ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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miércoles, 6 de mayo de 2015

MIS OBRAS SON TUS OBRAS, SEÑOR

(Jn 15,1-8)


Nos preocupamos mucho por los resultados. Medimos nuestro apostolado y eficacia según los resultados obtenidos. En ese sentido no hemos cambiado mucho respecto a antiguamente cuando tenía gran peso la cantidad de comuniones y de gente en las misas. Hoy sabemos que eso no es lo importante, porque no es la cantidad sino la cualidad lo que importa.

Nos acusamos de no tener fe, o tener muy poca, porque parece que no convencemos a nadie. Al mismo tiempo experimentamos que nos quedamos solos y que la Iglesia no se nutre de nuevos creyentes. Hace un momento, un amigo me comentó sobre mi fe, pero también habló sobre la suya, y se confesó creyente. Aunque matizó que, a su manera.

Quizás no nos damos cuenta, pero nuestra manera de vivir y actuar si llega. Esa persona sabe de mi fe, y se cuestiona la suya, aunque no se acerca a la Iglesia y la vive según él cree. No tenemos que hacer nada nuevo, sino seguir las enseñanzas que nos dio Jesús y que, ahora y hoy, nos sigue dando a través del Espíritu en el Evangelio de cada día. La fe se contagia y se transmite cuando la vivimos convencidos y seriamente. La fe se transmite cuando nuestra vida la transparenta en los criterios, estilo y Palabra del Señor.

No podemos imponerla, sino proponerla. Y el resultado de que sea aceptada o no, no es cosa nuestra, ni depende de nosotros. El hombre es libre y puede acogerla o rechazarla. Sé de muchos que habiendo recibido un buen testimonio y conservando la amistad con esa persona no se abre al encuentro con el Señor. Los resultados dependen del Labrador. Nosotros somos las ramas, y daremos frutos si nuestras ramas están bien agarradas al tronco que nos nutre de su savia.

Sólo hay un camino, una manera de ser creyente: Creer en Jesús y seguir sus pasos. Porque eso de creer según mi manera no es serio. ¿Cómo puedes tú inventarte tu fe y hacer lo que a ti te parece más conveniente? Eso no parece lógico ni es de sentido común. La fe tiene un camino que Jesús, para eso se hizo Hombre como nosotros, nos enseña revelándonos la Voluntad del Padre.

Y un Camino que tendrá muchas cosas que no nos gustan, o que no entendemos, o que nos cuestan demasiado cumplirlas o vivirlas. Pero ese es el Camino. Un Camino necesitado de amor, de exigencias y de esfuerzos; un Camino necesitado de comprensión, de escucha, de humildad, de paciencia y comprensión, pero sobretodo de perdón.

Un Camino que sin Él no podemos recorrer, porque Él es la Vid, y nosotros los sarmientos. Y ya sabemos que si los sarmientos se separan de la Vid, se secan y mueren.

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