ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 16 de enero de 2013

¡SEÑOR!, TODOS TE BUSCAMOS

 Marcos 1, 29-39. Cuando salió de la sinagoga, fue...
Claro, y quien no te busca, Señor, si Tú tienes Palabra de Vida Eterna, nos sana de nuestras enfermedades físicas y nos da esperanza de vida eterna. ¿Es qué hay alguien que no busque y quiera esto? ¿O es qué hay alguien que no necesite ser curado?

Posiblemente haya quienes gocen de buena salud, y en los momentos de alguna complicación, tengan medios de buscar soluciones médicas de sanación, pero lo que nunca podrán conseguir es estar sanos para siempre. Y eso lo necesitamos todos, porque todos queremos ser saludables y eternos.

Y de una forma egoísta todos buscamos eso. Sí, es verdad, que solo tenemos ojos para ver lo menos importante, nuestra salud física, porque, quieras o no, ésta acabará a su debido tiempo a pesar de nuestros esmerados cuidados. Y digo menos importantes, porque aun siendo algo vital para nosotros, sabemos que está destinado a convertirse en polvo. Y no podemos evitarlo.

También es verdad que el sufrimiento es algo inaguantable, y nadie quiere ni le apetece sufrir. Pero, también es verdad, que el sufrimiento nos ayuda a crecer y madurar como personas, y nos hace más maduros y equilibrados. En ese sentido podemos aceptarlo, nunca quererlo ni desearlo, para crecer en perfección y fortaleza de nuestro propio dominio y equilibrio.

Pero hay otra dimensión que Jesús nos revela o podemos entresacar de su actitud. No estamos solos y hay muchos a nuestro derredor que también quieren ser curados y necesitan del Médico que puede curarlos. Debemos dejar pasar a otros para que también lleguen a Jesús. Los últimos, en ese sentido, serán los primeros. Es decir, aquellos que despreocupándose de sí mismo dejan su turno para que otros puedan ser atendidos.

Y esa actitud de entrega, de darse y ponerse en el lugar del otro no se consigue desde una reflexión individual, sino en constante connivencia con el Padre Dios. Sólo en la medida que vivamos junto al Padre y hablemos con Él desde la aceptación de sus criterios y pensamientos amorosos, podemos hacer vida en nuestra vida la grandeza y misterio de su Amor.

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