ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 3 de noviembre de 2015

INVITADOS AL BANQUETE DE LA GLORIA

(Lc 14,15-24)


El Evangelio de hoy nos habla de una invitación. Hemos sido invitados al Banquete del Cielo para pasar allí, en gozo y alegría, toda la eternidad. Eso significa que se nos ha dado invitación para la Gloria Eterna en la Casa del Padre. Sin embargo, todavía parece que no nos hemos enterado.

La respuesta a esta invitación no es aceptada. Unos porque han comprado un campo o tienen otras cosas, bienes, que atender, y ocupan un lugar más importante que la invitación que Dios te hace; otro, porque acaba de comprarse un coche nuevo, ultimó modelo que desea probarlo; otro, porque celebra su boda y otros por diversos motivos posponen la invitación del Señor para otro momento.

Quizás no haya otro momento, y tu lugar en la fiesta, al ser rechazada por ti, será ocupado por otro. Al parecer la invitación, siendo para todo tipo de personas, es solamente aceptadas por los pobres y lisiados; ciegos y cojos. Posiblemente tengamos que ser pobre, lisiado, ciego o cojo para que nos demos cuenta de lo importante que es esa invitación.

Porque las cosas nuestras, las que hemos cambiado y elegido antes que la invitación, son cosas caducas, que, incluso no dándonos  un gozo pleno, tienen fecha de caducidad, y, terminadas, nos dejan de nuevo en la insatisfacción y el vacío. Por cuanto, la invitación que el Señor nos hace nos ofrece el gozo eterno de vivir plenamente feliz para la Eternidad en su propia Casa. Es decir, en su presencia.

Indudablemente que no podemos imaginar ese gozo y felicidad. Porque «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1Cor 2,9). Nuestra fe es tan pobre que nos impide darnos cuenta de lo que hacemos, y del disparate de cambiar el verdadero Tesoro por las cosas materiales y caducas de este mundo.

Pidamos al Señor que nuestra respuesta sea la que debe ser, la de aceptar la invitación que todos, aún ciegos por el pecado, buscamos y deseamos por encima de todo, porque: ¿Quién no desea ser feliz para toda la Vida?

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