado fueron amoldándose los unos a los otros y, de esa forma el frío disminuyó, pues sus cuerpos se daban calor los unos a los otros.

De vez en cuando, alguno se movía repentinamente y hería al más próximo, pero se aceptaba, se perdonaba y se volvía a acomodar de nuevo. A pesar de algunas molestias y percances, todos daban por bueno el estar unidos y juntos los unos a los otros, pues de esa manera todos vivían mejor.

¿No ha querido Jesús de Nazaret decirnos eso con el lavatorio de los pies?

miércoles, 4 de abril de 2012

JESÚS ENTRE LOS SUYOS


Mateo 26,14-25. En aquel tiempo, uno de los Doce...

Este era el contexto donde se desarrollaban los últimos momentos de Jesús, rodeado de los suyos, los más íntimos, los fieles seguidores. Sin embargo, en este contexto surge la traición. ¿No ocurre igual hoy en nuestra propia Iglesia?

En estas circunstancias destaca la personalidad de Pedro, espontáneo, pronto a la reacción, impulsivo, pero desmedido y osado. Sin pensarlo, seguro de sí mismo responde a Jesús confiándole su fidelidad y seguimiento, más tropieza con la afirmación de Jesús de no poder seguirle a donde Él va.

Más tarde experimenta su miseria, su pobreza, sus miedos, su debilidad... pero en la desesperación busca la verdad, se humilla, se reconoce débil, frágil, humano, pecador... y se abandona en los brazos del Señor Jesús. Toda una lección de nuestro camino de conversión de cada día. Ofrecer nuestras debilidades y miserias, puestas en Manos del Espíritu, al Padre Dios. Nuestro Padre no quiere otra cosa, solo eso, que le entreguemos lo que somos, humanidad pecadora.

No hagamos alarde de prepotencia como Pedro, de poder, de fuerza, de sabiduría... Jesús solo nos pide nuestros pecados. ¡Para eso ha venido!, para lavarnos con su sangre y muerte, y resucitarnos con Él.

Busquemos a Juan, el discípulo joven, el amado porque su inquietud le mantenía cerca de Jesús. Sintonizaba con Él, le comprendía mejor que los demás, estaba a su lado. Posiblemente, por eso, Jesús le sentía más cercano que otros. Eso le llevó a estar con María al pie de la Cruz.

Esa debe ser nuestra actitud, la cercanía con Jesús, en el Sagrario. Está ahora más cerca que antes. Juan, a pesar de su cercanía estaba más lejos que lo que nosotros estamos ahora. No tenía tampoco al Espíritu Santo, pues todavía no había venido. Ahora está con nosotros, y Jesús presente, vivo en Cuerpo y Alma en la Transustanciación, misterio Eucarístico, en el Sagrario. Tengamos paciencia y confiemos en Jesús.

Mantengamos también la inquietud de los Apóstoles. Estaban todos pendientes del Maestro. A pesar de, más tarde, experimentar el temor y la confusión, mantenían la confianza en ÉL. De ahí les nació su fe, y a las primeras pruebas de la Resurrección brotó la fe dormida en todos. Confiaban en el Señor. Lo mismo que ahora nosotros debemos hacer: "Confiar en el Señor".

Nunca seguir la actitud de Judas, el otro personaje que, a pesar de estar al lado de Jesús, buscaba otro Jesús, no el verdadero. Buscaba fuerza y poder para desterrar a los romanos de aquellas tierras. Estando con Jesús, su corazón siempre perteneció a los celotes, revolucionarios del poder y la fuerza. Nunca se lo entregó a Jesús, y cuando sus esperanzas entendieron que el camino de Jesús iba por el sendero del amor y el servicio, perdió su confianza y, en consecuencia, su fe.

No miremos estas actitudes en la lejanía, están hoy, ahora en nosotros, pues sintiéndonos cerca, en la Iglesia, puede ser que nuestro corazón esté lejos, ¡muy lejos!, depositado en otros objetivos, en otros ideales, y no en los de Jesús.

No perdamos el contexto de esta Historia, porque es también nuestra Historia, la tuya y la mía, y ella es nuestro mayor tesoro, la más importante. De entenderla bien depende nuestra felicidad eterna y nuestro gozo. Es lo que realmente buscamos. Busquemos a Pedro y a Juan. Son las actitudes que nos convienen, las que nos pondrán en camino del gozo eterno. Tengamos confianza. Amén.


martes, 3 de abril de 2012

LA CLAVE, RECONOCER NUESTRA MISERIA

“Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Juan 13,21-33.36-38


Creo que esa fue la clave de Pedro, y la perdición de Judas. Nosotros, por mucho que hagamos, nada nos vale para alcanzar la vida de la Gracia. Sólo Dios puede salvarnos por los méritos de su Hijo Jesús.

Sin embargo, hay algo que Dios no puede tomar de nosotros si no los ponemos en su Mano. Es nuestra miseria y nuestros pecados. Es decir, Dios espera, por la libertad que nos ha sido dada, que pongamos en sus Manos todos nuestros pecados. Es lo que no tiene y a lo que ha venido. Ha enviado a su Hijo para que cargue con ellos, pero para hacerlo tenemos primero que dárselos y dejarlo cargar.

Así lo entendió Pedro. Lloró y puso en sus Manos su cobardía y sus miedos. Pero no ocurrió lo mismo con Judas. Se desilusionó, esperaba otro Mesías. No se rindió al amor y perdón de Jesús. Sus esperanzas estaban puestas en el poder y la fuerza. Desesperó ante la paciencia y la fuerza del Amor de Dios.

Creyó en sus propias fuerzas, en el dinero y la imposición. Hay algunas actitudes que podemos sacar del Evangelio de ayer y el de hoy. Jesús se retira a Betania, ayer, y es acogido en la casa de Marta, María y Lázaro. Betania es un lugar de descanso, de centrar su misión. Está a pocos días de emprender el camino del Gólgota. Allí se siente acogido, comprendido, descansado...

Podemos hacernos una pregunta: ¿Acogemos nosotros así? ¿Somos capaces de comprender, de servir, de dar descanso, de facilitar paz, sosiego y recuperar fuerzas...?

Judas reprochó el gasto de aquel perfume caro gastado en perfumar al Señor. ¿Seríamos nosotros capaces de esforzarnos en perfumar nuestra vida con ese olor a Jesús que nos predispone al amor? ¿No pondríamos reparos a gastar el tiempo, el dinero y lo que sea para que nuestra vida esté perfumada por las actitudes de Jesús de Nazaret?

Y, por último, ese perfume gastado en Jesús lo podemos prolongar en los pobres una vez que Jesús se haya ido. Porque Jesús vivió como un pobre, y su perfume es un perfume que huele a pobres, de forma que cada vez que perfumemos a un pobre, a Él lo perfumamos.

Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a ser acogedores, perfumadores del olor de Jesús y perfumar a los que necesitan más que nadie ese perfume. Amén.

lunes, 2 de abril de 2012

OBSERVABAN QUE MUCHOS JUDIOS SE LES IBAN Y CREÍAN EN JESÚS

Jn 12,1-11. Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, ...

Sólo les preocupaba mantener el poder y tener al pueblo sometido y bajo su autoridad. Pero observaban que no era así, Jesús los atraía y, al menos por sus obras, muchos creían en Él. El testimonio de la presencia de Lázaro era un factor que también atraía a todos los curiosos y duros de corazón. Querían ver al Lázaro muerto y vuelto a la vida por Jesús. No resistían la tentación de verlo delante de sus ojos.

Y todo eso molestaba y, más aún, preocupaba a los sumos sacerdotes porque veían que su poder tenía los días contado. De no mediar para acabar con Jesús, y también con Lázaro, testigo del poder de Jesús sobre la vida y la muerte, sus poderes tenían los días contado. No podía ser de otra forma, decidieron acabar con Jesús.

Por otro lado, la desconfianza y las tentaciones hacían presencia en el grupo de Jesús. Judas estaba tentado y dudaba de Jesús. El poder del amor no le convencía y su ilusión de un Mesías triunfador, poderoso y fuerte le estaba alejando del verdadero Jesús. Su corazón, apegado al dinero, con el que se sentía más poderoso y fuerte, le traicionaba provocándole la critica de echárselo en cara a los amigos de Jesús por invertirlo en Él.

La hora estaba cerca, y la confianza en Jesús necesitaba mucho la Gracia del Espíritu para mantenerse firmes y no titubear. Por eso, en este inicio del camino hacia la Pascua, pidamos al Espíritu Santo que nos fortalezca, no inunde de luz, de sabiduría y de paz para que el pulso no nos tiemble y alcancemos la cima del Golgota junto a la Cruz de Jesús. Amén.

domingo, 1 de abril de 2012

DOMINGO DE RAMOS

Plaza de Las Palmas, Iglesia de San Ginés Obispo, Arrecife

Quisiera ser, Señor, uno de aquellos que, en silencio, entendió tu entrada en Jerusalén. Una entrada lejos de triunfalismos y algarabía. Una entrada donde se pone a prueba la superficialidad de decisiones no profundas ni responsables, sino productos de los intereses del momento.

Hoy pasa lo mismo, cantamos este domingo de Ramos, pero pasada la hora celebrativa nos sumergimos en un mundo de consumo, de búsqueda de bienestar, de adentrarnos en nuestra zona de confort y de no importarnos tu entrada en Jerusalén. 

Pronto nos desencantamos de tu entrada triunfal. Pensábamos que ibas a reinar con poder y fuerza, con mano firme para excluir a todos los que no piensan como Tú, o buscan otros intereses, incluso sometiendo a otros. Y pronto nos dimos cuenta que tu camino iba por otro lado. No era nuestro camino. Y con cierto disimulo hicimos mutis silencioso. Nuestras voces se apagaron y desaparecimos de tu vista.

Hoy, Señor, quiero reafirmarme en que eso no sucederá otra vez. Quiero seguirte, aguantar pacientemente y con confianza. No desesperar y seguir tus pasos aunque me sea difícil, duro y costoso. Confío en tus fuerzas, en las fuerzas y poder de tu amor. Lléname, Señor para que mi voz no se apague sino que levante su grito de esperanza y de júbilo. Amén.