ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 24 de febrero de 2015

POSIBLEMENTE, PEDIMOS SIEMPRE MAL

(Mt 6,7-15)


Es evidente que no sabemos pedir. Pediríamos, si dependiera de nosotros, muchas cosas que no serían buenas para nuestra alma y sí malas para nuestra condenación. Somos seres de carne y hueso, y tenemos un corazón egoísta e inclinado al mal.

Pedimos pensando que nuestro corazón es de este mundo. Y pedimos cosas para este mundo, que, es verdad, necesitamos, pero que no son la verdadera necesidad que tenemos. Porque lo importante de esta vida es salvarla, para que sea Vida gozosa para la Eternidad.

Al pedir no vemos nuestras verdaderas necesidades y sería un despropósito pedir por nuestra cuenta. Por eso, al menos deduzco yo, que el Señor nos enseña a orar. Y nos enseña a orar dejándonos esta hermosa oración perfecta. Perfecta porque contiene todo lo necesario y todo lo que verdaderamente necesitamos para salvarnos.

Reconocer que Dios es nuestro Padre Bueno del Cielo es nuestro punto de partida. Santificar su Nombre sería lo inmediato y nuestro primer objetivo. Pedir que venga a nosotros su Reino, el Tesoro más valioso, sería la única necesidad que tendríamos, porque ya de estar en su Reino, estaría todo resuelto. Y hacer su Voluntad es necesario, porque de hacer la nuestra lo estropearíamos todo. Somos pecadores e imperfectos. 

Pedir nuestro pan de cada día es urgente. El pan necesario, no sobrado, porque de tener más caeríamos en la envidia, en la avaricia, en creernos mejores que otros. Las riquezas no nos sientan bien y nos alejan de la verdad y de lo sencillo y humilde. Y nos ponen muy difícil perdonar. El rico se ensoberbece y su soberbia le somete impidiéndole perdonar. Por eso pedimos, perdónanos Señor nuestras ofensas, y danos fuerza para perdonar nosotros también.

Líbranos, Señor, de la tentación a la que estamos constantemente sometidos. De la tentación de creernos fuertes, que nos bastamos nosotros mismos. Somos débiles y necesitamos tu Fuerza para superar la debilidad de nuestra naturaleza caída. 

Y líbranos del mal, de ese mal que convive con nosotros en este mundo. Ese mal que nos acecha para atacarnos en cuenta le demos una oportunidad. Ese mal que nace de nuestro ser manchado por el pecado, y que Tú, Señor, has limpiado con tu Muerte y Resurrección.

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