ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 5 de diciembre de 2014

¿CREES QUE JESÚS TE PUEDE CAMBIAR?

Mt 9, 27-31


Sucedió a aquellos ciegos. Seguían a Jesús e, imagino, tendrían sus dudas. Dudas de que Jesús los atendiera, pero sobre todo que les abriera sus ojos a la luz. ¿Quién era Jesús? Sin embargo, hay algo que les mueve a caminar, a seguirlo y a perseveran en su ruego de conseguir ver. ¿Será esa la fe? ¿Será esa la condición que nos pide Jesús?

¿Crees tú, y también yo, que Jesús puede transformar nuestro corazón? ¿Realmente lo creemos? Podemos pensarlo meditadamente y posiblemente, pienso, nos aparecerán las mismas dudas que esos ciegos. En el camino dudaremos, como dudamos en nuestra vida, y muchas veces nos preguntaremos quien es Jesús. Nuestra fe es pobre, débil y muy proclive a romperse, a perderse y evaporarse.  Razón fundamental para estar muy cerca de Él. Le necesitamos urgentemente. 

Más que aquellos ciegos y iban tras sus pasos. Necesitamos también gritarle a Jesús que nos devuelva la vista. La luz para verle, para divisarlo a nuestro lado, para alumbrar nuestro corazón y sentirle cercano, presente y futuro. Para sentirle siempre y eterno.

Quizás Jesús no quiere de nosotros más que le sigamos y que nos dejemos curar: Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?». Dícenle: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe». Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!». Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

Respondemos también nosotros a la pregunta de Jesús: Sí, Señor. Y lo buscamos para que cambie nuestros corazones de piedras en corazones de carne, generosos, solidarios, compasivos y misericordiosos. ¿Y, a pesar de nuestras dudas, confiamos que Jesús lo puede hace?

Hagamos lo de los ciegos, seguir caminando tras Jesús e insistir aunque sintamos desfallecer o no sentir la fe que quisiéramos sentir. Continuemos caminando hasta que el Señor quiera preguntarnos que queremos, y, estando cerca, respondamos inmediatamente que Sí, Señor.

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