ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 2 de febrero de 2015

¿DÓNDE BUSCAMOS AL SEÑOR?

(Lc 2,22-40)

Posiblemente estamos más ciego que lo que creemos. Buscamos al Señor a través de la razón y de responder a nuestras ideas o razones. Buscamos a Dios a través de eruditos, sacerdotes o teólogos que nos descifren los interrogantes que nosotros planteamos a la Verdad.

Pero, ni esa es la forma, ni ese el lugar donde podemos encontrarle, o, por lo menos, no es el lugar más sencillo, frecuente y claro donde se encuentra a Jesús. Al Señor lo encontramos a través de su Palabra. Una Palabra viva que se manifiesta cada día y que está siempre a nuestro alcance. Una Palabra que está dispuesta a revelarnos la presencia de Jesús, el Hijo de Dios hecho Hombre, y a encontrarse con cada uno de nosotros.

Sólo necesitamos escucharla con atención y el corazón abierto. El Evangelio de hoy nos revela como está profetizado hace mucho tiempo el encuentro en el templo de Jesús: Hace quinientos años, cuando se comenzaba a levantar el Templo, hubo una penuria tan grande que los constructores se desanimaron. Fue entonces cuando Ageo profetizó: «La gloria de este templo será más grande que la del anterior, dice el Señor del universo, y en este lugar yo daré la paz» (Ag 2,9); y añadió que «los tesoros más preciados de todas las naciones vendrán aquí» (Ag 2,7). Frase que admite diversos significados: «el más preciado», dirán algunos, «el deseado de todas las naciones», afirmará san Jerónimo.

El Espíritu Santo mueve a Simeón a revelar la identidad Divina de ese niño que hoy es presentado en el Templo. Y profetiza: Simeón se avanza a saludar a la Madre con los brazos extendidos, recibe al Niño y bendice a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2, 39-32). (Extractos recogidos del Comentario: Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés). (Tarragona, España).

Todo está recogido en su Palabra y profetizado muchos años antes de suceder. Esa es la autoridad con la que habla Jesús, la que le da el Espíritu Santo.

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