ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 31 de enero de 2015

LA FE NOS LLENA DE PACIENCIA

(Mc 4,35-41)

Cuando desesperamos se debe a que no tenemos fe, o a que la que tenemos es muy débil. La falta de fe supone duda, desconfianza, temor. La falta de fe dificulta el camino, lo oscurece y nos desorienta. ¿Cómo encontrar fe?

La fe no se compra, ni se adquiere con esfuerzo y trabajo. La fe es un don de Dios. Es un regalo de Dios, por eso necesitamos pedirla y buscarla. Buscamos fe cuando buscamos al Señor, valga la redundancia, y esperamos pacientemente su respuesta. Buscamos fe cuando, a pesar de nuestra oscuridad, continuamos el camino esperanzados en tropezar con el Señor.

Buscamos fe cuando sabemos que en este mundo no la encontramos, porque el mundo no la vende ni la tiene. Y, entonces, levantamos la mirada y miramos al que Jesús nos propone. Sin embargo, ocurre que, quizás, no advertimos la Divinidad del Señor por la cerrazón y endurecimiento de nuestro corazón. Está a nuestro lado, como en la barca de los apóstoles, y no le conocemos.

Le pedimos que nos saque del apuro, pero no sabemos quién es. Nos fijamos y nos interesa su poder, pero ignoramos que es el Hijo de Dios Vivo que ha venido a dar su Vida por cada uno de nosotros. Y es ahí donde debemos detenernos y abandonar nuestra fe. Jesús es el Hijo de Dios Vivo, enviado por Amor del Padre, que entrega voluntariamente y por Amor su Vida para salvarnos.

Aumenta, Señor, nuestra fe para que también nuestros pasos sean firmes y seguros en seguir tus huellas sin titubeos ni dudas. Amén.

viernes, 30 de enero de 2015

EL REINO DE DIOS ESTÁ DENTRO DE TI

(Mc 4,26-34)

No sabes lo que te ocurre, pero empiezas a experimentar que el rumbo de tu vida, sin Él, no va bien. Te das cuenta que nada, de lo mucho que tienes, te hace plenamente feliz. Sientes que nunca acabas de encontrar lo que deseas y que continúas buscando cosas u objetivos, o personas, que te ayuden a seguir viviendo y manteniendo la ilusión. Pero siempre terminas con sentimientos de fracaso.

Y experimentas miedo. La vida corre deprisa y el final lo sientes cerca. No quieres enfrentarte ni pensar en ello, pero sabes que es inútil. Te engañas a ti mismo y buscas justificaciones que distorsionen tu propia realidad. Te auto engañas haciendo lo que no quieres hacer. Es lo que llamamos traición, "dejar de hacer algo que sientes que deberías haber hecho por el bien de alguien". Incluso, en este caso, de ti mismo.

Y buscas remedios y soluciones rápidas. Y vuelves a equivocarte. Necesitas paz y esperanza. La semilla crece sola como nos dice hoy Jesús en el Evangelio. Crece mientras tú duermes y descansa; crece aunque tú no la riegues como debes; crece por la Gracia de Dios, y dará frutos. Sólo tienes que dejar que esa semilla, plantada en tu corazón por el Bautismo, crezca hasta dar sus frutos. Luego llegará la hora de segarla y recogerlos.

Y dejarla crecer consiste en abrir tu propio huerto (corazón) y ponerlo en Manos del Espíritu Santo para que, regada y cultivada por Él, crezca en Gracia, santidad y amor. Lo harás sin darte cuenta; lo harás con tu propio esfuerzo colaborando con el Espíritu Santo; lo harás estando unido al Señor y dejándote modelar por Él. Sin miedos, sin prisas, sin cosas extraordinarias. Simplemente con buenas intenciones y deseos de querer ser mejor según su Palabra y abandonarte en sus Manos.

jueves, 29 de enero de 2015

LUZ SIGNIFICA CLARIDAD, TRANSPARENCIA, VER

(Mc 4,21-25)

Cuando decimos que no hay luz, queremos significar que no se ve, que hay oscuridad y que nos podemos equivocar al elegir o perder al caminar. Es peligroso caminar en la oscuridad, por eso la luz se hace muy importante. Pero cuando se trata de orientarse en la vida, la luz que alumbra nuestro camino cobra un valor muy grande.

Hoy, Jesús, nos habla de la luz: «¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga». 

La verdad siempre emergerá, porque, entre otras cosas, es de sentido común. Todos comprendermos que es injusto que la mentira se mantenga. Incluso, la nuestra propia, nos inquieta nuestra conciencia y nos señala nuestra vergüenza. Aún manteniéndose en secreto. Experimentamos que esa oscuridad interior nos molesta, pero también nos, cuando la reconocemos, hace humildes y abierto al cambio.

Porque todos somos pecadores, y nadie está exento de fallos, errores y pecados. Por eso, la verdad nos contagia y nos ayuda a convertirnos y ser mejores. Por eso, la verdad conviene que emerja y salga a la luz para que todos la conozcan y, conociendola, nos anime a imitarla y vivirla.

Pues, la medida que usemos con los demás, será usada contra nosotros. De modo que, todo la luz que pueda salir de mi corazón para el bien de los demás, revertirá sobre mí y me alumbrará también mi camino. Mientras la oscuridad me sumirá en una gran ceguera que incluso lo que tenga lo perderé.

Pidamos al Señor luz para ver y escuchar, y, sobre todo, vivir, para ser lámpara que alumbre, por la acción del Espíritu, dando a conocer la Palabra de Dios. 

miércoles, 28 de enero de 2015

SEMILLA QUE MUERE

(Mc 4,1-20)

Sabemos que cada semilla plantada muere, porque si no es así, en su lugar no crece el árbol que luego dará frutos. Cada semilla da su vida para dar frutos. Es un ejemplo real de la vida que nos interpela y nos invita a hacer nosotros lo mismo. Si no somos capaces de hundir nuestros sentimientos y apetencias egoístas en esa tierra de nuestras miserias y pobrezas, no seremos capaces de amar, y si no amamos no daremos frutos.

El mundo es un campo donde hay muchos peligros. No en todas sus tierras o lugares se puede dar frutos. Y hay quien trata de que eso sea así, y confunde, atrae y con falsas apariencias, nos presenta la realidad de forma distorsionada. Sus ofertas son espejismos de felicidad cubiertas por la mentira.

Dependerá donde tu semilla se hunda, porque no en todos los lugares podrás morir. Las riquezas, frutos que producen soberbia, ambición, vanidad... no te permiten morir y darte, sino que se encierran en ti mismo y excluyen a los demás. 

Tendremos que buscar un lugar de tierra blanda, bien abonada y regada, para que nuestra semilla se hunda y muera a sus propias ambiciones y genere amor y entrega hacia los demás. Un semilla dispuesta a dejarse abonar y regar para, muriendo a sus propias apetencias, convertirse en frutos de vida para otros. Y sólo hay un camino para ello: regar el huerto de nuestra vida con la oración y los sacramentos. En y con ellos encontraremos el buen abono y la buena agua para dar fortaleza, calor y humedad suficiente para que nuestra semilla muera a la vida caduca y vieja, para dar nueva y eterna vida.

Pidamos al Espíritu de Dios que nos ilumine y nos fortalezca para que dejemos morir nuestra propia semilla de amor y podamos dar frutos. Amén.

martes, 27 de enero de 2015

¿QUÉ NOS QUIERE DECIR JESÚS HOY?

(Mc 3,31-35)

No es una Palabra recordada que se dijo hace ya mucho tiempo. Es una Palabra que se dice hoy, y que nos interpela hoy. Primero porque Jesús Vive, y segundo porque nos habla y nos descubre en su Palabra, quienes son los que realmente le siguen y se hermanan en Dios nuestro Padre con Él.

El hecho puede interpretarse de varias formas. Puede ocurrir que su Madre y hermanos se hayan acercado al lugar donde estaba Jesús por todo lo que se murmuraba contra Él. Muchos hablaban de locura, y su Madre preocupada fue a interesarce y, quizás alejarlo de allí. O puede ser que hayan querido simplemente verlo. De una u otra forma, Jesús deja todo, incluso su familia, y se entrega totalmente a la Misión que su Padre le había encomendado.

Y lo hace con una invitación, que más que ser una indiferencia a su Madre y familiares, es un miropo a su Madré, verdadera creyente y cumplidora de la Voluntad de Dios, y a todos aquellos que se esfuercen en hacerlo. Somos verdaderos hermanos en Xto. Jesús cuando nuestra libre voluntad se entrega al esfuerzo de cada día en vivir según la Voluntad del Padre.

Jesús nos invita a todos, y se confiesa nuestro hermano. Lo deshermanamos cuando rechazamos la Voluntad del Padre y nos empeñamos en hacer la nuestra. Quedamos fuera de la herencia del Padre cuando seguimos nuestra voluntad no la del Padre. La invitación es para todos. Todos somos hijos de Dios y todos estamos invitados a ser coherederos en Jesús de la Gloria del Padre.

Jesús está afanado y entregado en esa misión. Unifica, exaltando a su Madre, como verdadera esclava de la Voluntad del Señor, poniéndola como ejemplo para todos, y hace extensiva la salvación para todos los hombres. Así que tú y yo podemos tomarla y rechazarla. Sería de bobo no aceptarla, pues se trata de lo que realmente buscamos y queremos.

lunes, 26 de enero de 2015

PRIMERO TIENES QUE ABRIRTE TÚ

(Mc 3,22-30)

Nunca podrás ser curado si antes tú no te pones en manos del sanador. Es condición indispensable para optar a la posibilidad de ser curado. De la misma forma, no podrás ser perdonado si tú antes no reconoces tus pecados y tu miseria. Ese es el primer paso.

De tal forma que, quien no los dé no podrá ser perdonado. Por eso, los pecados contra el Espíritu Santo no serán perdonados. Pero no porque el Señor no quiera y desee perdonarte, sino porque tú no le das esa oportunidad al no reconocerte pecador. Encaja perfectamente con la exigencia de la humildad. Necesitas ser humilde para humillarte y reconocerte pecador. Es entonces cuando buscarás médico que te perdone, y sólo el Señor puede perdonar nuestros pecados.

Eso ocurre hoy, y nada descabellado que ocurra también dentro de la misma Iglesia. Y ocurrió en tiempo de Jesús. El Evangelio de hoy habla de que le acusan de diabólico. Mientras Jesús se compadece por aquellos que están oprimidos y enfermos, los escribas, que se supone que son los entendidos y los que conocen las cosas de Dios para ayudar al pueblo, no sólo no le reconocen sino que le tachan de diabólico. ¡Vamos, como para echarse a reír!

Lo lógico es abandonar y dejarlos ahí con sus especulaciones y mentiras. Porque son guiados por la soberbia y la falsedad. Se esconden a la verdad y no reconocen la Divinidad del Señor. ¡Imposible perdonarlos porque no aceptan ni buscan el perdón! Sin embargo, el Señor resiste pacientemente y nos argumenta lo disparatado de nuestros razonamientos, causa más bien de nuestra soberbia que de nuestra razón, porque todo reino dividido contra sí mismo no puede subsistir. 

Danos, Señor, la luz y fortaleza necesaria para doblegar nuestra soberbia y aceptar humildemente reconocer nuestra miseria y pobreza e implorarte que nos perdones. Amén.

domingo, 25 de enero de 2015

ESTÁ CERCA EL REINO DE DIOS

(Mc 1,14-20)

Hay señales que nos indican el momento y la hora de empezar la obra. El encarcelamiento de Juan el Bautista fue la señal de que Jesús empezará su vida publica. La misión de Juan había terminado, y ahora empieza la de Jesús.

«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Jesús está entre nosotros, y en Él está el Reino de Dios. Por lo tanto, más cerca imposible. Y hoy lo tenemos en cada Eucaristía, bajo la especies de pan y vino,  y a cada instante en su presencia espiritual en nuestro corazón.

Lo primero que hace Jesús es elegir a sus más íntimos colaboradores. Elige a Simón y Andrés; a Santiago y a Juan. Y ellos le siguen. Posiblemente, porque le esperaban. Posiblemente, porque ansiaban la llegada del Mesías y tras las indicaciones de Juan el Bautista estaban dispuestos a la llamada. Pero, ¿nos ocurre a nosotros lo mismo? ¿O nosotros no esperamos a nadie?

Es posible que tengamos que sufrir algún percance o problema para levantar la mirada y experimentar deseos o esperanza de encontrar al salvador que nos libere de esa situación. Pero, también es posible que no llega esa oportunidad y llegue algo tarde.

Pidamos al Señor que nos dispongamos a estar expectante y dispuestos a buscarle y permanecer en Él, porque sólo Él es nuestra esperanza y salvación. Amén.

sábado, 24 de enero de 2015

LOCOS COMO JESÚS

(Mc 3,20-21)

Cuando no entendemos a alguien, lo inmediato es pensar que está equivocado o desequilibrado. Siempre nuestras ideas prevalecen a los otros, y nos cuesta entender, asumir o vivir las que nos transmiten los demás. A Jesús le sucedió lo mismo. Su Mensaje es tan novedoso, tan contrario al pensamiento humano y contra corriente que sorprendía.

Y lo sorprendente cuesta asimilarlo y más asumirlo. Eso te lleva a justificar cierta locura en Jesús para sostener tu falta de compromiso y pasividad. Ocurre que cuando no estamos disponible o en actitud de entrega, distorsionamos la realidad y nos auto engañamos (traición) justificando nuestras actitudes ante la negativa de hacer lo que pensamos deberíamos haber hecho. 

Así nos ocurre con Jesús. Sus Palabras son rechazadas y puestas en entre dicho para justificar nuestra aversión a cambiar de rumbo y de vida. Nos cuesta salir de nuestra coraza, de desinstalarnos, de movernos de nuestra silla, de nuestro ambiente, de nuestros pensamientos e ideas. Realmente es duro, pero para buscar hay que empezar un nuevo camino y levantarte de tu sillón.

La pregunta queda en el aíre: ¿Estamos dispuestos a desinstalarnos y hacer el esfuerzo para darnos, cómo hizo Jesús? ¿O por el contrario nos conformamos con reducir nuestra vida a unos rosarios, Eucaristías y algunos actos de piedad?

Danos, Señor, la sabiduría y la fuerza necesaria para no pararnos y seguir caminando tras de Ti con la intención de crecer en tu Verdad de vida y palabra. 

viernes, 23 de enero de 2015

TÚ TAMBIÉN ERES ELEGIDO

(Mc 3,13-19)

Jesús eligió a doce, y esos doces accedieron a seguirle, aunque uno, Judas Iscariote, tuvo dudas y se apartó traicionándole. No se presentó voluntario ninguno. Fueron elegidos por el Señor. Él llama al que quiere y le elige para una misión concreta. Quizás tú también ha sido llamado, pero distraído por las cosas del mundo has mirado para otro lado.

Todos tenemos una misión que nos viene dada: "La misión de salvarnos", porque estamos llamado al gozo de una vida dichosa y eterna. No tiene sentido morir, porque entonces la creación nos sería perfecta y menos, maravillosa. Si la vida es hermosa es porque, a pesar de los sufrimientos que sabemos tenemos que compartir por el paso de este mundo, llegará el momento glorioso de la dicha gozosa y eterna. Eso compensa todas nuestras miserias y sufrimientos.

Y esa salvación pasa por el amor. La capacidad de recibir y de dar. Recibir el Amor de Dios y hacerlo centro de nuestra vida. Dios por encima de todo. Y corresponder a ese amor dándonos en servicio, justicia y caridad a los demás. ¿Hay misión más grande? Pero también puedes ser llamado a otras misiones concretas de apostolado como fueron los apóstoles. Se trata de tener paciencia e irlas descubriendo injertado en el Espíritu Santo. Él nos irá señalando el camino y la misión.

Pero esa disposición exige actitud de escucha, deseo de encuentro y perseverar con paciencia. La fe no nos exige entender, sino obedecer confiadamente.

jueves, 22 de enero de 2015

NO PODEMOS ENCERRARNOS EN NOSOTROS MISMOS

(Mc 3,7-12)

Si nos preguntamos cual es nuestra misión como cristianos convergeremos que sólo hay un Mandamiento: "Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como Jesús nos enseña a amar". No hay más, porque todo lo demás está contenido en él.

Ahora, ¿qué necesitamos para amar tal y como nos enseña e invita Jesús? No hay otra salida ni otro camino que el unirte a los nosotros. Descubrimos que es la familia la primera célula donde recibimos el amor y nos preparamos para darnos también. Experimentamos que nuestro amor se prolonga en los hijos, nietos... y desde esa experiencia descubrimos nuestra vocación a la familia y a la apertura a la vida.

Pero, las familias no viven solas, se constituyen en grupos que forman pueblos, ciudades y naciones y se relacionan. Esas relaciones deben estar impregnadas de amor, y el amor necesita unidad. Si no hay unidad significa que hay separación, y la distancia impide el amor. Y si no nos amamos nos alejamos de lo que quiere Dios. Experimentamos que necesitamos amar, porque la vivencia del amor nos realiza.

Hoy sucede algo parecido. Los santuarios marianos son visitados por mucha gente, y muchos acuden con las intenciones de ser curados. Recordemos que de los diez leprosos que fueron curados por Jesús, solo acudió uno, precisamente un samaritano, a dar las gracias y a reconocer la divinidad del Señor. Los nueve restantes quedaron satisfechos y olvidados de quien los había curado.

¿Nos ocurre a nosotros igual? Son preguntas que nos pueden ayudar a replantearnos el camino de nuestras vidas, porque sabemos que la lepra volverá un día a amenazarnos y no se irá. Sólo con el Señor estaremos a salvo de toda clase de lepras.


miércoles, 21 de enero de 2015

NO LES IMPORTA EL HOMBRE, SINO LA LEY

(Mc 3,1-6)

Las consecuencias de que el mundo esté mal se esconden en el mismo hombre. Un hombre que no mira ni le importa su homónimo, sino que mira y se interesa sólo por sí mismo. Aplica la ley, a la que le da más valor e importancia que al mismo hombre porque la adapta, y con ella somete al hombre, a sus propios intereses.

Están al acecho de que Jesús cure en sábado, porque de hacerlo les estropea el plan de su ley y con la que dominan a sus anchas. Sin embargo, Jesús les desafía y les pone en entredicho decidir en sábado sobre la importancia de hacer el bien o dejar que una vida se destruya. Y se callan.

Igual nos ocurre a nosotros, callamos antes muchas cosas que descubrimos como malas y perjudiciales para el hombre. Nuestro corazón endurecido ya no sufre tanto, mira para otro lado y continua su camino perdido y sin rumbo. Porque cuando se esconde la verdad, la mentira no nos deja vivir en paz.

Jesús no critica la ley sino el espíritu radical y la ausente misericordia que excluye toda compasión y caridad con la que se puede hacer el bien y no dejarla pasar por caprichos de la ley. Pero, sobre todo, esa dureza de corazón que les hace incapaz de reconocerlo y le incita a maquinar venganza para quitarlo del medio. 

No son cosas ni acontecimientos del pasado, sino hechos que están ocurriendo ahora, en nuestro tiempo y en todos los órdenes. Porque se manta inocentes en el vientre de sus madres por caprichos egoístas; porque muchos pasan hambres y necesidades primarias porque otros no quieren compartir sino vivir mejor; porque la soberbia y el egoísmo separan y crean conflictos.

Y Jesús sabe que sólo el amor es capaz de arreglar todo eso. Por eso nos proclama amar y nos enseña a hacerlo amándonos Él primero.

martes, 20 de enero de 2015

LA NECESIDAD DEL HOMBRE SUBORDINA A LA LEY

(Mc 2,23-28)

No está la ley para adorarla ni para cumplirla por encima de las necesidades del hombre. El hombre es el bien supremos de la creación, y todo debe estar sometido a su bien. Así lo ha querido Dios y así también se desprende de la lógica humana. Es de sentido común que la ley está hecha para servir al hombre y no al revés.

Esta forma de pensar de los fariseos deja al descubierto lo equivocado de sus criterios y pensamientos. Y pone de manifiesto sus malas intenciones egoístas. Manejan la ley para sus intereses y la cumplen según les convengan, pero someten a los demás a un riguroso cumplimiento. Pero, ¿no ocurre hoy lo mismo? 

Vemos que los mismos problemas que se le presentaron a Jesús siguen presentándose hoy. Y las respuestas de Jesús son validas también para la sociedad y el hombre de hoy. Todos los problemas planteados tienen respuestas y soluciones concretas a realizar, sólo que hace falta que el hombre se plante que la ley está al servicio de todos los hombres, sobre todo los más necesitados.

No se puede pensar en educación si antes no está el estomago de todos los pueblos lleno. Ni tampoco se puede llenar el estomago si antes no hay salud. Es entonces cuando se puede educar. Y esas deben ser las primeras medidas que deben elaborar los hombres y plasmarlas en leyes que las protejan. Detrás puede venir todas las demás necesidades que complementan a las primeras.

Y todo esto debe realizarce en un clima de libertad, justicia y convivencia fraterna, que nos exige desprendimiento, renuncias y caridad. Es ahí donde radica el problema. Imaginan un mundo  que se proponga vivir en esta verdad. ¿Realmente, pocos serían los problemas? 


lunes, 19 de enero de 2015

AYUNO Y PENITENCIA

(Mc 2,18-22)

Está claro que cuando uno se prepara para algo trata de estar concentrado y preparado para ello. Un futbolista se prepara físicamente para responder a la hora del partido. Ha tratado de dormir bien, de comer lo aconsejado y a su tiempo para estar en perfecto estado a la hora del partido.

Se supone que los discípulos cuando están con el Maestro no tienen que prepararse, porque están con Él. No hay, en ese momento, espacio para el ayuno, porque disfrutan y gozan de su presencia. Está la Esposa con el Esposo y no hay lugar para ayunos o penitencias.

Por el contrario, cuando iniciamos la peregrinación hacia la Casa del Esposo, necesitamos fortalecernos, y es la oración y la penitencia armas poderosas que nos ayudan a superar los obstáculos del camino. Es entonces el ayuno necesario para estar atentos y a la escucha de la llamada del Esposo.

Necesitamos un cambio de rumbo, un cambio de vida y eso demanda fortalecernos y prepararnos. La peregrinación hacia una Vida Nueva exige ayuno y penitencia que fortalecen nuestra oración. 

Pidamos al Señor esa fortaleza que nos ayude a orar y a permanecer en Él ejercitándonos con el ayuno que nos mantiene preparados y fortalecidos a la escucha atenta del Señor.

domingo, 18 de enero de 2015

CUANDO BUSCAS INTENTAS CONOCER Y MIRAR

(Jn 1,35-42)

El hecho de buscar descubre una actitud expectante y dispuesta a adentrarse en el conocimiento de aquello que se busca. Fuera de duda está que los discípulos, primero de Juan el Bautista, estaban ansiosos y en actitud de búsqueda. Esperaban al Mesías. Esa actitud nos mueve a nosotros a preguntarnos: ¿También nosotros esperamos y buscamos al Mesías? ¿O hemos la hemos depuesto?

A la primera insinuación de Juan el Bautista, Andrés y Juan salieron tras Jesús expectantes y decididos. Esperaban ese momento y se estaba produciendo ahora. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?». Ellos le respondieron: «Rabbí —que quiere decir “Maestro”— ¿dónde vives?». Les respondió: «Venid y lo veréis». 

Esa respuesta de "Rabí" descubre la aceptación de Jesús como Maestro, como Alguien superior, con autoridad, como lo que esperaban: Un Mesías salvador. Y Jesús les invita a que le conozca mejor y se pasan parte del día con Él. No se narra cómo fueron esos momentos, pero podemos imaginarnos el gozo, la alegría y el entusiasmo de Juan y Andrés. Y es que cuando se conoce a Jesús no puede ser de otra forma.

Tal era el entusiasmo y la alegría de Andrés que encontrando a su hermano Simón le transmite el hallazgo del Mesías al que esperaban. No dice el posible Mesías, sino hemos encontrado al Mesías. Lo da por hecho. Y lleva a su hermano Simón a la presencia de Jesús. Y es en ese preciso momento cuando Jesús elige a Simón, cambiándole de nombre, Cefas o Pedro (Piedra) para regir su Iglesia.

Dos actitudes que nos pueden ayudar a reflexionar. La actitud de Andrés de presentar a Jesús y la de Simón, Pedro, su hermano de dejarse llevar e ir a averiguarlo por sí mismo. ¿Hablamos nosotros de Jesús en nuestros círculos o ambientes? ¿Nos dejamos llevar en escucha atenta por las Palabras y autoridad con que Jesús nos habla?

sábado, 17 de enero de 2015

SÓLO EL ENFERMO BUSCA MÉDICO

(Mc 2,13-17)

No rehúyes, Señor, compartir con los que se acercan a tu lado o a tu mesa. Llamas incluso a aquellos que están manchados públicamente, como es el caso de Leví, el de Alfeo, recaudador de impuestos y mal mirado por sus contemporáneos. Compartes con él su misma comida y en su misma casa, y también con muchos de sus amigos y gente que te seguía con mala reputación.

No escapas a los legalistas y cumplidores celosos de la ley, escribas y fariseos, que desatan su lengua y te acusan de comer con recaudadores y pecadores que viven fuera de la ley. Ley que ellos adoran y a la que se someten por encima de todo, incluso del hombre. Del hombre que Tú, Señor, has venido a salvar. Ley que ellos no se aplican con la misma media que lo hacen con los demás, a los que consideran inferiores y le aplican la ley de forma rigurosa e implacable.

Somos pecadores que nos sometemos a la ley, e incluso la ponemos por encima del hombre, pero la aplicamos de forma desigual a todos los hombres. Mientras unos son juzgados rigurosamente, otros reciben la mirada de una ley más tolerante. Aplicamos una ley excluyente para unos, e integradora, comprensiva y flexible para otros. Una ley partidista e interesada que no corresponde sólo a aquellos tiempos, sino que se vive actualmente en nuestros tiempos.

Jesús descubre esa falsa hipocresía y proclama la necesidad de perdón que tienen los pecadores. Porque sólo los que descubren sus enfermedades necesitan de médico, y es precisamente para eso para lo que ha venido Jesús.

viernes, 16 de enero de 2015

JESÚS QUIERE PRIMERO SALVARNOS PARA LA ETERNIDAD

(Mc 2,1-12)

No sería lo mejor curarnos ahora y morir más tarde a la eternidad. Lo verdaderamente importante y primero es salvar la vida integra, la de ahora y la eterna. La muerte actual no es la muerte definitiva, es sólo un paso para la verdadera vida, y esa es la que importa.

Es lógico y de sentido común, para el que cree en la eternidad que lleva en sus entrañas, que Jesús limpie primero el alma del aquel paralítico que le ponen delante. Es su principal misión para la que ha venido, porque de esta vida sólo importa el resultado final. Podremos vivir bien o no tan bien, e incluso mal, pero lo importante es que cuando acabe alcancemos el verdadero gozo y felicidad de la Vida Eterna.

Con esa esperanza soportamos todas las adversidades de esta vida, que pasa pronto y que está cerca. Es la hora del Reino de Dios que comienza con el momento glorioso de nuestra muerte en este mundo, puerta del comienzo del Verdadero. De ahí que Jesús nos señala la importancia de pedir que nuestros pecados sean perdonados. Lo demás es temporal y circunstancial.

Y Jesús, dándose cuenta de lo que pensaban aquellos escribas, dijo: « ¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».  

No se puede rebatir esta autoridad. Porque si puede volver el movimiento a los músculos de ese paralítico, podrá perdonar los pecados y, en consecuencia, es el Hijo de Dios. Cerrar los ojos a esa realidad es no querer ver la Verdad y hundirse en su propia soberbia. Y muchos lo hacen así porque son libres y el Señor le respeta esa libertad. 

Por eso, también depende de nosotros el responder y aprovechar todo lo que hemos recibido y trabajarlo bien, porque para eso se nos ha dado la capacidad de ser libre y poder elegir.

jueves, 15 de enero de 2015

YO TAMBIÉN TE PIDO QUE ME CURES, SEÑOR.

Marcos 1, 40-45.

Quizás mi enfermedad no sea tan visible ni repugnante como esta imagen del leproso, pero no por eso es más benigna. Mi enfermedad quizás sea mayor. Estoy contagiado de mis iniquidades, de mi egoísmo, de mi soberbia, de mi vanidad, de mi orgullo de mi indiferencia... Y yo no puedo limpiarme. Quiero intentarlo, Señor, pero no puedo. Necesito tu Gracia para quedar limpio.

Como el leproso, del que hoy nos habla el Evangelio, yo también te pido, Señor, que me limpies de todas esas impurezas que llevo encima. Son los obstáculos que me impiden seguirte y ver tu Luz. Y experimento que no soy capaz de vencerlas. Me pueden, paralizan mi voluntad y me esclavizan.

Quiero, aunque no comprendo tu forma de actuar, Señor, continuar molestándote como dice el Papa Francisco. Quizás sea molestoso pero me apoyo en la confianza de lo que Tú, mi Señor, nos has dicho en la parábola del amigo a media noche o la viuda al juez injusto. Yo sigo importunándote, Señor, hasta que Tú quieras responderme y curarme.

Tú sabrás que es lo que más me conviene. Quizás esa sea la forma que más me conviene para estar siempre pendiente y agarrado a Ti. Si soy curado puede ocurrirme que me duerma en los laureles y me olvide de Ti. No lo sé. Confío plenamente en Ti, Señor, porque Tú eres la Sabiduría Absoluta y el Bien máximo que nos protege y salva.

Danos, Señor, la paciencia y la alegría de sabernos curados y de contagiar esa confianza, paciencia y alegría a todos aquellos que nos escuchen y quieran alegrarse con nosotros de tenerte a nuestro lado.

miércoles, 14 de enero de 2015

EN EL MUNDO, PERO EN ORACIÓN CONSTANTE CON EL PADRE

(Mc 1,29-39)

Jesús nos enseña como debemos actuar. Está en el mundo y no se aparta de él. Atiende a los que solicitan sus curaciones y consuela a los afligidos y tristes. Nos dice que no debemos aislarnos del mundo, porque precisamente, es en el mundo donde podemos dar plenitud al mandato del amor.

¿Dónde, sin no, podemos dar amor sino  en el mundo? No podemos alejarnos ni excluirnos, porque es ahí donde nos necesitan. Pero, Jesús nos señala el camino para no dejarnos engullir por las ofertas, tentaciones y comodidades que el mundo nos presenta. Son peligrosas y en el menor descuido nos traga.

Jesús busca espacios de oración y de intimidad con el Padre. La tarea está dividida en el trabajo de servicio y atención a los necesitados, pero en la intimidad y relación constante con el Padre. El Espíritu de Dios que nos fortalece y nos da la fuerzas y la Gracia para, sin dejarnos tentar, realizar nuestra misión.

Jesús se ve asediado, buscado por todos que le persiguen para ser curados. Hoy nos ocurre igual. Acudimos al Señor cuando estamos heridos, pero en la salud y bienestar no nos acordamos de su presencia. Eso nos descubre que son los pobres los que se acercan y escuchan al Señor. Y por eso no debemos dejarnos seducir por las riquezas ni por los placeres, porque nos vuelven egoístas y nos apartan del servicio a los demás.

Te pedimos, Señor, nos cure de la fiebre de la comodidad, del placer y el egoísmo y nos des la fortaleza y capacidad de estar disponibles a la escucha, al servicio y a la entrega de las necesidades de los demás. Amén.

martes, 13 de enero de 2015

JESÚS ES DIFERENTE

(Mc 1,21-28)


Las enseñanzas de Jesús no dejaban indiferente a los que las escuchaban. Jesús era diferente a todos los que le habían precedido. Jesús enseñaba con autoridad, no como los escribas, y realizaba  prodigios que nadie hacía. Sometía a los espíritus inmundo. Todos quedaban maravillados y se preguntaban qué doctrina era esta, pues esta forma de enseñar era nueva.

Hoy ocurre lo mismo. El Evangelio es diferente a las leyes de los hombres, porque es gratuito y generoso con los necesitados y pobres. Jesús salva a los que están en peligro y a los que son excluidos y pecadores. Los gobiernos excluyen y no reparten las riquezas con igualdad y justicia. Hacen leyes, pero no las cumplen sino las exigen a los más débiles empobreciéndoles.

Jesús viene, no sólo a dar sino precisamente a darse. Da su Vida a cambio de salvar al hombre, y sin pedir nada a cambio. Nosotros, si damos, pedimos por lo menos la misma correspondencia. Tanto por tanto. Nada es dado gratuito. Sin embargo, todo lo que hemos recibido ha sido gratuito, y tenemos la desfachatez de creer que ha sido por nuestro esfuerzo y que nos lo merecemos.

Posiblemente hayamos contribuido con nuestro esfuerzo y entrega, pero siempre porque hemos recibido de Dios esas cualidades y habilidades que nos han permitido, sí, con nuestro esfuerzo, conseguir nuestros éxitos. Pero siempre por la Gracia y Misericordia de Dios.

Demos gracia a Dios por el regalo Inmenso de su Hijo Jesús, el Predilecto, que viene a enseñarnos lo mucho que su Padre nos quiere y a señalarnos el camino de salvación.

lunes, 12 de enero de 2015

SÓLO EN EL SEÑOR ENCONTRAREMOS EL CAMINO


(Mc 1,14-20)

Hablaba con un buen amigo y me comentaba que lo verdaderamente importante es portarse bien, no hacer mal a nadie y ser buena persona. Le dije que eso es importante, y que también hay mucha gente buena, pero que a la hora de compartir, perdonar o darse, sólo se da lo que sobra, lo que creen justo y hasta un límite lo del perdón.

Esa es la clave, Lc 6, 27-28, amar a los enemigos, porque a los amigos los amamos todos, o nos cuesta menos amarlos. El verdadero perdón se realiza cuando tienes que abajarte y perdonar a quien te hace daño y te ofende. En esa medida, tu perdón te abres las puertas para ser perdonado por el Señor. Es los que Jesús nos dijo y nos enseñó a orar en el Padre nuestro.

Enfrentarse a eso desde la perspectiva humana es un suicidio, porque nuestra naturaleza no puede vencer al Maligno y quedaremos a su merced. Tratar de ser buena persona desde nuestra propia naturaleza humana es una utopía, porque sin la Gracia del Señor no podemos vencer la influencia del pecado ni las tentaciones del Maligno.

Eso nos descubre la necesidad de acercarnos a Jesús, de bautizarnos en el Espíritu Santo y de abrirnos a su Gracia para, fortalecidos en Él, estar en disposición de poder vencerle. Por eso, Jesús, prepara un grupo, un colegio apostólico, que proclame esa Noticia de Salvación cuando llegue la hora de su Ascensión a los cielos. Tú también has sido llamado para que, desde tus posibilidades, tus circunstancias y tu ambiente, des testimonio de esa liberación y salvación.

No se trata de ser simplemente bueno, porque sólo lo serás para con los tuyos y no con tus enemigos. Se trata de ser buenos para todos, y eso solo lo consigues viviendo injertado en Xto. Jesús.

domingo, 11 de enero de 2015

JESÚS SE NOS REVELA EN EL JORDÁN

(Mc 1,7-11)


Me parece muy contradictorio que hayan personas que crean en la teoría del Big Bang, indemostrable y supuestos muchos eslabones, y no en el acontecimiento del Jordán, que recoge la historia narrada por unos testigos presenciales y que se produce en una etapa histórica y demostrable de la vida de un Personaje extraordinario y singular.

Jesús de Nazaret, nacido en Belén y anunciado a los pastores; escapado, por ser puesto en aviso a sus padres, de la matanza ordenada por Herodes; profetizado por Simeón en la presentación en el templo; perdido y hallado, asombrando a los sacerdotes, en el templo, hasta el acontecimiento de su Bautismo en el Jordán, son testimonios históricos que hablan de un Jesús Divino que irrumpe en el mundo, encarnado de Naturaleza Humana, para proclamar la salvación que su Padre Dios quiere, por Amor, para todos los hombres.

Resulta más inverosímil creer en el Big Bang u otras teorías que en la Divinidad del Hijo de Dios. Y es que Jesús, el Hijo de Dios Vivo, viene a enseñarnos y a descubrirnos el Amor del Padre. Un Padre Dios que nos ama y nos salva en su Hijo por amor. Nos salva dando su Vida y redimiendo con ella la nuestra.

Pero, si nos miramos interiormente, experimentamos que lo que buscamos es lo que Jesús nos propone: la felicidad eterna. Sólo que, empleamos mal nuestra libertad y nos dejamos llevar por nuestra soberbia. Soberbia que nos ciega y nos confunde, creyendo más en lo absurdo, como es el Big Bang u otras teorías que en la realidad palpable de Jesús.

Hoy, señalándonos el camino, y dándonos una prueba más de su Divinidad, se hace bautizar, por Juan, en el Jordán. Momento que el Padre y el Espíritu Santo le anuncian como el Hijo predilecto. Amén.

sábado, 10 de enero de 2015

¿QUÉ MESÍAS ESPERABAN?

(Lc 4,14-22)


El pueblo de Israel tenía claro la esperanza de la llegada de un Mesías. Estaba profetizado por los profetas, y esperanzados en la profecía aguardaban su llegada. Jesús se ajusta al perfil del Mesías esperado. Sus Palabras tienen autoridad y manifiestan poder y curaciones. Su fama se extiende por toda Galilea. Están entusiasmados y alegres, al parecer llega el libertador.

Sin embargo, las apariencias engañan. Habían supuesto un Mesías guerrero, poderoso y caudillo para liderar el levantamiento contra el pueblo opresor, los romanos. Y a medida que van conociendo el Mensaje de Jesús, sus desencantos se hacen patentes. No entienden o no quieren entender lo que Jesús proclama. No aceptan un Reino de amor, de fraternidad, de justicia, de caridad y de paz.

Ellos buscan venganza, poder y muerte si es preciso. Ese es el Mesías que ellos quieren y esperan. Ese Jesús no reúne ese perfil y lo rechazan. No quiere oír hablar de perdón, menos de misericordia de Dios, que no conocen y, por supuesto, tampoco de amor.

¿Aceptamos un Dios vengador y guerrero que impone su poder? Pidamos luz al Espíritu Santo.

viernes, 9 de enero de 2015

¿QUÉ DIRÍA YO?

(Mc 6,45-52)


En un esfuerzo imaginario por trasladarme a la época de Jesús y estar allí presente, me pregunto: ¿Qué hubiese pensado yo? ¿Cómo respondería mi mente al milagro de los panes y peces? Porque los apóstoles estaban todavía estupefactos sin poder asimilar la experiencia que habían vivido. El colmo fue ver a Jesús caminar sobre las aguas.

Supongo que a mí me hubiese ocurrido lo mismo. Nos cuesta entender y asimilar el poder de Dios. Nuestra mente no está preparada ni tiene capacidad para abarcar la grandeza de Dios. Experimentamos que sin su Gracia nada entendemos. 

Porque hoy está ocurriendo lo mismo, nuestro corazón se endurece ante las manifestaciones de Dios y nos cuesta asumirla y entenderlas. Comprendemos la necesidad de ser como niños, porque los niños creen seriamente todo lo que le dicen sus padres. Acabamos de vivir estos días de reyes y experimentamos como los niños se confían a los supuestos magos de las cabalgatas y a lo que le dicen sus padres.

Ellos no preguntas sino se confían y creen. ¿No debe ser nuestra actitud igual? ¿Por qué querer entender algo que está por encima de nosotros y no confiar? Vemos claramente que en nuestro corazón anida la duda del pecado que quiere poseer y abarcarlo todo. El corazón de los niños está limpio y no genera duda, sino cree. 

Esa inocencia posiblemente se llama fe y es la que necesitamos para abandonarnos en brazo del Espíritu Santo y confiar en la Palabra y obra del Señor. Llamémosle para que amaine los vientos de nuestra barca y nos mantenga a flote por el mar de nuestra vida. Amén.

jueves, 8 de enero de 2015

LA PRIORIDAD: HACER EL BIEN

(Mc 6,34-44)

Le sucedió a aquel sacerdote que viendo al samaritano necesitado de ayuda se justificó auto engañándose, para descomprometerse y seguir adelante. Y nos sucede también muchas veces a nosotros mismos, que queriendo no comprometernos nos justificamos auto engañándonos también. Todos sabemos cuál es nuestra prioridad, la conocemos bien, pero distorsionamos la realidad para buscar nuestras comodidades, intereses y egoísmos. Será absurdo engañarnos porque a Dios no se le esconde nada.

Quizás los apóstoles buscaron lo mismo ante aquella preocupación de Jesús por la muchedumbre cansada y sin nada que comer. Jesús se compadeció y soluciona el problema. Nosotros nos justificamos en nuestras limitaciones y perdemos de vista la confianza y fe en el Señor. Porque nunca seremos nosotros quienes demos solución a los problemas. Si lo hacemos, lo hacemos en el Señor, porque todo poder nos viene dado de arriba. Ya se lo dijo Jesús a Pilato (Jn 19, 11).

Creo que el Maligno se aprovecha de nuestra confusión y desesperación. Somos poca cosa y no podemos arreglar el mundo Pero eso no nos exime de preocuparnos y esforzarnos en solucionar las situaciones de miserias e injusticias que se viven en el mundo. Sin ser lo suficiente, la Iglesia alivia muchas situaciones como la que hoy nos presenta el Evangelio, y lo hace a través de sus miembros. En esa línea, todos debemos poner nuestro granito de arena y dar de comer al hambriento y ayudar al necesitado.

También se necesita la colaboración del necesitado, porque si es más difícil rechazar el alimento y las necesidades materiales, si experimentamos que rechazan las más importantes y necesarias, las espirituales que les ofrece el Espíritu de Dios y nos da la auténtica y verdadera salvación.

Pidamos al Espíritu Santo la luz necesaria para comprender que no sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4, 4). Amén.

miércoles, 7 de enero de 2015

LLEGA LA HORA

(Mt 4,12-17.23-25)

Jesús así lo interpretó. Enterado de que habían apresado a Juan el Bautista, sale a la vida pública y empieza a proclamar el Mensaje para el que fue enviado a este mundo. Había terminado la hora del precursor y empezaba la de Jesús, el Salvador del mundo.

Y Jesús nos anuncia que el Reino de los cielos está cerca. Y tan cerca que lo tenemos presente delante de nosotros. Y ahora también, porque a través de la Iglesia, Jesús se hace presente en los sacramentos y en la comunidades o grupos. No está físicamente, pero sí está sacramentalmente, presente bajo las especies de pan y vino. Es el Señor que vive y se manifiesta entre nosotros.

Jesús recorre los alrededores de Galilea. Cura y sana a todos los que se acercan a Él, y les proclama la Misericordia de Dios. Y le siguen multitudes interesadas en ser curadas. Supongo, sin lugar a duda, que a nosotros nos ocurriría igual hoy. Si supiésemos de alguien que curara enfermedades de todo tipo, incluso las que son raras y difíciles, acudiríamos, haciendo el esfuerzo que sea, sin pensarlo. Pero, ¿y las enfermedades del espíritu?

He compartido en otros momentos mi asombro al ver a tanta gentes esforzándose en cuidar su salud; haciendo ejercicios físicos y preocupados en mantener su cuerpo sano. Y es bueno y saludable, y se debe hacer porque somos responsables de cuidarnos. Pero, por la misma razón, ¿cómo es que no cuidamos nuestra alma? El cuerpo, a pesar de tantos cuidados, caducará tarde o temprano, pero nuestro espíritu seguirá vivo, y será eterno. Dependerá de nosotros ahora de que mañana, la eternidad, viva gozoso y feliz.

Busquemos al Médico Bueno que cura las enfermedades, pero busquémoslo no sólo para sanar el cuerpo, sino fundamentalmente para salvar el alma, porque es ella la que permanece eternamente.

martes, 6 de enero de 2015

ESTABA ESCRITO EL NACIMIENTO DE JESÚS

Mt 2, 1-12



No era un nacimiento más sino que estaba escrito y pensado por Dios, el Padre Eterno: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de la ciudades de Judea; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel".

Pero no está anunciado para Herodes solo, sino también para todos nosotros. Sabemos cuál fue la reacción de Herodes, pero, ¿y la nuestra? ¿Aceptamos nosotros a ese jefe, pastor de Israel como nuestro Dios y Señor? ¿O lo aceptamos a media como una formalidad más de tantas que tenemos y practicamos en nuestra vida? De hecho así parece, pues no se entiende que mucha gente frecuente la misa y no participe en ella sino como mera formalidad social.

Y también, porque no expresarlo, los que participamos eucarísticamente, que dejamos toda nuestra fe para sólo esos momentos. Pidamos al Señor responder a nuestro compromiso de bautismo más coherentemente tanto de palabra como de obras.

Comprometerse y responder a la fe exige esfuerzo. Un esfuerzo como el que nos presenta hoy el Evangelio con los reyes magos. No es fácil salir de tus comodidades, de tu territorio, de tus dominios y aventurarte en tierra extraña en la búsqueda de alguien que no ofrece aparentemente seguridades. Exponerte a perder tus propias seguridades exige dejar al descubierto tu fe y probarla.

Entiendes que es incómodo, arriesgado, molesto y hasta preocupante salir al encuentro del Señor. Exige riesgos, decisiones inseguras que te predisponen a perderlo todo. Sin entender ni saber qué camino seguir y qué hacer. ¡Dios mío, esa es la misión del Espíritu Santo! Confía en Él y, a pesar del sufrimiento de tu propia cruz, déjate llevar. A l final verás la luz, el gozo y la felicidad eterna.

lunes, 5 de enero de 2015

COSAS MAYORES VERÉIS

(Jn 1,43-51)

No sé exactamente qué puede significar lo que Jesús dice a Natanael: "Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre», pero supongo que significará lo que dice literalmente. Y eso espero, ver cosas mayores, porque creo en la Palabra del Señor. 

En esa esperanza despertar cada día es un hermoso y maravilloso reto. Cada día nace la ilusión de vivir el amor y de esperar, como Simeón, las maravillas que el Señor nos ha prometido: "Has de ver cosas mayores..." Y también de compartir ese gozo y felicidad prometida comunicándoselo a los demás. Porque todos los hombres sienten el deseo trascendente de ser felices siempre, y en eso se esmeran cada día.

Ocurre que lo hacemos equivocadamente pensando que en las cosas podemos encontrarla. Y la experiencia nos indica que no es así, pero seguimos empeñados en lo mismo con tal de no cambiar, de no dejar la soberbia y avaricia que nos invade. Necesitamos despojarnos de todo eso y cambiarlo por la humildad. Sólo así podremos cambiar.

Sólo el Señor Jesús puede llenar tu corazón de lo que buscas, de gozo y felicidad eterna. Él es el tesoro que andamos buscando, pero que lo ignoramos rechazándolo por cosas caducas y perecederas. No tiene sentido buscar en aquello que muere, porque también nos traerá la muerte a nosotros. Sólo el Señor, que nos da a beber el agua que salta a la vida eterna, nos da la fuente de vida feliz y eterna.

domingo, 4 de enero de 2015

A TODOS LOS QUE LE RECIBEN LES DA PODER DE HACERSE HIJOS DE DIOS

(Jn 1,1-18)

Es muy importante ser hijo, porque los hijos heredan la herencia del Padre. Es este caso concreto, ser hijo de Dios significa heredar la Vida Eterna y la Gloria del Padre. Es la máxima aspiración del hombre, acepte, acoja, reciba o no al Señor que se hace Hombre y acampa entre nosotros. Esa es la Navidad eterna de cada día: recibir al Niño Dios en mi corazón.

Porque la Palabra de Dios convierte mi corazón y me hace coheredero, con su Hijo, de su Gloria. Ahí reside lo importante y valioso del Bautismo, porque por y en él recibimos la Bendición Trinitaria que nos da la categoría de ser y llamarnos verdaderos hijos de Dios y coherederos con su Hijo, de su Gloria.

Y la Gloria del Padre es la felicidad plena y gozosa y para Siempre. Y eso es lo que buscas tú y busco yo. El gozo del amor que te invade de paz, de sosiego, de serenidad, de gozo y felicidad que no pasa; que no se acaba como este año que ya pasó. El Amor de nuestro Padre Dios es eterno, permanece y siempre está llenándonos de gozo y felicidad.

Abre tu corazón, medita y reflexiona la Palabra bajada de lo alto y experimentarás que todo lo que buscas en esta vida está contenido en Ella. Porque la Vida y la felicidad está en la Palabra de Dios anunciada por el Hijo hecho Hombre. 

sábado, 3 de enero de 2015

JESÚS ES A QUIEN JUAN ANUNCIA

(Jn 1,29-34)

Juan presiente que su Misión está llegando a su fin. La presencia de Jesús le descubre que ha llegado el Mesías esperado y prometido, por él anunciado, y lo señala a sus discípulos cuando lo ve venir hacia él. Juan se sabe advertido por el Espíritu de Dios que aquel en quien se pose el Espíritu, bajado en forma de paloma, ese será el que ha de bautizar con Espíritu Santo.

Y Juan da testimonio de que lo ha visto posarse en Jesús, y lo señala como el Hijo de Dios hecho Hombre. Juna el Bautista es un hombre digno de crédito. Su vida, coherente con su palabra, lo confirma y transmite. Juan está en la historia y es prueba y testigo de lo que dice. "Y lo que dice es: Jesús es el Hijo de Dios Vivo".

Pedimos al Espíritu Santo que, como Juan, veamos y experimentemos que Jesús, el Niño Dios que ha nacido en Belén, es verdadero Dios y verdadero Hombre, que se acerca a los hombres para traerles la verdadera y única salvación.

Pero, pidamos fuerza y valor para ser testigos y dar testimonio de que Jesús, el Hijo de Dios, vive entre los hombres y nos tiende sus brazos para ofrecernos la única y verdadera salvación. Amén.

viernes, 2 de enero de 2015

JUAN, EL PRIMER TESTIGO

(Jn 1,19-28)

Juan el Bautista anuncia que Jesús está entre nosotros. Ya, desde el vientre de su madre, Juan salta de gozo al sentir cercana la presencia del Señor en la visita de María a su prima Isabel. Ahora, ya como precursor del Mesías, Juan testifica que él no es el Mesías, ni Elías ni el profeta.

Y preguntado por su persona, Juan se define como «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». Y les notifica «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia».

El término desatar la correa de su sandalia significaba en el pueblo judío aquel que era superior, el más fuerte, el poderoso... Juan señala al Señor como el Mesías, el Salvador. Aquel que nos bautizará con Espíritu Santo para que revestidos de la Gracia del Padre podamos proclamar y vivir la Buena Noticia de salvación.

Pidamos la Gracia de, como Juan, ser también nosotros testigos del Señor y proclamar la Buena Nueva de palabra y vida. Amén.

jueves, 1 de enero de 2015

DICHOSOS PASTORES

(Lc 2,16-21)

Algunos notables oyeron sobre el nacimiento de un rey, pero no hicieron caso. Son los pastores, los últimos de aquella sociedad, que pasaban la mayor parte del tiempo fuera de ella, los que corren apresurados al encuentro de María y José con el Niño. Son los pastores los que hablan maravilla de aquel Niño según les ha sido contado por los ángeles.

No necesitan responderse a preguntas e interrogantes. Aceptan el anuncio y corren maravillados al encuentro del Niño Dios. Son los primeros en saberlo y también en aceptarlo. Cantan glorias y alabanzas a Dios por lo que habían visto y oído. 

Quizás a nosotros nos cuesta más aceptar la presencia y divinidad del Niño Dios. Quizás nosotros vivimos más acomodados e instalados que los pastores, y nos resulta más duro y difícil desapegarnos de nuestras apetencias y hábitos. La ausencia de verdaderos sacrificios y de dolor nos acomoda y nos ciega. No es que gustemos de ello, pero la adversidad nos acerca a la salvación, y la salvación viene de la Mano del Niño nacido en Belén.

Tratemos de vivir en la actitud y criterios de los pastores, y pensemos que, vivimos por la Gracia de Dios, y cuando llegue el momento de nuestra hora, lo que permanece es el amor del Dios, y es eso lo que nos interesa ahora conservar.