ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 14 de junio de 2014

PALABRA DE DIOS

(Mt 5,33-37


Ponemos a Dios por testigo de nuestras palabras. Realmente no sabemos lo que decimos porque, ¿quienes somos para poner a Dios por testigo de nuestras palabras? ¿Acaso la palabra de Dios da crédito a la mía? ¿Avala Dios mi palabra? ¿Cómo puedo atreverme a usarlo poniéndole como testigo?

La Palabra de Dios es Absoluta y siempre habla en Verdad, pero mi palabra es necia, pecadora y vive en la duda y la ignorancia. Más, apoyado y asistido por el Espíritu, mi palabra debe limitarse a decir sí o no sin más, tratando de tomar conciencia que Dios ve y escucha lo que se esconde en lo más profundo de mi corazón.

Nuestra proclamación de la palabra pasa por nuestra debilidad ante los demás. Si hablamos en verdad, y para ello nuestra vida se encargará de descubrir si es así, nuestra palabra será escuchad y tenida en cuenta, y transmitirá la Palabra del Señor, por la acción del Espíritu Santo, que actúa en nosotros. De lo contrario todo será apariencia y mentiras que levantará un muro entre lo que decimos y los que escuchan.

El ideal es acercarnos a hablar siempre en verdad tal y como nuestro Padre Dios nos enseña en su Hijo Jesús, de modo que no haya menester de ningún juramento, sino que la propia palabra dada sea respetada y digna de honor, porque nos sabemos hijos de Dios y seguidores de su Palabra.

Sea nuestra palabra alejada de toda duda y sostenida y apoyada en tu Verdad Absoluta Señor, de modo que sólo nos baste decir sí o no simplemente.

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