ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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domingo, 20 de septiembre de 2015

AL FINAL HABRÁ JUSTICIA

(Mc 9,30-37)


Hemos oído muchas veces que todo se paga en la otra vida. Se supone que en lo más profundo de nuestros corazones está escrito que habrá otra vida, porque esa idea nace dentro de nosotros, y, como los sueños, se manifiesta. También es de sentido común que quien la hace la paga. Al menos esos pensamos y nos gustaría que así fuera. Creemos en una justicia divina que haga, valga la redundancia, justicia.

También los apóstoles, sin entender lo que les decía Jesús, hablan de quienes serán los primeros, lo cual nos hace suponer que esperan otra vida. La eternidad, que supone que haya otra vida, está escrita en nuestros corazones, y eso supone, repetimos de nuevo, que la mayor aspiración del hombre es ser feliz eternamente.

Pues bien, la única oferta conocida y gratis es la de Jesús de Nazaret. Nos propone la felicidad eterna y no señala el camino para conseguirla. Se trata de ser los últimos, los últimos en todo y estar disponible a servir. Supongo que es un poco hacer de tonto en este mundo, porque estar dispuesto a servir y renunciar a tus propios egoísmo lo tachan de tontos. Hoy parece que quien no se aprovecha de sus posibles cargos y roba, es un tonto.

 «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos». Son Palabras de Jesús y dejan bien claro cuál es su propuesta y camino, y nuestra actitud y conducta. En ese sentido me parece absurdo manusear y besuquear a las imagenes y crucifijos, e incluso tratar de tocar la Patena. La única forma de tocar a Jesús, aparte de en la Eucaristía que te alimentas de su Espíritu, es tocarlo en los más necesitados e indefensos y carentes de todo. Porque cuando haces algo a alguien que verdaderamente lo necesita, estás abrazando y besando al Señor. Esas son las verdaderas caricias que el Señor quieres y aceptas que le hagas: 
«El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado».

Sólo en el servicio a los más pobres, necesitados y últimos de este mundo encontraremos la ocasión y la oportunidad de dar un fuerte abrazo al Señor.

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