ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 3 de octubre de 2014

LIBERTAD DE RECHAZAR AL MISMO DIOS

(Lc 10,13-16)
 
Es el misterio que jamás podremos entender. ¿Cómo es posible que Jesús sea rechazado? No se puede entender sino desde una libertad incondicional y una proclamación sin influencia ni presiones. Una proclamación que pasa por la experiencia vital de descubrir el tesoro del amor de Dios. Un tesoro que exige renuncias, sacrificios, prioridades que nos molestan, nos cuesta renunciar y nos atraen satisfactoriamente.

No tener ni donde reclinar la cabeza es muy triste y duro. Si a eso se añade molestias, sacrificios, luchas e incomodidades, el resultado es mirar para otro lado y buscar no pasarlo tan mal. Pero ese es el verdadero amor. El amor no puede estar representado en todo aquello que va favor de la corriente, porque eso, por naturaleza, es lo que a todos nos gusta y en primera instancia deseamos.

El amor se presenta y descubre cuando exige sacrificios, renuncias, soportar y perdonar. Y eso, quizás, fue lo que en Corazín y Betsaida, así como en Cafarnaúm, no entendieron o no quisieron entender. Prefirieron el otro camino, el de la comodidad, despreocupaciones, el de ir a favor de la corriente y no hacerle caso a Jesús.

Igual nos ocurre a nosotros, empezando por nosotros mismos que no damos el testimonio que debemos dar, pero nuestra propuesta, de la que nos somos ejemplos, se hace, como le ocurrió a Jesús, y Él sí fue verdadero testimonio y ejemplo de lo que predicaba, difícil de aceptar y de seguir. Si el propio Jesús, con su intachable testimonio y milagros fue rechazado, ¿qué se puede esperar de nosotros?

Cortamos nuestros vínculos con Él porque creemos y entendemos que nos quita libertad, y como una marioneta, queriendo ser independiente corta los hilos que la sujeta a la mano que la dirige, queda inerte y muerta. Así quedamos nosotros cuando nos separamos de Dios. No ganamos libertad sino muerte.

Eso nos debe, en lugar de desanimarnos, servir para animarnos, porque sabemos de nuestras limitaciones, de nuestros pecados y mal testimonio, y poco podemos esperar. Sólo por la Gracia de Dios podemos ser capaces de dar buen testimonio y alcanzar los frutos esperados. Todo será y es para su Gloria.

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