viernes, 31 de julio de 2015

LO SABÍAN TODO DE AQUEL, MENOS QUE ERA EL HIJO DE DIOS

(Mt 13,54-58)


Sabían todo respecto a Jesús, pero no sabían lo que verdaderamente tenían que saber, que era precisamente el Hijo de Dios, el Mesías que ellos esperaban. Y es que cuando se conoce a alguien bien y cercano, como era el caso de Jesús en su pueblo, cuesta más creerle.

La razón humana se mueve de esa forma. Lo conocido y cercano no se valora. Aquel era Jesús, el hijo del carpintero y parientes de muchos en el pueblo. ¿De dónde, pues, le venía esa sabiduría? ¿No nos van a decir que este es el Mesías esperado? Eso no les cabía en la cabeza.

¿Podemos imaginarnos un Dios al que abarquemos con nuestra razón y entendimiento? Si entendiéramos a Dios, dejaría de ser Dios porque estaríamos a su altura. Ese es nuestro mayor pecado, querer entender a Dios y levantar la muralla de la soberbia hasta entenderle. Y nunca le entenderemos, porque precisamente es Dios. De ahí que nadie es profeta en su tierra.

Por eso, cuando nos empeñamos en querer entender a Dios, terminamos confundido, quizás más alejados y desorientados. Fue lo que les ocurrió a sus paisanos, que como le conocían no podían, ni siquiera imaginar que aquel que tenían delante era el Hijo de Dios.

Sin embargo, cuando aceptamos la Grandeza de Dios y su Omnipotencia y Poder, y humildemente nos postramos ante su Divinidad, inalcanzable para nuestras pequeñas y pobres mentes, todo, por la Gracia de Dios, resulta diferente. Nuestra mente, auxiliada e iluminada por la Gracia, se abre a la experiencia de Dios y a su comprensión. Es la experiencia de Bartimeo, el ciego, que rogándole ver, sus ojos quedaron abiertos a la luz tanto física como espiritual.

No es el camino el de exigir al Señor pruebas de su Divinidad, sino aceptar la realidad de tomar conciencia de nuestra naturaleza humana, real y delante de nosotros, y de experimentar el Poder de Dios que nos ha creado para la Vida Eterna. Porque de igual forma que no entenderemos nunca el Misterio de Dios, tampoco entenderemos nunca nuestro propio misterio, ni la Gracia de la Resurrección que, eso sí, Jesús nos hizo partícipe y que los apóstoles, avisados por aquellas mujeres, fueron testigos.

Humildes y abiertos a la Gracia de la sabiduría, pidamos al Señor luz para comprender su Divinidad. Amén.

jueves, 30 de julio de 2015

AL FINAL HABRÁ UNA CRIBA

(Mt 13,47-53)


Lo verdaderamente importante es estar, al final, en el lado de los buenos. Es de sentido común que lo que verdaderamente importa es el resultado final, y ese resultado es estar entre los elegidos por los ángeles del Señor. Nadie quiere estar en el lado de los malos. Sería la tragedia de nuestra vida.

Por eso, esta vida es un estado de gracia; una oportunidad de evitar lo que no queremos que nos suceda; un tiempo donde podemos decidir de qué lado estar al final. Y eso pasa por escuchar y vivir en la Palabra y Voluntad del Señor. Se nos ha dicho muy claro, así que no tenemos escusas ni justificaciones para no creer y creer lo que nos parece.

El Reino de los Cielos es para todos. Todos han sido invitados, pero, por desgracia, no todos lo aceptan, e incomprensiblemente lo rechazan. Nos cuesta creer que el mismo hombre rechace su propia salvación. Y es que la soberbia y el egoísmo son armas que el Maligno sabe explotar y aprovechar muy bien.

Todos vivimos dentro del Reino de Dios, pero el único y verdadero juicio se hará al final y por Aquel que únicamente lo puede hacer: Dios. El juicio de los hombres no tiene valor, porque no están capacitados ni a ellos corresponde hacerlo. Por lo tanto, todo lo que se diga, se juzgue y se haga aquí en la tierra estará supeditado al verdadero y único juicio de Dios. Porque solo Dios conoce los verdaderos secretos de nuestros corazones.

Pero ocurre que muchos se vuelven atrás porque les cuesta superar el camino, y desisten justificando que les es imposible. Los fracasos continuos terminan con su confianza y debilitan su fe. Y eso es lo normal, lo lógico y natural. Sería anormal lo otro, aquellos que se sienten fuertes, suficientes y prepotentes, y lo pueden todo. Porque eso es señal de que no están con el Señor.

Porque una cosa debe quedar clara: Nosotros solos no podemos hacer mucho. Sólo si nos ponemos en manos de Dios podremos lograr hacer el bien y pertenecer a los justos.


«Por el hecho de no estar seguros del tiempo en que vendrá nuestro Juez, debemos vivir cada jornada como si nos tuviera que juzgar al día siguiente» (San Jerónimo). 

Esta frase es una invitación a vivir con intensidad y responsabilidad nuestro ser cristiano. No se trata de tener miedo, sino de vivir en la esperanza este tiempo que es de gracia, alabanza y gloria.

miércoles, 29 de julio de 2015

LA FE DE MARTA

Jn 11,19-27

Hoy la Iglesia celebra el día de santa Marta. Marta, aquella mujer, hermana de Lázaro, el amigo de Jesús, y de María, la otra hermana que mantenían una amistad fuerte con Jesús. Pero más allá de la amistad, lo que importa es la fe que Marta tenía en Jesús. Ella llega a decirle que de haber estado con ellos, su hermano Lázaro no hubiese muerto, lo que descubre su gran fe.

Y Jesús le promete que su hermano no ha muerto. A lo que ella responde que sabe y cree que resucitará al final de los tiempos. Jesús le vuelve a la vida, como gesto y signo que confirman sus Palabras: "Yo soy la Resurrección y la Vida".

Sabemos que Lázaro tuvo que morir, como también tenemos que morir nosotros. Jesús no se refiere a esta resurrección, sino nos habla de la única y verdadera Resurrección, aquella que será para siempre, para la vida eterna. Lo de Lázaro fue un signo más de los mucho que hizo Jesús para ablandar nuestro duro corazón y despertar nuestra fe. Y porque era su verdadero amigo. Y porque su Resurrección fue luz para muchos otros que estaban ciegos y tenían endurecido su corazón.

Destaca la fe de Marta que confiesa la fe en Jesús, y cree firmemente lo que Jesús le dice. Ese es el punto de reflexión que nos puede venir bien a nosotros. ¿Estamos también nosotros en esa actitud? ¿Confiamos y sostenemos nuestra fe en Jesús hasta el punto de sabernos resucitados en Él? Pidamos capacidad, fuerza y paciencia para reflexionar en este punto.

Es posible que no nos sea fácil. Eso es buena señal. La duda estará presente, porque somos pecadores y dudamos. No sería normal que la duda no existiera, porque eso nos haría fuertes y firmes. Y no lo somos. Somos débiles y frágiles para gloria de Dios, y el Señor descubre su poder haciéndonos fuerte y dándonos la fe para vencer la duda.

Igual sucedió lo mismo con Lázaro. Igual convenía que Jesús no estuviese allí para que luego la resurrección de Lázaro sirviera como testimonio del poder del Señor. Nuestra fe la fortalece el Señor y la afirma con su Gracia. Repetidamente decimos que la fe es un don de Dios. Pues lo es, y lo es porque es Él quien nos la da. Por eso se la pedimos.

Danos, Señor, la fe que supere a nuestras dudas y que nos disponga firmemente a abandonarnos en la confianza del Señor al igual que hizo Marta. Amén.

martes, 28 de julio de 2015

LLEGARÁ UN DÍA QUE TODO TERMINARÁ

(Mt 13,36-43)


A nadie se le esconde que un día será el último, pero paradojicamente no parece que lo sepamos, porque nuestra manera de proceder no es consecuente ni se ajusta a ese final. Porque todo final, sabemos, tiene sus consecuencias, y ellas están en razón de nuestros actos y manera de actuar.

Sabemos que según haya sido nuestra conducta, así será nuestro final. Tu herencia será tal y como hayas vivido. La sabiduría popular nos descubre ese resultado. En el Evangelio de hoy Jesús nos descubre lo que ocurrirá al final, y nos lo hace explicándonos la parábola de la cizaña del campo: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 

El Señor ha dejado todo muy claro y sin lugar a duda. Por otro lado, el sentido común nos dice que debe ser así: al final se pondrán todas las cosas en su sitio, y quienes hayan vivido pensado solo en ellos y para su propio provecho e interés, es decir, egoístamente, el resultado será la condenación eterna. Todo lo contrario para los que, olvidándose de sí mismo y despojándose de sus riquezas, tanto materiales como espirituales, se han dado a los demás. Esos gozarán en la presencia del Señor para toda la vida eterna.

Es de sentido común creer que eso será así. Solemos decir que quién la hace la paga, o que al final se hará justicia. Hay como una conciencia y una voz en lo más profundo de nuestro corazón que nos aprueban y nos predisponen a creer en las Palabras de Jesús. Porque, primero, nuestro Padre Dios nos ha sembrado en nuestro corazón esa buena semilla que nos ayuda a asentir y creer en la Palabra de su Hijo Jesús.

Sin embargo, el mal sembrador, el diablo, se encarga de sembrar cizaña y de que estropee la buena semilla. Su interés está en confundir, en estropear el sembrado, el dejar que la semilla no crezca y se pudra. Su reino es el mundo y juega con todas esas ofertas que el mundo ofrece. Son semillas que crecen en tierra fácil, sin cultivo y sin esfuerzo y que apenas dan fruto. Tras la apariencia de lo hermoso y gozoso esconde la tragedia, el vacío y sin sentido. Al final busca que nos quememos en el fuego eterno y perdamos la gloria del gozo pleno en presencia de Dios para toda la vida.

Pidamos paciencia, sabiduría y fortaleza, para que en paz y humildad sepamos perseverar y sostenernos, a pesar de las inclemencias del tiempo, como semilla buena que dé buenos frutos.

lunes, 27 de julio de 2015

ES LO PEQUEÑO LO QUE PRODUCE PLENITUD


(Mt 13,31-35)

Construir con lo grande, poderoso y fuerte no produce asombro. Todos dirían que así lo haría cualquiera. Claro, con poder, dinero y medios a tu alcance, tú también puedes construir un castillo. Suena mejor y tiene verdadero sentido sacar de donde no hay, o hay muy poco.

El Señor se vale de lo pequeño, de lo simple y sencillo. De lo que aparentemente es pequeño y no parece tener fuerza para crecer. Es el caso del grano de mostaza, la más pequeña de las semillas, pero una vez plantada, bien abonada y regada, cuando crece es mayor que las hortalizas y se hace árbol, hasta el punto que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas. De la misma forma ocurre con la levadura que, metida en tres medidas de harina, fermenta todo.

Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: ‘Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo’.

Todo es más sencillo de lo que creemos. El hombre lo complica y enreda todo, y lo hace complejo por su ambición y soberbia. En la medida que seamos humildes, todo se hace sencillo y gozoso. En lo pequeño reside el secreto del gozo y la felicidad. Conocemos a algunas personas que huyen de lugares de mucho ruido y de complejas ciudades que destruyen lo natural y sencillo, para ubicarse en parajes de silencio y tranquilidad. Lo grande está y vive en nuestro interior.

Porque la felicidad no está en las cosas, ni en los bienes ni riquezas; la felicidad no reside en el poder ni en la fama; el gozo y la felicidad no consiste en saber más ni en ser mejor. Simplemente, la felicidad vive dentro del corazón sencillo, humilde y dócil a la Voluntad de Dios. Por eso, lo nacido de lo pequeño, pobre, sencillo y humilde, se hará grande, gozoso, feliz y lleno de paz.

Porque la felicidad vive en la verdad, que solo se encuentra en lo transparente, simple, sencillo y de una sola cara. Ahí está el Reino de Dios, que en la medida que crezca dentro de nosotros, nos llenará plenamente.

domingo, 26 de julio de 2015

MOVIDOS POR INTERÉS

(Jn 6,1-15)


La pregunta que se me ocurre es: ¿Acaso nos podemos mover sin interés? La gente busca a Jesús porque en Él descubren la solución a sus problemas. Aparte hasta les da de comer. En consecuencia no le pierden de vista. ¿Actuamos también así nosotros?

La experiencia nos descubre nuestra propia condición de esclavos e impotencia sometida a inclinaciones y apetencias que nos dominan. Nos experimentamos incapaces de ser libres y nos movemos por intereses. Seguimos a Jesús, no por ser Jesús, sino por lo que nos da Jesús. Y quizás hoy nos ocurre lo mismo. Claro está que si Jesús no hubiese resucitado ni nos diera la vida eterna, ¿por qué lo íbamos a seguir? Supongo que esa deducción está clara.

De cualquier forma, eso nos descubre nuestras limitaciones y pobreza para liberarnos de nuestra cárcel humana que nos esclaviza. Y eso nos lleva a pedirle al Señor su Gracia para seguir a su lado y permanecer fieles a su Palabra a pesar de nuestros pecados y egoísmos. Nuestra purificación pasa por la Gracia del Señor y por dejarnos empapar por el Espíritu Santo.

Claro está que no podemos dejar de buscarlo para que nos sacie el hambre material y nos cure de nuestras enfermedades, pero también queremos ser sanados de nuestros pecados y salvados espiritualmente. Somos conscientes de nuestro egoísmo y eso nos descubre la necesidad de permanecer en Él. Necesitamos su presencia y su amor. Y nuestra alegría es descubrir que somos queridos, amados y salvados por nuestro Padre del Cielo. Porque Jesús nos lo revela y nos lo enseña.

El milagro que hoy nos presenta el Evangelio es un ejemplo y un testimonio de la Misericordia de Dios. Pero también un ejemplo de su humildad y servicio. No quiere protagonismo. Ha venido sin hacer ruido y sin privilegios, y se aleja ante la tentación de aquellos que quieren exaltarlo y nombrarlo rey por su poder y milagros. Jesús se desmarca de todo eso. 

Simplemente toca nuestro corazón para despertar en él nuestras ansias de servir y amar. Porque ese es el Reino que Él busca. Un Reino de amor, de verdad, justicia y paz.

sábado, 25 de julio de 2015

LOS PRIMEROS PUESTOS

(Mt 20,20-28)


No seríamos humanos si no buscáramos los primeros puestos. Lo normal es ambicionar lo mejor, lo de arriba. Eso siempre ha ocurrido porque es inherente a la especie humana. La libertad nos exige decidir, y la elección necesita de la fe, pero sobre todo de la confianza.

Los apóstoles, seres humanos, no escapan a esa característica y, como todos, ambicionan los primeros puestos. Hoy, el Evangelio de Mateo, nos narra la ambición de los Zebedeos que, a través de su madre, le piden al Señor los primeros puestos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y es que somos muy especiales, pues hasta nos gusta reservar nuestro propio lugar en las capillas e iglesias. 

Nos gusta distinguirnos o acomodarnos según apetencias, comodidades o caprichos. Y nos cuesta salir de esas costumbres o actitudes. Muchas veces confundimos las obligaciones, y hacemos bien, con el alejarnos de la necesidad de estar presente en la compañía del Señor. Eso se nota y cada uno debe saber cuándo le puede estar ocurriendo.

La respuesta de Jesús no se hace esperar: Dar a cada uno lo suyo es cosa que solo le pertenece a mi Padre. No somos nosotros los que elegimos, pues todo nos viene de Dios, y solo a Él pertenece la decisión de darnos nuestro puesto y lugar. Sin embargo nos marca un camino que nos orienta de cara a ser considerado y situarnos en un buen lugar: servir. Se hace necesario servir para optar a los primeros puestos

En la medida que tu vida esté fundamentada en servir a los demás, tu Padre del cielo te reservará un puesto de privilegio. Servir, que es amar, es lo que hizo Jesús al encarnarse en la naturaleza humana. Ya nos amaba antes como Dios, pero ahora nos ama en el Hijo, de forma más cercana, visible al vivir entre nosotros. No lo hizo tomando condición de Rey, ni de poderoso, sino que sin despojarse de su Naturaleza Divina, tomó la Naturaleza Humana igualándose con el hombre, menos en el pecado, para servirle por amor.

Él es el primero, el más grande, el Salvador, que por su amor nos ha rescatado de la esclavitud del pecado para darnos la libertad de los hijos de Dios y salvarnos. Él es la Referencia y el Modelo a seguir para optar a un puesto privilegiado en la Casa del Padre.

viernes, 24 de julio de 2015

CONOCER PARA DEFENDERME

(Mt 13,18-23)


Estando en la ignorancia estás más a merced del Maligno, porque fácilmente te puede engañar. Necesitas comprender la Palabra. Tienes lo suficiente dentro de ti para entenderla, pero también tienes dudas, que añadidas a tus limitaciones: soberbia, envidia, avaricia, pasiones... es decir, tus pecados, pueden ponerte en manos del diablo y confundirte.

Se hace necesario conocer la Palabra y escucharla diariamente para, conociéndola, entender lo que Jesús nos dice y aconseja. Esta semilla es la que cae a lo largo del camino, que al estar desprovista de buena tierra queda a merced del demonio. Ocurre que otros que la escuchan la reciben con entusiasmo y alegría, pero pronto, por su inconstancia, poca frecuencia y contacto con el Señor, se debilitan por la mala tierra del mundo y ahogan su fe. Son los sembrados en pedregal, al no tener raíces profundas, su fe a la menor tempestad o tribulación se entregan en manos del mundo.

Sin embargo, hay otros que escuchan la Palabra, pero están en el mundo, entre abrojos, que les seducen con los encantos y maravillas del mundo, y borran de su corazón la Palabra, que debilitada por la seducción de las riquezas, les conminan a abandonarla y olvidarla, quedando estéril y sin frutos. Es el peligro de estar a medias entre Dios y el mundo. No se puede servir a dos señores, porque a uno le traicionarás. Estamos en este mundo, pero no pertenecemos a él, porque somos del Señor. Y eso debe quedar muy claro dentro de cada uno de nosotros que le intentamos seguir.

Por eso se nos hace vital la frecuente Eucaristía, a ser posible a diario. La perseverante oración y el contacto y compartir con los hermanos. La fe se fortalece cuando la compartes. Y cuando lo haces estás regando con el Agua de la Gracia tu propia tierra para que dé buenos frutos. Esta es la semilla que cae en tierra buena. La tierra que está abonada con la oración diaria; con la Eucaristía y la penitencia. Los abonos que fertilizan y preparan la tierra de tu corazón para que, bien abonada, dé los buenos frutos que agradan al Señor.

Y es bueno saber que no nos basta tener una tierra fértil, sino una tierra plena de fertilidad según nuestra capacidad de cultivo. Porque nuestros frutos deben ser de treinta, setenta o cien por ciento según la clase de tierra que se nos ha dado. 

Pidamos esa sabiduría, capacidad y voluntad de dar toda la medida que nos ha sido entregada y depositada en nuestras manos. Sin regateos ni rechazos, sino conscientes de nuestras limitaciones y pecados. Tengamos confianza y esperanza en la Misericordia del Señor.


jueves, 23 de julio de 2015

MORIR EN LA BESANA PARA DAR FRUTOS


Jn 15,1-8

Un grano de trigo que cae en la besana (labor de surcos paralelos que se hace con el arado) muere, y lo hace en el anonimato. Es decir, podemos entender que fracasa, que no se sabe más de él. Pero su muerte da paso a una espiga y en ella se encontrará fruto.

Quizás nuestras vidas deben hacer el mismo recorrido. Nuestra siembra consiste en vivir el amor al estilo de Jesús, porque podemos vivirlo a nuestro estilo. De hecho muchas veces lo hacemos cuando interpretamos la siembra a nuestra manera y según nuestra forma de cultivar. Quizás el abono que mezclamos con el estiércol es el pensado y elegido por nosotros, y la acción del Espíritu va por otro lado. ¿Escuchamos?

Quizás el agua de riego es la nuestra, pero no la de la Gracia de Dios. Posiblemente, a la hora de cultivar vamos pensando más en nuestros propios frutos que en los frutos que se derivan de la siembra del amor. Del verdadero amor. Del Amor que plantó Dios en nuestros corazones y que Jesús nos enseña con su Vida y su entrega plena.

Un amor que se da sin contraprestaciones; un amor que se entrega sin nada a cambio; un amor que escucha y comprende; un amor misericordioso, paciente y generoso. Un amor que muere poco a poco para que la semilla viva, nazca y dé frutos. Un amor olvidado, fracasado, perdido y aparentemente inútil. ¿Dónde vemos esa clase de amor que nos pueda iluminar?

¿No es la Cruz un signo de Amor pobre, humilde y abandonado? ¿Acaso fue Jesús vitoreado y enaltecido en la Cruz? ¿O por el contrario fue abandonado, injuriado, ridiculizado, olvidado y objeto de mofa? ¿Qué podemos decir al respecto? ¿Triunfó o fracaso? Supongo que todos estaremos de acuerdo que fue un gran fracaso. Sin embargo, ¿ha dado frutos? ¿Cuál es tu respuesta?

Es evidente que quién escribe esta humilde reflexión es, al menos, un intento de brote pobre y sencillo de fruto. Eso es lo que se esfuerza en ser. Posiblemente inmaduro, con muchas partes tocadas, podridas, pero en definitiva, fruto. Un fruto que, a pesar de no estar maduro ni en buen estado, se sabe bien cultivado y tratado por el mejor de los Labradores. Un fruto que es consciente que puede madurar y ser útil para que otros lo aprovechen por la Gracia de Dios.

Y en esa esperanza, abiertos a tu Gracia, seguimos en el camino aguardando, a pesar de las tempestades y debilidades, tu venida y tus cuidados, para presentarte nuestro débil y frágil esfuerzo en el deseo de que puedas encontrar los frutos que Tú esperas de cada uno de nosotros. Perdona Señor nuestros pecados y, en tu Misericordia, danos tu salvación.

miércoles, 22 de julio de 2015

LA RESURRECCIÓN, FUNDAMENTO DE NUESTRA FE

(Jn 20,1-2.11-18)


La Resurrección es el fundamento de nuestra fe. Si Jesús no ha resucitado vana será nuestra fe. Pero si Jesús Resucitó, tal y como lo proclama María Magdalena, y luego Pedro y Juan, y más tarde los apóstoles, Jesús es el Hijo de Dios Vivo.

Es un error apoyar nuestra fe en ritos, actitudes, tradiciones, y leyes, que nos puedan ayudar. Es un error fundamentar mi fe en razonamientos y principios porque están contaminados y viciados por el pecado, y porque además son limitados e imperfectos.

¿Cómo voy a entender la Voluntad de Dios? ¿Cómo pretendo exigir un Dios a mi medida y gusto? ¿Cómo reclamo un Dios que se adapte a mis ideas, sentimientos y pasiones? ¿Acaso sería entonces Dios? Un Dios que esté al alcance de mi entendimiento y que pueda abarcar con mi mente, dejaría de ser Dios. Dios es ilimitado, Infinito, Inmenso, inefable y está fuera de nuestro alcance. 

Pero se hace cercano, próximo y humano en la Persona del Hijo, de Jesús. En Él se nos revela y manifiesta su Amor; en Él nos descubre su Misericordia y Bondad; en Él nos ofrece la oportunidad de salvación a través de la puerta del Bautismo, que nos limpia, nos renueva y nos hace hombres nuevos renacidos a la Vida de la Gracia.

Hombres nuevos capaces de vencer, por la Gracia de Dios, el pecado, y perseverar en la fe sostenidos en la acción del Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, que nos asiste y nos protege contra la amenaza del Maligno. Jesús es el Hijo de Dios hecho Hombre, que ha Resucitado venciendo la muerte, y en Él, nosotros también la venceremos.

Seguramente que no entenderás la grandeza de ese Misterio, ni tampoco todos aquellos que le seguimos, pero la realidad es que Vive porque la Iglesia nos lo avala y nos lo confirma. ¿Cómo podemos fallarle? Se descubre nuestra condición humana y pecadora, y necesitamos la fe para seguir en pie y fiarnos de Él.

Jesús Vive y está entre nosotros. La experiencia de los apóstoles y de muchos más, entre ellos contemporáneos nuestros, nos lo testimonian. A fin de cuenta eso es lo que importa, porque si Vive, nosotros también en Él viviremos.

martes, 21 de julio de 2015

PRIMERO LA VOLUNTAD DE DIOS

(Mt 12,46-50)

No se trata de dilucidar entre madre y hermanos. Se trata de que lo primero sea priorizar la Voluntad de Dios. Concretamente, en ese momento del pasaje evangélico de hoy, Jesús prioriza la Voluntad de Dios, tal es la de proclamar la Buena Nueva a todos sus hijos, es decir, hermanos en el Padre Dios.

Y esa era la Voluntad de Dios en aquellos momentos, atender a aquellos hijos que le escuchan con atención. Cada instante tiene su importancia, pero proclamar y atender al prójimo, Voluntad de Dios, es la prioridad  a la que Dios nos exhorta. 

Por otro lado, María, la Madre de Dios, es la primera que cumple con esta exigencia a la que Jesús alude en estos momentos. Su Madre cumple la Voluntad de Dios aceptándole en su vientre y sometiéndose como esclava a su Voluntad. Su Sí decidido y firme la exalta como la sierva humilde de Dios.

Jesús aprovecha la ocasión para revelarnos que para su Padre lo verdaderamente importante es el amor a los hombres, y esa actitud de disponibilidad debe ser y estar de forma prioritaria viva en nuestro corazón. Nos lo ha revelado y proclamado en muchos momentos de su vida humana en la tierra. La parábola del samaritano, la del hijo prodigo respecto al hermano mayor, el rico epulón...etc. Y en el de hoy. 

No hay mayor prioridad que la de hacer la Voluntad de Dios, y esa empieza por el amor. Un amor a todos los hombres. No se trata de postergar a la madre o familia, sino la de poner todas las cosas en su lugar, y el amor es lo primero porque es el mandato supremo de Dios. Por amor hemos sido salvados, y por amor, Jesús se ha entregado voluntariamente a hacer la Voluntad del Padre y dar su Vida por cada uno de nosotros.

También, por amor, nosotros debemos entregarnos para proclamar y salvar, por la Gracia de Dios y en el Espíritu Santo, a los hermanos en Xto. Jesús. En esos momentos son ellos nuestros padres, madres, y hermanos.

Pidamos al Señor que nos dé la sabiduría de discernir en cada momento la luz de saber a qué atender y entregar nuestro amor. Amén. 

lunes, 20 de julio de 2015

TODOS QUEREMOS MÁS

(Mt 12,38-42)


Queremos decidir nosotros la hora y el milagro que nos convierta. No nos bastan los milagros que Jesús ha hecho, ni tampoco el tipo de milagro. Queremos el nuestro, el que nos dé la prueba que esperamos para abrir nuestro corazón a su Palabra.

¿No nos parece eso exigir demasiado? ¿Quiénes somos nosotros para exigir pruebas y milagros? ¿Acaso no nos gustan ni nos parecen pruebas las que ha hecho Jesús? ¿Es Él quien se tiene que adaptar a mí y hacer las cosas tal y como a mí me gustan y quiero? ¿Entra en nuestra cabeza pedir explicaciones al Señor después de demostrarnos su naturaleza Divina como Hijo de Dios? Posiblemente estamos ciegos y sometidos por el pecado en manos del demonio.

Hoy Jesús nos responde a estas pretensiones disparatadas y absurdas: ¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches.

No hay más que hacer ni demostrar. Todo está consumado, exclamó Jesús desde la Cruz. La Resurrección es la prueba culmen de la Divinidad del Hijo de Dios, Señor de la Vida y la Muerte. Con el Bautismo damos comienzo nosotros a nuestra Pascual personal sepultando todos nuestros pecados, por la Gracia del Señor, y renaciendo a la Vida Nueva, la Vida Eterna. Y esa es nuestra fe y en la que debemos depositar toda nuestra confianza.

No podemos usar al Señor como un banco de pruebas, y cada vez que nuestra fe se debilita y duda, pedir un signo o prueba. Ni tampoco pedir a nuestro antojo. El Señor ha venido a proclamar su Palabra, y está por encima de todos, y su Palabra se ha cumplido en todo, hasta el punto de morir y Resucitar. Es Señor de Vida y Muerte, del sábado y de todo lo creado.

Lo que ocurre es que no podemos ser nosotros los que decidamos, porque nuestra humanidad está sometida al pecado y seremos vencidos fácilmente. Dejémonos tomar por el Espíritu Santo y pongámonos en sus Manos, confiados en su Acción y su Palabra.

domingo, 19 de julio de 2015

LA NECESIDAD DEL DESCANSO

(Mc 6,30-34)


Hoy Jesús nos habla del descanso. Al menos aparece en el pasaje evangélico: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». El descanso se hace necesario porque nuestra humanidad no puede vivir ni resistir el  agobio. Y en muchas ocasiones sucede eso, sobre todo cuando le das a la gente lo que buscan y necesitan.

Es el caso de hoy. Los apóstoles se reúnen con Jesús y le cuentan todo lo que habían hecho y enseñado. Estaba alegres y contentos, y eran tantos lo que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Esto nos da una idea de lo atareado que estaban. Y Jesús consciente de ello les propone ir a un sitio tranquilo a descansar. Se hace necesario buscar esos espacios de tiempo que nos saquen de la rutina o la actividad de cada día para renovar nuestras ilusiones y nuestras fuerzas.

Sin embargo, ocurre que no entendemos el descanso, porque salimos de un lugar y nos metemos en otro peor, lleno de actividad, visitas, diversiones y ajetreos que lo que hace es cansarnos más aunque sea de cosas diferentes. El resultado es que al volver nos experimentamos más cansados que al principio. No es que sea siempre así, pero suele ocurrir esto.

El descanso debe ser para relajarnos, no de forma pasiva y abandonada, sino de paz, de sosiego y de una actividad diferente, meditada y de espacios de reflexión que nos ayuden a recuperar nuestra ilusión y a renovar nuestras fuerzas. Sin embargo, ocurre que hasta en los momentos de descanso se nos presenta la necesidad y exigencia de atender a los demás. Es lo que reflexionamos en estos días anteriores, la prioridad es el bien del hombre, incluso ante que nuestro propio descanso.

Pidamos al Señor que sepamos descansar, no solo para recuperar fuerzas sino para crear ilusiones y horizontes luminosos en nuestra vida. El descanso no hace pensar y vernos por dentro, y nos servirá también para escuchar tu Voz que se dirige a nosotros y nos invita a crecer en actitud de verdad y justicia.

Danos Señor esa Gracia de no desfallecer y, utilizando el descanso salir de la rutina y renovar la ilusión y las fuerzas para continuar la batalla.

sábado, 18 de julio de 2015

Y TODAVÍA SIGUE LA AMENAZA

(Mt 12,14-21)


Aún continúan persiguiéndole, incluso después de muerto, lo que prueba que vive y que ha Resucitado. Porque perseguir a los cristianos, seguidores de Jesús, es perseguir a Jesús, pues el Señor vive en Espíritu dentro de cada uno de ellos.

Espíritu que renovamos cada día a alimentarnos con su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía. Sí, en su tiempo en la tierra, encarnado en Naturaleza Humana, además de la Divina, aquellos fariseos habían decidido matar al Señor. Les molestaba mucho que quisiera, Jesús, implantar el derecho a la Verdad y a la Justicia. Una verdad y justicia digna que todos, por el hecho de ser hijos de Dios, y en consecuencia hermanos, por su Amor y Misericordia, merecemos.

Y todavía hoy siguen persiguiendo a muerte a todos aquellos que proclaman su Palabra. Porque en ella, todos los hombres, encuentran sus derechos, su dignidad y su paz. Es la experiencia que vivió Pablo al ser interpelado por el Señor cuando perseguía a los cristianos. Hoy continúa habiendo muchos Pablos que, siguen persiguiendo, pero no escuchan la voz del Señor que les interpela: ¿Por qué me persigues?

Igual que Jesús, vamos de un lugar para otro tratando de evadirnos y que no sepan dónde nos encontramos ni lo que hacemos. Pero, eso sí, sin dejar de proclamar la Palabra que defiende los derechos, la Verdad y la Justicia de todos los hombres. Aquella que proclamó Jesús y que continúa proclamando a través de todos los que creen en Él.

Nos ocurrirá a nosotros lo mismo, porque los discípulos no son más que su Maestro. Estas persecuciones que leemos hoy en los medios nos descubren esa realidad profetizada. Sufriremos amenazas de todo tipo, hasta de muerte. Nos acechan y preparan emboscadas y estrategias para justificar nuestra destrucción. Pero nuestra respuesta será mansa, sin porfía, sin grito y sin vocear por las calles. Una respuesta apoyada en la bondad, mansedumbre y amor.

Danos Señor la Luz de alumbrar nuestras respuestas desde la actitud del amor. Para ellos revístenos de paciencia, perseverancia, humildad y mucha paz, para que sostenido en tu presencia, nuestra voluntad sea cada día más fuerte y digna de vivir esta actitud de respuesta desde el amor.

viernes, 17 de julio de 2015

SACRIFICIOS, ¿PARA QUÉ?

(Mt 12,1-8)


La pregunta que hoy nos hacemos nos la ha aclarado Jesús. Un sacrificio debe servir para algo y debe estar justificado. Un sacrificio sin saber para qué y por pura costumbre y tradición se sale fuera del sentido común y de la razón.

Pero antes que el sacrificio está la necesidad y el bien del hombre. Es decir, no se puede hacer un sacrificio que perjudique el bien del hombre. Sería absurdo matar a un animal para desperdiciar su carne o por simple vicio o tradición. Conviene que, a la luz de este Evangelio de hoy, revisemos el verdadero sentido del sacrificio. Y no nos cerremos al sacrificio meramente privativo, sino también al de las promesas.

Se sufre cuando la situación lo exige, y se hace sacrificio en el mismo sentido. Nos privamos de algo que nos gusta, o hacemos un esfuerzo y ejercicios para estar en forma. Nos exigimos contra nuestra naturaleza débil y holgazana para, a pesar de nuestra voluntad herida, estar en presencia de Dios y hacer oración. Sabemos y experimentamos que necesitamos exigirnos para permanecer cerca y en contacto con el Señor. Esos son sacrificios que nos sirven para perseverar, porque por nosotros nos relajaríamos y nos olvidaríamos de Dios.

Confesamos nuestra fragilidad y nuestra naturaleza herida y débil. Necesitamos la Gracia del Señor para estar y permanecer en su Voluntad. En Él estaremos cumpliendo la Voluntad del Padre Dios. Pero no nos dejemos apesadumbrar por sacrificios sin contenido y sentido. Hacer una caminata porque he hecho una promesa no tiene mucho sentido. El Señor y menos su Madre, no necesitan promesas. La promesa debe ser esforzarnos en amar y cumplir con el servicio a los que nos rodean.

Caminar por cenizas incandescente, o ir de rodillas a algún santuario por promesa, está fuera de lugar. Eso no sirve sino para quemarse o estropearse los pies. Nadie va a salir beneficiado. En su lugar, rezar por esa persona por la que ha hecho la promesa y tratar de vivir cada día el amor a los que siguen a nuestro lado. Esos sacrificios, que los son y más que los otros, tienen sentido y, por la comunión de los santos y la Gracia de Dios, los causantes de nuestras promesas reciben la Misericordia de Dios.

El Evangelio de hoy nos describe ese pasaje donde se rompe una tradición absurda. El sábado está para servir al hombre y no al revés. No tiene sentido que unas personas pasen hambre por el hecho de que sea sábado. Se come todos los días y en donde las circunstancias y el hambre nos sorprendan.

Quiero Misericordia y no sacrificio, nos dice el Señor. Y es que la Misericordia mira principalmente las necesidades de la persona y adapta las circunstancias a su bien. No a su capricho y apetencias, sino a sus necesidades vitales de acuerdo con su dignidad de verdaderos hijos de Dios.

jueves, 16 de julio de 2015

LA VOLUNTAD DE DIOS

(Mt 11,28-30)


El problema de nuestra vida estriba en hacer la Voluntad de Dios. Todos nuestros esfuerzos van en esa dirección, pero por mucho que lo intentamos sólo lo lograremos estando injertados en Jesús, el Hijo de Dios Vivo. Porque Él es la Voluntad de Dios, y donde Él está se cumple la Voluntad de Dios y hay Cielo.

Sin embargo, sucede que nuestra voluntad nos aleja de la voluntad de Dios y nos vuelve mera tierra. Somos estiércol sin arena y sin agua, y por lo tanto basura. Sólo mezclados con la arena de nuestro sacrificio y voluntad libre, regalos de Dios, y con el agua de su Gracia, convertiremos nuestra mala tierra en buena y daremos frutos.

Pero ese trabajo labriego, bajo un pleno sol, fatigoso y duro, necesita descanso y reponer fuerzas. Y eso lo sabe el Señor que nos invita al descanso: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Nunca perdamos de vista que en Jesús está nuestro descanso. Nos ocurrirá que en muchos tramos del camino nos sentiremos cansados, sin horizontes y esperanzas, y experimentaremos deseos de abandonar. De hecho lo hemos experimentado ya muchos de nosotros, y advertimos como muchos se alejan cansados y con cierta sensación de derrota. Posiblemente nuestra huerta particular nunca dé ni recoja frutos, y eso nos hace sentirnos culpables y derrotados.

 No estamos en la verdad, porque nuestro fin no es dar frutos por nosotros, sin en el Señor. Nosotros no podemos dar frutos, sino injertados en el Señor, y será el Señor quien decida si los damos o no. Es Él quien nos ha salvado, y también quien decida que demos frutos o no. Eso no nos exime del trabajo, de buscar la perfección, de poner todos los medios a nuestro alcance para que nuestra tierra dé frutos, pero nunca perder de vista que los frutos son por la Gracia del Señor, y para Gloria suya.

Y eso nos debe sostener en pie en cada momento, y superar los embates y tempestades que nos incitan a renunciar y continuar nuestro camino. El Señor se nos ofrece para que en Él descansemos y recuperemos fuerzas y nos llenemos de humildad y mansedumbre, virtudes imprescindibles que necesitamos para mantenernos en pie. Amén.

miércoles, 15 de julio de 2015

DAME, SEÑOR, LA CAPACIDAD DE ASOMBRO

(Mt 11,25-27)


Sí, quiero seguir asombrándome y maravillándome de tantas cosas. Sí, Dios mío, quiero seguir en cierto modo ignorar el complejo mundo científico y técnico, y dejarme maravillar por lo sencillo, pobre y natural misterios que encierra la vida.

Sí, Padre del Cielo, quiero seguir enamorado, maravillado y asombrado del mundo en el que vivo; quiero tener la capacidad de amar la sencilla y limpia naturaleza y, como Francisco de Asís, hermanarme con ella. Quiero vivir en la sabiduría de los hijos de Dios y ser capaz de aceptar humildemente todo lo que Tú, Señor de la vida y la muerte, quieres revelarnos.

Y es que ocurre que, sin saber cómo y por qué, nos complicamos la existencia y queremos entenderte y explicarte. Y muchos se atribuyen la sabiduría de darte a conocer e imponerte a los demás. Hay muchos sabios dentro y fuera de tu Iglesia. Muchos que interpretan tus leyes y hacen doctrinas. Muchos que juzgan la mota del ojo ajeno, pero no ven la viga del suyo. Muchos que descubren la ignorancia del otro, y ocultan su propia ignorancia. Muchos pecadores que se sienten sanos y limpios.

Y yo, Señor, posiblemente soy uno más. Por eso, hoy quiero descubrirme y ponerme delante de Ti tal y como soy, y postrado a tus pies esperar suplicándote que me perdones y hagas sencillo. Así ha salido mi reflexión de hoy, más como oración y suplica, que como reflexión de tu Palabra. Pero así, como la ha sentido mi corazón quiero presentártela. 

Gracias, Señor, porque en tu Hijo nos has dado la oportunidad de descubrirte y de imitarte. Porque en Él aprendemos a ser sencillos, cercanos, humildes, dialogantes, compasivos, misericordiosos, bondadosos, disponibles y dispuestos a amar. Gracias Señor porque, porque en Ti quiero encontrar el camino de transformar mi corazón suficiente en un corazón sencillo capaz de despertar y admirarse por las maravillas que Tú has creados.

Gracias porque rechazas la suficiencia y prepotencia de los ensoberbecidos y orgullosos que aspiran a dominar e imponer sus intereses e ideologías en este mundo, y pierden la sabiduría de darse cuenta sólo en Ti está el gozo y la eternidad de la Vida. Amén.

martes, 14 de julio de 2015

UN DÍA Y OTRO, Y ME PARECEN IGUALES

(Mt 11,20-24)


Cuando me propuse escribir y reflexionar sobre el Evangelio de cada día, sabía que cada cierto tiempo se iba a repetir el mismo Evangelio. No obstante, los que vamos a misa a diario o con frecuencia tenemos la vivencia de oír repetidas veces el mismo Evangelio.

¿Quiere esto decir que se da la misma reflexión? ¿O qué sacamos la misma conclusión? Nada de eso. Cada vez que se oye la Palabra de Dios se da una nueva reflexión y un nuevo mensaje. Se ve la misma vivencia de diferente manera. No tienen que ver nada la una con la otra. 

A parte de ir a misa a diario, llevo haciendo estas reflexiones varios años, creo que cuatro, y repetidas veces la he hecho sobre el mismo pasaje evangélico. Creo que no hay ninguna igual, y aunque todas giran sobre la manera de vivir el amor, es inagotable la forma de vivenciarlo en cada circunstancia de la vida. Porque el amor es vida, y la vida, aunque parezca que cada minuto es igual al otro, nunca se repite.

El peligro estriba en que a nosotros nos parezca siempre igual. Y estas palabras que hoy nos dice Jesús, que es quien habla, nos sean indiferentes y las de mañana también. Así todo nos parece igual y hasta aburrido. Y sería imposible de reflexionar. Jesús nunca se repite y siempre nos abre caminos nuevos, frescos y con un horizonte cargado de esperanza. 

Ese es el caso de hoy. Nos advierte de nuestra indiferencia y de nuestra cerrazón, y nos previene de nuestra responsabilidad que tenemos al no escuchar ni responder a la proclamación de la Palabra. Habla de dos ciudades: Corozaín y Betsaida, que se acomodaron e instalaron ante la proclamación con milagros de la Palabra de Dios. Y también de Cafarnaún, que a pesar de los milagros que en ella se hizo, pasó indiferente a la Palabra del Señor.

¿Y qué ocurre con nosotros? ¿No nos indentificamos con Corozaín, Betsaida y Cafarnaún? ¿Estamos nosotros atentos a la Palabra del Señor? ¿Y le respondemos? Cada día es diferente a pesar de que a nosotros nos parezca igual, y lo son porque cada día la Palabra de Dios nos trae nuevas oportunidades de amar, de vivir su Palabra, de responder a las necesidades de quienes nos necesitan y de, escucharle, sobre todo de discernir sobre lo que quiere de mí. 

Estar atento es, quizás, el compromiso que hoy podemos sacar de esta humilde reflexión. Un compromiso de esforzarnos en vivir pensando que cada uno de nuestros actos tiene repercusión en la vida de los demás, sobre todo, en aquellos que de una manera más frecuente tienen relación con nosotros. 

lunes, 13 de julio de 2015

LA OPCIÓN DE SEGUIR AL SEÑOR PRODUCE ENFRENTRAMIENTOS

(Mt 10,34--11,1)


Cuando pones en el centro de tu vida al Señor, tu vida se complica y se producen luchas y enfrentamientos por desacuerdos y opciones que tratan de poner en cuestión la Ley de Dios. Entra el relativismo y la forma de ver cada cual según su forma de pensar y entender la ley con tendencia a barrer para su propia casa.

La familia patriarcal de aquella época en la sociedad judía choca con la Palabra de Jesús. Los derechos familiares quedan subordinados a la ley del amor que proclama Jesús, y pone a la persona por encima de leyes y derechos del pasado. Jesús se proclama como lo Primero, por encima de todo, y todo debe mirar en torno a Él.

Esto pone al pueblo judío en contradicción y en pie de guerra .El patriarca, el hombre de la familia, ve como sus derechos están sometidos al servicio del Señor. Y la familia percibe como el amor al patriarca familiar debe ser postergado ante el amor al Señor. En este sentido, las familias se ponen en crisis y se enfrentan en luchas por no asumir el mandato del Señor. Malo sería faltar al amor que propone Jesús por obedecer al padre, hermanos o hijos. La lucha y la guerra están servidas.

Al contrario, quienes son capaces de respetar, de tratar en justicia, de recibir en verdad y paz a los otros, incluso a los más pequeños, están recibiendo al mismo Señor. Esto deja en su verdadero sitio la medida del amor. Experimentamos que en este esfuerzo de amar, las cosas quedan en su justo lugar, pues todos son tenidos en cuenta, respetados y bien y mutuamente tratados. Son las consecuencias del amor. 

Comprendemos que es esa la mejor y justa medida, porque con ella todos salimos beneficiados. Ocurre que no todo es así, porque hay muchos que despiertan, por sus egoísmos, la guerra y los enfrentamientos al no aceptar la ley del amor. Quieren imponer su amor, su propio amor posesivo, centrados en ellos y para su servicio y propio aprovechamiento. Son los que reclaman derechos, pero se excluyen de deberes.

Está claro que esas personas son las que avivarán la guerra que profetiza Jesús. Son aquellos que prefieren que la ley siga igual y que el patriarca siga gozando de todos los derechos y servicios a él prestados. No les interesan renovar el corazón. Lo prefieren viejo, egoísta, cerrado y centrado en ellos. Quieren una paz donde ellos pongan las condiciones.

Danos Señor la sabiduría de entender la ley del Amor y de, renunciando a nuestra vida egoísta, abrazar la vida desde la vivencia del amor que Tú nos ofrece y propone. Amén.

domingo, 12 de julio de 2015

TODAVÍA NOS CUESTA ENTENDERLO

(Mc 6,7-13)

No es cuestión de entenderlo, porque me parece que lo entendemos, sino cuestión de experimentar la experiencia, valga la redundancia, de la Resurrección. Y nada mejor que el encuentro con la amenaza de la muerte.

Una experiencia cercana a la muerte revive en nosotros el valor de la vida y despierta el encuentro con Jesús, que nos ofrece la Vida Eterna. Sin ese encuentro se nos hace difícil entender el sentido y el compromiso de la misión. Los apóstoles y lo entendieron, y, en consecuencia, proclamaron esa Buena y Gran noticia: "La Salvación Eterna". Una noticia que sólo va dirigida a aquellas que se abren a ella. 

No es un mensaje que se impone, sino que se propone y se ofrece libremente, porque se sabe buscado y deseado por el hombre, aunque ignorado o ciego a descubrirlo. Por eso, donde no es aceptado se retira y se esconde. Digamos que no es una noticia que se repite inútilmente, sino que se da gratuitamente estando permanentemente abierta a su acogida y aceptación. 

Eres tú la llave que puedes abrirla y dejar que, sembrada en tu corazón, eche raíces y dé frutos. Verdaderos frutos de conversión que posibiliten y permitan la conversión de otros. No hay dependencia de medios de ninguna clase. Fuera alforjas, pan, sólo una túnica...etc. La eficacia del Mensaje no dependerá de lo que llevemos ni de lo que tengamos. Será la Gracia del Espíritu Santo.

Hoy, quizás con tantos avances técnicos, estamos tentados a apoyarnos en métodos, estrategias y medios que parecen garantizan el éxito del mensaje, olvidándonos de que lo único verdaderamente importante es la Gracia de Dios y la apertura de nuestro corazón a esa Gracia. Jesús nos lo dice claramente y nos previene contra los que se cierran a su Mensaje. No hay que darle más vuelta. Sólo importa dos cosas: abrirse a la Gracia de Dios depositando en Él toda nuestra confianza, y poner todo el esfuerzo por nuestra parte en amar según el Espíritu de Dios.

Y confiar y confiar abandonados a su Palabra y poniendo en Él toda nuestra fe para dejarnos conducir y guiar esforzándonos en vivir según su Espíritu con el testimonio de nuestra vida. Amén.

sábado, 11 de julio de 2015

PENDIENTE DE TI, SEÑOR


(Mt 19,27-29)

Sucede que, a menudo, no entendemos el significado de las cosas, y, o nos alejamos, porque nos sabemos o nos experimentamos incapaces de cumplir y vencernos, o nos angustiamos, con lo que se nos hace irresistible el camino, porque la propuesta de Jesús es superior a nuestras fuerzas...

En ambos casos nos equivocamos y no actuamos con sabiduría, prudencia ni sentido común., porque se impone primero escuchar y, segundo, reflexionar antes que actúa de forma precipitada y descomprometida. Porque, lo primero de todo, es confiar en la Palabra del Señor. Hay que saber que el Señor no nos puede mandar cosas superiores a nuestras propias fuerzas. Sería injusto, y eso no cabe en la Bondad del Señor. Y, segundo, que con la Gracia del Señor podemos vencer todas las dificultades que nos presenta nuestra propia naturaleza y las del mundo.

Dejarlo todo, al parecer la mayor dificultad de la que nos habla hoy el Evangelio, no significa despojarte de todos tus bienes. No es cuestión de quitar un pobre para ponerse otro. Se trata de compartir lo necesario para que, viviendo tú, también pueda remediarse el otro. En ese sentido, son los que más tienen y les sobra, los que están llamados a procurar que los más necesitados y desposeídos puedan satisfacer sus necesidades a un cierto nivel de dignidad.

Se trata de administrar lo que hemos recibido, por la Gracia de Dios, en bien de todos aquellos que lo necesiten y les podamos ayudar para que vivan dignamente como nosotros. No se trata de compasión, sino de compartir dignamente dándoles la oportunidad de responder a su propia dignidad de hijos de Dios. 

Dejarlo todo es poner por encima de todo y todos a Dios, siendo Él el Norte y Guía de nuestra vida. Dejarlo todo es optar por seguir al Señor anteponiéndolo a familia, hijos, hermanos, ocio, intereses y otros... Es vivir y actuar como lo han hechos Patriarcas, discípulos y elegidos del pueblo de Dios dándolo todo por ser fiel al mandato del Señor. 

Dejarlo todo es vivir injertado en el Señor en correspondencia a su Amor, y responder, por su Gracia, con la misma moneda en y para los hermanos. Porque sólo con esa única moneda del amor al prójimo podemos dar respuesta cumplida a su Palabra.

Y ya sabemos la respuesta del Señor. Se la dio a Pedro: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna». 

viernes, 10 de julio de 2015

SIN ORACIÓN ESTAMOS PERDIDOS

(Mt 10,16-23)


Una misión tan arriesgada no se puede llevar sin oración. Porque la oración es el nexo de unión con el Señor. El Señor que nos ha prometido estar en todo momento con nosotros a través de su Espíritu. Cada día podemos tocarlo y alimentarnos de su Palabra y de su Espíritu. 

Vive y camina entre nosotros, y nos relacionamos con Él por medio de la oración. Es imprescindible estar en constante contacto con Él, y la oración es el vehículo que nos permite hablar con Dios. Dependerá de ese contacto diario el éxito de nuestra misión. Porque tendremos muchos problemas y dificultades, para lo cual necesitaremos fuerte voluntad y mucho valor a fin de vencer. Seremos perseguidos, azotados,  acusados y amenazados de muerte. Y no hace falta hablar mucho, porque es lo que estamos viendo ahora mismo.

Los titulares de los periódicos, redes sociales, medios informativos...etc., no dejan de darnos cada día noticias a este respecto. Concretamente, Asia Bibi, una pakistaní permanece privada de libertad hace ya cinco años por ser fiel a su fe en Jesús. Muchos creyentes han sido asesinados, y en mi país, España, se trata de echar a la Iglesia del colegio y prohibir las clases de religión católica y todo signo o imagen que represente al Señor. Son evidencias reales con las que vivimos cada día. 

Por lo tanto, la Palabra del Señor toma verdadero cumplimiento. Y el Señor nos aconseja ser sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Y eso intentamos confiados en la asistencia y poder del Espíritu Santo.: Defender y proclamar el Evangelio con la Verdad y en Justicia, sin desviarnos a hacerlo una causa nuestra y de nuestras propia ideas o ideologías.

Porque podemos caer en ese pecado y en una guerra por establecer nuestros valores, y no los Valores del Reino de Dios. Por eso, pedimos luz y sabiduría para, esperanzados en la victoria final y en el regreso del Hijo del Hombre, que pondrá todas las cosas en su sitio, ser fieles y perseverantes al mandato del Señor según su Voluntad.

No se trata de una lucha por ver quién triunfa. Somos enviados por el Señor en paz, como ovejas entre lobos. Abiertos a proponer la Verdad y la Justicia por Amor. Tal y como nos ha amado el Señor y como el mismo nos ha enseñado. Y de esa forma y asistidos por el Espíritu Santo nos esforzamos en proclamarlo. Amén.

jueves, 9 de julio de 2015

SIN EXIGENCIAS NI PODERES



Como ovejas entre lobos sabiendo que el Espíritu de Dios está entre nosotros. Sabiendo que en el peor de los casos ganamos la gloria y el gozo eterno con nuestra propia muerte. La experiencia de vencer el miedo de la muerte te llena de gozo y alegría, porque, ¿a quién temer si la muerte ha sido vencida? ¿No es eso vivir la experiencia y la proximidad del Reino de Dios?

Ante esta experiencia gozosa desaparece el miedo al ridículo, a las burlas o desprecio. Es más, te sientes satisfecho y alegre de sufrir por proclamar el mandato del Señor. Y esperanzado de alumbrar a aquellos que se experimentan lejos, agnósticos, sin esperanza y rendidos a la muerte. Porque debemos tomar conciencia que llevamos la Luz, la Esperanza, la Vida y la Felicidad plena. 

No hablamos de mediocridades, ni de experimentos, ni de probaturas. Hablamos del Reino de Dios. Reino que ya ha llegado, que está entre nosotros. Porque Jesús, el Reino de Dios, Vive y está entre nosotros. Él ha vencido la muerte y nos ofrece la oportunidad de vencerla nosotros también.

Es posible que ante estas proclamaciones, muchos puedan reírse y hasta burlarse. Hoy el Evangelio nos dice cómo actuar (Mt 10,7-15) y nos previene de posibles rechazos. El hombre es libre y el Mensaje de Jesús respeta sus decisiones. Eso sí, no hay porque insistir, pecado que quizás la Iglesia ha cometido en muchos momentos de su historia. Simplemente nos dice Jesús que sacudamos el polvo de nuestros pies al salir de su casa o del pueblo.

No hablamos de realidades del pasado, sino que las vivimos en la actualidad. Hoy hay muchos rechazos, pero la Iglesia continua su misión: "Proclamar el Reino de Dios", un Reino que está entre nosotros y que construimos en la medida que vivimos y establecemos lazos de fraternidad, de justicia y verdad, valores del Reino de Dios.

Y fieles a la misión que nos ha sido encomendada, continuamos nuestra humilde labor desde este humilde, valga la redundancia, blog, donde nos esforzamos e intentamos reflexionar cada día la Palabra de Dios a través del Evangelio y alumbrados desde el Espíritu Santo.

Y aprovechamos para, unidos a todos los que nos visitan, nos leen y se esfuerzan en darle vida a la Palabra, pedirle al Señor la sabiduría, la voluntad y las fuerzas necesarias para dar vida a esta Palabra en cada instante de nuestra vida. Cada renuncia por amor, es un tesoro guardado en nuestra cuenta particular del Cielo, donde el Señor nos regala (ciento por uno) el interés justo a nuestro amor. Amén.

miércoles, 8 de julio de 2015

TIERRA DE MISIÓN

(Mt 10,1-7)


No hemos nacido para el disfrute y el gozo, sino para buscarlo. Invertimos los términos y perdemos el norte, porque en lugar de servirnos de esta vida para ganar la verdadera, buscamos ganar esta vida y perdemos la que verdaderamente importa. Sin lugar a duda que nuestra vista es pésima y nuestra ignorancia todavía mayor. Y, atontados, nos dejamos conducir por otros más ciegos todavía. El resultado no puede ser bueno.

Buscar dentro de nosotros para encontrar nuestra verdadera misión. Está escrita por el Espíritu Santo en cada uno de nuestros corazones. Con nombre y apellidos. Has sido enviado, tú y yo, para buscar la felicidad y la vida eterna, pero esa felicidad y vida eterna la has de conseguir en el esfuerzo de cada día por dársela y anunciarla a los demás. 

Dios ha querido hacerlo de esa forma. Y ha enviado a su Hijo para revelarnos la misión y el camino: dar a conocer el Reino de Dios. Y, por el Bautismo, recibimos el Espíritu de Dios que nos configura sacerdotes, profetas y reyes y nos envía a dar testimonio de nuestra fe. La mies es mucha, nos ha dicho el Señor hace unos días en el Evangelio, y nos ha sugerido rezar al Padre para que mande obreros a su mies. Quizás seas tú o yo uno de esos a los que llama y nos pide nuestro trabajo.

No sabemos cómo ni dónde hacerlo, pero no debemos, ni asustarnos ni desesperar. Simplemente responder con un sí o un veremos. Si es un sí, el Espíritu nos guiará y nos irá presentando el camino y la misión, y nos dará lo necesario para realizarla. Si es un veremos, esperará a que te decidas con un sí firme. Puede ocurrir que no te decidas nunca, o que se te pase el tiempo y desistas. Porque el Maligno no pierde el tiempo y está pendiente de tus decisiones y poniéndotelo difícil y cuesta arriba.

Hoy el Señor nos llama, nos anima y nos ofrece su confianza. Cree en nosotros y nos dará lo que nos haga falta para dar a conocer la Buena Noticia. Es posible que no nos hagan caso. Suele ocurrir, pero eso ya no cae dentro de nuestras responsabilidades. No podemos forzar la libertad de cada uno. Es el Señor el primero que la respeta. Tú y yo debemos ser transparentes y coherentes, dejando pasar la Gracia de Dios de nuestro corazón al de los demás, y ahí acaba nuestra misión.

Gracias Señor por contar conmigo, pecador y lleno de defectos. Sé que Tú coges lo que menos vale y sirve, y me siento orgulloso porque en mis debilidades y defectos, como Pedro, sé que radica mi fuerza y mi poder llegado desde tu Gracia. Amén.

martes, 7 de julio de 2015

LA MIES ES MUCHA

(Mt 9,32-38)


Da cierta lástima ver a la gente agolparse detrás de un micrófono, e incluso darse empujones por salir unos segundos en alguna pantalla de televisión. Los hay de todas las edades y abundan personas adultas. ¿Acaso es eso importante? ¿Soluciona esa muestra de su rostro por la tele algo en su vida? ¿Y, en el supuesto que así fuera, que ganan con ser famosos? ¿Es la fama la respuesta que todos buscamos?

Eso y muchas otras preguntas subyacen dormidas dentro de los hombres, y cada día parece importar menos darles respuestas. El hombre parece dormido por el atractivo que el mundo le ofrece y, esclavizado a sus pasiones y encantos. Da pena ver a tanta gente perdida y enfangada en tanta basura cuyo destino es caduco y vacío. 

Se hace difícil de entenderlo cuando tratas de mantenerte fuera de esos ambientes y lucha para no dejarte engullir por los mismos. Indudablemente que faltan trabajadores para la mies. Trabajadores creyentes en el Señor y dispuestos a entregarse y a dar testimonio de su fe y evangelizar. Trabajadores que, abandonados en el Espíritu Santo, den, con sus vidas, testimonio del Mensaje de Jesús.

La envidia es una amenaza muy peligrosa. Peligrosa hasta el punto de creer y atribuirle poder en y por el demonio, antes que en la Divinidad de Jesús como enviado e Hijo de Dios. Ciegos por la envidia aceptan al demonio y no a Jesús. ¿Acaso puede existir el demonio sin Jesús, el Hijo de Dios? La razón del pecado es la existencia del demonio que rechaza a Dios. Y Jesús es el enviado por Dios para vencer el poder del demonio. ¿Cómo nuestro Padre, que nos ama con locura, nos va a dejar sometidos al poder del demonio? Lo lógico y coherente es envíanos un Mesías liberador de las garras del Maligno.

El Señor nos enseña el camino, nos da testimonio, nos cura y nos da esperanza para que la trasmitamos también nosotros a los demás. En y por su Gracia, en el Espíritu Santo lo podemos hacer, agarrados a Él fuertemente por la oración, por la frecuencia del sacramento Eucarístico y la Penitencia y por la fraterna comunión entre los hermanos.

lunes, 6 de julio de 2015

DIOS LO PUEDE TODO

(Mt 9,18-26)


Si recurrimos al Señor es porque en nuestro interior, en lo más profundo de nuestro corazón confiamos que nos puede conceder nuestra petición. Otra cosa es que Él quiera o no quiera. No somos nadie para exigir ni pedirle que lo haga, simplemente suplicarle. Pero nuestra confianza descansa en que lo puede hacer.

La fe suscita dudas, porque eso es fe, el ponerme en Manos del Señor a pesar de mis tribulaciones y mis vacilaciones. Yo creo, Señor, que Tú puedes curar a mi hija. Eso fue lo que hizo aquel magistrado, se acercó al Señor y le pidió que curase a su hija, porque el creía que si el Señor quería y le imponía sus Manos, su hija se curaba. Y Jesús, nos dice el Evangelio, accedió a curarla.

También, aquella mujer, cansada de buscar soluciones a su flujo de sangre, pensó que si llegaba a tocar el manto del Señor se curaría. Y así sucedió. La pregunta flota en el ambiente: ¿Estamos también nosotros convencidos de que el Señor puede aumentar nuestra fe? Y qué todas nuestras enfermedades, incluso la de nuestras almas, son curadas por el Señor? 

Hoy la Palabra de Dios nos plantea esa pregunta y nos anima con los testimonios del magistrado y de la hemorroisa a hacer otro tanto nosotros. Nos descubre el amor del Señor y los deseos de curarnos. El Señor no ha venido a complicarnos la vida, sino a señalarnos el camino para alcanzar la salvación integra de todo nuestro cuerpo y también del alma. 

Es verdad que el camino de salvación se estrecha y se hace angosto y duro. La vida se nos complica, porque amar nos exige renunciar, renunciar a nuestros egoísmos y darnos en caridad y amor a los que lo necesitan, sobre todo a los más necesitado. Es posible que, a primera vista, el camino se nos hace duro, pero pronto descubrimos que esa felicidad y gozo que buscamos se esconde en ese amor compartido y que nos parece duro y complicado.

Dios lo puede todo, puede hacer que nosotros, pobres y sencillos hombres, podamos ser luz para que otros vean y alivio para que otros descansen. Dios, si tú quieres y abres tu corazón, puede llenarte de sabiduría, de fortaleza y de amor para, compartiéndolo con los demás, puedas también acercar a la verdadera Vida a muchos otros que están enfermos o muertos.

Dios es el Señor y se ha quedado entre nosotros y nos ha dejado su Espíritu para que en Él podamos encontrar la sabiduría y fortaleza de renacer a la Vida y al hombre nuevo.