ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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jueves, 30 de junio de 2016

EL PODER DE SERVIR

(Mt 9,1-8)

Quien tiene poder sobre la vida y la muerte, tiene poder para transformar y hacer lo que quiera. O, dicho de otra forma, nada le será imposible. Por eso, en esta ocasión, Jesús, después de perdonar los pecados y ante la incredulidad de la gente, cura al paralítico para que perciban esta realidad del poder de Dios y, por supuesto, de perdonar los pecados.

Esto, ocurrido hace ya siglos, ocurre ahora y, posiblemente, está ocurriendo en cualquier lugar del planeta. La gente duda, se resiste a creer y exige pruebas, ver y hasta conocer. Jesús irrumpe en la vida de los hombres para que, acercándose a ellos, le puedan conocer y escuchar su Palabra. Y la respalda con sus obras y milagros. De tal forma que en una ocasión llega a decir: "Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque a Mí no me creáis, creed por las obras" (Jn 10, 37-38).

El hombre, alejado de Dios e indiferente a su Palabra, no valora lo espiritual. La Misericordia y el perdón no se ven, sino cuando son consecuencia del daño recibido. Y no son conscientes de haber ofendido a Dios. Y menos que Él pueda perdonarles. Y es que cuando el hombre se da cuenta de sus propias miserias, es cuando descubre la necesidad de ser perdonado y de acogerse a la Misericordia de Dios.

Por eso, reflexionemos sobre nuestra actitud ante el perdón y la misericordia, y pidamos tener un corazón humilde y contrito, capaz de ver y descubrir la necesidad de ser perdonados de todos nuestros pecados y experimentarlos agradecidos por la Misericordia de nuestro Padre Dios.

miércoles, 29 de junio de 2016

LA PREGUNTA SIGUE EN EL ALERO



Es la pregunta de cada día: ¿Quién es Jesús para ti? Pedro ya la contestó. Respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Pero, ahora te toca a ti y a mí responder. Porque Jesús sigue preguntándonos la misma pregunta. Y no es cuestión de responder solamente con un sí, sino de acompañar a la palabra tu vida.

Pedro lo hizo, y también todos aquellos que le respondieron afirmativamente. Y Jesús responde: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Se pone en marcha la Iglesia con Pedro a la cabeza. Y auxiliada con el Espíritu Santo, pues es el Padre quien revela a Pedro y lo impulsa con su Espíritu a la aventura de continuar la Misión evangelizadora del Hijo. Y hoy, después de veinte siglos y ya en el veintiuno, continúa esa misión el Papa Francisco, impulsado por el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo.

La Iglesia nos bautiza en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y nos convoca y anima a seguir el camino que el Hijo, en su paso por la tierra, nos revela y enseña el camino para llegar a la Casa del Padre: "El camino del Amor Misericordioso". 

La Iglesia, dirigida por el Primado Petrino, hoy en Francisco, nos acompaña, nos exhorta, nos enseña y nos cuida para que todos, unidos en Jesús con el Padre, y por el auxilio del Espíritu Santo, seamos uno solo como el Padre y el Hijo.

martes, 28 de junio de 2016

TIEMPO DE TEMPESTADES

(Mt 8,23-27)

La vida es el espacio, lo hemos dicho en otras reflexiones, que transcurre desde nuestro nacimiento hasta la hora de nuestra muerte en este mundo. Porque no es el final, sino una transformación, pues la vida sigue. Y sigue latiendo eternamente. Sólo que, a la derecha o izquierda del Señor. Y es ahí donde está la temeridad o tempestad que nos atemoriza y nos da miedo.

Por eso es bueno que ese miedo, santo temor, nos ayude a descubrir al Señor y a despertarlo en nuestro corazón. Porque, Jesús, aunque aparentemente dormido, siempre está despierto y atento a serenarnos y a llenarnos de paz y seguridad. Necesitamos tiempo para entender que ese espacio temeroso que nos produce tormentas en nuestras vidas, es necesario para madurar nuestra fe.

Tras la experiencia, los discípulos, atemorizados y desesperados, le despertaron para que arreglara aquella situación creyendo que iban a perecer. Y Jesús, viendo la poca fe que tenían les recriminó sus miedos, e increpando a los vientos y al mar sobrevino una gran bonanza. Y continúa el Evangelio diciendo: Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen.

¿Tenemos nosotros experiencias que nos descubran la presencia de Jesús entre nosotros? Porque si Jesús ha Resucitado vive entre nosotros. Porque Él nos ha dicho que estará con nosotros hasta el final de los tiempos. Luego, ¿le llamamos y despertamos cuando vienen tempestades a nuestras vidas? ¿Tenemos puesta nuestra confianza en Él?

Hoy, no sólo en aquel tiempo, Jesús sigue subiéndose a la barca. Quizás hoy o mañana será tu barca, y se hará, posiblemente, el dormido. Y esperará tu reacción y tu confianza puesta en Él. Pidamos la Espíritu Santo que nos de la paciencia, fortaleza y serenidad para saber que estando Jesús con nosotros nada nos puede ocurrir.

lunes, 27 de junio de 2016

PASAR A LA OTRA VIDA

(Mt 8,18-22)

Podríamos pensar que saltar o pasar a la otra orilla podía traducirse por cambiar de rumbo y emprender una nueva vida hacia la otra vida, la otra orilla. Al menos confieso que es una buena idea verlo así y motivarnos en ese sentido. Jesús nos propone un cambio de rumbo, porque el mundo en que vivimos, la experiencia no nos lo descubre, no nos da ningún resultado respecto a lo que nosotros buscamos.

Seguir a Jesús no es seguir sus pasos plácidamente, como si de unos autómata se tratara, sino de imitarle y vivirle en sus actitudes y estilo de vida. Seguir a Jesús es enfrentarte a tu propia humanidad carnal, debilitada y sometida por el pecado, y renunciar a sus apetencias y apegos para, fortalecida en el Espíritu de Dios, hacer Vida en tu vida y Luz en tu camino para vivir en la Voluntad de Dios.

Eso te hará saber que no perder la estela de Jesús te exigirá abandonar muchas metas y proyectos humanos que son, pertenecen y se quedan en el mundo. Esto te hará descubrir que la opción primera y preferente en tu vida son las cosas y valores del Reino de Dios, y las demás simples añadiduras que, necesitadas, se harán presente en la medida que tu vida las exijas para el camino.

Nuestros proyectos deben estar siempre en la motivación de trabajar para alcanzar el Reino de Dios. La cosas del mundo para el uso de nuestra vida y paso por este mundo, pero las cosas de Dios, las que nos encaminan hacia la Eternidad, son las preferenciales y las que nos deben de llenar plenamente. De modo que deben ser las que aniden y vivan en nuestro corazón.

Por eso nos dice Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

domingo, 26 de junio de 2016

CAMINO DE PERFECCIÓN

(Lc 9,51-62)

Nunca hay descanso, porque nunca se retrocede. Siempre se va hacia delante aunque, aparentemente, parezca que se retrocede. La vida siempre camina hacia adelante y la hora, también nuestra hora, tiene su tiempo y su meta. Es lo que Jesús nos dice hoy en el Evangelio en los momentos previos a su Pasión, Muerte y Ascensión al Cielo.

Dirigiéndose a Jerusalén, de paso por Samaría, no pudieron quedarse pues enterados que iban a Jerusalén no le recibieron. Quizás no deba extrañarnos, pues a nosotros  nos puede suceder lo mismo. En muchas ocasiones nos mostramos indiferentes a Jesús, le despistamos y no le acogemos. Quizás pensamos que nos estorba y nos molesta para nuestros proyectos y planes. O qué sus exigencias son demasiadas y nuncan terminan.

También puede ocurrirnos que, enfadados con los que no aceptan a Jesús, sintamos deseos de enfrentarnos a ellos y hacerles daño. Jesús nos regaña esa acción, porque su misión no es hacer la guerra ni imponer su mensaje. Simplemente amar y amar. El amor es el arma más poderosa y se fortalece en el servicio. Puede ocurrirnos también que sintamos fuertes deseos de seguir al Señor, pero hemos de saber, lo oímos de sus propios labios: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».  El seguimiento no es fácil, tiene un coste grande: nos exige un poco más cada día hasta llegar a la perfección, pues esa es la meta de todo cristiano: Ser perfecto como mi Padre celestial es perfecto. Mt 5, 48.

O nos puede pasar que, decidiendo seguirle queramos antes despedirnos de nuestros padres y familias, e incluso arreglar nuestras cosas y asuntos. Vemos en la lectura del A.T. (1Reyes 19, 16b. 19-21) que a Elíseo se le permitió, pero Jesús exige y busca la perfección. Seguir a Jesús implica dejarlo todo. Y dejarlo todo es poner nuestras apetencias, nuestros apegos, nuestros deseos terrenales, nuestra humanidad en un segundo plano. Eso quiere decir una cosa: Jesús es lo primero. Y Jesús es lo primero significa que nuestra máxima aspiración es dar siempre prioridad a la Voluntad del Padre, que es, precisamente lo que Jesús nos ha venido a proclamar.

Pidamos la fortaleza y la voluntad necesaria para que, iluminados por la sabiduría del Espíritu Santo, podamos libremente, como nos describe Pablo en Gálatas ( 5, 1. 13-18.) responder a esa invitación y deseo por nuestra parte de seguir a Jesús.

sábado, 25 de junio de 2016

SEÑOR, DAME UN FE COMO LA DEL CENTURIÓN

(Mt 8,5-17)

Primero, destacamos la preocupación del centurión por su criado. No era normal en aquella época tal actitud y comportamiento, y todavía, en la de hoy, continúa existiendo en muchos lugares y en muchas actitudes de personas con poder. Sobre todo que se preocupen por un siervo hasta el punto de tomar su tiempo para, buscar y acercarse a Jesús y pedirle por la salud de su criado.

Segundo, nos fijamos en la fe con la que le pide a Jesús que cure a su criado. Una fe que le lleva a confesar y descubrir toda su confianza en el poder de Jesús, hasta el punto de decirle que no hace falta que vaya a su casa, pues no se siente digno de ello, y que una sola Palabra suya basta para curarlo. 

Antes de seguir adelante nos podemos preguntar: ¿Es realmente nuestra fe así? ¿Pedimos al Señor con esa confianza y disposición? ¿O no estamos tan seguro de que Jesús nos escucha? Posiblemente nos ocurra esto último, porque nos parece que nuestras oraciones no son escuchadas, o nos sucede tal y como nosotros esperamos. La incertidumbre de la espera nos desespera.

Quizás nuestro mayor testimonio de fe será el perseverar y aguardar pacientemente a pesar de la ausencia aparente de respuestas y resultados. El Señor nunca dejará de escucharnos y de servirnos, porque se ha hecho Hombre en el vientre de María precisamente para servirnos. Y eso da por sentado que nos escucha y nos auxilia. Su Misión ha consistido en eso, y nos ha prometido estar con nosotros siempre. Así que también siempre nos estará amado. Es decir, sirviendo.

Otra cosa sea que nos nos dé lo que nosotros queramos o esperemos, sino lo que realmente nos conviene y necesitamos. Sin embargo, puede ocurrir que algunas veces coincida y otras no. Lo importante es construir nuestra fe sobre Roca firme, para que podamos soportar los embates de tempestades, tanto externa como internas y que podamos sosternernos en la fe.

viernes, 24 de junio de 2016

PRECURSORES COMO JUAN

(Lc 1,57-66.80)


Todos llevamos la señal de precursor, porque en nuestro Bautismo quedamos consagrados como sacerdotes, profetas y reyes. Y como profetas estamos comprometidos a proclamar la Palabra de Dios, no sólo de palabra sino también con nuestra vida, hasta el extremo de entregarla por la Verdad.

Hoy, día de san Juan Bautista, su figura nos interpela y nos impulsa a cada uno de nosotros a ser profetas y responder a nuestro compromiso de Bautismo. Quizás, Juan, tomó conciencia de su misión de precursor y su grandeza se esconde en ese saberse elegido por Dios. ¿Por qué piensas tú, y también yo, que no hemos sido elegidos por Dios para dar testimonio de su Palabra? En nuestro Bautismo hemos quedado consagrados para esa misión.

Quizás sea que no nos lo habían dicho; puede que no hayamos tomado conciencia de ese compromiso, o también que nuestra fe está casi apagada. Posiblemente, esta sea una buena ocasión para reflexionar y tratar de responder a ese compromiso contraído. Compromiso que nace de nuestras mismas entrañas, pues el Bautismo es la puerta que abre el camino de esa felicidad eterna que todos buscamos.

Quizás en tu propia vida hayan pasado cosas y circunstancias que la han cambiado. Quizás no sepamos cual es nuestra misión u objetivo, o nos lo hemos trazado nosotros según nuestros propios intereses. Pero, seguro, tienes una misión, como también la tengo yo, de descubrir que dentro de ti está la huella de Dios y que en ella se esconde ese tesoro de gozo y plenitud eterna que todos buscamos.

Y, por eso, precisamente por eso, estamos todos llamados a proclamarlo con nuestras palabras y el ejemplo de nuestras vidas, cuyo frutos sean frutos buenos para el bien de todos. Es, pues, en el Bautismo donde recibimos esa Gracia del Espíritu Santo para, en, con y por Él, como Juan Bautista, dar testimonio de su Palabra.

jueves, 23 de junio de 2016

NO SOBRAN LAS PALABRAS, PERO NO BASTA CON ELLAS SOLAS

(Mt 7,21-29)


Lo decimos de nuevo, aunque somos los primeros en caer. Seguir a Jesús no consiste en oírle, visitarle y hasta estar de acuerdo con Él. No, se trata de eso y algo más. Y ese algo más tiene que ver con las obras. Si no hay obras, las palabras quedan huecas, en el vacíos y se las lleva, como dice el refrán, el viento.

"No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial". Se trata de hacer, no de decir, aunque el dicho y las palabras se necesitan y por ellas nos entendemos. Pero el broche de oro lo ponen las obras. Es decir, la vida. Porque tampoco se trata de hacer y hacer; acumular y acumular. No, se trata de poner la sal y la luz necesaria a todas las obras de nuestra vida. Desde la mañana hasta la noche.

Se trata de vivir con amor, con el mayor amor que puedas. El Espíritu Santo pone lo que a ti te falta. Y no de hacer grandes cosas, ni ponerte grandes retos. El Señor sabe de tus posibilidades y de tus talentos. Sólo nos pide que los utilicémos bien, para el bien y con amor. Se trata de vivenciar tu vida con la palabra de expresar al Señor: "Señor, Señor". Las dos cosas son necesarias, la alabanza y oración con las obras de tu disposición y servicio a los demás.

La palabra, tú palabra no llegará nunca al corazón del otro con la posibilidad de transformarlo, sino va impregnada de amor, de verdadero amor., porque sin él pierde toda su fuerza. Todo quedará impregnado de la Gracia de Dios si realmente esta impulsado y motivado por el esfuerzo de vivir el proyecto de amor que Jesús nos enseñó con su testimonio de vida.

Te pedimos, Señor, que nuestra vida, revestida de oración y alimentada por la fe, esté siempre acompañada por la fuerza de la caridad.

miércoles, 22 de junio de 2016

LO QUE ES BUENO DA FRUTOS

(Mt 7,15-20)


No puede dar frutos buenos quien es malo. Y de la misma forma, el bueno no podrá dar frutos malos. Es simple cuestión de lógica y sentido común. Ahora, un árbol se puede estropear y estar mal cultivado, y sus frutos, entonces, serán no tan buenos o incluso malos. Pero de regreso a sus buenos cuidados, volverá a dar buenos frutos.

Los que son malos, al contrario, pueden engañar y aparentar dar buenos frutos, pero volverá a aparecer la mala intención y los malos frutos. Y es que lo malo será siempre malo. Es esto lo que nos dice Jesús hoy: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos".

Experimentamos en el mundo esta realidad, y así hay frutos malos productos del pecado que muchos viven sin arrepentimiento y egoístamente, convencidos de buscar la felicidad por ese camino. Ciegos que no son capaces de ver el poco valor de esos tesoros finitos que atesoran. Necios que cambian el Tesoro de la eternidad y el gozo pleno, por un puñado de espejismos que duran una corta y atormentada vida.

Busquemos al verdadero Sembrador para que, abandonados en sus Manos, seamos capaces de buscar esa tierra buena que produce verdaderos y buenos frutos. Y dejémonos cultivar por el Labrador que, enviado por el Sembrador, haga de nuestra tierra una huerta fértil y productiva que dé buenos frutos.

martes, 21 de junio de 2016

NECESIDAD DE ABRIRNOS AL ESPÍRITU DE DIOS

(Mt 7,6.12-14)

El sol sale para todos y la lluvia cae para buenos y malos. Todos recibimos los bienes materiales que necesitamos para subsistir, pero no de igual manera los espirituales. Porque para recibir los espirituales necesitamos estar abiertos a ellos. Disponer nuestro corazón a acogerlos y recibirlos con humildad y fe.

La fe es un don de Dios, y necesita estar abierto a ella para poder recibirla. No se compra, ni tampoco se vende. Se da gratuitamente, pero a aquel que prepara y dispone su corazón para recibirla. Estamos llamados a dar todo lo que esperamos y queramos recibir también nosotros, porque ese deseo descubre que es algo bueno, pues nadie querrá recibir cosas malas. 

Sin lugar a dudas, el camino hacia la perfección es un camino difícil, duro y estrecho. Llenos de dificultades y obstáculos que nos hacen la travesía más pesada y desesperante. Necesitamos la asistencia del Espíritu para que nuestras fuerzas, fortalecidas en Él, puedan superar los obstáculos de la travesía. Por el contrario, la puerta ancha se hace más cómoda y egoísta, y lleva a la perdición.

No es bueno tomar el camino más ancho y espacioso, porque es un camino que se vuelve egoísta, cómodo y de espaldas a Dios: Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran.

Nos apetece la buena vida, la vida despreocupada y placentera. Y eso nos lleva también a ganar dinero fácil o fraudulento que nos procure esa buena vida. Esa es la puerta ancha, por donde quieren pasar muchos en busca de la felicidad. Pero no es así, porque la felicidad está en la puerta estrecha, en aquellos que dan sus vidas para que los demás descubran la verdadera Vida, la que dura eternamente. Precisamente, la que nos ofrece Jesús.

lunes, 20 de junio de 2016

NUESTRA LENGUA, UN GRAN PELIGRO

(Mt 7,1-5)

Pensamos que sólo podemos matar con un arma y con una acción física contra alguien. Pero suele ser más frecuente matar con la lengua. Y mucho más fácil y sin apenas notarse. Juzgamos con mucha facilidad y ponemos a los juzgados en la calle o condenados según nuestros juicios.

Medimos los pecados de otros sin pensar que, quizás, los nuestros son mayores. Vemos la paja en el ojo ajeno, por no advertimos la viga en el nuestro. ¡Dios mío, qué ciegos estamos! «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano».

Cuando somos capaces de mirarnos con los ojos de la humildad y la verdad, percibimos la miseria que llevamos encima. Descubrimos que nuestra vida está llena de errores, de debilidades y pecados. ¿Cómo atrevernos a juzgar a los demás? Pedimos hoy luz y sabiduría para, humildemente, ser capaces de limpiar primero nuestra casa para, después, simplemente, servir y ayudar, sin atrevernos a juzgar, a limpiar la de los demás.

Porque sólo cuando estamos limpios, por la Gracia de Dios y guiados por el Espíritu Santo, podremos ser luz para aquellos otros que necesitan también limpiarse. Porque la luz se contagia y alumbra a los que están a tu lado. Pero, recuerda, tú y también yo, quizás yo más, necesitamos estar limpios para en el Espíritu de Dios alumbrar a otros a quitarse la paja de su ojo.

domingo, 19 de junio de 2016

¿Y QUIÉN ES PARA TI JESÚS?

(Lc 9,18-24)

La pregunta es directa. Se trata de que des una respuesta. No se te exige, sino se te invita a darla en verdad y responsabilidad. No consiste en decir que crees, ni tampoco que estás bautizado y eres católico. ¡No!, Jesús no busca en eso en nosotros. Nos pregunta por el compromiso de nuestra fe adquirido en nuestro Bautismos y si lo llevamos a nuestra vida con responsabilidad y compromiso.

Porque, decir que creo en Jesús significa que quiero seguirle y vivir tal y como Él me ha dejado su testimonio de vida. Y su herencia de vida en su paso por la tierra fue este: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Ese es el panorama que se nos presenta y el que hemos de seguir. ¿Estamos dispuestos?

Porque creer no es decirlo o confesarlo, ni tampoco estar bautizado. Creer es ir dando tu vida cada día en la vivencia diaria de amor a los demás, buenos y malos; amigos y enemigos; ricos y pobres. Pero, con una condición: especial atención a los excluidos y marginados; a los necesitados y pobres. Así que solamente descubrirá tu fe el amor que tu, no digas, sino des a los demás. No hay alternativa ni engaño. Sólo aquel que ama dará testimonio y veracidad a su confesión de fe.

El mensaje es claro y limpio. No hay truco ni engaño, sino amor: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará».

Y yo, Señor, y también espero y creo que tú, queremos salvar nuestras vidas. Porque sólo Tú tienes Palabra de Vida Eterna. Y como Pedro, ¿a quién iremos, Señor? Sólo en Ti encontraremos la verdadera paz y felicidad eterna que buscamos.

sábado, 18 de junio de 2016

EL TESORO ESTÁ DENTRO DE MÍ

(Mt 6,24-34)

La costumbre, quizás ciega, es buscar afuera lo que está dentro. No percibimos el Tesoro que anida en nuestro corazón y buscamos afuera tesoros caducos que no se sostienen por sí mismos. No nos damos cuenta que somos templos de Dios y que Él, el Tesoro escondido, mora en nuestro corazón.

Sin embargo, gastamos nuestro hermoso tiempo buscando donde no podemos hallar, y persistimos con tenacidad a pesar de la experiencia que nos descubre el vacío y la miseria de los tesoros del mundo. No podemos buscar dos tesoros, porque sólo uno será el verdadero Tesoro. De la misma forma, no podemos servir a dos señores porque cumpliremos y serviremos a uno y dejaremos al otro.

La vida es nuestro gran valor y nos ha sido dada para vivirla en plenitud eterna. Ese es nuestro verdadero Tesoro, vivir la Vida Eterna en la presencia del Padre. Por lo tanto, todo lo demás no es que sobre, porque lo necesitamos, pero nuestro Padre Dios que nos ve y nos conoce sabe de nuestras necesidades y de lo que necesitamos para recorrer el camino de nuestra vida. Somos sus hijos, lo más valioso que Él ha creado y no dejará de darnos y proveernos de lo que necesitamos.

Pero, tampoco entendemos que viviremos de balde, porque hemos recibido unos talentos que tendremos que poner a trabajar para que, lo que Dios ha puesto para el bien de todos sus hijos llegue a todos. Pidamos corresponder a esos talentos que Dios nos ha concedido para que todos sus hijos, hombres y mujeres del planeta, tengan lo necesario y suficiente para vivir en justicia verdad y paz. 

Por eso, la justicia en los bienes de este mundo, que Dios ha creado para bien y abundancia de todas las necesidades de los hombres, sus hijos, deben estar bien distribuidas equitativamente para el disfrute y satisfacción de todos. Sobre todo, de los más carentes y necesitados. En tus Manos, Señor, nos abandonamos y ponemos toda nuestra confianza.

viernes, 17 de junio de 2016

LA CABEZA LLENA DE BASURA

(Mt 6,19-23)

Cuando una persona se da cuenta que lo que tiene no sirve para siempre, y que pasa con el tiempo. Se da cuenta que su valor no tiene gran importancia. Es verdad que lo necesitamos para el recorrido de esta vida, pero al final sabes que no te lo vas a llevar y que se destruirá o pasará a manos de otro que todavía se queda por algún tiempo más.

Cuando vemos claro nos damos cuenta del verdadero valor de las cosas, y experimentamos que sólo nos sirven para administrarlas en este espacio de mundo que nos ha tocado vivir. Y sentimos que, de usarlas bien, nos alegramos y experimentamos gozo y felicidad. Más que si de ellas hacemos un uso egoísta y malo. Llegamos a la conclusión que compartirlas da mucha más felicidad que almacenarlas y guardarlas.

Todo lo vivido y conseguido aquí en la tierra respecto a bienes materiales, riquezas y salud está muy bien, pero no es la mejor solución, porque nuestro destino está en otra parte, que nunca pasa y que nos dará el gozo y la plenitud de felicidad eterna. Necesitamos alimentar nuestra verdadero deseo de plenitud, tal es la felicidad eterna. Ese es el verdadero Ideal que debemos perseguir.

Y buscar el verdadero camino no está en la riqueza ni la fama, ni la salud, ni bienes u otras cosas. El verdadero camino está en el amor y el perdón. Está en vivir amando y perdonando, es decir, llenando nuestro corazón y nuestras manos de buenas razones que den esperanza y gozo a las personas que salen al encuentro de nuestras vidas. Ese es el único y verdadero Tesoro al que debemos aficionarnos y aspirar, porque es el Tesoro que llevamos dentro y que nos satisface plenamente.

Pidamos esa Gracia, para que  nuestro corazón sepa cribar lo bueno de lo malo; lo eterno de lo efímero; el bien del mal. Y para que nuestras vidas atesoren tesoros, valga la redundancia, para el cielo, no para este tiempo caduco y pasajero.

jueves, 16 de junio de 2016

SOBRAN LAS PALABRAS, LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE ES EL PERDÓN

(Mt 6,7-15)

Cuando nos encontramos en una encrucijada sin salida,o perdonas y te abajas humildemente, o rompes la baraja. Si te paras unos segundos, adviertes que el primer beneficiado al dar el perdón eres tú. Simplemente, porque en la medida de tu perdón recibirás tú también perdón. De modo que si no perdonas, tampoco tú serás perdonado. ¿Lo entendemos? 

Está muy claro. Así que elige, perdonas y eres perdonado; o no perdonas y no eres perdonado. No hay otro camino. La puerta estrecha empieza por el perdón. Por eso sobran las palabras y la retorica. De nada sirve embadurnar la oración y adornarla de palabras muy bonitas si no estás dispuesto a perdonar. Diríamos que aquellos que no estén, al menos intencionados, de esforzarnos en perdonar, que no perdamos el tiempo en tanta oración, porque de nada nos vale.

Otra cosa es pedir con insistencia al Señor que nos transforme nuestro duro corazón y en un corazón suave, de carne, humilde y dispuesto a perdonar. Alguna vez he compartido la idea de tomar conciencia que cuando perdonamos, en la misma medida mis errores y pecados son también perdonados. Esa idea nos puede ayudar mucho, porque nos motiva y predispone a tratar de perdonar y superar, en el Señor, nuestra soberbia y orgullo pensando que en ese momento también nosotros somos perdonados de todos nuestros pecados.

Meditar esta hermosa y profunda oración del Padre nuestro nos puede ayudar mucho a darnos cuenta de la necesidad que tenemos de perdón. Santificar el Nombre de nuestro Padre Dios y abrirnos a su Reino haciendo su Voluntad y no la nuestra significa que tratemos de perdonar en todo momento, porque esa es precisamente la Voluntad de Dios.

Y es que Él nos perdona así. Por lo tanto, no nos pide nada que Él, como referencia y ejemplo, no haya hecho primero. Pidamos, pues, al Espíritu Santo que nos fortalezca y nos dé la sabiduría y voluntad de perdonar, sobre todo a nuestros enemigos, para así también ser nosotros perdonados.

miércoles, 15 de junio de 2016

TUS OBRAS SON PARA DIOS, NO PARA EL PUBLICO

(Mt 6,1-6.16-18)

Mi publico es Dios, y mi vida está activada para dar gloria a Dios, no a los hombres. Por lo tanto, desde esa intención tiene sentido y es lógico lo que dice Jesús: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

Se trata de la intención. Si buscas tu lucimiento, tu reconocimiento, tu propia alabanza, ya estás pagado. Pero, si por el contrario buscas la Gloria de Dios, porque de Él procede todo, tendrás tu recompensa en el Cielo. No es que tus obras sean vistas, sino que el motivo que las animas e impulsan no sea el que te vean, sino que sirvan y hagan bien al hombre porque son reflejos de tu amor a Dios. Esa es la buena intención: "Revisteme de tu Bondad, Señor, y haz que todos mis actos de cada día te reflejen".

Pero se necesita actuar. Muchas comunidades o grupos están muertos porque no se da el paso adelante. No hay compromiso y todo se reduce a actos de piedad. No hay vida exterior y, la interior, queda desligada y desmembrada de la raíz del amor, porque el amor tiene su fuente en la vida interior y exterior. Es decir, se alimenta de la piedad y de las obras; de la fe y del testimonio.

Y lo que se ve está desconectado de la presencia de Dios. Se persigue mi presencia, mi importancia y mi lucimiento. Se nota cuando tu vida, tus obras y tu verdad son movidas por la acción del Espíritu Santo, y cuando no lo son. Pidamos esa Gracia, que todo lo que hagamos sea para Gloria de Dios.

martes, 14 de junio de 2016

EL AMOR NO TIENE LÍMITES

(Mt 5,43-48)


No se puede decir hasta aquí amo. O a este le amo y a este otro no. El amor cuando deja de amar, deja también de ser amor. El amor abarca a todos, a los buenos y a los malos. No tiene límites y va más allá de nuestros deseos y egoísmos. Es el amor lo que nos sostiene, porque nuestros méritos no son merecedores de ser amados.

El Amor de Dios, que nos ama incondicionalmente, nos hace dignos, por los méritos de su Hijo, que entregó voluntariamente su Cuerpo y Sangre en una muerte de Cruz, para nuestra redención y nuestro perdón por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. Y si Dios nos ama así, de forma incondicional, así también tendremos que amar nosotros. Ese es el objetivo de nuestra perfección, amar como nos ama el Padre. 

Ustedes ser perfectos como mi Padre celestial es perfecto (Mt 5, 46-48). Ahí está muy clara y también muy perfectamente señalada nuestra meta. Toda nuestra vida tiene que ser un esfuerzo constante es amar incluso a los que nos cuesta amar. Y eso nos descubre también la necesidad que tenemos de la ayuda y asistencia del Espíritu Santo. Solos no podremos amar ni al más simple y pequeño enemigo. O a la persona que menos antipática nos caiga. Necesitamos el concurso y auxilio del Espíritu para superar nuestras limitaciones humanas y nuestra pobreza moral.

No hay otro camino, y, además, lo sabemos porque lo comprendemos. En lo más profundo de nuestro corazón está la huella de Dios, y experimentamos que necesitamos amar hasta a los más descarriados y enfermos; hasta a los más pobres y marginados o excluidos. Y hasta a los más enemigos. Y también descubrimos que ese impulso de amor está por encima de nosotros y sin Él nada podemos hacer.

Por tanto no nos queda otra opción que la de esforzarnos en ser perfecto como nuestro Padre celestial es perfecto. Y nos atrevemos a intentarlo contando y suplicando su ayuda y su Gracia.

lunes, 13 de junio de 2016

LA PAZ EMPIEZA POR TI MISMO

 (Mt 5,38-42)


Estamos cansados de discutir porque nunca llegamos a un punto común. La discusión es descubrir nuestras diferencias y exponerlas a la razón para llegar a acuerdos que puedan unirnos. Pero cuando la discusión persigue el imponer tus criterios, deja de ser discusión y pasa a litigio buscando ser el vencedor. Y eso, la experiencia nos lo alumbra, no conduce a ningún lugar, porque el vencido engendrará el rencor y la vengaza de ganar algún día.

Así decimos que la violencia engendra violencia, y en mi país, España, se vive todavía ese resquemor y venganza de la pasada guerra civil. La memoria histórica está presente en las actuales elecciones, porque no se puede entender esas disputas y descartamientos de unos partidos y otros cuando el diálogo es necesario y fundamental para el bien del país, que es, precisamente, lo que deben buscar todos los partidos.

Ante todo este panorama, Jesús nos dice: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».

Se trata de presentar la verdad y de dejar que el otro se convenza de su propias mentiras. Quizás sea necesario que experimente su verdad y se desengañe él mismo. El mundo camina experimentando sus propios fracasos y dándose cuenta de sus errores. Y eso es lo que nos da el impulso para la reconciliación y para buscar caminos de verdad y paz.

Experimentamos que el amor es la única solución y que sólo con él podemos vencer a la mentira, a los deseos egoístas y de venganzas, que se esconden en los corazones pervertidos, ambiciosos heridos por el pecado

domingo, 12 de junio de 2016

EL ADULTERIO DE LA LENGUA

(Lc 7,36-8,3)


También nosotros nos preguntamos hoy por qué Dios no actua ante muchas cosas que suceden. Pensamos muy parecido a aquel fariseo cuando creemos descubrir la manera de actuar del Señor. Concluimos que si fuese Dios actuaría ante lo que está ocurriendo en el mundo. No hay mucha diferencia entre él y nosotros.

Nuestra lengua no para de adulterar la realidad y la verdad, y eso es simplemente adulterio. Porque el adulterio va más allá del sexo y la pasión descontraloda y egoísta. Y se adultera con la vista, nos decía ayer el Señor, pero también con la lengua y la critica despiadada. Hoy vemos como aquel fariseo duda de Jesús al observar que se deja perfumar y lavar sus pies por aquella pecadora adultera. Peca ya con su vista de apariencias y pensamiento.

Pero lo que verdaderamente limpia esos pecados causados por nuestros egoísmos, no son nuestras acciones exteriores y de piedad o cumplimientos, sino la intención verdadera y limpia de nuestros corazones. Es el amor sincero y verdadero el que limpia de todo pecado por la Gracia de Dios. Porque amar implica antes contricción. No puede amar quien no, antes, ha perdonado. Y, Jesús, el Señor que nos ama desde el principio, nos recibe con su Misericordia y nos perdona.

Por eso es perdonada la mujer adultera, porque, a pesar de sus pecados, ha amado mucho arrepintiéndose de sus miserias y pobreza. Ante el orgullo y la apariencia del arrogante fariseo que, quizás siendo la causa del adulterio de la mujer, se erige como un perfecto judio. 

Y el amor se concreta en las atenciones tradicionales, hechas con amor y servicio, debidas y acostumbradas a los huespedes. Que el fariseo descuida y la pecadora adultera, llevada por su amor y entrega, las ofrece si reparar gastaso ni atenciones a Jesús. Por eso, la sabiduría del Señor derramando hermosura y belleza nos dice:
 «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra».

sábado, 11 de junio de 2016

EL REINO DE LOS CIELOS ESTÁ CERCA



A veces tenemos la percepción de que el tiempo es largo. De niños adolescentes y jóvenes nos parece la vida muy larga y, desando ser mayores nos desesperamos por llegar a tener bigote o barba, o, simplemente ser mayor de edad y quedar fuera de la tutoría de nuestros padres.

Cada época demanda unos comportamientos diferentes, pero la inquietud de ser mayor siempre está presente. Cuando leemos, el Evangelio de hoy, que Jesús nos dice que el Reino de Dios está cerca, no llegamos a comprenderlo, porque nosotros lo experimentamos lejos. Sin embargo, en la medida que avanzamos en nuestra vida percibimos que ésta se acelera cada vez más, y experimentamos que el tiempo corre muy deprisa. Una mirada atrás nos descubre que nuestra vida se ha ido rápidamente.

Mi experiencia al respecto es esa. No sé cómo se ha ido mi vida. Los recuerdos de niño y joven me parecen muy cercanos. El ayer y el hoy se unen en el presente y todo parece un instante. Indudablemente, reflexionada la Palabra, alcanzamos a comprender que la vida es un instante y los siglos pasan, aunque aparentemente despacio, sin pausa. El Reino de Dios está cerca, pero muy cerca.

Yo lo presiento en mí mismo, y pido a Dios prepararme para ese instante glorioso. El más glorioso de mi vida. Vista y esperada el momento de la partida y la última hora de mi vida aquí en este mundo, la muerte no parece tan trágica ni temida. Posiblemente, cuando contemplamos la segunda venida, prometida por el Señor, se nos hace más larga. Pero antes, en nuestra hora, estaremos en su presencia.

Pero, el Reino de Dios también está presente en cada uno de nosotros, porque Dios vive en nuestros corazones, y de Él recibimos el alimento necesario para el camino de cada día. Porque la Vida se llena de esperanza y la muerte queda vencida por la Resurrección del Señor. Sí, verdaderamente el Reino de Dios está con nosotros, porque Tú, Señor, eres el Reino.

viernes, 10 de junio de 2016

LA VERDAD NO ADMITE IMPUREZA

(Mt 5,27-32)

Cuando algo es impuro entendemos que no es perfecto y que está mezclado de impurezas que lo desvirtúan. Así pasa con el amor, cuando no es fiel al compromiso contraído se desvirtúa y corrompe. Porque el amor no es simplemente la pasión o los sentimientos, es el compromiso y la palabra. 

¿Podríamos entender que Dios rompiera su Alianza y nos condenara a todos? ¿Podríamos entender que Dios nos retirara su Misericordia? Dios está comprometido con cada uno de nosotros, y, a pesar de nuestras infidelidades se mantiene firme en su compromiso. Él no retira su Palabra y sostiene su Amor. Pero quiere que cada uno de nosotros haga lo mismo. A pesar de nuestras pasiones, egoísmos, sentimientos y caprichos. 

Dios quiere que nuestro compromiso de amor con nuestra esposa sea modelo, testimonio y ejemplo de amor como el de Él. Por eso, Dios bendice el matrimonio y se compromete en el sacramento matrimonial a ayudarnos, a darnos su Fortaleza y Gracia para que podamos sortear y superar todas las dificultades que nuestra unión sufrirá. Dios quiere que nuestra unión sea para siempre, hasta que Él regrese, en su Hijo, para poner todas las cosas en su lugar.

Todos comprendemos que la unidad es el objetivo y que el amor es el pegamento de esa unidad. Pero nos falla el pegue, porque lo contaminamos, lo dejamos a la intemperie y lo estropeamos. Necesita cuidados, necesita compromiso y responsabilidad, pero, sobre todo, necesita oración. Jesús ha sido invitado, y si al invitado no se le pone cuidado, se le cuida y atiende, terminará por no estar o por perdérnoslo. Porque hay otro, que no habiendo sido invitado, está al acecho y nos tienta y estropea nuestra unión. Ya lo hizo con Adán y Eva.

La belleza no está en la pasión, en los gustos, en las comodidades, en las satisfacciones, sino en la verdad y en el compromiso de respuesta a lo autentico, a lo verdadero, a lo justo. Una persona es valorada no cuando se ha preocupado de sí misma y se ha dado la buena vida egoístamente, sino cuando ha sido responsable con sus compromisos y ha vivido de acuerdo con la verdad y la justicia. Lo que propone Jesús es lo más lógico y lo mejor. Su Palabra es Palabra de Vida Eterna.

jueves, 9 de junio de 2016

CON CUMPLIR NO BASTA

(Mt 5,20-26)

El cumplimiento está bien y es necesario, pero no basta para alcanzar la Misericordia de Dios, porque, precisamente, tienes que, por encima de todo cumplimiento, ser misericordioso como el Padre Dios es contigo. Queda claro y tiene verdadero sentido común. ¿Cómo puedes pedir perdón si tú no estás dispuesto a dárselo a otros? En la parábola del siervo cruel, Jesús, te lo deja clarito (Mt 18, 23-35) y nos quedamos todos reflejados. ¡Qué bueno conocer las parábolas, porque así conoceremos mejor y muy claro lo que Jesús nos enseña.

Por eso, el Señor nos lo dice hoy en el Evangelio: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos». Porque hay muchos que cumplen, pero están sujetos a las leyes y su amor empieza y termina en la ley. Y no descubren sus incumplimientos, porque también tienen sus fallos y sus errores. ¿O es que podemos levantar la mano para tirar la primera piedra?

Luego, si tú experimentas que eres pecador, y todos lo somos, tendrás que descubrir que necesitas ser perdonado, pero también, de igual forma, otros lo necesitan. Y supuestamente necesitarán tu perdón y misericordia. Y es esa la medida de tu perdón. Ya nos lo dejo bien reflejado el Señor en la oración del Padre nuestro: ...y perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...

Es bueno reflexionar cada día desde la Palabra de Dios, y darnos cuenta de la necesidad, como es el caso de hoy, de ser misericordiosos. Ahora, posiblemente, muchos de nosotros, quizás los que lean estas humildes letras en este momento, descubran la necesidad de perdonar a aquel familiar, hermano, amigo...etc. u otras ofensas recibidas. Así como también pedir perdón por las nuestras. De cualquier forma, lo que trato de decir es que la Palabra de Dios nos ayuda a ser mejores y a esforzarnos en perfeccionarnos. 

Y para eso necesitamos reflexionarlo todos los días o con frecuencia. Y este es el objetivo de este humilde blog, caminar de lo inmaduro de nuestra vida a la madurez de descubrir la acción del Señor en cada uno de nosotros. Eso es lo que significa en un sentido amplio "De dodim a agapé" en lenguaje griego. 

Y eso es lo que pedimos en este momento, Señor, que la acción del Espíritu Santo nos haga cada día un poco más maduros, más perfectos para llegar a la santidad que Tú quieres para cada uno de nosotros.

miércoles, 8 de junio de 2016

LOS PIROPOS A DIOS

(Mt 5,17-19)

Podemos decir muchos piropos a Dios, pero ninguno será como el cumplimiento de su Voluntad. Jesús, el Hijo de Dios Vivo, nos dice: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14,15). Por lo tanto, la única forma de decírselo claramente y como a Él le gusta es cumpliendo sus mandamientos.

Al contrario, podemos decirle a Dios, por activa y pasiva, que le amamos y demostrárselo con muchos actos de piedad, pero si realmente no guardamos sus mandamientos, nada de nada. Esos piropos no llegan a Dios, se evaporan en el camino. El amor a Dios se lo manifestamos en y con las obras. Es bueno decírselo, pero haciendo y cumpliendo su Palabra y Voluntad.

Por eso, es necesario conocer las enseñanzas de Jesús y saber de primera mano, las Escrituras, sus sabias y hermosas parábolas, en las que nos dice como nos ama su Padre Dios y como debemos nosotros amarle con nuestras obras. Y eso es lo que espera Dios de nosotros y lo que nosotros debemos hacer con la ayuda y el auxilio del Espíritu Santo.

Y no sólo no lo hacemos, sino que cuando lo hacemos mal, lo transmitimos mal y escandalizamos a aquellos que se fijan en nosotros y a los que les servimos como señal y signo en sus caminos. Pobre de nosotros si no tratamos de corregirnos y mejorar. Jesús, al respecto, nos dice: «El que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».

Pidamos al Señor fortaleza, sabiduría y voluntad para dar cumplimiento a su Palabra en nuestras vidas y así llenarle de piropos de amor en justicia y verdad.

martes, 7 de junio de 2016

SAL Y LUZ

(Mt 5,13-16)


Sin lugar a duda que si imitáramos a la sal, el mundo, nuestro mundo iría mejor. La sal mantiene la comida con gusto y la hace apetecida. De igual forma, el cristiano debe ser ese punto de gusto, de gozo y alegría por vivir la vida. 

Pero no confundamos la alegría y la paz con la diversión y la juerga. Hablamos de la alegría de sabernos esperanzados y, a pesar de nuestros dolores, sufrimientos y problemas, vivir confiados en que todo cambiará. Cambiará porque Jesús, el Hijo de Dios Vivo, nos lo ha prometido, se ha cumplido su Palabra y volverá algún día, porque ha Resucitado, a llevarnos con Él a la Vida Eterna.

Por eso, debemos ser como la sal y desprender sus buenos efectos. Pero, también debemos ser luz, la luz que nos salva de la oscuridad y nos alumbra el espacio, el lugar y el camino. ¡Cuánto la echamos de menos en lugares oscuro donde no tenemos nada a mano para alumbrarnos! La luz descubre la mentira y de forma transparente nos enseña la verdad. Quienes buscan la luz no esconden nada, porque en la luz no hay posibilidad de esconderse.

Por eso, las buenas intenciones son hijas de la luz, y, al contrario, las malas, están engendradas en el vicio, la oscuridad y la mentira. Y los creyentes en Jesús necesitamos ser sal y luz, para que nuestras vidas llenas de sabor y gusto por las cosas buenas y rectas, queden también alumbradas a la luz de todos y se puedan ver. No para lucimiento personal, sino como testimonio de de verdad y de ejemplo que nos mejora y nos hace la vida mejor.

Pidamos ser sal y luz que cumplan con sus propiedades. Sal que, conservada y mecida en las olas del mar esté siempre preparada para dar sabor a las sacudidas que el propio mundo nos da, y luz que como el sol, sea capaz de, pacientemente, aguardar las primeras horas del alba par destapar todo el aroma de la claridad del día y la hermosura de la verdad de la vida.

lunes, 6 de junio de 2016

¿ESTAMOS NOSOTROS COMPRENDIDOS EN ALGÚN GRUPO DE ESOS BIENAVENTURADOS?

(Mt 5,1-12)

La cuestión no es incluirme en los que Jesús llama bienaventurados, sino vivir esa bienaventuranza. Porque no saco nada creerme pobre de espíritu, si realmente no vivo en la pobreza de saberme pecador, miserable y salvado por la Misericordia del Padre, y capaz de compartir todas mis riquezas recibidas de Él.

¿Me considero manso? ¿Me esfuerzo en llenar mi vida de serenidad, de confianza en mi Padre Dios, de saberme protegido y cuidado como oveja con su Pastor? ¿O simplemente llevo esa mansedumbre como un título sobre mi pecho?

¿Y los demás? ¿Me preocupan los demás que viven a mi alrededor presos de sus apegos, apetencias, cegueras y sufrimientos? ¿Soy capaz de dolerme de sus circunstancias, sufrimiento y llorar con ellos? ¿Y a los que les ha tocado vivir en lugares inhóspitos rodeados de guerras, dictaduras y persecuciones, están en mi corazón y me compadezco?

¿Tengo hambre y sed de justicia y lucho por mejora esas situaciones que otros sufren? ¿O mi Dios, el Dios que yo me he creado es un dios de relación personal sin tener en cuenta lo que ocurre a mi derredor o en otras partes del mundo? ¿Hasta dónde me empuja esa hambre y sed de justicia para saciarla?

¿Me doy cuenta que en la medida que mi misericordia alcance a todos aquellos que encuentro en mi camino, el Padre será igual de Misericordioso conmigo? ¿Es que no me lo ha dicho en la parábola de aquel Rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos? (Mt 18, 23-35). ¿Y realmente me esfuerzo en ello? Porque de no hacerlo, de nada me vale todo lo demás.

¿Son buenas y rectas mis intenciones? ¿Está limpio mi corazón y trato de que esa limpieza sea transparente y se proyecte en un mundo mejor y contribuya a que haya  paz y trate de evitar que hayan perseguidos por que defiendan la justicia y proclamen su fe? ¿Realmente estoy y estamos alegres cuando por todas estas actitudes me vea y nos veamos injuriados, perseguidos y acusados por todas clases de males? ¿Somos conscientes que es entonces cuando seremos llamados verdaderos hijos de Dios y Bienaventurados, y nuestra recompensa será grande en el Cielo?

Sí, Señor, somos consciente, o al menos queremos serlo, pero sabemos también que somos débiles, miserables y pecadores y que sólo con tu ayuda podremos llegar a vivirlas. Danos esa Gracia.

domingo, 5 de junio de 2016

EL HIJO DE LA VIUDA

Lc 7,11-17)

Me pregunto que sería de aquella gente que presenció la resurrección de aquel muchacho. ¿Cambiarían sus vidas? ¿O sus efectos serían los mismos que los de la parábola del sembrador y la semilla en tierra poco profunda? Esa es la cuestión, de la que dudamos cuando conocemos más tarde como los hombres han llegado a condenar  y crucificar a Jesús. ¿Es que no creyeron en Él?

Supongo que hoy pasaría lo mismo. Muchos han presenciado milagros o han sido sujeto de algún milagro o han oído el hecho de un milagro, pero al final eso no incide fuertemente en sus vidas para cambiarla. Sí, les impresiona y quizás la cambian algún tiempo, pero terminan por ahogarse por la poca profundidad de sus raíces y las tentaciones del mundo.

Es un misterio experimentar como la gente no responde a la Verdad ante el Testimonio de Jesús. O, al menos, no se comprende. Pero lo mismo nos ocurre a nosotros cuando proclamamos, en su Nombre, su Palabra. Es verdad y se comprende que a nosotros nos pase, porque somos pecadores y malos testigos, pero no a Jesús, porque Él nunca falla y es la Verdad Absoluta.

Pero somos libres de decidir y ese rechazo nos lo deja muy claro. Dios nos ha creado libres, con capacidad para decidir y elegir. Y necesitamos confiar y perseverar en la fe a pesar de que las apariencias nos digan lo contrario. No cabe duda que el amor se demuestra cuando exige confianza, perseverancia y nos da dolor, porque el camino fácil lo recorremos todos, más el difícil exige esfuerzo, fe y, sobre todo, confianza.

Por eso, Señor, te pedimos que aumentes nuestra fe y que, apoyados y confiados en Ti tengamos la esperanza de resucitar cuando termine nuestro camino en este mundo. No una resurrección como la del hijo de la viuda de Naím, sino una Resurrección definitiva y para Siempre.

sábado, 4 de junio de 2016

MARÍA, MODELO A SEGUIR

(Lc 2,41-51)

Jesús conoce su Misión y se sorprende cuando sus Madre le dice: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Sin embargo, María conservaba todo eso en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría. en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. 

La pregunta que me viene a la cabeza es: ¿Realmente guardo yo también, como María, todas las cosas que me interpelan y no llego a entender, que son muchas, en mi corazón? ¿O por el contrario las desestimas porque no las entiendo o no encuentro respuestas?

La experiencia me descubre a muchas personas que, al no entender muchas situaciones o actitudes,, errores, debilidades o decisiones dentro de la Iglesia, la parroquia o comunidad, se alejan y, aunque sostienen que creen en Dios, confiesan no creer en la Iglesia. María, la Madre de Dios, nos señala la actitud y el camino que debemos mantener y seguir en nuestra conversión. 

La paciencia de la confianza guardando todas nuestras dudas en la esperanza que el Espíritu de Dios nos las vaya aclarando. También, Jesús, ante la sorpresa y perplejidad de sus padres continuaba creciendo en sabiduría, estatura y gracia ante Dios y los hombres.

Amparados en María perseveremos pacientemente como ella y pidamos al Padre en Nombre del Hijo que, en nuestro camino, sigamos creciendo en conversión y dejándonos transformar por su amor.

viernes, 3 de junio de 2016

¿QUIÉN ES LA OVEJA PERDIDA?

(Lc 15,3-7)


Cuando leemos esta parábola siempre pensamos que no somos nosotros la oveja perdida. Al menos eso me pasa a mí, y, peor todavía, lo haces sin darte cuenta. Lees y piensas que la oveja perdida es otro. Y quizás te ocurra eso con otras parábolas. Es bueno para la reflexión descubrir que la oveja perdida eres tú; que el hijo pródigo eres tú; que el hermano mayor eres tú y que Zaqueo eres tú y cada uno de nosotros.

Porque cuando te pones en primera persona y sujeto de la parábola, las cosas puedes verla de otra manera. Referido a esta parábola de hoy, Jesús anda buscándote todos los días. Posiblemente, tú y yo no advirtamos los peligros que la vida nos depara y las omisiones de nuestros actos que nos pierden. Es posible que no estemos perdidos en un bosque, pero si confundidos en el amor. No amamos como el Señor nos ama a cada uno de nosotros.

Y nuestra pérdida es alejarnos de ese amor y encerrarnos en nosotros mismos. Nos adentramos en el bosque cuando, desligados de los otros, los utilizamos para satisfacer nuestros caprichos, nuestros intereses, nuestras apetencias y mirarnos nuestros ombligos. Somos la oveja perdida cuando individualizamos nuestra vida y nos separamos de los demás. Y es entonces cuando necesitamos ser encontrados por el Buen Pastor.

Por eso, la alegría es inmensa cuando volvemos al redil; cuando somos capaces de dejar de mirarnos y empezamos a mirar a los otros; cuando la comunidad gana unas manos más para amar a aquellos que siguen perdidos en el mar de la vida. Y es que experimentamos que la alegría se hace presente en todos, y todos la celebran. Hemos recuperado a una oveja pérdida y en el mundo brilla una estrella más, porque el amor mejora y construye el mundo.

Padre, perdona nuestra osadía y nuestros pecados, y ayúdanos a dejarnos encontrar por tu Amor. Porque sólo cuando te encontramos revivimos a la única y verdadera vida que, perdidos, estábamos buscando.

jueves, 2 de junio de 2016

LA VERDAD ES QUE NO PUEDE HABER MANDAMIENTO MAYOR

Mc 12, 28b-34

Todo en la vida consiste en amar, pero amar de verdad. Porque se puede amar de mentira. Y lo hacemos cuando nuestro aparente amor se esconde en nuestros disimulados egoísmos. No puede envolverse el amor en una satisfacción de mis gustos; no puede envolverse el amor en una ideología de mi pensamiento y mi verdad; tampoco puede envolverse el amor en el papel de mis apegos y apetencias, y menos en crecer yo menguando la personalidad y dignidad del otro.

Realmente, ¿es eso amor? Supongo que todos convergeremos que eso es un amor adulterado y egoísta. Es un amor narcisista que sólo se busca a sí mismo. Es un amor destructivo, corrupto y posesivo. Es un amor que mata. Esa clase de amor no construye, sino destruye. Y es el reflejo del mundo herido, tocado por las explotaciones, imposiciones, dominadores y poder de unos sobre otros. ¡No!, definitivamente eso no puede ser el amor.

El Amor con mayúscula ha quedado revelado y retratado por el único Personaje que ha sabido Amar. No sólo lo ha revelado con Palabras (), sino que lo ha dicho con su Vida. La historia es testigo de lo que digo y quien quiera comprobarlo la tiene a mano. Jesús de Nazaret ha dado su Vida por amor y se ha puesto como la única referencia de Amor. 

Porque amar según Jesús es poner tu vida y tu tiempo al servicio de quien más lo necesita. No se trata de ponerlo al servicio de todos, sino de aquel que realmente tiene necesidad de ello. Entre otras cosas porque son los que lo van a acoger, a recibir y a aceptar. Al orgulloso, que no necesita nada, se lo impide su propio orgullo, y al rico y poderoso le basta con sus riquezas, aunque no vea que son caducas. Lo ha cantado María anticipándose a su Hijo en el Magníficat  (Lc.1, 46-55). 

Y, Jesús, su Hijo, el Mesías enviado por el Padre, lo repite ahora: El primero es: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. Y el segundo: "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Luego, más tarde nos dirá un nuevo mandamiento. Es este: ámense como Yo les he amado. Él es nuestro modelo y referencia.