ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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domingo, 17 de abril de 2016

DIOS NUNCA TE CIERRA LA PUERTA

(Jn 10,27-30)

Puede parecer que Dios eliges a unos y a otros no;  puede parecer que el Padre, previamente elegidos, le confía a unos y los otros quedan al margen. Pero no es así, porque si así fuera, Dios sería injusto y eso es imposible. Dios es Infinitamente bueno y a todos nos quiere y nos elige, pero nos ha dado la libertad para que seamos nosotros los que decidamos oírle, escucharle y seguirle.

Dependerá, pues, de nosotros responder a la llamada del Señor. El Señor nos abre la puerta y, dentro de redil, estaremos a salvo, porque Él nos cuida y no protege y no permite que nadie nos saque de su rebaño. Además, nuestro Señor Jesús ha pagado con su Sangre por cada uno de nosotros para que ahora nos perdamos.

Sin embargo, ocurre que muchos escuchamos, creemos y seguimos al Señor. Pero otros, y muchos, no le hacen caso, cierran sus oídos y le rechazan. Unos seguimos la llamada y el cuidado del Buen Pastor y otros no. El anuncio del Evangelio a muchos les estorba y les produce rabia, y a otros nos llena de paz, de alegría y esperanza. 

¿Qué tienen unos que no tengan los otros? San Agustín, ante el misterio abismal de la elección divina, respondía: «Dios no te deja, si tú no le dejas»; no te abandonará, si tú no le abandonas. No des, por tanto, la culpa a Dios, ni a la Iglesia, ni a los otros, porque el problema de tu fidelidad es tuyo. Dios no niega a nadie su gracia, y ésta es nuestra fuerza: agarrarnos fuerte a la gracia de Dios. No es ningún mérito nuestro; simplemente, hemos sido “agraciados”.

La fe entra por el oído y la audición de la Palabra de Dios, y eso implica atención y seguimiento. Pero tenemos un peligro, el mundo. Sus ruidos, sus ofertas y tentaciones nos distraen y nos alejan del buen camino, y si no nos ponemos al cuidado del Buen Pastor corremos el peligro de no escuchar su Palabra y hacernos los sordos y despistados. Luego, con todas las probalidades, el lobo no alcanzará.

Estemos atentos y vigilantes y sepamos discernir el bien del mal. Aquello que, aunque aparentemente nos parezca que nos hace bien porque nos agrada y nos gusta, no es lo que nos conviene. Pongámonos al buen recaudo dejándonos cuidar y vigilar por el Buen Pastor, que da la Vida por cada una de sus ovejas.

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