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DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 15 de mayo de 2015

LOS DOLORES PRECEDEN A LA ALEGRÍA

san Juan 16, 20-23


Sabido es que detrás de la tristeza viene la alegría. No hay mal que cien años dure, y eso es lo mismo que decir que tras el mal viene la paz y con ella la alegría. Toda empresa comporta riesgos, pero tras ellos se espera la alegría de conseguir los objetivos. Tener hijos supone un camino de privaciones, renuncias y sacrificios. Se sufre y al parto se va con miedo y dolor, pero la alegría del nuevo ser es inmensa y compensa todo sufrimiento pasado.

En el camino de salvación ocurre lo mismo. Todos los sufrimientos se dan por buenos si al fina se consigue el objetivo, es decir, la salvación. Vuelve la alegría y eso es lo que importa. Todo lo pasado, incluso los sufrimientos y tristezas se olvidan y se dan por buenos. La alegría es lo que queda y lo que verdaderamente importa.

"También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar".

Sabemos que las fiestas celebran el triunfo del esfuerzo, del trabajo y de la perseverancia con el premio de la alegría y la recompensa. Detrás de cada fiesta hay un sacrificio y una lucha celebrada. Un cumpleaños premia el esfuerzo y el trabajo de todo un año, y, cumplido este, lo celebramos con una fiesta alegre y festiva. 

Así nos presenta el Señor su venida. Nos invita a esperar con fe y paciencia. Nos habla de tristeza y sufrimiento porque el mundo nos tienta y nos persigue, pero nos revela su venida y la recuperación de la alegría de encontrarnos con Él. 

Además, no estamos solos. Contamos con la presencia del Espíritu Santo y con la promesa de su venida y de su presencia constante entre nosotros. Recordamos que nos dijo que donde dos o más se reunen en su Nombre, allí está Él con nosotros. Nuestro Dios es nuestro Padre, y nosotros sus hijos. No hay ninguna religión que tenga a su Dios por Padre como la nuestra. Y que nos llame hijos, porque en su Hijo Jesús nos ha hecho hijos adoptivos suyos.

Es una maravilla nuestro Dios, un Dios que es Misericordioso, pero lo es porque nos Ama hasta la locura de comprometerse entregándonos a su Hijo, haciéndolo hermano nuestro y hasta el extremo de una muerte de Cruz. 


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