lunes, 28 de marzo de 2016

¿NO OCURRE AHORA, EN NUESTRO TIEMPO, LO MISMO?

(Mt 28,8-15)

Todavía sigue ocurriendo lo mismo. Ahora la versión es diferente, pues ya ha pasado mucho tiempo, unos mil novecientos ochenta y tres años aproximadamente, es decir, cuando Jesús tenía unos treinta y tres años. Y, dicen ahora, que todo eso es un cuento y se lo han inventado. Lo de llevarse el cuerpo ya no se sostiene, porque hubiese aparecido. Con los medios de aquellos tiempos no hubiesen podido ir muy lejos para esconder el Cuerpo de Jesús.

Resulta que se han encontrado restos y fósiles de aquella época y de otras más remotas, ¿y no se encuentra restos del Cuerpo de Jesús? No hay otra manera de justificarse sino alegando que son cuentos y mirar para otro lado. Creo que Jesús, con buen criterio, no se aparece a extraños e incrédulos. Se aparece a los amigos, a los que han creído en Él. Incluso a aquellos que han tenido dudas, duros de mollera y hombres de poca fe, pero que le buscaban y experimentaban sed dentro en lo más profundo de su ser.

Jesús se muestra, para ayudarte, para fortalecerte y animarte en el camino cuando tú le abres tu corazón y le pides que sacie tu sed de amor. Porque el hombre y la mujer han sido creados para amar. Por eso, a aquellos discípulos hambrientos y deseosos de encontrarle y de su Resurrección, Jesús se les muestra y les anima y llena de gozo. Son las mujeres las primeras que experimentan ese deseo y aspiración de sed, de resurrección. Y el Señor les complace su curiosidad y su sed de amor.

Por eso, por nuestro compromiso de Bautismo y por la Gracia del Espíritu Santo que nos ha revelado la Resurrección de Jesús, estamos llamados y comprometidos a dar testimonio de su Resurrección. Por la respuesta de los apóstoles y discípulos, nosotros hemos recibido esa revelación y se nos ha transmitido la fe, y en correspondencia y por amor, estamos también nosotros comprometido a transmitirla.

Sí, queremos responder, Señor, pero también sabemos de nuestra pobreza, nuestra debilidad y nuestros pecados, y, es por eso, por lo que te pedimos tu Gracia para, asistido por tu Espíritu podamos dar testimonio de tu Palabra con nuestras pobres obras y vida.

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