ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 31 de marzo de 2015

¡QUÉ OCURRE EN NUESTRO INTERIOR?

(Jn 13,21-33.36-38)


Conocemos lo que pasó según la Escritura. Y lo hemos leído y oído muchas veces, sobre todo si celebramos la liturgia de la Semana Santa. Pero lo importante no es eso, sino lo que pueda ocurrir en nuestro interior. Surgen varias preguntas, que cada año nos pueden ayudar, de darle respuesta bien intencionada, a dar un paso más en nuestra propia conversión.

No es el pecado lo más importante, ni el que tiene la última palabra en mi vida. Recordamos que Pedro pecó después de afirmar que no abandonaría al Señor. Igual nos ocurre a nosotros, le abandonamos después de prometerle fidelidad en confesión. Pero, tenemos dos caminos que nos señalan, a) uno Judas, y otro, b) Pedro. 

El primero, a) no es bueno, porque es de perdición; el segundo b) es de perdón y esperanza de Misericordia, porque nuestro Padre Dios nos quiere y en Jesús nos perdona. Ya nos lo enseñó Jesús cuando nos habló del hijo prodigo para decirnos cuanto nos quiere nuestro Padre.

Jesús se prepara para su Pasión. Está dispuesto por su propia Voluntad a hacer la Voluntad del Padre. Y todo para perdonarnos nuestros pecados, siempre que estemos arrepentido, no por cuantas caídas tengamos, sino por nuestra actitud contrita y dolorosa, como Pedro, de sabernos pecadores y derramar lágrimas de dolor y arrepentimiento. 

Quizás sea esa la actitud que tengamos que descubrir y vivenciar en nuestra vida, la contrición y el dolor de ofender al Señor, pero, sobre todo, la esperanza de que el Señor no ha venido a juzgarnos y condenar, sino a perdonarnos y salvarnos. Y esa debe ser nuestra actitud, la de estar dispuesto a aceptarla, a recibirlo y a creer en Él.

Miremos a Pedro que, siendo un pobre pecador, su actitud de arrepentimiento, confiado en la Misericordia de Señor, le devolvió la paz y la alegría de sentirse verdadero hijo de Dios.

lunes, 30 de marzo de 2015

TESTIGOS DEL AMOR

Jn 12,1-11):


La gente acude curiosa a ver a Jesús, pero también atraídos por comprobrar la resurrección de Lázaro, el amigo que Jesús había resucitado. Lázaro era el testigo del amor de Jesús, y la causa de que, muchos admirados por ese prodigio de poder, creían en Jesús.

El Evangelio de Juan nos dice al final de este pasaje (Jn 12,1-11):  Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.

Cerca de la Pasión y Muerte que le espera a Jesús, que los sumos sacerdotes ya traman y preparan, la vida se hace presente en Lázaro que representa el triunfo sobre la muerte. Por lo tanto, si Jesús ha hecho posible la resurrección de Lázaro, su Muerte será un paso para demostrarnos que la Vida triunfará sobre la muerte. Y nada hay que temer.

El problema de sus discípulos es que no lo sabían, y la suerte nuestra hoy es que, por ellos como testigos, nosotros sí lo sabemos. María, la hermana de Marta, anticipa la preparación, con la unción del perfume de nardo en los pies de Jesús, el acontecimiento, que está próximo a suceder, la Muerte de Jesús. Pero, sin embargo, la esperanza de la Resurrección nos llena de paz y de alegría ante la inminente Pasión del Señor.

Es posible que muchos de nuestros actos sean equivocados. Somos imperfectos, y nuestro amor cargará con esa debilidad. Estamos sujetos al error. Sin embargo, nos salva la buena intención de nuestros actos, como lo que hizo María al lavar los pies de Jesús. Muy diferente a la intención de Judas al protestar por el elevado gasto del perfume, que quería dejarlo para él.

Gracias Señor por tu Misericordia, porque no miras nuestros pecados, sino que nos perdona mirando la intención de nuestro pobre y pecador corazón. Danos la sabiduría de ser siempre bien intencionados y de, guiados por el Espíritu Santo, buscar el bien.

domingo, 29 de marzo de 2015

FALSAS ACLAMACIONES

Mc 11, 1-10


Es fácil imaginarse lo que ocurrió aquel domingo, llamado hoy de Ramos. Y digo que es fácil porque hoy, siglo XXI, sucede lo mismo. Hay muchas manifestaciones donde la gente sale y aclama o protestas, y no sabe bien por qué. Son manipulados hasta el punto que actúan sin saber exactamente por qué.

No hay una conciencia clara del por qué, y lo hacen movidos por los sentimientos o emociones del momento. De eso todos tenemos experiencia, y, cuando pasado el temporal tenemos la oportunidad de reflexionar, advertimos que hemos actuado de forma aparente y falsa sin darnos cuenta. Han sido nuestras emociones e impulsos los que han hablado por nosotros.

Supongo que con Jesús ocurrió algo parecido. Aquella muchedumbre, movida por el ambiente de la promesa de un Mesías, libertador del yugo romano según muchos pretendían, aceleró la emoción  y el impulso de proclamar a Jesús el Mesías esperado. Podemos imaginar todo lo que ocurrió y el alboroto por la proclamación que se montó. Pronto todo volvió a la realidad y las aguas volvieron a su cauce.

Sabemos lo ocurrido, pero quizás más importante es saber que ocurre dentro de cada uno de nosotros. ¿Qué Mesías espero yo? ¿Cuál es mi reacción ante la presencia de Jesús como Hijo de Dios Vivo? ¿Lo proclamo porque creo que es el Mesías que yo espero y quiero? ¿O lo proclamo porque es el Mesías enviado por Dios para salvarme? 

¿Estoy dispuesto a aceptar su Palabra que me descubre la Voluntad del Padre que quiere salvarnos?

sábado, 28 de marzo de 2015

NO SOPORTAN LOS SIGNOS

(Jn 11,45-56)


Les molestaba tanto lo que decía Jesús como los signos que hacía. Observaban impotentes como se les iba el tinglado abajo. Se quedaban sin fieles y eso les disgustaba. No ponían atención a lo que decía Jesús, no le escuchaban. No les interesaba escucharle, porque les comprometía y les estropeaba sus vidas, las que ellos se habían forjado.

Cuando uno no escucha vive según sus ideas. ¡Claro!, si tu no escuchas las de otros, las que prevalecen son las tuyas. No interesa escuchar a Jesús, porque no queremos seguir lo que nos propone. Así de simple, haremos las que conocemos las nuestras. En esa actitud lo que procedía era quitarlo del medio.

Estaban ciegos, llenos de ira y de soberbia. Solo una idea sonaba en sus cabezas: matar a Jesús. Sus signos eran cada vez más conocidos. La resurrección de Lázaro se extendía por todos los lugares y cada día el poder de Jesús sobre la atracción de la gente era más grande. Advertían que la gente empezaba a tomar en serio a Jesús. Y había que decir pronto: o ellos o Jesús. No había otra salida.

No podían situar a Jesús en medio de sus vidas. Compaginar sus planteamientos con los de Jesús no era posible. Igual nos puede ocurrir a nosotros cuando queremos meter a Jesús entre nuestros planteamientos, y adaptarlo a nuestras actitudes y decisiones. Queremos vivir con Jesús y con el mundo, y moldear su Mensaje según nuestras decisiones. Será imposible, porque Jesús es el centro, y todo gira a su alrededor.

Y en estas circunstancias, quizás desesperados porque inclinamos más el oído a las cosas del mundo que a Jesús, optamos por quitarlo también de nuestras vidas y, de alguna manera, podemos convenir que lo matamos también. Tratemos de escuchar a Jesús, y, sobre todo, de seguir su Palabra y sus señales, para que sea Él quien reine en nosotros, y no nosotros en Él.

viernes, 27 de marzo de 2015

NUESTRA SOBERBIA NOS VUELVE CIEGOS

(Jn 10,31-42)


El problema de siempre consiste en que nadie, de nuestra propia naturaleza, puede proclamarse superior a nosotros, y menos Dios. La imagen y el origen son señas de identidad que califican a las personas. Y Jesús, hijo del carpintero de Nazaret, no puede nunca ser el Hijo de Dios. Porque es uno de los nuestros, y no de familia distinguida ni prestigiosa.

Pero Jesús  remite a sus obras. Son sus obras las que testimonian su naturaleza Divina, sin embargo la soberbia les endurece el corazón y les ciega la vista. Y eso no es de ayer, porque también ocurre hoy. Muchos siguen cerrados a las obras y testimonios del amor del Señor. No quieren cambiar ni complicarse la vida. Es mejor seguir como estamos.

El ambiente se hace hostíl y la confusión es enorme. En esas circunstancias no es fácil creer en Jesús, porque todo lo tienes en contra. ¿No está ocurriendo eso en Irak, Siria, Nigeria y otros países? No hay gente que sufre, perseguida y despojadas de todo lo que poseen? ¿No hay gente encarcelada y condenada a morir, alejadas de sus familias, por mantenerse fieles al Señor. Se hace difícil decir que sí a Xto. Jesús.

Pero nosotros queremos mantenernos fieles a Ti, Señor. No queremos traicionarte, y menos negarte. Por eso te pedimos fuerza, valentía y perseverancia para continuar sostenido en Ti y soportar con paciencia todas las dificultades que encontremos en el camino. Danos esa Gracia, Jesús.

jueves, 26 de marzo de 2015

SÓLO NOS INTERESA OÍR LA VERDAD QUE ESPERAMOS O QUE NOS GUSTA

Jn 8,51-59)





Admitir que Jesús es Dios era algo que no entraba en la cabeza de los judíos. Se les venía abajo todo el tinglado que ellos se habían montado. Jesús se les revela como el Señor de la vida, y sus Palabras nos llenan de esperanza: «En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás».


La pregunta es: ¿Cómo se pueden rechazar estas palabras llenas de esperanza? ¿Acaso buscamos o perseguimos algo mejor? ¿No es la vida el don más preciado del hombre? ¿Se puede explicar esto? En el intento de explicarlo, podemos intuir que admitir las enseñanzas de Jesús les comprometía a salir de sus instaladas vidas y perder sus privilegios y comodidades ante los demás. No se me ocurre otra explicación.

Jesús proclama su Divinidad al decir: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy». La reacción fue coger piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo. Es lógico creer que esta reacción no era por sus Palabras, sino porque su Vida era coherente con lo que decía. Jesús era admirado por la autoridad con la que hablaba, y también por lo que hacía. Eso era lo que les sacaba de quicio, y por lo que no querían aceptarlo. Les cambiaba la vida.

Pero eso no pasaba solo en tiempo de Jesús, sino que ocurre hoy también. Muchos miramos hacia otro lado cuando nos hablan de Jesús. No queremos oírlo ni tampoco creerlo. No queremos que nuestro corazón cambie ni perdone. Nos encontramos más a gusto con nuestra mediocridad y nuestra finitud. Pobre de nosotros.

Pidamos al Señor la fe de la esperanza, y la paciencia de perseverar guardando todas estas cosas como María, Madre de Dios y Madre nuestra.

miércoles, 25 de marzo de 2015

GÉNOITO KEHARITOMÉNE (HÁGASE TU VOLUNTAD)

(Lc 1,26-38)


Con estas palabras María abre la puerta de la Redención para todos los hombres. Su "hágase" como respuesta permite que Jesús entre en el vientre de María y sea concebido, por obra del Espíritu Santo, para, encarnado en este mundo, rescatar a todos los hombres del pecado para Dios su Padre.

No es fácil, aunque en el tiempo nos parezca, pronunciar "hágase", porque eso suponía dar un giro total a los planes de su vida. Has un esfuerzo y ponte en su lugar. ¿Imagínate que Dios te propone ahora un giro de ciento ochenta grados en tu vida? ¿Estaríamos dispuestos a darlo? Pues eso le ocurrió a María.

Pero también a José. ¡Qué incertidumbre con la situación de María! ¿Cómo explicar eso? ¿Qué pensaran los familiares y conocidos? ¿Qué hacer? Son preguntas que quizás también nos las hacemos nosotros hoy. ¿Qué nos pide el Señor? Posiblemente no estemos atentos ni  le hayamos escuchado. Necesitamos prestar más atención y agudizar más nuestros oídos.

José y María creyeron, a pesar de la oscuridad y las dudas, en el Señor. Y gracias a su escucha y obediencia, Jesús se hace presente en este mundo, para revelarnos el Amor del Padre y darnos la salvación. Una salvación ofrecida a todos los hombres, pero una salvación que nos pide también nuestro sí, al igual que a María y José.

Pidamos al Señor la Gracia de estar dispuestos a decirle siempre sí, a pesar de nuestras caídas y tropiezos; a pesar de nuestros fallos y pecados. Siempre dispuestos a vivir en su Voluntad, porque es su Voluntad la que nos salva.

martes, 24 de marzo de 2015

UN DIOS PADRE

(Jn 8,21-30)


Un Dios implacable, pendiente del cumplimiento de las leyes y presto a castigar a todos los que se las salten o no cumplan como es debido. Este es el Dios esperado por los fariseos. Un Dios que castiga a los que no cumplen como lo hacen ellos.

Desde este pensamiento, los fariseos no entienden a Jesús, que nos presenta un Dios lleno de misericordia y abierto al perdón. Un Padre Dios que es primero Padre. Padre lleno de Amor y de perdón. Un Padre Dios que abre los brazos, nos acoge y espera que depositemos en Él toda nuestra confianza y toda nuestra fe.

Jesús nos habla de nuestro Padre Dios. Su Padre Dios, del que hace, Él, su Voluntad. Y nos lo presenta con la esperanza de que, creyendo en Él, creamos también en su Padre. Porque quien cree en el Hijo, cree también en el Padre.

Jesús nos habla de lo que el Padre nos tiene preparado a los que creen en su Hijo, y nos presenta un Padre amoroso, pendiente de cada uno de sus hijos a los que espera para darle la eterna felicidad en su Casa Celestial. Una espera que pasa por depositar nuestra fe en Jesús, el Hijo de Dios Verdadero.

lunes, 23 de marzo de 2015

CUANDO PRIMERO TE MIRAS TÚ MISMO

(Jn 8,1-11)


Las cosas se ven de otra manera si, primero, tratas de meterte dentro de ti mismo y ponerte en el lugar del otro. Supongo que eso fue lo que hicieron aquellos escribas y fariseos que llevaron delante de Jesús a aquella mujer sorprendida en adulterio.

Sorprendidos también por Jesús, aquellos escribas y fariseos, que habían aprovechado la oportunidad de poner a Jesús en un aprieto con el juicio de la mujer sorprendida en adulterio, quedaron desarmados ante la invitación de Jesús a ponerse en el lugar de aquella mujer. «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra»

Y no cabe ninguna duda que, mirados en su interior, se vieron también como tales pecadores sin ninguna diferencia con aquella mujer. Quizás a nosotros nos ocurre lo mismo. Basta mirarnos con un poco de paciencia y serenidad, para descubrir toda la suciedad que nos cubre y nos mancha todo nuestro corazón. Posiblemente esa mirada interior nos impedirá actuar de forma inquisidora y severa, y ser más misericordiosos.

Quisiera pararme en la despedida que Jesús le da a esa mujer: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más». Jesús, que, sin condiciones, nos regala y ofrece su perdón, con un amor misericordioso, nos invita también a cambiar de vida. Ese ofrecimiento: ...y en adelante no peques más» implica un propósito y actitud de esfuerzo de no volver a pecar.

Danos Señor la Gracia de ser persistentes y perseverantes en el esfuerzo de mantenernos puros en vivir según tu Voluntad, y no volver a pecar. Amén.

domingo, 22 de marzo de 2015

SEÑOR, QUIERO CONOCERTE

(Jn 12,20-33)


Ese es el deseo de muchos hombres y mujeres. Yo diría de todos, porque conocer a un Hombre como Jesús del que se ha hablado, y se habla, mucho, y del que se dice que ha hecho muchos milagros y mucho bien, siempre interesa y despierta curiosidad.

Sí, creo que todos queremos conocerlo, pero ocurre que no queremos comprometernos con su Palabra y enseñanzas. Posiblemente no nos guste mucho lo que dice, o, gustándonos, no tengamos fuerzas para cambiar. Experimentamos que nuestra naturaleza caída nos supera y nos somete. Nos sentimos esclavos de nuestras propias pasiones y egoísmo, y nos resulta imposible seguir las enseñanzas del Señor.

No le entendemos y queriendo buscar la vida, la perdemos buscándola en este mundo. La vida, la verdadera vida necesita la muerte. Dicho de otro modo, para encontrar la vida hay que morir, porque sólo muriendo daremos los frutos que precisamente dan la vida. 

Siguiendo a Jesús, y viviendo en su Palabra, daremos nuestra vida aquí en la tierra para, de esos frutos, alcanzar la verdadera Vida del Cielo, eterna y plena de gozo y felicidad. La muerte no tiene la última palabra. Simplemente es el paso para encontrar la vida. Esa Vida que Jesús nos promete y que nos enseña el camino para conseguirla.

Señor, quiero conocerte para, lleno de tu Gracia, encontrar la fortaleza y la sabiduría de vencer mis apetencias y pecados, que por tu Perdón y Misericordia, me alumbrarán el camino de la verdadera y eterna Vida. Amén.

sábado, 21 de marzo de 2015

¡CONFUSIÓN!

(Jn 7,40-53)


La confusión nace de la interpretación, porque interpretar significa dar sentido a las palabras, y las palabras, a veces, esconden la verdadera intención de lo que tratan de transmitir. Interpretar la Escritura da lugar a confusión, porque muchas veces no se interpreta bien o se interpreta, valga la redundancia, según tu propio interés.

Está escrito que el Mesías que ha de venir será de la estirpe de David. Pero resulta que Jesús es galileo. Aparentemente, o no es el Mesías, o hay una contradicción con la Escritura. Esa es la tesis que confunde a la gente. Se preguntan cómo puede ser Jesús el Mesías siendo galileo y no de la casa de David.

Jesús es directo descendiente del linaje de David, porque su padre José pertenece a la estirpe de David. Sin embargo, la gente no va más allá de lo que tiene delante y dejan escapar la duda y arman la controversia. Posiblemente la buscan, para con ella sembrar dudas y armar confusión.

¿Qué nos ocurre a nosotros? ¿No nos sucede también algo parecido cuando ponemos en duda la Divinidad de Jesús? ¿No lo rechazamos muchas veces? ¿Acaso no llevamos la duda y la desconfianza sembrada en nuestro corazón por el pecado? 

Indudablemente, no somos mejores que los sumos sacerdotes y fariseos. Pidamos que sobre salga la luz y la fe en nuestros corazones, y reconozcamos que Jesús es el Mesías.

viernes, 20 de marzo de 2015

UN CONOCIDO NOS PASA INDIFERENTE

(Jn 7,1-2.10.14.25-30)


Los hombres están ávidos de sorpresas. Queremos ser sorprendidos, y cuando nos sabemos que este retiro o ejercicios lo va a dar tal sacerdote, nos desanimamos o alegramos según nuestra consideración y estima al tal sacerdote. Igual ocurre con las Eucaristías. Asistimos a ellas a veces eligiendo al sacerdote que la celebra porque nos gusta más.

Igual puede ocurrirnos con el Mensaje del Señor, pasamos de él porque estamos cansados de oírlo y no ahondamos en su significado ni profundizamos en lo que nos dice. Y también, depende quien nos lo diga. Eso ocurrió con Jesús. Era conocido e hijo del carpintero. ¿Qué, entonces, nos va a decir este?

El Mesías esperado tiene que ser alguien que no se sepa de dónde viene. Y a este lo conocemos. Nos atamos a las profecías y nos confundimos. No reflexionamos ni tampoco profundizamos sobre el contenido y lo que nos dice. Y, más todavía, el testimonio que da con su Palabra acompañándola con su Vida.

Jesús es el enviado del Padre. Enviado a dar libremente su Vida para la salvación de todos los hombres. Enviado a, voluntariamente, darse y entregarse en servicio por amor a todos los hombres. Enviado para revelarnos el Amor del Padre y darnos testimonio de su Amor. Pero, sobre todo, para vencer con su poder la muerte con su Resurrección.

Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Camino de esperanza y de verdad que nos salva para la vida eterna.

jueves, 19 de marzo de 2015

LA DIFERENCIA RESIDE EN VIVIR SEGÚN MI VIDA O SEGÚN LA VOLUNTAD DE DIOS

(Mt 1,16.18-21.24a)


Me parece muy importante y clave la actitud de emprender el camino. Camino de conversión. Porque todo dependerá de la actitud de acomodar tu vida a la Voluntad de Dios, o dejar que tu voluntad sea la que dirija y la de Dios se acomode a la tuya. Supongo que según se haga el camino, de una u otra forma, los pasos de conversión serán acertados o no.

Hoy, la figura de san José nos alumbra esta actitud. Un hombre que ve interrumpida su vida con el misterio de desposorio. ¿Qué ocurre? ¿Cómo es posible que María, la prometida, sin haber vivido juntos esté embarazada? ¿Qué misterio es ese? Simplemente, ponernos en su lugar nos descubrirá muchas preguntas e interrogantes?

Ante tal tempestad, José no actúa como de él se espera. Pacientemente cree en María y, a pesar de no comprender su estado, decide repudiarla en secreto para no hacerle daño. Es el proceso normal de toda persona. No comprendemos los designios del Señor y optamos por actuar según nuestras ideas y conocimientos. Nos desesperamos y perdemos la confianza en Jesús.

Sin embargo, José se mantiene firme y confiado, porque ante los signos del Espíritu se deja guiar, confía y acepta el Plan de Dios. Lo mismo hace María. Guarda pacientemente todos esos acontecimientos misteriosos, sin entenderlos, en su corazón y se abre a la acción del Espíritu Santo confiada y sumisa. ¡He aquí la esclava del Señor!

Supongo que José y María nos dan una lección de humildad, de paciencia, de saber esperar confiados en la providencia y la respuesta del Señor. Supongo que José es modelo de varón justo y confiado a la llamada y acción del Espíritu de Dios que tiene un Plan para él. Por eso, creo que acertadamente ha sido nombrado Patrón del seminario.

miércoles, 18 de marzo de 2015

ENVIDIA Y SOBERBIA

(Jn 5,1-3.5-16)


Detrás de toda critica, sobre todo negativa, puede esconderse la envidia. Porque, es posible, que no resistamos las cualidades ni los talentos de aquel que, siendo de nuestra misma condición, se muestre superior a nosotros.

Es fácil entender que nadie es profeta en su tierra. Porque, también es fácil, descubrir que todo lo cercano y conocido nos resulta más difícil valorar. Jesús, el Hijo de Dios verdadero y hecho Hombre, no fue aceptado porque se presentó antes nosotros como eso, simplemente un hombre. Un hombre sencillo, nacido en una familia humilde, de padre carpintero y madre sencilla.

¿Cómo se atreve éste a proclamarse el Hijo de Dios? No cabe en ninguna cabeza humana. Y así lo entendían los contemporáneos de su época. No podían admitir ni cabía en sus cabezas tanta arrogancia y desfachatez. La envidia distorsiona la realidad para justificarla, porque Jesús nunca se mostró de esa forma. Fue siempre el servidor de todos y hablaba con la autoridad que le daba quien realmente lo había enviado. Enviado para amar y servir a los hombres proponiéndoles la salvación.

Jesús nos revela su filiación con el Padre, y nos descubre que el Padre le da a conocer todo lo que hace, y el Hijo hace lo que ve que el hace el Padre. Jesús se iguala al Padre al hacer lo mismo que el Padre, y como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Y quien no honra al Hijo tampoco honra al Padre que lo envió.

No estamos hablando de fantasía, ni de cosas irreales. Hoy ocurre lo mismo. Hay mucha gente que se indigna cuando oyen hablar de Jesús, y cambian de color cuando escuchan sus Palabras a través del Evangelio. Muchos se dicen quién es ese Señor y que autoridad tiene. Han pasado unos dos mil años, pero no ha cambiado para nada el pensamiento de muchos que continúan indiferentes y negando la divinidad de Jesús.

La envidia y la soberbia hacen estragos en los hombres que no aceptan la Voluntad del Padre. De un Padre que Jesús nos presenta como el Padre amoroso que, a pesar de nuestras ofensas e indiferencias, nos espera para colmarnos de besos y abrazos.

martes, 17 de marzo de 2015

¿BUSCAMOS TAMBIÉN NOSOTROS LAS AGUAS DE LA PISCINA QUE NOS SALVE?

(Jn 5,1-3.5-16)


Es posible que no nos demos cuenta. Pasan los días de nuestra vida y se consume el tiempo del que disponemos. La cosa no es broma, pero es posible que nosotros, sintiéndonos bien, lo tomemos a broma. Corremos un gran peligro, porque el final no tiene tiempo marcado, ni guión que lo descubra. Nadie sabe cuando será.

Ocurre también que pensamos poco. Poco sobre algo que nos debe interesar mucho. No se nos esconde que tenemos un principio, y que también tendremos un final. Pero no queremos, o nos da cierto miedo, pensar en ello. Nos resulta más agradable vivir, sobre todo si nos va bien, gozando de las cosas inmediatas y que nos producen bienestar y placer. En ese sentido la vida es hermosa.

Sin embargo, la amenaza está ahí. No como una amenaza desafíante y maniquea, sino como un destino que nos quiere ofrecer lo mejor y te implica a participar con tu libertad. Has sido creado libre para escoger tu propio camino. Pero consciente de tu debilidad necesitas a alguien que te ayude a llegar a la Piscina liberadora, a esa Piscina de salvación.

Tú solo no podrás, pero en Jesús lo conseguirás. Ese es el motivo de su Encarnación y de su venida a este mundo. Quiere salvarte. Enviado por el Padre, libremente ha entregado su Vida para salvar la tuya. Pero necesita tu libertad, tu, "sí, quiero", y tu entrega sin condiciones. Así le ocurrió a aquel paralítico que respondió afirmativamente.

Un propósito: Señor, dame tu Mano y ayúdame a caminar. Yo quiero, pero no sé, ni cómo ni por dónde empezar. ¡Alúmbrame el camino, Dios mío! 

lunes, 16 de marzo de 2015

¡CUÁNTO NOS CUESTA CREER!

(Jn 4,43-54)


Supongo que el pecado nos siembra dudas que originan desconfianzas que nos hacen dudar de la Palabra de Jesús. Porque no debería ser así. Porque Jesús no dice una Palabra que no la cumpla. Todo en Él se ha cumplido, y su vida da en cada instante testimonio de su Palabra. No hay motivo para tener la más mínima duda.

Sin embargo le pedimos pruebas y signos a cada momento. Y ponemos su Palabra en tela de juicio si no vemos signos que nos convenzan. Hoy es una de esas veces que le piden a Jesús que demuestre su poder. Dice Jesús: «Si no veis señales y prodigios, no creéis»

El Amor y la Misericordia que nos tiene el Señor es tan grande que a la insistencia y petición de aquel funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo». Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive». Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre». El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia. 

Sin embargo la pregunta sigue en pie, ¿cuánto nos cuesta creer? El padre creyó cuando comprobó que coincidía la hora con la mejoría de su hijo. Igual nos puede pasar a nosotros. Creemos en Jesús si las cosas suceden como nosotros queremos.

¡Señor, perdona nuestra osadía y nuestra desconfianza! Transforma nuestro corazón en un corazón confiado, sencillo y humilde y, como tu Madre, danos la paciencia y confianza de guardar todas estas cosas en nuestro corazón y abandonarnos en Ti hasta la Cruz.

domingo, 15 de marzo de 2015

LUZ Y TINIEBLA

Juan 3, 14-21


Esa es la cuestión, elegir la luz o vivir en las tinieblas. La luz nos sugiere claridad, transparencia, limpieza, belleza, justicia, verdad, paz. La luz contiene todo lo que el hombre siente en su corazón, porque el hombre de buen gusto busca la vida justa, honrada, sin mentiras, en verdad y en paz.

El hombre que así vive busca la luz para que sus obras se vean, pues no tiene nada que temer ni nada de que esconderse. Por el contrario, aquel que se esconde en las tinieblas persigue la mentira, el engaño, las segundas intenciones egoístas e injustas. Y prefiere las tinieblas, pues en ellas se puede camuflar y vivir en apariencias disfrazadas de verdad.

Jesús es la Luz que alumbra al mundo. La Luz que se eleva en una Muerte de Cruz para que todos los hombres lo puedan ver y conocer. Porque no hay Amor más grande que dar la vida libremente para salvar a otro. Y Jesús, nuestro Señor, ha entregado su Vida libremente para salvación de todos los hombres.

Busquemos la verdadera Luz. No la luz del mundo que, vestida de verdadera felicidad, miente y nos engaña, para arrastrarnos a nuestra perdición. Busquemos a Jesús, que ha dado su Vida por cada uno de nosotros, y confiémonos a Él esforzándonos en vivir en la Verdad que el proclama y de la que nos da verdadero testimonio.

sábado, 14 de marzo de 2015

NECESITADO DE PERDONAR PARA RECIBIR EL PERDÓN

Lucas 18, 9-14


Es posible que tenga y hagas muchas cosas buenas. Pero eso no te diferencia de los demás, porque, ¿quién no ha hecho y hace cosas buenas? Lo difícil será reconocer las cosas malas y, arrepentido, pedir perdón. 

Y para reconocerlas necesito un corazón humilde, contrito y abierto. No es el caso del fariseo que Jesús nos pone hoy. Un corazón satisfecho, engreído y prepotente, que mira a los demás muy por debajo de él, y que todo el acento lo pone en el cumplimiento de la ley, olvidándose del espíritu, la misericordia y el amor.

Esa es la actitud que denuncia Jesús. Una actitud soberbia y orgullosa. De suficiencia y poder. Y, por el contrario, le agrada y la enaltece aquella otra actitud del publicano. La actitud humilde, sencilla, consciente de sus debilidades y limitaciones, pues se sabe criatura y, por supuesto, pecador.

Es menos que un paso la distancia que hay entre el reconocerse pecador y el perdón de Dios. Lo descubrimos en la Cruz, cuando a su derecha, el buen ladrón recibe inmediatamente el perdón por su reconocimiento y arrepentimiento de sus pecados. Hoy, Jesús, nos dice lo mismo en aquel publicano, de corazón contrito y arrepentido.

¡Qué hermosa lección! Danos Señor la sabiduría de descubrir la basura de mi corazón y la capacidad de ofrecértela para que me limpies. Amén.

viernes, 13 de marzo de 2015

TODAS LAS NORMAS Y LEYES ESTÁN SOMETIDAS AL AMOR

Marcos 12, 28-34 
El amor abarca toda ley y norma establecida. Es verdad que la vida está regulada por norma que nos indica el camino y la actitud a seguir en cada instante, pero siempre adheridas y de la mano del amor. No se puede aplicar una ley o norma sin amor, porque si así fuere quedaría reducida a una simple norma o ley, que en muchos casos el amor la supera y la modifica.

Y un amor misericordioso, porque a veces la ley se ve superada por la buena intención del corazón que, generosamente, la suaviza para que pueda ser cumplida en beneficio del hombre y no le perjudique. Porque su finalidad y objetivo es servir para bien del hombre.

Por eso, el amor es el motor de toda ley o norma. La imagen la expresa muy claramente y casi deja muda a la palabra para su comprensión. Todo queda contenido en el amor al prójimo que descubre el verdadero amor a Dios. Porque cuando amas a Dios, lo reflejas en el prójimo. Y si no es así, reflejas un amor interesado en satisfacerte tú mismo. Y eso se nota, porque el tu propio ego sale a relucir.

La vida es emocionante y un reto hermoso. Cada instante de nuestras vidas no nos puede aburrir si lo tomamos como una aventura de amar. De amar al que pasa a nuestro lado o se relaciona con nosotros; de amar al que convive o trabaja en nuestro entorno; de amar al que se cruza en nuestro camino. De amar, porque primero me Ama Dios, por amor.

Pero no vayamos solos a correr esta hermosa aventura, porque no podremos vivirla. Hagámosla junto y en el Espíritu Santo. En Él podremos verdaderamente amar si nos ponemos en sus Manos.

jueves, 12 de marzo de 2015

EN TU HERMANO ESTÁ DIOS, ¿CÓMO ES QUE LO ATACAS?

 Lucas, 11, 14-23


No se entiende que haya enfrentamientos entre los hombres para defensa de Dios. Porque un padre, y menos Dios, no puede estar enfrentado con sus hijos. Pues si le ofenden a alguno, también le están ofendiendo a Él. Caemos en contradicciones traicionados por nuestro propio corazón enfermo y débil.

La única manera de demostrarle a Dios que hablamos en serio y que lo que le decimos se corresponde coherentemente en nuestras vidas, es realizando lo que a Él le decimos en los hombres. Amigos y enemigos. Mejor en los enemigos porque la prueba tiene más fuerza y más credibilidad. Y eso no lo ha dicho nadie antes que Jesús, que, primero, nos lo demuestra entregándose voluntariamente y libremente en una muerte de Cruz por ti y por mí.

Por eso, Jesús no puede expulsar demonios en nombre del Maligno, porque eso sería beneficiar al hombre, y el Maligno busca la perdición del hombre. ¿Cómo se va a expulsar el mismo? Un reino no puede permanecer estando dividido, nos explica Jesús, porque no podría mantenerse. Procede, pues, cuidar que el Maligno no entre en nuestra casa y se apodere de nuestro corazón, y para ello debemos estar vigilantes y atentos.

Porque si en nuestro corazón entran otros espíritu, dificultan la labor y la acción del Espíritu Santo, y entorpeciéndola, pueden confundirnos y desviarnos de su dirección y guía. Y eso nos exige tener muy bien guardada nuestra llave, la oración y escucha atenta a la Palabra de Dios, y la vigilancia y fortalecimiento de nuestra alma en la Eucaristía, alimento de nuestro cuerpo y alma.

Pidamos al Señor la sabiduría y la luz para advertir la proximidad del Maligno e impedir que se introduzca en la intimidad de nuestro corazón dificultando la acción del Espíritu Santo. Señor y dador de Vida, que nos protege, nos fortalece y nos guía hacia la Casa del Padre Dios. Amén.

miércoles, 11 de marzo de 2015

LOS ENFRENTAMIENTOS NOS ALUMBRAN EL CAMINO

(Mt 5,17-19)


Hay un dicho que dice así: "Siempre se aprende algo, incluso hasta de lo malo". Y es verdad, porque, incluso de lo malo aprendemos a resguardarnos y que eso no se debe hacer. En ese sentido, de los enfrentamientos entre los mismos hermanos en la fe, se pueden extraer buenas consecuencias que nos alumbren el camino a seguir.

Hoy he aprendido, en un dialogo constructivo e interesante, que los enfrentamientos no son signos del Espíritu Santo, porque el Espíritu no nos divide. Posiblemente esas inclinaciones a imponer de forma suave nuestras apreciaciones, ideas y creencias venga de Aquel que le interesa dividir y enfrentar. 

Trata de hacernos creer lo importante que somos y cuanto sabemos, y que somos nosotros los que estamos en la verdad. Dividir es cosa del diablo, porque el Señor ha venido a que seamos uno solo, como el Padre y Él son Uno. Por eso, cuando nuestras diferencias tratan de apartarnos, pensemos que el diablo está logrando su objetivo.

Busquemos siempre la unidad con las armas que el Señor quiere poner en nuestras manos: el amor y la humildad. Necesitamos amarnos hasta el punto de ser humildes y perdonar. Jesús nos dice hoy que no ha venido a quitar nada de la Ley  y los profetas, sino, simplemente, viene a perfeccionarla. Porque no se trata simplemente de cumplir, sino de hacerlo por amor.

Y el amor no significa sentirlo o desearlo, sino comprometerse a vivirlo, a buscar el bien, a convertir mi mirada en una mirada limpia, serena, sin segundas intenciones. Amar exige ser libre, porque sólo el que es libre puede amar. Y la prueba del amor es el perdón. Sólo aquel que está dispuesto a perdonar, ama.

Conclusión: Los enfrentamientos son naturales, pero nos sirven para probar si realmente nos amamos soportándonos y aceptándonos, y buscando, caminando unidos, el único Camino, Verdad y Vida que es Jesús.

martes, 10 de marzo de 2015

EL PERDÓN: LA LLAVE DE LA PUERTA DEL CIELO

Mateo 18, 21-35


No hay otro secreto, el perdón es el arma con la que podemos vencer, y la llave para abrir la puerta del cielo. Porque en la medida que perdonemos a los que nos ofenden, seremos perdonados también por el Señor, nuestro Padre.

El Señor se ata a nuestro perdón. Deja su decisión en nuestras manos, de forma que, en la medida que tú perdones, también serás perdonado. Nada tendrá que hacer el Señor, porque eres tú quien decides. Realmente, ¿nos damos cuenta de lo que se nos ha entregado? 

Somos los protagonistas y los dueños de nuestra salvación.  Es decir, el Señor ha querido que dependa de ti y de mí. Así de sencillo y de grande. Pero lo más grande es descubrir que yo sólo no puedo. Es decir, mi pequeñez, mi pobreza, mis miserias, mis imperfecciones y mis pecados. Necesito llenarme de humildad y de abrirme a la acción del Espíritu Santo para vencerme y transformar mi corazón en un corazón misericoridoso como el de Jesús.

Y de esa manera poder perdonar como Él me perdona a mí cada instante de mi vida. Cada vez que rezamos el Padre nuestro, prometemos perdonar como nosotros perdonamos, y ese debe ser nuestro compromiso de cada día y de cada instante. Pero, experimentamos que no podemos. Somos esclavos de nuestras ideas y criterios humanos, y necesitamos liberarnos.

Ahí, Señor, entras Tú en mi vida, en nuestras vidas. Sin Ti nada podemos hacer, y te necesitamos para que transforme nuestros corazones de piedras en corazones de carne. Amén.

lunes, 9 de marzo de 2015

LA PALABRA SE HACE MÁS DIFÍCIL EN TU CASA

(Lc 4,24-30)


No es sólo un refrán, sino la constatación de la realidad. Nadie es profeta en su tierra. Se hace más difícil dar testimonio en tu familia y en tu pueblo que fuera de él. Esa es la experiencia de muchos, y también la mía propia.

En tu casa te tienen muy bien observado. Es posible que des buen ejemplo, y hayas hecho cosas buenas, pero también saben de tus debilidades y de tus pecados. Indudablemente, no eres perfecto y tienes muchas faltas, y comete muchos pecados. 

No obstante nunca has ocultado tus pecados porque nuestro primer acto de humildad consiste en reconocernos pecadores y necesitados de la Gracia de Dios. Pero también es verdad que lejos de nuestra casa somos mejor considerados, y, a pesar de nuestros fallos, nos tienen más estima, aprecio y consideración.

Posiblemente, estemos más necesitados de amor entre los hermanos de sangre, y también más necesitados de aceptación y perdón. La convivencia descubre nuestros egoísmos, odios, envidias, soberbias...etc., y se nos hace más difícil aceptarnos. Experimentamos la necesidad y el valor del amor. Comprendemos por qué el amor es el centro y motor de nuestra vida.

Porque sólo amando podremos vencer el pecado que enferma a nuestro corazón y aceptar que nuestro hermano tiene cosas buenas y malas. Nuestra misión consiste, no en criticarle y rechazarle, sino ayudarle a enterrar lo que de él huele mal, y a que saque los buenos olores y perfumes del amor.

domingo, 8 de marzo de 2015

¿ ES NUESTRO TEMPLO UN MERCADO?

(Jn 2,13-25)


Posiblemente no sepamos donde están las diferencias y el respeto y silencio. Hoy los templos, sin apenas dadnos cuenta, se van convirtiendo en lugares de encuentro y de charlas. Mientras se espera que empiece la celebración Eucarística lo pasamos hablando de nuestras cosas.

No es que esté mal, pero, hemos venido a ver y a celebrar el triunfo de Jesús sobre la muerte. Y lo que hacemos es vernos nosotros y encontrarnos nosotros. No es, tampoco, que eso sea malo y necesario, sino que para eso habrá otro tiempo. Ahora es tiempo de mirar al Señor y celebrar su Pasión y Resurrección.

La Casa del Señor es Casa de oración. Es Casa de recogimiento, de silencio, de reflexión y meditación. Es Casa de alimento y de fortaleza para, luego, vivir, en el Espíritu Santo, el amor que nos une y nos identifica con Xto. nuestro Señor.

Por eso debemos de respetar el lugar sagrado, es decir, el Templo, y guardar el debido respeto que nos prepara y recoja para presentarnos dignamente al Señor. Porque si no guardamos el Templo, ¿que haremos con el verdadero Templo que somos cada uno de nosotros? Porque dentro de cada hombre hay un verdadero Templo de Dios. Un Templo que debemos cuidar y mantener limpio de toda impureza.

Un Templo libre de orgullo, de envidias, de egoísmos, de soberbia, de odios, de venganza, de consumo, de mercantilismo, de ambiciones...etc. Un Templo donde la presencia de Dios sea el centro y fin de nuestras vidas.

sábado, 7 de marzo de 2015

¿ACASO MEREZCO PERDÓN?

Lc 15,1-3.11-32)


No merezco ni tengo derecho a reclamar ni a pedir nada. Porque lo que se me ha dado lo administro según me parece y según mis intereses. Y, lo lógico y natural, es asumir todas las responsabilidades que de ello se deriva.

Sin embargo, el Señor, como Buen Padre, me espera y me perdona. Y no contento con eso, me acoge y me llena de caricias y besos celebrando una fiesta en mi honor. Me asombra su Misericordia, pero, sobre todo, su Amor. Padre Bueno, gracias por tanta Misericordia y perdón.

Verdaderamente no merezco, ni tanto amor, y menos, tanto perdón. He recibido una herencia que no merezco. Un regalo que no he sabido administrar, y menos acrecentar. He derrochado todo lo recibido gastándolo en cosas vanas y caducas; en pasiones y falsas felicidades que terminan por perderme. Y cansado ya de la vida, vuelvo la mirada a mi Casa, y reemprendo el camino de regreso esperanzado en la Misericordia y perdón de mi Padre.

¡Y qué recibimiento No llego a comprender tanto Amor y Misericordia! ¡Gracias Padre por tanto Amor!

viernes, 6 de marzo de 2015

¿ES TU FAMILIA, TU TRABAJO Y TU ENTORNO LA VIÑA QUE EL SEÑOR TE ARRENDÓ, Y DE LA QUE ESPERA SUS FRUTOS?

(Mt 21,33-43.45-46)


Quizás estés pensando que a ti el Señor no te ha dejado ninguna viña, y que en ese supuesto no te pedirá ningún fruto. Quizás pienses que tú no serías capaz de hacer eso, y que enviado alguien a reclamarte los frutos, tú no serías capaz de negárselos y menos matarlo.

Quizás no adviertas que si se te ha entregado una viña. La Viña de tu familia, de tu trabajo, de tu hogar, de tus hijos, de tus amigos, de tu entorno social, de tu pueblo, de tu ciudad, de tus talentos...etc. La Viña de tu parroquia, de tu comunidad...etc. Tienes una gran Viña para elegir donde trabajar y de donde recoger y cultivar esos frutos que el Señor enviará a recoger.

Posiblemente venga el mismo Hijo de Dios, Señor de la Viña, a recoger los frutos que espera de ti. Porque hasta ahora, la Iglesia, a esos que ha mandado, tú y yo no los hemos reconocido como tales, y hasta le hemos negado en muchas ocasiones nuestra participación y trabajo.

Es posible que tengas que decir que eso no ha sido así. Que has trabajo y colaboras en la medida que puedes. Y posiblemente sea verdad. No tienes por qué preocuparte si así es. Simplemente, entregas tus frutos y no pasa nada. Pero la cuestión es otra. Se trata de que midas tu esfuerzo y análisis si realmente estás dando todo lo que puedes. Porque, el hecho de que escondas o dejes de cultivar un solo fruto por negligencia o pereza, te puede descubrir la necesidad de estar atento, vigilante y en actitud de rendir siempre al máximo de tus talentos.

En ese sentido, gracias Señor por tu Misericordia. Gracias por la oportunidad del sacramento de la Penitencia. Gracias Señor por darme la luz de descubrir todas mis miserias, mis faltas, mis fracasos, mis pecados, y, a pesar de eso, consciente de no merecer nada, perdonarme una y otra vez. Y mantener el premio de la Gloria eterna.

jueves, 5 de marzo de 2015

LEJOS DE TU CONCIENCIA PARA OLVIDAR TUS RESPONSABILIDADES

(Lc 16,19-31)


No queremos mirar a nuestra conciencia, y menos dejarla entrar en nuestro corazón. Nos duele que nos recuerden nuestras responsabilidades solidarias, y empujen a preocuparnos por los demás. Mejor mirar y escuchar lo que el mundo nos propone: vivir bien, con confort y bienestar, gozando y sin preocupaciones.

Vivir para uno mismo sin preocuparse de los demás, o, simplemente, preocuparse justo lo necesario, para acallar nuestra conciencia, y que nos deje tranquilo para seguir nuestro  gozo  y disfrute personal. No nos involucramos por un compromiso de justicia, amor y solidaridad. Nos duele el corazón y colaboramos en obras sociales o de beneficencia con grandes fiestas y diversiones.

Hoy, el Evangelio, nos descubre esa realidad nuestra, porque sigue ocurriendo lo mismo que en el tiempo de Jesús. Muchos lo pasamos bien organizando comidas y fiestas para ayudar a los pobres. Me divierto y lo que sobra de esa diversión la doy a los que lo pasan mal. Creo que honradamente tenemos que criticarnos mucho a nosotros mismos.

Regalamos lo que nos sobra; ayudamos después de divertirnos y pasarlo bien nosotros; nos justificamos diciendo que así ayudamos, y nos engañamos a nosotros mismos. Pero, bien sabemos, que eso no es así. Y lo peor es que buscamos mecanismos de defensa para tratar de engañarnos y justificarnos.

El hombre rico, que nos puede representar a cada uno de nosotros, porque no sólo se es rico por el dinero, sino también por otras cosas, se dio cuenta tarde y quiso recomponer la cosa para sus familiares y amigos que todavía vivían banqueteándose, pero ya no había lugar.

Hoy, todavía, amigo, nosotros estamos a tiempo. Pidamos al Espíritu Santo que transforme nuestro corazón en un corazón generoso y solidario. Amén.

miércoles, 4 de marzo de 2015

HOY IGUAL QUE AYER

Mt 20,17-28)


El Evangelio de hoy nos presenta la realidad de lo que ocurre hoy mismo. La Palabra de Dios habla para los hombres de hoy, a pesar de que fue escrita hace muchos años. Porque en nuestro mundo está ocurriendo eso que ya señaló Jesús: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Es el peligro que amenaza a nuestra nación en las puertas de nuevas elecciones; es lo que están viviendo otros países, sumidos en un caos de delicuencia, de escasez de alimentos y de todo tipo de necesidades. Es lo que ocurre en muchos lugares que son privados de libertad y sometidos a la ley del tirano de turno. Es la ley del que quiere imponerse por la fuerza y hacer su voluntad.

Quizás, la madre de los Zebedeos, animada por ese impulso de mandar, pidió a Jesús que sus hijos tuvieran poder para gobernar y se sentaran a derecha e izquierda de Jesús. Entendía todo en clave de poder y mando. Quizás eso sean los criterios humanos y la causa de que el mundo sea la tarta que los hombres se disputan y por la que llegan incluso a matarse.

Jesús deja muy claro su misión y la nuestra. Evita el enfrentamiento entre sus mismos seguidores: Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».

Sucede que esas Palabras de Jesús ya las conocemos, y quizás las hemos oídos muchas veces. Pero lo que importa ahora es llevarlas a la práctica en nuestras vidas. Y es eso lo que hoy te pedimos, Señor: Hágase tu Voluntad en cada uno de nosotros, y no la nuestra. Amén.