ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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lunes, 22 de agosto de 2016

RASTROS DE MUERTE

(Mt 23,13-22)

Hay quienes nos olvidamos que quien nos transforma y nos salva es Jesús. Él, el enviado por el Padre, es el Libertador y Salvador. Y será sólo Él quien dé y abra la puerta estrecha que conduce a la salvación. Por eso, pobres de aquellos que se erijan en salvadores y dirigentes de otros, y que impidan con sus exigencias y acciones obstaculizar la entrada y matar la ilusión de muchos que quieren acercarse al Señor.

En esta situación, la Iglesia ha cambiado mucho, y, a pesar de las disposiciones un poco ambiguas, pasivas e indiferentes de muchas personas que mal interpretan las palabras del Evangelio o no advierten que de lo que se trata es de un encuentro personal e íntimo con Jesús, el Señor, la Iglesia está siempre abierta y dispuesta a acercar, acoger y tratar de despertar esa inquietud y búsqueda de la fe.

En este sentido, el Papa Francisco, nos anima a cambiar las estructuras, a ser vías y medios para posibilitar ese encuentro con Dios por medio de Jesús y por la Acción del Espíritu Santo. En el Evangelio de hoy, Jesús nos dice: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ...

¡Ay de vosotros podemos imaginarnos que significado tiene. Nada halagüeño ni bueno. Mejor tener cuidado con ser obstáculo y barrera para que otro se desilusione o se desvíe por otros caminos contrarios a la Voluntad del Señor. Y lo somos cuando damos más importancia a lo insustancial, a lo accidental, a lo meramente ortográfico y literal. Es el espíritu de la letra y la misericordia del corazón la que debe imperar y mandar en nuestras vidas, porque es ahí donde mora el verdadero amor y donde nace la misericordia. 

Y es que Dios es así, y, por ser así, Infinitamente Misericordioso, nosotros tenemos esperanza de salvación. No porque tengamos ya pagado el rescate de salvación, sino porque podemos perderlo por nuestros pecados y debilidades si nos desviamos y apartamos del Señor.

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