ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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domingo, 31 de diciembre de 2017

PRESENTACIÓN DE JESÚS

Hoy, el Evangelio, nos habla de la presentación de Jesús en el Templo. Así lo manda la Ley de Moisés y así lo cumple José y María, la Sagrada familia. Conocemos la historia y lo que sucedió en esa presentación en el Templo. Estos últimos días el Evangelio nos ha hablado de eso. Pero, ¿podemos hacernos también nosotros una pregunta?

¿Presentamos nosotros también al Señor en nuestra vida? Porque, en los templos le visitamos y le adoramos, pero, ¿le presentamos a los demás, a aquellos que no le visitan ni quieren oír hablar de Él? Hoy puede ser un día importante para reflexionar sobre eso, y para pensar de qué forma podemos darle a conocer y anunciar al mundo que ha nacido. En principio, la familia puede ser una buena oportunidad para encontrarle, porque en ella damos nuestros primeros pasos y tenemos la oportunidad de aprender los valores del amor.

El primer punto de la reflexión se nos para en la importancia que tiene la familia. Debe ser mucha y grande, porque fue elegida por el Padre para su Hijo. Dios quiso que su Hijo naciera en una familia, y, simplemente por eso, la familia debe ser muy importante. Porque, de no ser así, Dios hubiese escogido otra forma. Y, ahora, aparcados en esa reflexión, ¿qué debemos hacer nosotros para potenciar, animar y defender a la familia en el mundo actual en el que vivimos?

Supongo que a nadie se le escapa el rol importantísimo que tiene la familia en la sociedad. Se ha dicho, y se debería seguir recordando, que la familia es la célula de la sociedad. En estos últimos años de crisis ha sido la familia la que ha ayudado a sostener a muchos de sus miembros, y con ello a las estructuras sociales de los pueblos, ciudades y naciones. La familia cuida y garantiza la vida, la fraternidad y la solidaridad en la sociedad y fortalece la convivencia, la armonía y la paz. Dependerá de como estén las familias para medir la salud de los pueblos.

Creo que es obvio que las familias estén protegidas, valoradas y apoyadas, porque son verdaderas escuelas de formación y forja de verdaderos hombres. Hombres que educados en la verdad, la justicia, la fraternidad y la paz hacen que los pueblos vivan en armonías y pleno desarrollo de amor, justicia y paz.

sábado, 30 de diciembre de 2017

LA CONTRASEÑA ES AMAR

Lc 2,36-40
Podemos ir llenos de medallas y hacer muchas oraciones y cumplimientos en y con todo lo que nos manda la Santa Madre Iglesia, pero si nuestro corazón está apegado a las pasiones de la carne, a la codicia de los ojos o la arrogancia del dinero, no hacemos diferente a muchos otros que están en las antípodas del Mensaje del Señor. Las oraciones y cumplimientos necesitan cristalizarse en el amor al prójimo.

No se está con Dios por las oraciones y cumplimientos, sino por el trato con el prójimo que lo descubre el amor. En la medida que ames a los que viven a tu lado y se cruzan contigo en este mundo, estarás también amando a Dios. Entonces, serás madre, padre, hermano e hijo del Señor Jesús. Porque, son esos los que cumplen la Voluntad del Padre los que serán como María. 

Necesitamos estar cerca para, luego, contagiar de su Amor. Y estar cerca no consiste en amar sólo al prójimo, sino también relacionarte en la intimidad de tu corazón con el Señor. Y te relacionas con tus oraciones y con la práctica de los Sacramentos. En especial con la Penitencia y la Eucaristía, el alimento que nos sostiene y nos da la Vida.

La profetiza Ana supo sostenerse en contacto con el Señor. Ella tuvo la dicha y el gozo de descubrirlo. No se separaba del templo haciendo ayuno y oraciones y, en consecuencia, el Espíritu la movía a hablarle a todos de aquel Niño. Su testimonio nos marca el camino a seguir. Si nos quedamos en el mundo quedaremos a su merced. Las pasiones de la carne, la codicia de los ojos y la arrogancia del dinero nos alejarán de Dios.

No perdamos el norte de nuestra vida y perseveremos en la esperanza de vencer al mundo permaneciendo injertado en el Espíritu Santo y sosteniéndonos fieles a la Voluntad del Padre, que no es otra sino la del esfuerzo por amar.

viernes, 29 de diciembre de 2017

SEGÚN LA LEY

Lc 2,22-35
Una de las realidades que nos descubren que Jesús se hace Hombre es el someterse al cumplimiento de la Ley prescrita por Moisés. José y María cumplen con la Ley, y, como dice el Papa Francisco, hasta en cinco ocasiones insiste el Evangelio en la obediencia de María y José a la "Ley del Señor". Jesús no vino para hacer su voluntad, sino la Voluntad del Padre.

Hoy nace un nuevo día en el corazón del anciano Simeón. Se cumple esa promesa que el Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin haber visto al Cristo del Señor. Y, movido por el Espíritu se encamina hacia el templo donde coincidirá con la presentación del Mesías en el templo. Y queda iluminado, hasta el punto que exclama: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

También nosotros podemos pedir esa luz que nos ilumine y nos permita ver al Redentor, que nace cada día en nuestros corazones. Y lo podemos solicitar a través de su Madre, suplicándole que interceda por nosotros y nos lo presente en el templo de nuestro corazón, para que le, como el anciano Simeón, le reconozcamos desde lo más profundo de nuestro ser.

Porque, el Señor, nace en nosotros cada día, y, también, cada día se presenta en nuestra vida invitándonos a transformarnos en hombres nuevos. Invitándonos a dejar la ley antigua y tomar la nueva, convirtiéndonos en hombres con un corazón lleno de amor misericordioso. Hombres capaces de ver más allá de las cosas de este mundo y proclamar que, el Dios hecho Hombre, está entre nosotros para proponernos vivir según la Voluntad de su Padre y, por su Gracia y Misericordia, alcanzar la dicha de llegar a estar a su derecha junto al Hijo.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Y SIGUEN MURIENDO MUCHOS INOCENTES

Mt 2,13-18
Hoy recordamos la noche en la que José, avisado en sueño por el Ángel del Señor, emprende rápido la huida a Egipto con María y el Niño. José obedece y está abierto a la Voluntad del Señor. Se sabe guiado y participe de un plan de salvación, porque del Señor no puede venir nada malo, sino la salvación para el hombre. ¿Estamos también nosotros convencido de eso? ¿Estamos prestos y atentos a responder lo que el Espíritu Santo nos vaya señalando? ¿Le pedimos que nos ilumine y nos dé esa sabiduría para escucharle y responderle?

No ha parado esa matanza. Hoy, muchos niños mueren en el seno de sus madres. No tienen voz ni se escucha la voz de los que les defienden. Son incluso muchas madres las que se convierten en verdaderos verdugos de sus hijos. En este caso no es Herodes, pero sí el hedonismo y las ofertas de placer y fiesta que el mundo nos ofrece. Es el egoísmo de muchos padres que prefieren acallar la voz de sus hijos y quitarles la vida para vivir ellos las suyas.

Posiblemente, muchos padres y madres de hoy no escuchan la voz del Señor. Y, de hacerlo, no obedecen. Ellos tienen ya señalado sus caminos y no escuchan que les propongan otro. El amor del mundo está condicionado por el dar y recibir. Se quiere dar, pero a cambio de recibir. La ley del mundo es el trueque o la compensación. No se hace nada sin medir que te pueden dar. Y, claro, así, la vida de los inocentes vale poco. Basta que traiga algún desperfecto se tira como un objeto inservible. 

El amor humano es un amor de cambio. Tanto doy, tanto recibo. Un amor mercantil con el que se negocia todo: la felicidad, la economía, el poder, la fama y prestigio, y hasta la vida. Tenemos pronto detrás de la puerta la eutanasia. No, verdaderamente Herodes no se ha marchado. Hay muchos Herodes que siguen perpetuándolo en el tiempo. ¿Y nosotros, qué respondemos?

Simplemente, tratemos de imitar a san José, hombre sencillo, pero prudente y atento a las indicaciones del Ángel del Señor. Porque, también a nosotros nos guía el Ángel de la Guarda que el Señor nos ha puesto.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

VERDADERAMENTE, JESÚS HA RESUCITADO

Jn 20,2-8
El otro día reflexionaba sobre este importantísimo acontecimiento. Hoy, siglo XXI, donde la técnica y los adelantos han avanzado enormemente, sorprende que no se sepa nada sobre los restos del Señor. Hoy, que somos capaces de encontrar restos que los arqueólogos y científicos clasifican en miles y miles de años de antigüedad, y que, tras el análisis de ellos, descubren su modo de vida y cultura, ¿cómo podemos entender que no se sepa nada de los restos del Señor? 

Sabiendo el lugar donde está el sepulcro y la Noticia de su Resurrección sólo tres días después, ¿cómo es posible que desaparezca el rastro físico del Señor? Y más todavía, oyendo el revuelo de su desaparición y los testimonio de sus repetidas apariciones a sus discípulos, así como el testimonio de estos, sus milagros y sus proclamaciones aún a riesgos de perder sus vidas, ¿cómo no se ha hecho nada al respecto? 

?Es qué este enigma no se puede resolver a pesar de tantos adelantos que nos revelan la vida de otras civilizaciones de miles de años atrás? ¿O es que verdaderamente ha Resucitado el Señor? Sí, es lo más sensato e inteligente, Jesús, el Señor, ha Resucitado. Creemos también nosotros en el testimonio de Pedro y de Juan, y en el de María Magdalena. El sepulcro está vacío, porque Jesús ha Resucitado.

Pero, a pesar de todos estos testimonios, creemos porque Jesús nos lo había dicho. Ahora comprendemos cuando dijo que, destruido este templo, Él lo levantaría en tres días. Ahora comprendemos que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Ahora comprendemos que quien cree en Él tendrá Vida Eterna. Ahora comprendemos muchas cosas que antes se nos quedaban en la oscuridad.

Pero, ahora comprendemos, sobre todo, que Él está con nosotros y que nos acompañará siempre en y durante el camino y recorrido de nuestras vidas. Él, encarnado y hecho Hombre, ha venido al mundo para liberarnos del pecado y darnos Vida Eterna de cuerpo y alma. Por lo tanto, resucitaremos en y por Él.

martes, 26 de diciembre de 2017

LA MUERTE ES SÓLO EL BILLETE DE CAMINO AL CIELO

Mt 10,17-22
Al cristiano, creyente en Jesús, poco le importa la muerte. Mejor, diría, que le apasiona la muerte, porque es el billete que le da paso hacia el camino del Cielo y de ver a Jesús a la derecha del Padre. Eso fue lo que presenció Esteban, el protomártir, primero en dar su sangre por Jesús.

Nuestra fe se resume en Muerte y Resurrección, porque ese ha sido el resumen de la muerte de el Señor. Se ha encarnado en naturaleza humana, es decir, hecho carne como nosotros, para así, liberándonos del pecado, darnos la Resurrección, no sólo del alma, sino también de nuestra propia carne. Y eso queda claro en el Evangelio de hoy. Jesús nos lo dice, porque Él no engaña. Es Camino, Verdad y Vida, y nos deja todo muy claro: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará». 

No hay nadie que no entienda esto. El camino es difícil, pero no vamos solos. El Espíritu Santo, recibido en el Bautismo, el mismo Espíritu Santo que recibió Jesús y le señaló como Hijo Predilecto en el bautizo de Juan Bautista en el Jordán, es el que nos guiará también a nosotros y nos fortalecerá y auxiliará en todo momento, abriéndonos la boca para que digamos lo que tengamos que decir.

Jesús ha nacido, y se ha anonadado tomando nuestra carne humana para liberarnos del pecado y para darnos la resurrección, como Él mismo ha Resucitado. Una resurrección tanto de alma como de cuerpo, porque así Él mismo ha Resucitado.

lunes, 25 de diciembre de 2017

HOY NUESTRA VIDA ENCUENTRA SU SENTIDO

Lc 2,1-14
Hoy nace la esperanza en nuestro corazón. El hombre, perdido por y en el pecado, encuentra la misericordia que necesita para liberarse de la esclavitud del pecado. Estaba ya prometido y proclamado por el profeta Isaías -Is 7, 10-14- "La Virgen está encinta y da a luz a un Hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa 'Dios-con-nosotro'"

Y hoy se cumple esa profecía. Es María la puerta por donde entra la esperanza de salvación de todos los hombres. María, la elegida deja su seno para que el Verbo se haga carne y habite entre nosotros. No es un día de comilonas y festejos desencarnados, sino que nos alegramos, celebramos y nos felicitamos con alegría y fiestas brindando porque Dios, hecho Hombre, ha nacido de María para liberar a todos los hombres de la esclavitud del pecado. Nuestro gozo, alegría y fiesta están justificadas.

Pero, al margen de esta alegría desbordante y exultante, debemos buscar espacios de reflexión y de deponer todas nuestras actitudes y proyectos para ofrecernos totalmente desnudos a recibir el plan de Dios. En esto, María, es ejemplo y referencia. Ella, despojada de todas sus actitudes e intenciones, se ofreció como la esclava del Señor para que su Voluntad se realizase en ella. Quizás sea esa nuestra mejor actitud ante la celebración de la Navidad. Permitir y dejar que verdaderamente el Señor nazca entre nosotros.

Posiblemente haya mucho ruido a nuestro derredor. Será difícil evitarlo. Son fiestas familiares y en la familia, como comunidad de amor que es, hay actitudes encontradas y dispares. Y el Amor que hoy debe nacer en nuestro corazón respeta las diferencias y une los corazones. Por tanto, desde una convivencia de respeto, soportada desde el amor, debemos hacer presente el nacimiento del Señor en nuestro corazón estando con todos, allanando y enderezando el camino que nos permita tomar conciencia de la presencia del Señor entre nosotros.

Simplemente, aceptar la paz que, quizás entre las guerras, las diferencias, los egoísmos y vanidades que tratan de separarnos, nos esforcemos en construir la unidad, la justicia y el amor entre los hombres.

FELIZ NAVIDAD

domingo, 24 de diciembre de 2017

EL ORIGEN DE LA BUENA NOTICIA

Lc 1,26-38
Una buena noticia es algo que va a mejorar nuestra vida y que nos aporta alegría y gozo. Todos nos alegramos cuando recibimos una buena noticia. En estos días navideños la gente se ha alegrado mucho con el sorteo de la lotería, y, sobre todo, aquellos que han ganado algún premio. La alegría está detrás de la buena noticia.

Pero, la gran Noticia de este momento, y por lo que se hace precisamente Navidad, es que el Niño Dios, encarnado en Naturaleza Humana, nace en Belén de una joven sencilla y humilde llamada María. El Evangelio de este día nos narra, como si de un cuento de hadas se tratara, la maravilla y el acontecimiento de la Gran y Buena Noticia.

Y todo empieza con la anunciación del Ángel Gabriel a la joven María, la elegida para ser la Madre de Jesús, el Mesías enviado a salvar a todos los hombres. Ese es el significado de la Navidad, es sentirse salvado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Y todo empieza por María. Ella es la puerta con la que entra la Navidad, es decir, el Niño Dios que nos invita a que le hagamos un hueco en nuestros corazones para nacer también en cada uno de nosotros.

María deja a un lado sus proyectos, y, a pesar de no entender el plan de Dios, ni el por qué una joven sencilla como ella es elegida para tan importante misión, accede y se fía de su Palabra. Su respuesta es contundente: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». También nosotros somos invitados a colaborar con el plan de Dios y a continuar nuestra misión, la de vivir y transparentar esa Buena Noticia de salvación. Una noticia que reluce ahora en estos días que celebramos la Navidad, para que tiene luz propia y brilla siempre a lo largo de todo el año.

Dispongámonos a celebrar esperanzados la hermosa experiencia de sentirnos salvados y plenos de gozo y felicidad. Para Dios no hay nada imposible y su Palabra tiene siempre cumplimiento.


FELIZ NAVIDAD

sábado, 23 de diciembre de 2017

JUAN ES SU NOMBRE

Lc 1,57-66

Uno de los signos más significativos de la verdad y, por supuesto, de la existencia del Hijo de Dios, el Mesías prometido y enviado, son las profecías que, siglos antes, se descubren, proclaman y profetizan anunciando el nacimiento que, pronto, celebra la Iglesia. La primera lectura de la liturgia de hoy nos dice: «Esto dice el Señor: ‘Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de Mí’» (Mal 3,1). Y, desgraciadamente pasan desapercibida a los ojos de muchos que protestan y buscan signos que le den pruebas y señales de la venida del Señor.

El cambio de nombre, en el Plan de salvación, tiene siempre un significado que descubre una nueva misión. Como un cambio de rumbo o un nacimiento hacia una vida nueva. Esto sucede con muchos personajes del nuevo testamento, tal es el caso de Simón u otros. Juan es el último profeta, puente entre en Antiguo. y el Nuevo Testamento, que da paso al comienzo de la vida pública de Jesús.

A Juan le correspondía, por tradición y herencia paterna, el nombre de su padre Zacarías. Sin embargo, le fue impuesto desde el seno de su madre Isabel el nombre de Juan. Había sido elegido desde su concepción para una misión concreta: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: ‘Enderezad el camino del Señor’» (Jn 1,23). Juan nos señala un camino de conversión, que pasa por el arrepentimiento y la humildad. 

No es fácil. Endereza el camino de nuestra vida cuesta, pero es imprescindible y necesario. Y si quieres seguir al Señor ese es el camino y la manera de recorrerlo. Tampoco te desesperes porque tropieces, porque caigas repetidas veces, pues la humildad es la que te ayuda a levantarte. Y cada levantada es un abrazo que das al Señor y que Él acepta con verdadero amor. Así que camina y camina apoyado siempre con las muletas de la oración, del servicio y la humildad. Terminarás por vencer.

No te preocupes, ten siempre en cuenta que: «Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20). El Señor nos estará esperando siempre, pues ha venido para eso, para cenar con cada uno de nosotros e invitarnos a su Casa para estar con Él eternamente. Esa es la verdadera Navidad que debemos buscar y celebrar, la de dejar entrar al Señor dentro de nuestro corazón.

viernes, 22 de diciembre de 2017

LA RESPUESTA DE MARÍA A SU PRIMA ISABEL

Ante la respuesta de Isabel al saludo de María, ésta irrumpe con el canto del Magnificat: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador..." Leer el este canto y meditarlo nos hará mucho bien. Destaca la humildad y la acción de Dios en favor de los pobres. Su Misericordia es siempre recordada, porque por ella somos perdonados y salvados.

En María vemos las virtudes que la adornan. Virtudes que también debemos pedir nosotros y esforzarnos en vivirlas. No podemos sostener la mirada de Dios si no tratamos de ser humildes, ni tampoco, como nos dice el Papa Francisco, llegar a Él si no lo encontramos en los demás, especialmente en los pobres.

Dios se compadece de aquellos corazones necesitados que son humildes. ¿Qué significa eso? Significa que sólo los que reconocemos nuestros pecados, nuestras limitaciones, nuestra pobreza y necesidad de, en el Señor, alcanzar la limpieza y purificación, por su Infinita Misericordia, podremos encontrarnos con Él y recibir la salvación.

Estamos necesitados del Amor del Señor, pero, para eso es imprescindible reconocernos pecadores y, como María, esclavos agraciados por la Misericordia de Dios, porque todo se lo debemos al Señor. Es verdad que nos resulta imposible comprenderlo, y, en el fondo de nuestro corazón pensamos que tenemos algún derecho. Y que con nuestras obras podemos merecer algo. Está claro, necesitamos ser muy humildes para darnos cuenta de nuestra indignidad y comprender que todo es Gracia de Dios.

No es nada fácil aceptar nuestra humildad. Dentro de nosotros tenemos el germen del pecado que nos hace soberbios y engreídos. Es momento de cantar el Magnificat junto a María y darnos cuenta de la Misericordia de Dios y de la necesidad de nuestra humildad. Y, reconocer que sólo en Él podemos alcanzarla. Pidamos, pues, que el Señor nos dé su Gracia y nos llene de humildad. 

jueves, 21 de diciembre de 2017

EL GOZO DE MARÍA

Lc 1,39-45
Todo está puesto en Manos del Señor. María camina llena de gozo y alegría. Se hace camino con la Palabra de Dios. En Él se confía y su Palabra tiene verdadero cumplimiento. El Señor nunca falla. Es Dios y para Él no hay nada imposible. No lo sé, pero me gusta imaginarmelo, entre otras cosas porque así lo experimento y lo siento yo. Y me llena de gozo y alegría pensar que María, llena de paz, de alegría y amor corría apresurada a visitar a su prima Isabel. Ambas tenían motivos más que sobrados para cantar alabanzas al Señor.

Y se produce uno de los milagros, al menos para mí, que me han llenado de gozo, de alegría y de paz. El encuentro de María y su prima Isabel. Es de sentido común que Isabel no podría saber nada de María. Las comunicaciones en ese tiempo no eran fluidas ni fáciles de establecer entre un pueblo y otro. Además, el anuncio del Ángel Gabriel no fue publicado. Había sido un anuncio en privado. Sólo a María.

Me pregunto, ¿cómo podría Isabel saber que María, su prima, llevaba en su vientre al Mesías? ¿De dónde, entonces, su respuesta al saludo de María? ¿Y el salto de Juan en el vientre de su madre Isabel? ¿Se puede entender esto fuera del poder de Dios? ¿Por qué permanecen nuestros corazones cerrados? ¿No sería una buena Navidad abrir nuestro corazón al nacimiento del Señor y permitirle nacer en él?

¿Por qué no dejarnos llenar de bienaventuranzas como María y creer en el Señor confiando que su Palabra tendrá pleno cumplimiento? Seguro que una madre quiere lo mejor para su hijo. Tengamos plena seguridad y confianza que María, Madre de Dios pero también Madre nuestra, quiere lo mejor para todos sus hijos. Y seguramente nos visita y nos saluda presentándonos a su Hijo. Seamos agradecidos y tratemos en estas navidades de corresponderle devolviéndole el saludo y haciéndole un hueco en nuestro corazón a su Hijo, el Mesías prometido que nos visita y nos llama a conversión para salvarnos y darnos la Vida Eterna.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

¿ESTOY YO TAMBIÉN ABIERTO A LA GRACIA DE DIOS?

Lc 1,26-38
Nos resulta, sobre todo a aquellos que leemos a diario el Evangelio, muy conocido este relato de la anunciación, y corremos el peligro de que lo veamos como algo ya tan frecuente, año tras año, que no lo miramos con ojos nuevos ni con la atención de la primera vez. Puede incluso ocurrir que lo recibamos como un acontecimiento más del año y pongamos más énfasis en las celebraciones festivas que en el hecho propio del nacimiento del Hijo de Dios. Soy consciente de que corremos ese peligro.

Son días de muchas luces, de mucha algarabía y de muchos acontecimientos, que este año se ven sobresaltado con las elecciones catalanas. El ruido no nos deja pensar: luces, aires de fiestas, mucha gente por las calles, canciones, lotería, elecciones, regalos, compras...etc. Y del nacimiento del Niño, por quien se celebra estas fiestas, poco se sabe. Da la sensación que pasa por debajo de la mesa.

Hay una oración de la Conferencia Episcopal que dice: "Por todos los fieles cristianos, para que al celebrar el nacimiento del Hijo de Dios, experimenten fortalece en la fe, aprecio por los no nacidos, y la armonía en la familia y en la comunidad cristiana". Tratemos de unirnos a ella y esforcémonos en experimentar esa fortaleza en nuestra fe para llevarla y contagiarla en la familias y las comunidades cristianas.

Porque, la Navidad significa eso, dar nacimiento a Dios en nuestros corazones y vivir la cercanía del dolor de la Virgen al sentirse la elegida y enfrentarse al que dirán, a la reacción y respuesta de su desposado José y todo su entorno familias y social de su época. También tú y yo hemos sido elegidos en y por nuestro Bautismo. Hemos sido ungidos por la Gracia del Espíritu de Dios y configurados como sacerdotes, profetas y reyes, y comprometidos a dar razón de nuestra fe. 

Porque, no es una Noticia cualquiera. Es la Buena Noticia que nos trae la salvación y el perdón de nuestros pecados. Es la Buena Nueva. Nace el Niño Dios dentro de nosotros y, lo hará, en la medida que tú y yo le hagamos un hueco para que, formando su humilde pesebre, nazca en nuestro corazón y nos acompañe todos los días de nuestra vida.

martes, 19 de diciembre de 2017

LOS PLANES DE DIOS

Lc 1,5-25
El problema empieza cuando queremos interpretar y razonar con nuestro intelecto los planes de Dios. Nos olvidamos que somos criaturas creadas por él y sujetas a las leyes naturales que Dios mismo ha puesto para regular el universo. Y, claro, no llegamos a comprender lo de Zacarías o lo de María, nuestra Madre. Perdemos de nuestra perspectiva que para Dios no hay nada imposible.

María, nuestra Madre, nos lo recuerda con su actuar y su ejemplo. Ella no entiende muchas cosas, ni sabe como puede realizarse su maternidad divina, y lo expresa, pero, ante el anuncio del Ángel Gabriel, se confía plenamente a la Voluntad de Dios. Por el contrario, Zacarías duda y pide alguna prueba que le asegure eso que el Ángel Gabriel le anuncia.

Hay gran diferencia entre María y Zacarías, y esa diferencia determina y causa el silencio de Zacarías al quedarse mudo por un tiempo como castigo por su desconfianza. Ahora, nos preguntamos: ¿En qué situación nos encontramos nosotros? ¿En la de María o en la de Zacarías? Porque, María se fía del Señor al anunciarle el Ángel Gabriel la Voluntad de Dios, y Zacarías exige alguna prueba que le saque de la duda. 

Y podemos interpelarnos: ¿Exigimos también nosotros pruebas de tu Persona y de tu Resurrección, Señor? Y, advertimos que eso encaja y se relaciona con nuestra toma de conciencia al experimentar tu presencia y al exigirnos estar atentos y vigilantes a la escucha de tu Palabra. Porque nuestra humanidad es limitada y propensa al pecado. Nuestros proyectos humanos están sujetos a las leyes naturales y nos resulta imposible saltarlas. Las dudas nos asaltan y necesitamos perseverar, Señor, para unidos a Ti poder superar todas esas contradicciones humanas que nos hacen dudar de tu Palabra.

Por eso, Señor, conscientes de que mis planes no son tus planes, quiero cerrar los ojos y dejarme llevar por la acción del Espíritu Santo convencido de que lo que Tú propones es lo mejor para cada uno de nosotros. Porque con tu Amor nos lo has demostrado.

lunes, 18 de diciembre de 2017

¿ESTOY ATENTO Y A LA ESCUCHA DEL ESPÍRITU SANTO?

Mt 1,18-24
Es muy bonito y hasta gozoso leer como José, avisado en sueños del plan de salvación de Dios con su pueblo, le manifestó su Voluntad. Y, también, como respondió José actuando según lo que el Ángel del Señor le había dicho. ¿Te parece fácil la actuación y respuesta de José?

Aparentemente, leída de forma rápida y sin pausa reflexiva, parece fácil de discernir y realizar. En la lejanía no nos damos cuenta del contexto donde tiene lugar y la situación de ambos personajes. Ni siquiera del entorno que les rodea. Todo parece tan claro como que nos imaginamos a un José oyendo claramente que el Ángel le dice: Toma a María y no tengas dudas. Esto es obra de Dios.

Posiblemente, si tú y yo esperamos oír tan claramente esas órdenes del Señor se explica que no las hayamos oído, y que, posiblemente, no las oiremos. No es el estilo del Señor hablarnos de esa manera tan clara. ¿Para qué si no la fe? Si el misterio se nos desvela, ¿qué sentido tiene la fe? En la presencia de Dios, a su derecha, la fe nos sobrará. Tenemos al mismo Dios delante de nosotros.

Aquí, en el camino, si nos hace falta la fe. Es una condición necesaria para llegar al Señor. Hay que creer en Él y así lo hizo, María, la joven elegida, y también, José, el marido fiel y casto entregado a la Voluntad de Dios. Nada fácil resultó para ambos. Todo envuelto en misterio y señales que fueron desvelando el plan de salvación del Dios Padre. Y seguir sus mandatos y plan descubre que tenemos fe. Diríamos que la fe es la suma de la perseverancia, la constancia y el seguimiento.

Quizás, muchas personas no te sabrán responder a la pregunta sobre su fe. No entenderán si tienen fe o no, pero el hecho de estar ahí, de continuar y perseverar en la oración y el sostenerse en la alegría y esperanza, manifiestan y descubren su fe. Porque, precisamente la fe tiene esos efectos. Confiesa tu fe con la palabra, que yo te mostraré la mía con mis obras, con mi perseverancia y mi insistencia. La fe se descubre en la medida que se nota, que se manifiesta y se hace presencia en el Señor.

domingo, 17 de diciembre de 2017

EL ENVIADO

Jn 1,6-8.19-28
Juan es el enviado a preparar y proclamar la venida de Jesús, el Mesías prometido que viene a liberarnos del pecado y, por supuesto, de la muerte. Es tiempo de gozo y de alegría. Juan nos anuncia la proximidad de la llegada del Mesías, y eso es Buena Noticia, pues nos libera y nos salva.

Navidad es precisamente eso, el gozo y la alegría de sentirse salvado, a pesar de los obstáculos que la vida nos pone y Juan, el precursor, nos adentra en ese misterio de la encarnación por el que el Hijo de Dios viene al mundo. El cristiano se siente lleno de esperanza y eso le llena de alegría. El anuncio de Juan nos pone en vigilia y en actitud de búsqueda.

Se hace necesario rectificar el camino, allanarlo, abajarlo e igualarlo. Viene el Señor y Él nos bautizará con el Espíritu Santo. Juan nos llama a conversión y a arrepentimiento y se declara como el enviado, pero no el Mesías. Sus palabras son muy claras: «Yo soy voz del que clama en el desierto: ‘Rectificad el camino del Señor’, como dijo el profeta Isaías». «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia».

Y es a ese que señala Juan a quien debemos prepararnos para recibir. No sólo en estas fiestas, que ahora celebramos, sino siempre. Siempre debemos permanecer vigilantes y abierto a la Gracia de Dios para que el estilo de vida, el amor de nuestro Señor, se haga presente en nosotros. Siempre es, pues, Navidad, es decir, la ocasión para que el amor de Dios se haga extensible a todos los hombres. Y cada vez que se establece esa relación amorosa en la verdad, el bien y la justicia, nace el Señor en nuestros corazones.

Seamos también nosotros enviados como Juan, y proclamemos, con nuestro amor, el nacimiento del Señor en el mundo haciendo el bien. Porque, cada ves que haces el esfuerzo de amar sintiéndote cerca del necesitado estás dando lugar a que Dios se haga presente en el mundo.

sábado, 16 de diciembre de 2017

ESPERANDO MISERICORDIOSAMENTE

Mt 17,10-13
Cuando se espera en actitud de venganza se espera mal y se pierde la paz. La venganza, además, origina odio, enfrentamientos y muerte. Y no se descansa. Quien odia y vive en actitud vengativa no descansa. El Mesías esperado no puede ser un Mesías que viene a vengarse y en pie de guerra. No es un Mesías que trae la guerra ni que fomenta la lucha y enfrentamientos que originan muerte. No es ese el Mensaje de Jesús.

Sin lugar a duda, el Mesías esperado es un Mesías de paz, de amor, justicia y misericordia. Se reconoce porque lo que anuncia es el Amor entre todos los hombres y la salvación. Esperamos a una Mesías lleno de esperanza que viene a salvarnos. 

Por el contrario, nos confundimos cuando esperamos a un Mesías diferente, a un Mesías con poder; a un Mesías que expulse a los enemigos y nos libere del yugo invasor. Y, por supuesto, a ese mesías no lo encontramos. El Mesías ha venido, pero no con los atributos y caracteres con que nosotros queremos y esperamos. Ha venido Elías y no le hemos percibido, así como tampoco a Jesús, el único y verdadero Mesías. 

Es buena ocasión ésta del Adviento para preguntarnos a qué Mesías esperamos. Porque, dependiendo del Mesías que sea lo encontraremos o no. Esperamos a un Mesías salvador que nos trae esperanza, amor y misericordia. Un Mesías incomprendido, que sufrirá incomprensiones, valga la redundancia, por el pecado de los hombres, y que entregará su Vida para liberarnos de la esclavitud del pecado.

Un Mesías que por su Infinita Misericordia entrega su Vida para salvarnos. Desafortunadamente los hombres inmersos en este mundo se alejan de Dios y no le reconocen, ni tampoco a sus profetas. Por eso, cuidado con el mundo porque sin darnos cuenta nos aparta con facilidad del camino del Señor y, pasando a nuestro lado no le descubrimos.

viernes, 15 de diciembre de 2017

CERRADOS A LA VERDAD

Mt 11,13-19
No es nada fácil abrirse a la verdad. Hay muchas barreras por el camino que nos lo prohiben, entre ellas la soberbia y la suficiencia. Rectificar supone humildad y reconocer que te equivocas. Y no es fácil. Sí en la teoría, pero no en la práctica. Dar el brazo a torcer remuerde tus entrañas, sobre todo cuando estás delante de alguien que consideras inferior a ti, o se te atraganta su forma de decirte las cosas.

¿Quién eres tú para proclamarte Dios, le decían a Jesús? Porque, sólo Dios puede perdonar los pecados. ¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer? Siempre habrá justificaciones y formas de distorsionar la realidad. El autoengaño (el sentimiento de autotraición , va del I al VI) está siempre a mano, y sin darnos cuenta se nos cuela levantando una gran barrera que nos impide ver.

Y desde ahí se originan esos mecanismo de defensa que persiguen autoengañarnos, pues nadan en la mentira y en la irrealidad. Nos traicionamos inconscientemente, pues nos dejamos someter por esas actitudes de soberbia y suficiencia que nos engañan. Ahora, mostramos rechazos porque no nos gusta que nos dirijan, y más tarde protestamos por falta de dirección. Cuando nos tocan la flauta, no bailamos, y cuando no la tocan, queremos bailar.

Porque, viene Juan y lo tachamos de riguroso, de inhumano, de sobrio y ascético. Y cuando se presenta Jesús lo vemos como un comilón y bebedor con toda clase de gente. Siempre tendremos algo que decir, menos aceptar la verdad, y, por muchas vueltas que le demos, la muralla no se derrumbará hasta que nos llenemos de humildad y nos, arrepentidos, confesemos.

Hoy pasa lo mismo. Llegan las navidades y no sabemos que significa. Saltamos y festejamos sin sentido. Hacemos regalos y nos llenamos de comidas y bebida, pero no sabemos muy bien por qué. Cantamos incluso villancicos y hacemos el portal, pero a nuestro ritmo y estilo. No correspondemos a la Palabra del Señor, ni celebramos el nacimiento del Mesías y Salvador. Y, si alguien nos habla de Él, le rechazamos o le criticamos apoyándonos en su Iglesia. Como vemos hay poca diferencia de los tiempos en lo que nos lo dijo Jesús, que nos lo repite hoy también.

jueves, 14 de diciembre de 2017

LA BATALLA DE CADA DÍA

Mt 11,11-15

No pretenderás crecer sin dolor, sin estiramiento, sin confrontación, sin lucha y sin sacrificio. Crecer exige todo eso y mucho más. Crecer exige lucha constante que causa dolor y sufrimiento. La maduración es el resultado de la batalla de cada día. El testimonio de Juan Bautista nos describe el esfuerzo y lucha que tenemos que emprender cada día por ser mejor y por arrepentirnos de todo mal.

Y es que estamos inclinados a hacer el mal. El pecado, incrustadod en nuestra sangre, nos envenena y debilita nuestra voluntad, para que, arrastrados por nuestras viles pasiones, caigamos en la lujuria, el egoísmo, la soberbia, la avaricia y toda clase de inclinaciones malas y desordenadas. Y ante esta fuerza que pretende arrastrarnos necesitamos luchar sin tregua.

Pero, ¿de qué manera? Juan nos señala el camino y nos prepara para ello. Nos habla primero del dolor de arrepentirnos de todos nuestros pecados, y de que nos bauticemos. Posiblemente estemos ya bautizados, y nuestro compromiso de Bautismo, por la Gracia de Dios, nos fortalece en la fe. Ese sería nuestro primer paso, fortalecernos en la fe. Para ello, conviene estar cerca del Señor, acudir a Él y renovar nuestro Bautismo cada día en la escucha de su Palabra y en llevarla a la vida de mi vida, valga la redundancia.

Atravesar el desierto de nuestro vida por nuestra cuenta es algo harto peligroso y destinado al fracaso y a caer en manos del Maligno. El camino es atravesarlo injertado en Xto. Jesús. Él es la Gracia y nuestra fortaleza. Con Él venceremos en la lucha de cada día e iremos madurando en el dolor de arrepentirnos de todos nuestros pecados.

Porque, el gozo y la verdadera felicidad no está en los placeres y éxito de este mundo, sino en la pobreza y humildad de aquellos que se esfuerzan en despojarse de todo lo que le reviste de vanidad, de orgullo y de pecado que les aparta de Dios.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL AMOR, EL OXIGENO DE NUESTRA VIDA

Mt 11,28-30

Sin oxigeno, contenido en el aire que respiramos, no podemos vivir. El aire permite, a través de nuestros pulmones, que nuestro corazón siga latiendo y eso nos da vida. Pero, el esfuerzo por vivir conlleva muchas dificultades. No sólo de índole físico, sino también espiritual. La vida nos casa y nos fatiga y nos exige esfuerzos y sacrificios.

Y detrás de cada esfuerzo se esconde el gozo y la felicidad. Experimentamos que, tras esfuerzos y sacrificios, incluso contra nuestros deseos, que se inclinar por el camino más fácil y placentero, se hace presente el gozo y la paz. El Señor no nos engaña y nos sugiere el camino del amor, a pesar de lo escabroso y sacrificado de muchos momentos, porque detrás de él se esconde el gozo y la vida eterna.

El Señor tiene que ser ese momento de sosiego, de tranquilidad, de paz y gozo contenido. Él es nuestro descanso y nuestra paz. No puede ser de otra manera, aunque no lo sintamos ni lo experimentemos. Insistamos con confianza, porque Él nos lo dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Si no llegamos a sentir esa experiencia es que el Señor no ha llegado todavía. Eso puede ser hasta una Gracia. Nunca te desanimes, porque, eso, te está diciendo que todavía estamos lejos del Señor. Y saberlo es bueno y una gran ventaja. Perseverar e insistir es el camino. Quizás el Señor está acrisolandote al fuego, como el oro, para que vayas madurando hasta llegar a Él.

Pero, no olvidemos, que el Señor es nuestro descanso y en Él encontramos consuelo, refugio, fortaleza y gozo. Un gozo que nos llena de paz para toda la vida.

martes, 12 de diciembre de 2017

EL VERDADERO AMIGO

Mt 18,12-14
La amistad es hermosa y muy deseada por todo hombre. La amistad está muy relacionada con el amor. Diría que está contenida en él, sin embargo, se hace muy difícil conseguirla y descubrirla. La amistad establece vínculos que, no siendo de sangre, son tan fuertes como los de sangre, y en muchas ocasiones más que los de sangre., de

Pocas veces uno descubre cuando tiene un amigo verdadero. No es fácil hacerlo, porque la amistad requiere más que tiempo y relación. Es algo que nace del compromiso de la verdad y la justicia. No se es amigo si no se está en la verdad y se es justo. Y eso no se encuentra por cualquier parte. Es más, escasea, porque se huye de la verdad y se esconde en la mentira. La vida se disimula y se es lo que se aparenta adulterandose la realidad. El autoengaño se alimenta de los malos sentimientos y malas pasiones. O, dicho de otra forma, de lo desordenado de tus apetitos.

La amistad nace de la profundidad de un compromiso de amor. Hemos dicho alguna vez que el amor es un compromiso, pues es desde ahí de donde nace la amistad. Una madre quiere a su hijo profundamente desde que lo siente concebido en su vientre. Y todavía no ha tenido tiempo de conocerlo, sin embargo lo ama profundamente.

 Ese compromiso de amor genera una profunda amistad que les llevaría a relacionarse hasta el extremo de darse. A niveles humanos esa amistad puede fallar, y de hecho falla por el pecado, contagiándoles y revistiéndoles de egoísmos, y  estropeando las relaciones entre los hombres y mujeres. Pero, en el terreno de lo divino alcanza la perfección.

Jesús es el Buen Pastor. Da la vida por sus ovejas hasta el extremo de, dejando a buen recaudo las noventa y nueve restante en el redil, salir a buscar la perdida.. Su gozo y alegría es grande por la oveja encontrada, que por las noventa y nueve que permanecen salvadas en el redil. Porque, hay más alegría en el cielo por una oveja perdida que por noventa y nueve que no se han extraviado.

lunes, 11 de diciembre de 2017

NOS GUSTAMOS DE DEMOSTRACIONES DE PODER

Lc 5,17-26
Siempre hemos sentido curiosidad de ver algo nuevo. Sobre todo si se trata de pruebas de poder y de vencer los poderes naturales. O dicho de otra forma, nos gustan los milagros y nos impresiona aquel que tenga poder para vencer las reglas de la naturaleza. Sobre todo, ante la enfermedad y la muerte.

Y Jesús era una ocasión para aquellos fariseos y doctores de la ley. Todos se agrupaban a su derredor y gustaban de contemplar las curaciones que Jesús hacía por y para el bien de los enfermos. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico, que ante la dificultad para introducirlo por la cantidad de gente que se agolpaba, disidieron bajarlo por el terrado apartando unas tejas. Y lo pusieron delante de Jesús. Éste al ver la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados».

Quiero destacar la verdadera intención por la que Jesús está entre nosotros. Quiere simplemente liberarnos de la esclavitud del pecado. Porque, esa es nuestra condena y nuestra perdición. Nuestra muerte. La enfermedad no puede matarnos, pero el pecado sí. Por eso, Jesús viendo la fe de aquellos hombres le da al enfermo la verdadera salvación:  "el perdón de los pecados".


¿Y qué ocurre? Sucede que no se dan cuenta de nada y no descubren la divinidad de Jesús. Piensan que sólo Dios puede perdonar los pecados, y que Jesús blasfemia al decir que Él los perdona. Conociendo este pensamiento, Jesús, les dice: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». 

Podemos imaginar que sucedió después de que el paralítico se levantó y marchó a su casa. Pero, también sabemos que ese hecho, aunque asombró, no fue determinante para que muchos cambiarán. Y hoy sigue sucediendo lo mismo. Muchos siguen pensándoselo y también negando la divinidad de Jesús. Posiblemente, su parálisis es mucho más fuerte de lo que a simple vista parece.

domingo, 10 de diciembre de 2017

LA ESPERANZA DE JUAN

Mc 1,1-8
Todo parece dormido. La vida se hace rutina, se nace, se vive y se muere. Algunos no tienen mucho espacio entre el nacer y morir. La vida se reduce a la mera subsistencias para muchos, mientras otros disfrutan de larga vida y de cómodas estancias y placeres. Hay pobre y ricos; sufrimientos y alegrías; tristeza y dolor. Pero, no todo se para ahí. El hombre busca algo más y espera su liberación.

Y aparece una voz que clama en el desierto. Es Juan el Bautista, una voz que clama fuerte y que sabe muy bien cual es su misión. Una voz que exige escucha y arrepentimiento. Una voz sobria, disciplinada, austera, alimentada de miel silvestre y langostas. Una voz salida del desierto que bautiza a todos aquellos que se abran al arrepentimiento de sus pecados. 

Una voz que proclama preparar el camino del Señor y enderezar sus sendas. Una voz que grita: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».

Entramos en un tiempo de preparación, de despojo, de abandono y de arrepentimiento. Entramos en un tiempo de compromiso serio con la verdad, de transparencia y de sinseridad. Entramos en un tiempo de esperanza y de abrirnos a la Misericordia de Dios. Un tiempo de humildad y de postración ante un Dios Misericordioso que perdona mis pecados y los pecados del mundo. Un Dios de liberación.

Juan prepara el camino allanándolo de todas aquellas impureza que lo desequilibran y lo alteran. Que lo desigualan y lo resquebrajan. Juan nos anuncia la llegada del Reino de Dios, del único y verdadero Mesías para el que, ahora, nos preparamos a recibir. Abramos nuestros corazones sin miedo y dejemos entrar al Señor para que sea su Espíritu el que limpie nuestros corazones y allanen nuestros caminos impuros e imperfectos dejándolos suaves y rectos para llegar al Corazón de Dios.

sábado, 9 de diciembre de 2017

EN AQUEL TIEMPO, PERO HOY TAMBIÉN

Mt 9,35-10,1.6-8
Jesús no se ha marchado, vive entre nosotros porque Él nos lo ha dicho, y porque ha Resucitado. Luego, Jesús, el Señor, sigue actuando y haciendo lo que hacía en aquel tiempo. Hoy sigue enseñando, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia. Pero, Él no está en su Naturaleza humana, sino en Espíritu, y nos pide nuestras manos para realizar esa labor. Quiere que nosotros participemos y nos pide nuestra colaboración.

La labor es ingente y los obreros pocos. Nos pide: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies». Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis».

¿Crees esto? ¿Piensas que estamos capacitados para hacer lo que nuestro Señor nos pide? Si para Dios nada hay imposible, esto será fácil, para Él, de darle cumplimiento. Posiblemente seremos nosotros los que no estemos muy seguro de su Palabra. De cualquier forma, pensemos que en y con Él todo lo podemos y esto que nos manda también. Lo importante es tener fe y creerlo. 

Pero, eso no significa estar convencido, sino saber que el Señor puede cambiar nuestra vida y ponernos en acción. María, no espero a ver que pasaba, sino que convencida marchó a casa de su prima Isabel. ¿También nosotros nos ponemos en camino y marchamos al camino de nuestra vida con la intención de ser testigo de la Buena Nueva? Confiamos en el Señor y nos abandonamos a la acción de su Espíritu poniendo en sus Manos todas nuestras miserias y pecados.

viernes, 8 de diciembre de 2017

MARÍA CORRIÓ A VISITAR A SU PRIMA ISABEL

Lc 1,26-38
Con nuestra limitada y pequeña razón humana no podemos entender al Ángel Gabriel. Ni siquiera entendemos que es un ángel y como puede ser enviado. Todos nos resulta un cuento de hadas y difícil de entender. Imagino a aquellos agnósticos, a aquellos intrascendentes o sometidos a la sensualidad de las seducciones mundanas. Se tomarán esto como un cuento más literatura infantil.

Sin embargo, porque el Señor nos conoce, pues somos sus criaturas, pone la prueba y el testimonio de Isabel. Le dice a María, después de comunicarle todo lo que va a suceder, ...el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios».

Quizás no podrás creer lo del ángel y de más, pero ves que lo de Isabel es real. Juan el Bautista nace, y su madre no está en edad de parir hijos. Luego, esto deja la cosa más equilibrada. Juan es el profeta frontera entre el final del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, que inaugura el nacimiento del Señor Jesús. Y un personaje histórico, primo y contemporáneo de Jesús.

María, no se quedó pasmada, sino que pronto marchó a visitar a su prima Isabel con la intención de servirla en aquellos días previos al parto. Pero, la gran sorpresa, que imagino prevista por Dios y dejada como otro gran testimonio, fue la llegada de María. Isabel la recibe con admiracíón; el niño que lleva en su vientre, Juan, salta ante la presencia de Señor, en el vientre de su Madre, María. Ahora, podemos pensar, ¿acaso sabía Isabel lo del embarazo de María? Y, peor todavía, ¿como podía ella saber que aquel que llevaba María en su vientre era su Señor?

Podemos seguir pensado según nuestra razón, pero hay muchos detalles que hablan de la verdad de la Encarnación y del gran acontecimiento de la Anunciación. 
Del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-45En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!

Felices también todos aquellos que creen que se cumplirán las cosas que el Señor nos ha prometido. Sobre todo, la Resurrección.

jueves, 7 de diciembre de 2017

TODOS SABEMOS EN QUÉ CONSISTE SEGUIR A JESÚS

Mt 7,21.24-27
Todo el que ha oído la Palabra del Señor sabe a qué atenerse. El Señor lo ha dejado claro, por eso nos ha dicho que Él no ha venido a cambiar la Ley de Moisés, sino a darle cumplimiento y a perfeccionarla. Y hoy nos deja muy claro que Él no nos pide prácticas y cumplimientos, sino obras y hechos según la Voluntad del Padre.

A la hora de construir una casa necesitamos muchos materiales, y también instrumentos que nos ayuden a poner todos los elementos en sus correspondientes lugares. Todo, pues, es importante, pero siempre hay algo imprescindible y que determina la solidez de la obra. En el caso que nos ocupa, diríamos que los instrumentos y materiales son las prácticas, la liturgia, la oración...etc. Pero, vivir y realizar la Voluntad del Padre, manifestada en la Palabra, es la roca firme que sustentará definitivamente la casa.

No hay otro material firme y solido como el de hacer la Voluntad del Padre, y a la que ninguna tempestad podrá destruir. Construir nuestra propia vida en la escucha de la Palabra de cada día, y en el esfuerzo diario por llevarla a cabo, nos sonstendrá con tanta firmeza que nada ni nadie la podrá destruir. Claro está que, esa voluntad la consigo con la constante oración, el alimento, a ser posible diario, de la Eucaristía, el rosario y todo lo que puedas añadir. Esos son los materiales e instrumentos con los que vas edificando esa casa santuario, donde mora el Señor, y donde se construye la Voluntad del Padre.

Nadie podrá arrebatarte de tu corazón esa huella de Dios impresa que te lleva a vivir cada día su Palabra y cumplir su Voluntad. Voluntad señalada en el sermón de la montaña y resumidas en las obras de misericordia. No puedes quedarte en decir: Señor, Señor, y olvidarte de lo que sucede en tu alrededor. 

Es verdad que somos débiles y pecadores, pero esa es la lucha y la batalla. Se trata del esfuerzo, de la superación, de ser cada día un poco mejor cumpliendo la Voluntad del Padre.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

DESCUBRIR TUS NECESIDADES TE ACERCA AL SEÑOR

Mt 15,29-37
Muchas de aquellas personas no hubiesen conocido al Señor si no hubiesen estado enfermos. Podrías, aunque nos parezca que no suena bien, que la enfermedad ha valido para conocer al Señor y para ganarte, por su Misericordia, la salud, no sólo de esta vida, sino de la Eterna. Luego, ¡bendita enfermedad!

Sí, no sabemos lo que puede encerrar un aparente mal cuando luego se convierte en la puerta del mayor bien. Lo expresamos con ese refrán que dice:  "no hay mal que bien no tenga". También nosotros podemos atrevernos a descubrir nuestras enfermedades. Quizás hoy no necesitemos esperar al Señor, pues tenemos muy cerca hospitales y médicos que nos curan nuestras dolencias. Y eso, que nos parece un bien, y lo es, puede convertirse en un mal, si por eso escondemos nuestras otras enfermedades y no recurrimos al Señor para que nos las cure.

Me estoy refiriendo a las enfermedades del alma; me estoy refiriendo a nuestra ceguera espiritual; me estoy refiriendo a nuestra ambición; me estoy refiriendo a nuestros egoísmos, pasiones desenfrenadas y todo pecado que nos mutila y nos enferma el alma. Pero, también a enfermedades físicas que no encuentran remedio de la mano del hombre. Enfermedades que detestamos y aborrecemos, pero que son una gran oportunidad para, humildemente, acercarnos al Señor.

Y, cuando no somos nosotros los enfermos, si podemos servirnos de la enfermedad del otro para asistiéndole llevarlo y acercarlo al Señor. Porque, todo hombre experimenta necesidad y el Señor, Misericordioso y Compasivo, está atento a lo que el hombre necesita, para hablarle, aliviarle y esperanzarle a buscar la verdadera Vida que da gozo y felicidad eterna. 

El Señor nos busca apasionadamente interesado en darnos y ofrecernos la salvación. Entre otras cosas porque sabe que sin Él nada podemos hacer - Jn 15, 5- pero, sin nuestra libertad siente sus Manos atadas, porque necesita de nosotros colaboración. Quiere tus panes y tus peces; quieres tus pecados para transformarlos en alimento puro y limpio que te lleve a la Vida Eterna.

martes, 5 de diciembre de 2017

HUMILDES PARA AGRADECER

Lc 10,21-24
Nadie que no sea humilde dará gracias. Para ser agradecido, primero hay que ser humilde, porque el que se siente pequeño, necesitado de ayuda y de conocimientos es sólo aquel que se experimenta humilde y, por lo tanto, capaz de manifestarse agradecido.  Una experiencia de Dios no se encuentra en los libros, ni en la ciencia, ni en la intelegencia, ni en la sabiduría, solo está en Él y a los que Él quiera manifestarse.

Y su beneplácito ha sido concedérsela a los pequeños y humildes. De modo que, partiendo de esta revelación de Jesús, sólo los pequeños y humildes recibiran la experiencia y sabiduría de Dios. Y esto tiene un significado muy concreto. Para llegar a Dios hay, primero, que abajarse, humillarse y experimentarse necesitado de su Gracia y Misericordia. Recordemos el canto de María: "... porque ha mirado la humillación de su esclava..."

Ese es el camino. Mi camino y tu camino. No podemos buscar a Dios en la suficiencia, en el poder, en la fuerza, en la inteligencia... porque esos no son sus caminos. La sabiduría de aquí abajo es caduca y limitada. Está encorsetada por el tiempo y el espacio, y no ve más. La verdadera sabiduría es la que viene de arriba, de la Mano de Dios. Por eso, los sabios e inteligentes de aquí abajo chocan contra sus propias limitaciones humanas. No ven más.

Lo que eleva y da plenitud al hombre es el experimentar que sólo adorando y amando a Dios puede conseguir esa plenitud que busca. Porque, Dios está por encima de todo, y no hacerlo así te esclaviza, te empobrece y te pierde. Fuera de Dios el vacío se apodera de ti y tu vida camina sin sentido y sin esperanza. Las sabidurías terrenales no llenan plenamente el corzaón del hombre poque están sometidas y por debajo de Dios.

Recordemos que sólo desde la pequeñez y humildad podemos encontrarnos con el Señor. Un Señor que se nos quiere dar a conocer, pero que necesita tu humildad, tu pequeñez y reconocimiento.

lunes, 4 de diciembre de 2017

LO QUE IMPORTA ES EL AMOR

Mt 8,5-11
La fe mueve montañas, y aquel Centurión manifestó una fe de ese nivel. Confiaba en que Jesús, sólo con desearlo podría curar a su siervo, y, con esa intención, se acercó a Jesús. No se consideraba digno de que Jesús entrara en su casa. No era judío ni discípulo, pero confiaba en que Jesús podía curar a su siervo.

Pero, añadido a esto, lo que moraba dentro del corazón de aquel centurión era su amor por su siervo. Su preocupación era tal que nada le impidió buscar a Jesús y pedirle la curación de su siervo. Esa compasión y preocupación por su siervo se llama amor. Y cuando se ama, el Señor no puede quedar al margen. Muchos milagros se hacen por el amor y la fe.  Sí, verdaderamente, la fe y el amor mueven montañas.

Qué más podemos extraer de este hermoso encuentro del centurión con Jesús. Hay algo que destaca y que debe llamarnos la atención. Normalmente se ve que en las grandes empresas se enferma alguien y los jefes no se enteran. Quizás tampoco los compañeros inmediato. Y a lo más que llegan es a hablar de él y recordarle. Es verdad que la vida nos envuelve y nos lleva a velocidad de vértigo y no nos da respiro. E incluso, nos roba el tiempo, que lo quiere para ella. Una vida desenfrenada, rápida, casi inconsciente, consumista y productora.

Parece que no hay otros valores y mucha gente se muere en el anonimato, olvidadas y desahuciadas. Unos por ser mayores y otros porque la enfermedad les ha visitado. En este contexto real de la vida de cada día, sobre sale de forma significativa la actuación del Centurión. Un hombre con poder sobre otros, pero que sabe apreciar el servicio de sus subordinados y, en los momentos difíciles, tiene compasión de ellos. 

Y esa preocupación le mueve a buscar soluciones y al encuentro de ese Jesús de Nazaret, del que había oído hablar de sus milagros. Y se apura a encontrarse con Él y le pide la curación de su sirvo. El resto ya lo sabemos, lo que nos importa ahora es mirar para nuestro interior y palpar la intensidad y medida de mi fe y de mi amor. Y confiar que el Señor me los puede aumentar cada día.

domingo, 3 de diciembre de 2017

EL SEÑOR INSISTE EN DESPERTARNOS

Mc 13,33-37
Empezamos el Adviento, y eso significa que es tiempo de preparación y de espera expectante a la venida del Señor.No sabemos la hora de su llegada ni tampoco el día. No sabemos cuando será el final. Sólo sabemos que debemos estar vigilantes y preparados, pues llegará sin avisar.

Es muy importante tomar conciencia de Dios. Un Dios que vive y que se ha hecho Hombre, tiempo que preparamos ahora, encarnado en la Virgen María. Un Dios que vino sin avisar, sin armar escándalo. Sólo un humilde aviso a aquellos pastores que pastoreaban sus rebaños. Pero, un Dios hecho Hombre revestido de humildad y sencillez. Un Dios hecho Hombre que anuncia su Reino. Un Reino que no es de este mundo y que se hace en la medida del amor que gastemos en nuestro camino.

Porque, ese Dios, sin reino aquí en este mundo, nos deja un sólo mandato: "Ámesen unos a otros como Yo les he amado". Él es la referencia, el guía, el modelo. Por lo tanto, esperar y vigilar no es cruzarse de brazo y montar guardia, sino vivir cada instante de nuestra vida en constante esfuerzo por amar. Y eso significa estar atento a lo que sucede a nuestro derredor y a lo que, cada uno de nosotros, podemos dar y ofrecer como alivio a los demás.

Estar atento y expectante para que, la venida del Señor, no nos coja distraidos consiste en vivir en actitud de parecernos a Jesús. Para eso, leemos todos los días su Palabra en el Evangelio de cada día, y tomamos conciencia de ella haciéndola nuestra aplicada a nuestra vida. Precisamente, hoy nos recuerda esa actitud vigilante. Nos sugiere estar atentos y con nuestras lámparas bien cargadas y nuestras alcuzas llenas. Porque, como a los doncellas necias, nos puede ocurrir que venga el Señor y no nos enteremos o no estemos lo debidamente preparados. Y se nos puede cerrar la puerta.

Y el mundo está preparado para adormecernos, para distraernos y para despistarnos. Tiene muchos recursos y ofertas que nos seducen y puede distraer nuestra atención. Tengamos cuidado.

sábado, 2 de diciembre de 2017

EL MUNDO, UN HÁBITAT PELIGROSO

Lc 21,34-36

La vida del creyente es complicada y peligrosa. Esté donde esté siempre estás rodeado de peligro. Bien es verdad que en algunos lugares el peligro es físico y en otros lugares es moral. No sabría decir cual de los dos es más peligroso, porque, el primero te quita la vida, pero el segundo te roba el alma. Y la vida, por nuestra fe en el Señor, con Él resucitaremos. Pero, perdida el alma, será para siempre

Hay muchas comunidades cristianas que viven en peligro constante. Sus vidas se ven amenazadas porque, como a Jesús, les molesta su amor y su preocupación y trabajo por formar a los pueblos explotados y darle capacidad de criterio y discernimiento. Esto no interesa a aquellos que se dedican a explotar y a utilizar a los más pobres y marginados para cosecha de sus propias riqueza y bienestar. Y, la solución es alejar a la Iglesia hasta el extremo de destruirla si es necesario.

Pero, también, nosotros vivimos en un mundo marcado por el desarrollo y el bienestar. Un mundo donde la ciencia y los avances científicos y técnicos nos hacen la vida más placentera. Y, aunque también hay injusticias, se vive muy confortablemente y tentado a dejarse llevar por la corriente del hedonismo y la buena vida. Eso levanta murallas entre las personas y vecinos que se miran con indiferencia y apenas se toman conciencia de que hay alguien a mi lado que, posiblemente, necesite mi ayuda o consuelo.

Un mundo que es también un grave peligro. Recordemos que los enemigos del alma son mundo, demonio y carne. Por lo tanto, necesitamos estar expectante, atentos, vigilantes y, sobre todo, orando, para que no nos sorprenda la llegada del Novio. Estamos advertidos que la venida del Señor será de improviso y sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra.

Hoy el Evangelio nos da un toque para sarandearnos y movernos a no distraernos ni a dejarnos llevar por las comodidades y placeres de este mundo. La oración y la lectura diaria del Evangelio serán las mejores armas que podemos llevar para contrarrestar esos peligros.