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DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 25 de agosto de 2015

SI QUIERES AMAR Y SEGUIR A JESÚS, TIENES QUE AMAR AL PRÓJIMO

Mateo 23, 23-26


No podemos cumplir una cosa sola. Es decir, no podemos amar a Dios y  olvidarnos del prójimo. El ayuno no consiste en privarnos de algo, sino también de ponerlo en provecho y función del prójimo necesitado. No se trata de hacer una cosa por fuera y otra por dentro, sino que ambas vayan sintonizadas y en coherencia.

Jesús lo deja muy claro: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! 

Sin darnos cuenta vivimos una doble vida. Es la inclinación a la que nos arrastra nuestra naturaleza caída y herida por el pecado. Eso nos exige una constante alerta y vigilancia. Es decir, oración, ayuno, limosna para no ser víctima de las apariencias y del fariseismo. La coherencia de vida sólo la podemos lograr injertado en el Espíritu Santo. En él encontramos la fuerza y la capacidad para sostenernos en la firmeza de vivir una sola vida. Una vida de verdad y de justicia.

Necesitamos despertar y entender que cada vez que sirvamos al prójimo estamos sirviendo, amando y haciendo la Voluntad de Dios. Y esa es nuestra finalidad y nuestro objetivo, servir y servir. Pero nuestra naturaleza tocada está predispuesta a la exaltación, a figurar y ser vistos, pendientes de lo superficial y de la opinión de los demás. Vivimos pendientes del cuento, y eso nos pierde y nos aleja del servicio auténtico al prójimo.

Tomar conciencia de que podemos amar al Señor de forma real cuando amamos en el servicio al prójimo es el tesoro y hallazgo más grande que podemos descubrir. Nos cuesta porque eso supone martirio, dureza, disponibilidad, incomprensiones, apariencia de estar haciendo el bobo, paciencia y soportar hasta insultos, pero es el camino del amor. Y no hay otro.

Reconocemos Señor nuestros pecados y nuestra debilidad, y acudimos a Ti confiados en tu Misericordia y en tu Amor. Y llenos de esa esperanza paciente recibida de Ti, nos ponemos en tus Manos. 

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