ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 31 de agosto de 2015

SE CUMPLE LA PROMESA, EL SEÑOR ESTÁ ENTRE NOSOTROS

(Lc 4,16-30)

Para recibir la Palabra de Dios no basta simplemente oírla o escucharla. Ni siquiera pertenecer a la Iglesia. Se hace necesario ser pobre, cautivo, saberse ciego. Porque Jesús no ha venido a salvar a los que se creen salvados por sus méritos o por sus dones, poder o riquezas, sino a los que se experimentan pobres, esclavos o ciegos, y perdidos en el camino de este mundo.

No hay otra posibilidad ni otra clase de elección que la de la pobreza, que pasa por la de la humildad. Humildad que nos ayuda a tomar conciencia de nuestras miserias, de nuestros pecados e importancia de no saber donde ir ni a quien recurrir. Y sólo en Ti Señor encontramos respuestas a todos los interrogantes que la vida nos va presentado.

Estamos tentados por nuestra soberbia de creernos elegidos y dignos. Por ahí vino la perdición del ángel caído, y por ahí somos tentados nosotros, pues es donde reside nuestra mayor debilidad. Fue la viuda de Sarepta, una extranjera, la elegida ante todas las aparentes preferidas del pueblo de Israel, y un sirio, enfermo de lepra, Naamán, el elegido antes que todos los leprosos de Israel.

¿Qué quiere decirnos e indicarnos el Señor con estas sorpresivas elecciones? No parecen responder al sentido común, pero dejan entrever que son preferidos los de afuera que los del pueblo. ¿Es qué no basta ser del pueblo y estar dentro para ser elegido?

Supongo que Jesús prefiere a los humildes, porque son los humildes los que se dejan curar y perdonar. No se trata de merecer, porque nunca nuestros méritos alcanzaran derecho de misericordia, sino que es Gracia de Dios por su Amor. Dios nos salvar porque quiere y porque nos quiere. No preguntemos ni tratemos de entenderlo, porque sencillamente no podremos entenderlo.

Simplemente somos salvados por Voluntad de Dios y punto. No podemos decir nada más. Ni siquiera atrevernos a juzgar a otros, porque sólo Tú, Señor eres el juez único y verdadero. Por eso Señor, desde este humilde rincón nos postramos ante Ti aceptando tu Voluntad.

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