ÚLTIMAS REFLEXIONES

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DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 17 de marzo de 2017

¡QUÉ PASARÁ CON NOSOTROS?

(Mt 21,33-43.45-46)
Nosotros somos el pueblo infiel. Aquellos que se incluyan en la desobediencia y en el maltrato de todos los dones recibidos. Aquellos que no integran la vida en la naturaleza e intenta que todos disfruten de ella. Aquellos que cierren sus ojos al desenfreno y la ambición de algunos que quieren y anhelan gobernar el mundo según sus propósitos e intereses. Aquellos que desestabilizan el equilibrio natural y cierran las puertas a las migraciones de los desheredados, perseguidos o explotados.

Eso sucedió y sucede cada día. Eso ocurre con los jefes y gobernantes, que desatiende la voz de la justicia y el amor fraterno y provocan el sufrimientos de muchos que buscan una vida mejor en paz y verdad. Pero, también, nosotros, los que quizás creemos y queremos estar dentro del pueblo elegido. De ese pueblo al que fue confiada la Viña del mundo y que maltratamos y destruimos, y mal repartimos. Realmente, la pregunta es, ¿qué pasará con nosotros?

El Evangelio de hoy nos lo pone muy claro. Dios te ha dejado una vida y una viña en alquiler, para que la administres y trabajes. Y, tras un periodo de tiempo, volverá a pedirte tu rendimiento, tu trabajo y tus frutos en relación también con los demás. ¿Qué le vas a decir y a dar? ¿Qué frutos cultivas para Él?

Lo que hicieron aquellos, jefes y gobernantes de la época, está muy claro. Y, hoy, Jesús nos lo refleja y expone en su Evangelio: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». 

Ahora nos toca a nosotros. ¿Cómo actuaremos y responderemos cuando venga el Señor, dueño del mundo, a pedirnos nuestro rendimiento y frutos? Será cuestión de pensárselo, porque ahora vendrá con todo su séquito y poder a hacer verdadera justicia.

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