ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 1 de junio de 2015

LA VIÑA DE NUESTRA VIDA

(Mc 12,1-12)


Somos una viña plantada por el Señor. Esa es la metáfora del Evangelio de hoy. El Señor nos ha creado y nos ha creado para darnos vida en abundancia. Vida gozosa y feliz para siempre. Somos cada uno la viña del Señor. Una viña que debemos cuidar y cultivar con la Gracia del Espíritu Santo para dar los frutos que el Señor espera de cada uno de nosotros.

Nuestro huerto es la Iglesia y el mundo que nos toca vivir. Es ahí en donde vivimos el lugar que debemos cultivar y de donde esforzarnos en sacar frutos. Pero sólo lo conseguiremos con el agua de la Gracia en el Espíritu Santo. Usando otros tipos de aguas y abonos se estropearan los frutos, porque solo con el Agua que proporciona Amor de Dios podremos superar todas las dificultades y virus que nos atacan y amenazan con estropear la cosecha.

No es fácil poner en rendimiento la viña de nuestro propio ser. Nos irritamos si nos advierten o ponen alguna objeción, o se nos pide algún rendimiento. O se nos llama la atención por cierto error o descuido. Nos creemos los dueños y con derecho hasta a exigir, y nos resulta difícil aceptar recomendaciones, consejos, y menos órdenes que vengan de afuera. No aceptamos que nadie nos venga a pedir cuenta. En definitiva, nuestra propia viña la dirigimos nosotros.

Y hemos expulsados a todos los que nos exigen frutos. Somos los dueños de nuestros propios frutos. No queremos que nadie nos venga a expropiar o mandar en lo nuestro. Y sin darnos cuenta, de siervos a los que se les ha prestado una viña para cultivar y dar frutos, pasamos a siervos que se creen dueños y se apropian de su propia vida y la administran como quieren. De esa forma, el mundo, donde se encuentra también nuestra viña, produce frutos podridos y enfermos, porque están cultivados con el agua mala, agua de envidia, de rencores, de egos y venganzas.

Así está el mundo, necesitado del alimento Eucarístico para fortalecerse desde la raíz y, regada por la Gracia del Espíritu, dar los frutos que el Señor, dueño de la Viña espera.

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