ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 27 de diciembre de 2016

VIERON Y CREYERON

(Jn 20,2-8)
No puede ser de otra forma. Porque el cuerpo de Jesús no estaba y, no podía desaparecer por arte de magia ni porque nadie estuviese interesado en llevárselo o esconderlo. Pues la condena y muerte de Jesús era debido a que molestaba y denunciaba muchas actitudes injustas de los sumos sacerdotes, escribas y ancianos de su propio pueblo.

Jesús había resucitado. Eso fue lo que pensaron Pedro y Juan. La deducción es lógica. Pero para ellos se engarzaron todo los cabos sueltos que no habían comprendido por entonces. Ahora muchas cosas empezaron a tener sentido: "Construiré el templo en tres días...Jn 2, 19"; "Al tercer día resucitaré...Mt 17, 22-23"... Sucedió como si sus corazones empezaran a arder de felicidad y a llenarse de gozo. Algo parecido como aquellos discípulos de Emaús.

La pregunta es inmediata: ¿Apoyado en ese testimonio que la Sagrada Escritura te revela por medio de estos apóstoles, tú crees? ¿O te parece pamplinas y ciencia ficción? ¿Acaso los descubrimientos de otros tienen más credibilidad? ¿Quizás lo que escribió Darwin te parece más cierto? ¿No pudo él escribir lo que le parecía de acuerdo con sus intereses? Parece que también nosotros creemos lo que nos interesa creer, y, a primera vista creer en Jesús nos complica un poco la vida.

Porque las demás propuestas no te afectan para nada. Creerlas o no incide directamente en tu vida. Al menos no lo notas o no lo adviertes. Pero si crees en Jesús, tu vida queda señalada a la conversión. Y eso supone un giro de trescientas sesenta grados. Mejor, muchos se responden, ignorarlo y vivir la vida lo mejor que puedas. Son cuatro días. Es la condena más frecuente y más usada por muchos, Porque rechazar a Jesús, el Señor, es auto condenarse a sufrir eternamente.

Todo empieza a encenderse dentro nosotros también. Ese deseo ardiente de felicidad eterna que todos llevamos dentro renace, cobra sentido. La Noticia de que Jesús no está, enciende nuestra alma y nos llena de esperanza: ¡Ha Resucitado! ¡¡Resucitaremos nosotros también y seremos eternamente felices!! Porque eso es lo que nos ha prometido Jesús.

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