jueves, 31 de diciembre de 2015

LA PALABRA ERA Y ES DIOS

(Jn 1,1-18)

Quien cierra los ojos y no quiere ver la Luz que ilumina la vida, está en su derecho. Porque ha sido creado en libertad, y tiene, regalado, ese don para discernir y elegir el camino que quiere tomar: Vida o muerte. El peligro es que no tenemos los ojos bien abiertos, y las ofertas del mundo nos pueden confundir.

Dicho esto, no se puede vivir sin preguntarse quién soy y a dónde voy. Se hace ineludible reflexionar sobre ello, porque, precisamente, en ello nos va la vida. Y es evidente y obvio que queremos vivir. Por lo tanto, quien no tenga la vida como prioritaria debe presentar síntomas de locura. Y en esta andadura, podemos deducir que la Vida tiene un principio. Un Principio que debe haber existido Siempre, Eternamente.

En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. 

Todo está muy claro, al menos para mí. La Palabra era Dios. Mi vida necesita una explicación, y obviarla es de tonto, porque tarde o temprano me voy a topar con su verdad y misterio. Puedes justificar que todo es un misterio, y que tu condición humana pide razones que lo expliquen, pero un Dios que puede llegar a explicarse, deja de ser Dios inmediatamente. Dios es inalcanzable, como inalcanzable para nosotros es llegar a entenderle.

Pero hay razones, pruebas, testimonios...etc. Pero, sobre todo, está la Encarnación. Dios se hace Hombre precisamente para eso, para acercarse al hombre y hablarle directamente sufriendo y padeciendo como él. Jesús aclara todo y da testimonio de su Padre Dios. Y lo hace con la Palabra y con la Vida. Jesús es irrechazable desde su testimonio y su Palabra, porque nos da prueba constante de su Amor. Incluso entregando su Vida. E ilumina todo lo que se hace oscuridad en nosotros.

Sin embargo, la huella de la duda siempre nos acompañará. Es la consecuencia de nuestro pecado. Por eso necesitamos la fe. La fe de los hijos en su Padre. Confiados y abandonados al Amor y Misericordia de su Padre Dios, que ha dado pruebas de su Amor. Y que nos fortalecerá y afirmará esa fe en la medida que confiemos en Él.


FELIZ AÑO 2016


1 comentario:

  1. Querido hermano, que Dios te acompañe con su bendición en todos y cada uno de los días de este año que comienza, y que la Virgen guarde tus pasos.

    Muy Feliz Año nuevo para vos y tu familia!

    Un abrazo grande

    Paz y Bien

    Ricardo

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