ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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sábado, 30 de junio de 2018

LA FE HACE MILAGROS

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Mt 8, 5-17
Si tuvieras fe como un granito de... -Mt 17, 20-  todo sería diferente. Aquel centurión la tuvo y Jesús, el Señor, no pudo resistirse. Es más, quedó admirado de esa gran fe del centurión lo que le llevó a decir: "En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe".

Sin embargo, no es fácil tener esa fe. Entre otras cosas porque no depende de nosotros. La fe es un don de Dios, y como tal podemos pedirla y esperar a que el Señor, que nos conoce y sabe lo que vive en lo más profundo de nuestro ser, nos la conceda. No tratemos de juzgar ni tratar de entender al Señor, porque no podremos. Tratemos de confiar y de esperar pacientemente. Si no nos viene la fe será porque el Señor así lo cree y, posiblemente, porque no estamos preparados.

Cuántas veces se nos presentan ocasiones para servir, para evangelizar o para cualquier otra cosa, y no damos el paso para comprometernos. Cuántas veces nos reclaman y no piden nuestra colaboración y tratamos de escabullirnos y despistarnos. Y, quizás, por otras cosas superfluas y de poca importancia. Más relacionadas con el disfrute y egoísmo propio.  ¿Y queremos la fe? ¿Qué haríamos si Dios nos la concediese? ¿Le responderíamos? ¿Has pensado que, quizás, te hayan pedido algo y te has echado atrás?

Supongo que la fe nos vendrá cuando experimentamos que estamos dispuesto a entregarnos a una tarea y confiamos que, por la Gracia de Dios, saldrá adelante. Y persistimos, somos perseverantes hasta que sale. Claro, algo bueno y que es para beneficio de otros. Así ocurrió con aquel centurión, creyó que Jesús podía curar a su siervo y se lo pidió. Y creyó que lo podía hacer desde el lugar que estaba. En ese momento su fe quedaba al descubierto, pues quería la curación de su siervo y le pedía a Jesús que lo hiciese desde la distancia. No se consideraba digno de que, siendo pagano, entrase en su casa. Su pensamiento estaba al descubierto y bien intencionado. 

Seamos constante, persistentes e insistentes. No desfallezcamos y pidamos con perseverancia que nuestro Padre Dios nos dé la fe. Pero, pongamos también todo nuestro esfuerzo en abrirnos a la acción del Espíritu Santo, para que transforme nuestra mente y nuestro corazón hasta el punto de crecer en la fe y confianza en el Señor.

viernes, 29 de junio de 2018

TÚ, SEÑOR, ERES EL MESÍAS QUE YO ESPERO

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Mt 16,13-19
De esa confesión arranca todo. Eso supone fe, una fe pedida y regalada por el Señor, porque, nosotros mismos, nos será imposible. La fe es un don de Dios y tendremos que pedirla, abrirnos a ella y esperar.  Dios es inmensamente justo y nos dará lo mejor, pero quiere que de alguna manera nos lo ganemos. Para eso nos ha creado libres y nos ha dado unos talentos que tendremos que poner a rendir y dar frutos. 

Dios espera que confiemos en su Palabra. Para ello nos ha dado razones, ha realizado obras y milagros que nos demuestran que habla en verdad y es el enviado del Padre. Nos quiere salvar, pero necesita que le creamos y que tengamos plena confianza en Él y, sobre todo, tengamos paciencia y esperemos a cuando Él lo quiera.

Pero, ante esta pregunta, como sucedió con los apóstoles, ¿qué pensamos del Señor? ¿Quién pensamos que es? Experimentamos dudas, tentaciones y deseos de abandonar y regresar a nuestro mundo. La cruz, mi cruz, pesa bastante en muchos momentos, pero siempre, por la Gracia de Dios, acabo preguntándome, como Pedro -Jn 6, 68- ¿a quién iré? Tú tienes palabras de vida eterna.

Y es, Señor, que no me fío de otro ni de otros. El mundo no me merece confianza, y si creo en él es por Ti, Señor. En Ti me apoyo para creer en el hombre, que Tú has creado y amas con locura, hasta el punto de entregar a tu propio Hijo a una muerte de Cruz. Son, los hombres, tus hijos también, aunque no te reconozcan y te rechacen, y me mandas a amarlos como Tú los amas. Para eso, Señor, me has infundido la Gracia del Espíritu Santo en la hora de mi bautizo y me has configurado sacerdote, profeta y rey.

Sí, yo también quiero seguirte junto a Pedro, centro de tu Iglesia, y a todos los demás. unidos en la Iglesia. Quiero seguirte apoyado en Ti, la roca firme que nos sostiene y nos das la fe, para vencer en la lucha de cada día contra el mundo, demonio y carne.

jueves, 28 de junio de 2018

¿SOBRE ROCA O ARENA?

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(Mt 7,21-29
Los evangelios de estos días nos descubren la verdadera realidad. Quizás estamos instalados en una serie de buenas prácticas e incluso obras, pero que forman casi parte de nuestras vidas y que nos sirven como justificación de nuestra buena conducta. No quiero decir que no se hagan y que realmente sean buenas obras, sino que puede ocurrir que creamos que con eso ya tenemos para justificar nuestra entrada en el Cielo.

Y hoy, el Señor, pone el dedo en la llaga para decirnos que no podemos quedarnos ni dormirnos en una serie de prácticas y buenas obras programadas e instalarnos en un ritmo de vida cómoda y tranquila. La lucha es constante y las tempestades no cesan, y nuestro camino es camino de mejorar, de avanzar, de crecer y perfeccionarnos. El mundo nos tienta y nos seduce para que nos quedemos en la mediocridad y no nos entregamos totalmente. Y no nos es posible estar en el mundo y, por otro lado, seguir a Jesús.

Seguir a Jesús es olvidarnos del mundo y ponerlo a Él como nuestra máxima prioridad. Eso supone que las cosas del mundo, aún siendo necesarias, las tenemos que poner en segundo lugar y priorizar nuestro servicio y seguimiento al Señor en el cumplimiento de su Voluntad, que conocemos cual es. Eso significa construir sobre roca firme, para que las tempestades de nuestra vida no nos hagan zozobrar y derrumbarnos. La batalla es constante y dependerá de estar apoyado en Jesús y cercano a Él en cada instante de nuestra vida para no ser destruido por las tempestades que nos llegan del mundo.

Si esto nos ocurre debemos reconocer y saber que hemos apoyado nuestra fe en banalidades de este mundo, donde la polilla y la herrumbre roen y destruyen y nuestra fe se viene abajo. 

miércoles, 27 de junio de 2018

COHERENCIA DE VIDA


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Mt 7,15-20
A veces confundimos la piedad con el seguimiento a Jesús. Y es una lástima, porque la piedad tiene sentido cuando va coherentemente sincronizada con la vida. Si no hay relación entre la vida y la piedad todo huele a falso y podrido. Se miente cuando se reza y pide una cosa y se vive y hace otra. El problema es que hay personas que no entienden esa relación y su vida camina separada de su piedad. O al contrario, sus obras no tienen relación con el Señor y las hacen para su misma gloria.

No se contagia el mensaje de Jesús, o se contagia mal cuando no hay relación con el Señor. Esa intimidad con Jesús es fundamental, porque es la Savia que nos alimenta para dar buenos frutos. Si esa relación falta nos falta el riego y la Gracia para dar buenos frutos. Sin estar conectados con Dios nuestros frutos no pueden ser buenos. Necesitamos apoyarnos en la piedad para, por la Gracia de Dios, obtener todo lo necesario para dar buenos frutos.

Tu vida está al descubierto por tus obras, porque lo que haces es lo que se ve y queda, y lo que también habla y deja al descubierto tu fe, de tus intenciones y de tu amor. Tus obras descubren las buenas o malas intenciones de tu corazón y contagian o escandalizan a los que están cerca de ti y te ven. Por eso son muy importantes. Y esas obras están sostenidas y fortalecidas por tu piedad. 

Es entonces cuando tu piedad y relación con Dios empieza a tener verdadero sentido. Cuando esto no es así, tu vida es una farsa y más que ayudar y animar a otros, les escandaliza. Tratemos de ser coherentes y de adecuar nuestra vida a nuestras obras según la Palabra de Dios.

martes, 26 de junio de 2018

CAMINO ESTRECHO O ANCHO

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A todos nos apetece tomar el camino ancho, espacioso, cómodo, placentero, sin problemas, sin compromiso y apetecible a mis apetencias y gustos. Muchos escondemos nuestros egoísmos en esos autoengaños que justifican nuestra falta de compromiso y responsabilidad. Un, es que no me gusta, o un, es que soy así, tratan de esconder y justificar nuestra actitud irresponsable e infantil.

Porque, muchos seguimos siendo niños durante mucho tiempo, pero niños irresponsables, egoístas, posesivos, mimados y sin compromisos. El camino ancho esconde todas esas actitudes y las justifica de forma demagógica e hipócrita. De tal manera que, puestos en la posibilidad de elegir, todos experimentamos la tentación de inclinarnos al camino ancho y espacioso. Pero, eso no significa que sea el mejor ni el adecuado.

Por otro lado, la experiencia nos descubre que todo lo valioso exige esfuerzo y trabajo. Esa experiencia nos desmonta la elección del camino ancho, porque lo que se consigue fácilmente no tiene la etiqueta de bueno y menos de duradero. Porque, lo bueno cuando no es duradero pierde todo su valor. Todo eso nos lleva a experimentar y saber que es el camino estrecho, que nos exige esfuerzo y duro trabajo, el que nos lleva a lo bueno y duradero.

Experimentamos que es el amor la perla más hermosa que debemos conservar y compartir. Pero, un amor fortalecido y apoyado en lo santo, en lo sagrado, en y por la Gracia de Dios. Un amor que no se tira ni se desperdicia, sino que revierte en aquellos que se abren a la vida de la Gracia y se abandonan en sus Manos. Un amor que, injertado en el Espíritu Santo, da frutos para que sean otros los que los reciban y crezcan también en el amor. 

Unos frutos espirituales que no se entrega a aquellos que no los quieren ni los cultivan, porque están sometidos a los bienes materiales del mundo. Unos bienes espirituales que se acrecientan y son bien recibidos en aquellos que se abren a la Gracia de Dios.

lunes, 25 de junio de 2018

BUSCANDO LA JUSTICIA Y LA VERDAD

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Sin lugar a duda, quienes buscan la verdad buscan el bien y mejorar la vida de las personas, y todo desde una actitud misericordiosa y bien intencionada. Ese es el mensaje que, al menos a mí me parece, de lo que nos dice Jesús, el Señor, en el día de hoy.

Se trata de no juzgar maliciosamente ni de armarse de deseos de venganza contra el otro. La cuestión y la finalidad es ayudar y trata de corregir el camino a quienes se hayan perdido o tomen un rumbo equivocado. Un camino que quizás nosotros conozcamos por haberlo recorrido antes o por también tomar el camino del mismo error. Un camino que de alguna manera hemos vivido y por el que hemos experimentado nuestros propios errores y pecados. Un camino que nos da, desde la acción del Espíritu Santo, experiencia, sabiduría y luz.

Y, de manera generosa y bien intencionada debemos compartir y ofrecer. No se trata de juzgar al caído ni de creernos mejores, sino de tratar de ayudar a corregirse compartiendo nuestros fracasos y éxitos para perfeccionarnos y crecer desde la Palabra que el Señor nos da y nos alimenta. Por lo tanto, no juzgue sin antes mirarte y ver tus propios errores, porque sólo así podrás ver la brizna que hay en el ojo de tu hermano y cuidarte de la viga que tienes en el tuyo.

domingo, 24 de junio de 2018

EXTRAÑO NACIMIENTO

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Lc 1,57-66.80

El nacimiento de Juan el Bautista está lleno de misterio y de asombro. Para empezar conocemos que fue gestado de una madre estéril y ya mayor. Y, en contra de lo tradicional, su nombre no siguió la estela de sus antepasados y progenitores, pues no habiendo nadie en su familia llamado Juan, su nombre, inspirado por el Espíritu Santo, fue Juan. En el desenlace su padre Zacarías quedó mudo por dudar de las palabras del ángel y confirmado su nombre recuperó el habla. Todos quedaron admirados de lo que se decía y nosotros ahora, desde la distancia, también.

La fuerza y el secreto de Juan es reconocer y descubrir para lo que fue creado. Desde el principio supo cual era su misión, "en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel". Todo parece indicar que Juan sabía y conocía su misión hasta el punto que obedecía de forma firme y decidida. Daba testimonio de su palabra llamando a la conversión y a la prepararse para Aquel que había que venir.

Preparaba el camino del Señor y lo hacía con gran humildad dejando muy claro que delante de él venía el Mesías esperado y que él no lo era. E incluso se enfrentaba al poder al que denunciaba su faltas  pecados. Juan fue llamado el precursor y hizo honor a su nombre, pues allanó y preparó el camino para la venida de Jesús, el Mesías y Señor.

También nosotros tenemos que ver con eso, porque, en nuestro bautismo somos elegidos y configurados por el Espíritu como sacerdotes, profetas y reyes, y enviados a proclamar el reino de Dios con nuestra vida y palabra. Tratemos, confiados e injertados en el Espíritu Santo, se consecuente como Juan en nuestra particular misión de vivir y dar testimonio de nuestra fe.

sábado, 23 de junio de 2018

MEDIOCRIDAD O PLENITUD

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Mt 6,24-34

¿Por qué andamos preocupados y afanados en tantas cosas que al final no nos sirven para nada. Es verdad que necesitamos el pan de cada día, pero no mucho más, y la cuestión es que nos llegamos a enfrentar por tantas cosas que luego se quedan todas aquí.

La cuestión está en que no podemos servir a dos señores porque te centrarán en uno y dejarás al otro a medio gas. Vivirás el servicio de uno en la mediocridad y en la hipocresía. Es eso lo que nos pasa a muchos de nosotros que nuestro testimonio no es el correcto no da el nivel del verdadero amor.

Todo se fundamenta en la fe y en la confianza. A más confianza más abandono en las manos del Señor y en su Providencia. Cuándo confías en tu Padre no te entra en la cabeza que no se preocupe por ti y no te provea de lo que necesitas. Preocupándote, y lo digo por experiencia, no se soluciona nada. El resultado es que puedes pasar una noche tensa  y luego, por la mañana, aparece la solución de la forma más sencilla. Me ha ocurrido varias veces.

Es verdad que la vida te plantea problemas, acabo de llegar a mi casa cuando esperaba estar el jueves por la tarde. Todo se complicó cuando sorprendentemente mi amigo implantado, ya algo viejo, no resistió los embates del tiempo y dio error. Entonces, de forma inesperada mi retuvieron en el hospital y fui internado repentinamente hasta hoy sábado. Y la cosa podía haberse complicado más tiempo, pero todo, puesto en Manos del Señor, fue resuelto como Él ha decidido, pues la primera decisión del médico es que me quedar hasta el próximo viernes, que tendré que volver, pero ya desde Lanzarote. ´

El Señor manda en nuestras vidas y Él dispone, respetando nuestra libertad, porque así lo ha querido. Padre, sé que me cuidas porque me quieres, y sé que estás pendiente de todas mis cosas. Yo procuraré estar también pendiente de Ti y responderte en todo lo que, desde aquí abajo, voy descubriendo asistido por tu presencia. En tus Manos pongo mi vida.

viernes, 22 de junio de 2018

DEPENDE DE LA MIRADA CON QUE SE MIRE

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No cabe duda que tu mirada hace mejor o peor las cosas. Hablamos de la mirada, pero todo dependerá de la manera que tú te dispone frente a las cosas. Puedes enfrentarte a regañadiente, molesto y agresivo, o puede que las aceptes, trates de adaptarte y sacarle el mejor provecho y disfrute. Porque, dependiendo de como te enfrentes la situación no va a cambiar. Lo más prudente, inteligente y de buen gusto es aceptar lo que hay y tratar de mejorarlo con paciencia, buen humor y viéndolo positivamente.

Todo eso lo resumimos con la mirada. Dependerá de la mirada con que mires tu vida y todo lo que te rodea; tus circunstancias, tus limitaciones, tu ambiente, tu momento y todo lo que de alguna manera incide en ti. Conviene limpiar esa mirada y cargarla de buenas intenciones para ver las cosas de otra manera y con otra disponibilidad y agradecimiento. Conviene tocar nuestra mirada de gratitud y de ver con claridad todo lo que tenemos, la vida, la salud, los amigos, los enemigos que nos dan la oportunidad de crecer en el amor y la satisfacción de darnos y entregarnos por servir y mejorar la vida de todos.

Son esos nuestros verdaderos tesoros y los que debemos ahorrar. No depositándolos en el banco sino en nuestro corazón. Porque, allí ni la polilla ni la carcoma los roen ni nadie te los puede quitar. Los llevarás junto contigo hasta presentarlo a Dios. Por eso necesitamos al mejor inversor, que nos ilumina y nos señala donde podemos invertir esos nuestros talentos, recibidos gratuitamente, y hacerlo de forma gratuita tal y como los hemos recibido. 

Y sabemos donde está quien nos da la Luz que nos ilumina el camino del verdadero tesoro que es el amor. Un tesoro incorruptible que nos acompaña y que nos da la Vida Eterna. 

jueves, 21 de junio de 2018

CONFIADOS EN SU PALABRA

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Mt 6, 7-15
Con quien vas a hablar te conoce mejor que tú mismo. Sabe de tus necesidades y lo que más te conviene. Conoce lo que te puede hacer daño y lo que te beneficia, y lo más sorprendente, quiere ayudarte, espera tu súplica y te ama profundamente. Por lo tanto, no te esmeres en explicarle lo que quieres, ni menos lo que te hace falta, y, peor todavía, no trates de convencerle, pues Él te ha dado su Palabra y, primero que tú, quiere que seas feliz.

Por lo tanto, relájate, ten confianza y no te esfuerces en buscar palabras recónditas y hermosas que traten de impresionar a Dios. Él lo sabe todo y ve todo lo que esconde tu corazón. Nos ha dejado una bella oración, sencilla y hermosa que refleja todas nuestras necesidades y nos señala un estilo de vida, el Padrenuestro. Con esto basta, sólo que reflexiónala y medítala y, pausadamente, trata de llevar a tu vida lo que en ella pedimos.

      Padre nuestro que estás en el Cielo - santificado sea tu Nombre - venga a nosotros tu Reino 
                                   hágase tu Voluntad, en la tierra como en el Cielo
                                            Danos nuestro pan de cada día  
                         perdona nuestras ofensas de la misma manera que perdonamos a                                                                                  los que nos ofenden  
                              No nos dejes caer en la tentación - más líbranos del mal                
                                                                    Amén.


miércoles, 20 de junio de 2018

IMPORTA LA INTENCIÓN

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Mt 6,1-6.16-18
No te preocupes por lucirte y que te vean, eso no vale para nada sino para alimentar tu vanidad y fortalecer tu hipocresía. Importa tu intención, la que proviene de lo más profundo de tu corazón. Esa es la que dará valor a tus acciones generosas y caritativas. Importa que Dios vea tus buenas acciones y Dios las ve siempre. Ese es tu publico, la mirada de Dios.

Lo demás no tiene ningún valor ni importa tanto. Es verdad que tenemos que luchar contra nuestra vanidad y nuestros deseos de ser reconocidos, admirados, elevados a los altares y muchas cosas más. Somos humanos y estamos predispuesto a esas tentaciones, pero lo sabemos y también lo reconocemos, que es lo verdaderamente importante. Y de ahí a ponernos en Manos del Espíritu para que nos abaje, nos llene de humildad, de buenas intenciones y nos esconda en su presencia.

Pues, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

De la misma forma precederemos con la oración. No trates de vanagloriarte delante de otros, pues de hacerlo así ya estás recibiendo tu paga. Tú, también yo, escondamos en el Señor y en cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

martes, 19 de junio de 2018

SÓLO VALE AMAR

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Todo es muy simple, solamente amar. No hay más leyes ni preceptos ni nada. Simplemente amar y todo lo demás vendrá por añadidura. Podremos cansarnos de repetirlo, pero el hombre ha sido creado para el amor y se realiza cuando realmente ama. No hay otro camino sino el del amor. Somos seres en relación. Es decir, necesitamos el uno del otro y eso nos impulsa a amarnos.

Por eso no somos iguales, porque de serlo no necesitaríamos amarnos, pues cada cual se bastaría para arreglárselas consigo mismo. Somos diferentes y los más fuertes, inteligentes o capaces necesitan compartir sus capacidades con aquellos que más pobres son y carecen de ellas. Es decir, los más ricos en dones, capacidades e inteligencia compartir y ayudar a los más pobres y necesitados. Claro queda que eso es así para que podamos amarnos unos a otros.

Porque, los otros, los más débiles y necesitados deben también esforzarse y no aprovecharse. Deben colaborar y poner todo lo que de ellos depende para colaborar y ser dignos. No se trata de cruzarse de brazos y que me mantengan. Unos y otros debemos se honestos y honrados y actuar en verdad y justicia. Pero, la finalidad es ser generosos y compartir. Es decir, amarnos, pero, sobre todo a los enemigos, a los no conocidos, a los extranjeros. Hoy tenemos referencia claras que nos sirven de modelo, por ejemplo lo que está sucediendo en estos momentos: migrantes y aquarius.
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Porque, amar a los que te aman es cosa no tan difícil y lo correcto. Es un intercambio de intereses por vínculos, cercanías, profesiones, amistades...etc. El problema empieza cuando se te pone delante un extraño, un desconocido, un posible enemigo o alguien al que no tragas muy bien. Es ahí y en esos momentos donde tu amor se purifica, se hace auténtico y te salva.

lunes, 18 de junio de 2018

LA VIOLENCIA NO ES BUEN CAMINO

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Mt 5,38-42
Todos tenemos esa experiencia, violencia es sinónimo de violencia. Hemos conocido y también experimentado que cuando a una mala acción respondemos de la misma forma, es decir, con otra mala acción, nada se ha resuelto sino que se ha dejado la puerta abierta para que la violencia y las malas acciones continúen. No conviene, ni es bueno ni lo más inteligente emplear la violencia para resolver los conflictos, las malas acciones y hasta las injusticias.

Y es que estamos dispuestos a la confrontación con aquellos que no son nuestros amigos, o no son de nuestro grupo, de nuestro ambiente y criterios, incluso no son nuestros prójimos. Es más confortable y gratificante llevarnos y entendernos con nuestros propios amigos, con los de nuestros grupos o amistades cercanas, del barrio, de nuestros ambientes o conocidos. Nos cuesta mucho aceptar y perdonar a los que están enfrente o piensan de otra forma a nosotros. En el fondo de todo este comportamiento y actitud subyace nuestro egoísmo e interés con unos y lo contrario con otros.

Pero Jesús, el Señor, piensa de otra forma. Su mensaje es diferente y lo aplica también de forma diferente. Jesús, responde con amor, con paz, con buenas acciones y con justicia. Eso fue lo que le enseñó a sus discípulos y lo que Él vivió y transmitió a todos los que le vieron en su época terrenal y también a todos los que leen su Palabra transmitida por los que le conocieron personalmente como por el testimonio de los que le vieron actuar.

Hasta ese momento había una ley, que hoy podíamos llamar progresista, tal y como a muchos les gusta, pero que simplemente dejaba las cosas, sí, mejor, pero sin arreglarla de todo. Era una ley que limitaba la venganza hasta el punto de ser proporcional y equitativa con el daño causado. Ese "ojo por ojo y diente por diente" significaba que podrías vengarte hasta el límite del daño que habías recibido. Pero no zanjabas el conflicto ni la confrontación. Siempre la llama estaba encendida y abierta.

Estar en esta actitud conflictiva y dispuesto a separar lo que no nos gusta o no nos interesa de lo que nos conviene y juega a nuestro favor es vivir de forma inhumana y contraria a lo que Jesús nos propone. Es abandonarnos a nuestros instintos naturales sin control ni responsabilidad. Es someternos a la esclavitud de nuestra naturaleza pecador y abandonarnos a sus pasiones y satisfacciones. Es no responder a nuestro ser humano y dignidad de persona e hijo de Dios.

Lo verdaderamente grande, honorable, de hombría y valentía es responder con caballerosidad y saltar por encima de todos esos obstáculos que nos impiden amar, no solamente a los que menos dificultad presentan sino a los más distantes y alejados y que no piensan como tú.

domingo, 17 de junio de 2018

A SU IMAGEN Y SEMEJANZA

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Dios está en nosotros, pues nos ha creado a su imagen y semejanza y en nuestro corazón está la impronta de Dios. De tal forma que si lo cultivamos y cuidamos bien nacerán en nosotros frutos de Dios porque nuestra semilla es de Dios. Frutos que serán de amor, esencia de Dios.

Por eso, Jesús nos compara hoy el reino de Dios como aquel hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. Y así ocurre en nuestro interior. No nos damos cuenta, pero si nos abrimos a la acción del Espíritu Santo la fe va creciendo en nosotros sin saber cómo ni dónde. Y los frutos van saliendo a su debido tiempo por la acción del Espíritu.

Queramos o no hemos salido de Dios y al Él volveremos. Dios ha sembrado algo divino en nuestros corazones humanos y nuestro destino, queramos o no, es Él. Por eso, a pesar de nuestro rechazo y abandono a responder a su llamada, nuestros frutos tienen la semilla del bien y del amor. El hombre gusta de hacer el bien y, aun resistiéndose por su egoísmo, se siente feliz cuando percibe, entiende y experimenta que hace el bien.

Es entonces cuando descubre el gozo y la paz que da ese sentirse bien y que se llama felicidad, lo que precisamente buscaba de forma equivocada en el mundo y en las cosas del mundo. Ese tesoro descubierto es precisamente el reino de Dios. Él mismo que se te revela en tu propio corazón. Por eso, tus frutos llevan el sello, la marca y la naturaleza de Dios, porque nacen de Él. 

Porque, todo hombre que se precie de tener buen gusto y ser inteligente buscará y deseará parecerse a Dios, porque sólo en Él encontrará lo que busca, paz, gozo y felicidad. Y sus frutos serán frutos de Dios, porque salen de un corazón semejante a Dios.

sábado, 16 de junio de 2018

EN RECUERDOS A NUESTROS MAYORES

Resultado de imagen de Mt 5,33-37Siempre nos queda y nos vuelve el recuerdo de nuestros mayores respecto a la palabra dada. Los que hemos tenido la suerte de compartir algunos años de esa etapa con ellos, sabemos muy bien que cuando nuestros abuelos y padres daban su palabra eso era ley y cumplimiento. No cabe duda que, como siempre, habían excepciones, pero pululaba la palabra y la verdad. O dicho de otra forma, había más conciencia responsable, más sentido común, sinceridad y vergüenza.

Nuestros abuelos y padres vivían en un mundo donde la palabra bastaba y era sagrada. No hacía falta jurar ni remarcar el juramento. Bastaba la palabra dada y la verdad se respetaba sin necesidad de más documentos ni firmas que la avalara. Es verdad también que las épocas no se pueden comparar y que el contexto y circunstancias de la vida en esa época favorecían el desarrollo de una convivencia más sana, más sincera y justa.

Pero, ¿qué ocurre hoy? Se han perdido esos valores o, al menos se han relativizados los que antes ocupaban el centro de la convivencia y de la verdad como algo sagrado a los que todos respetaban y ponían como prioridad a todo lo demás. Ahora sucede lo contrario, todo se apoya en falsos valores que quedan relativizados por las mentiras, el éxito, la fama, el poder, la riqueza y todo aquello que interesa más que la verdad y el compromiso responsable. La palabra, entonces, queda falseada y pospuesta a los intereses económicos, de la fama, del engaño, del poder o del éxito.

A todo esto favorece el clima que han gestados los avances técnicos: la tele, el móvil, Internet, transportes... y otros, que han propiciado la globalización y las relaciones entre los pueblos. El contagio y la influencia son mayores y más rápidos. Y cada lugar, por pequeño que sea, queda actualizado y en contacto con el mundo exterior y universal. Por lo tanto, todo está relacionado e influido mutuamente, aunque predomina siempre el poder del más fuerte y las tentaciones que subyacen dentro del corazón del hombre.

Todo se contagia y la mentira, la vida fácil, adultera, poderosa y rica más lo hace más rápida, sobre todo propiciada por el príncipe del mundo, que la aviva con el fuego del mal. Hagamos una sincera reflexión con el propósito de esforzarnos en vivir en la verdad, no sólo de palabra sino también de vida, siguiendo la Palabra que Jesús, el Señor, nos enseña.

viernes, 15 de junio de 2018

CUANDO LA MENTIRA LA HACEMOS VERDAD

El pecado se esconde en el fondo de nuestro corazón, porque es allí donde nacen las malas y buenas intenciones, y donde permitimos que nuestros actos u obras sean buenos o malos. El corazón no sólo se ajusta a ley, que es necesaria y nos ayuda a limitar nuestras malas intenciones, sino que la trasciende y le da plenitud. En él se cuecen las verdaderas intenciones y motivaciones que impulsan al ser humano a actuar en verdad y justicia.
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Mt 5,27-32)

Es en el corazón donde se descubre la verdad o mentira de nuestras intenciones. Hoy, Jesús, nos lo señala como centro y motor de la verdad de nuestros actos, y no sólo con nuestras obras, sino basta también con nuestras intenciones. Como puede ser la mirada, la mano o cualquier miembro que pueda alargar y dar respuesta a nuestra verdadera intención.

Indudablemente, también nuestros actos están directamente relacionados con nuestro compromiso y responsabilidad. Buenos o malos, intencionados o mal intencionados, responsables o de forma irresponsables, faltamos a la verdad cuando buscamos nuestro egoísmo, nuestros intereses, nuestras propias satisfacciones y olvidamos el bien, la verdad y la justicia del otro. Es entonces cuando tratamos de ver la verdad en la mentira.

Jesús nos lo describe con extraordinaria exactitud: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna».

No se nos esconde que la fidelidad es un compromiso y que, por irresponsabilidad, por egoísmo, por búsqueda de placer, por satisfacciones y otros motivos que cada cual sabe se quebranta, y a lo que Jesús también nos dice: «También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».

Nadie puede responder por ti. Serás tú quien saque sus propias conclusiones y purifique sus intenciones desde lo más profundo de su corazón.

jueves, 14 de junio de 2018

EL ESPÍRITU DE HACER EL BIEN

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Podríamos hablar hoy, en nuestro tiempo, de la ley mordaza o de la libertad de expresión ¿cuál es el límite? En esas circunstancias queda muy claro la debilidad de la letra de la ley que deja desnuda la libertad propiciando el libertinaje. No se puede decir lo que venga en ganas y mis derechos, muy respetables, tiene su límite donde empiezan los derechos del otro.

Supongo que Jesús limitaría todas esas cosas que muchos hoy discuten y quieren liberar. No se puede cantar lo que te venga en ganas, ni insultar las actuaciones del otro, porque él también tiene sus derechos. Ni decir lo que te parezca y creas por Internet. La libertad no es para hacer daño, ni para extralimitar tus actos o palabras. Todos tenemos derecho al respeto y al honor.

Por lo tanto, la letra de la ley se ve impotente para recoger el espíritu de la verdad y la justicia. No se trata de simplemente de no matar, porque que también, tus palabras, pueden matar. Y, a pesar de que eso está escrito dentro de nuestros corazones, que nos descubre que lo que no me gustaría que me dijeran a mí, debo yo también respetar con respecto al otro, lo dice muy claramente Jesús en el Evangelio de hoy: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos». Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.

Sería muy oportuno, sobre todo a los que se erigen demócratas en aras de la libertad, presentarles estas palabras del Señor e invitarle con sosiego, paz y mansedumbre a reflexionar y aplicarlas a la vida de cada día. Supongo que el diálogo, encrespado, rabioso, insultante e irrespetuoso se establecería de otra forma.Evang

miércoles, 13 de junio de 2018

NO TODA LEY ESTÁ EN LA VERDAD

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Mt 5,17-19
Hoy tratamos de engañarnos aduciendo que esto la ley lo permite, y también nos apoyamos en el derecho a decidir. Si todos decidimos esto y lo hacemos ley, eso es legal y está bien. Lo que, de alguna manera viene a refrendar que eso es la verdad y que es bueno. Y nada más lejos de la verdad que esa engañosa mentira usada para esquivar la verdad y la verdadera y auténtica ley.

Porque, el derecho a decidir y las votaciones no, por el hecho de ser lo que opinan todos, están siempre en la verdad ni son tampoco la verdad. Para decidir que es verdad hay que ser primero libre, y la libertad no es hacer lo que te gusta ni votar lo que te conviene. Ser libre comporta, primero, estar formado y tener capacidad de discernir y buscar la verdad, que no siempre coincide con lo que a mí me gusta o conviene.

No es el aborto, legalizado por el derecho a decidir y en la ley, un bien ni una verdad. No es legal matar a una persona que, aún en el vientre de su madre, tiene derecho a su vida. Y eso, a pesar de ser aprobado por el voto y la ley, no es legal moralmente ni verdad. La vida está por encima de la ley, y cuando se vota para abolirla estamos sometidos a nuestros intereses y conveniencias, por lo tanto no somos libres. Y así podemos razonar muchas más leyes que se aprueban en la mentira y en la esclavitud de los intereses y egoísmos.

La ley es ley cuando busca la verdad y el bien del hombre. La verdad que está contenida en la justicia, porque lo que no es justo no puede ser verdad. Jesús defiende la ley, pero la Ley verdadera, la que, por encima de los intereses, busca el bien y la verdad para el hombre. No una ley pegada a la letra y dirigida a los intereses de algunos o del poder.

martes, 12 de junio de 2018

EL SABOR DE LA VIDA

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Mt 5,13-16
La vida tiene sabor si se le busca su sentido. Porque, una vida a la deriva y sin saber bien el rumbo de su propio destino, pierde su sabor y también su sentido. La tendencia innata en el hombre y la mujer es buscar al felicidad. Es decir, el bienestar y el gusto de sentirse cómodo y placentero, pero la experiencia es que en este mundo que vivimos todo lo que se consigue de gusto y placer se evapora rápidamente.

Es cierto que lo que gusta da placer, porque lo que no te gusta te desagrada y, por lo tanto, no te a placer. El placer empieza por el gusto, pero el gusto empieza a convertirse en placer o gozo cuando encuentra su propio sentido y su verdadero camino. No te da gusto, al menos termina mal y con resentimiento y remordimiento de conciencia cuando te deleitas en algo que reconoces que está mal, que es abusivo para otros o que sometes e impones tu voluntad para conseguir esas situaciones plancenteras. Al final todo eso se convierte en lo contrario.

Sólo lo que encuentra su verdadero sentido y hace bien a los demás es lo que te hace gozar de la vida. Es decir, darle sabor a la vida, aunque te exija esfuerzos y compromisos que, en muchos momentos la complican. Es ese sabor, que da tu propia sal al mundo que te rodea, lo que hace la vida hermosa y la llena de verdadero gusto. Entonces, encuentra su sentido, su camino, su rumbo y orientación y el camino se hace gozoso y placentero, a pesar de las dificultades, obstáculos y sufrimientos.

Y, entonces, se hace la luz. El sentido llena, no sólo de gozo y sabor nuestra vida, sino que la ilumina también y le alumbra la ruta de sus pasos y de su destino. Cuando encuentras la meta de tu vida, Camino, Verdad y Vida, tu existencia es gustosa e iluminada, y tus pasos son más firmes y seguros.

lunes, 11 de junio de 2018

FELICES PORQUE ESE CAMINO DE ADVERSIDAD Y SUFRIMIENTO SE TORNARÁ EN DICHA Y ETERNIDAD

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Mt 5,1-12
Nadie puede querer pasarlo mal. Al contrario, todos queremos ser felices y disfrutar de los sentidos, de las cosas buenas de la vida y del placer que podamos obtener en esos buenos momentos de la vida en la verdad y la justicia. Todos experimentamos ese deseo eterno de felicidad, pero, la verdad es que en esta vida no llega. O, dicho de otra manera, se esfuma y evapora muy rápido que no llegamos a disfrutar plenamente.

Por otro lado, experimentamos que esa felicidad que podamos disfrutar es transitoria y no nos llena plenamente. Nos gustaría que otros, que lo pasa mal y sufren, pudieran también disfrutar. Sentimos pena y compasión de los pobres que pasan miserias; de los que sufren; de los que lloran y padecen injusticias; de los que padecen hambre y sed de justicia... Sí, no nos quedamos tranquilos con nuestro bienestar porque intuimos que este no durará mucho.

Y es que nos experimentamos mejor cuando sufrimos, cuando lloramos, cuando padecemos y cuando luchamos por construir un mundo mejor. Cuando compartimos el sufrimiento de los demás, a pesar de nuestros sacrificios y dolores; a pesar de pasarlo mal y de también nosotros llorar y padecer y sufrir incomodidades; cuando luchamos y nos arriesgamos a ser maltratados e insultados por defender la verdad, la vida, la justicia y eso nos trae pasar hambre y sed de justicia. Cuando, a pesar de ser insultados y mal tratados, somos misericordiosos y damos nuestro perdón.

Es verdad, nos sentimos mejor en estas situaciones porque experimentamos que esta actitud será revertida y se convertirá en lo que realmente queremos, eterna felicidad. Y es que realmente ya lo experimentamos dentro de nosotros mismos. A pesar del dolor y los padecimientos, sentimos en lo más profundo de nuestro ser, paz y gozo. Sí, el Señor no se equivoca, somos bienaventurados cuando realmente sufrimos por amor buscando el bien de los demás.

domingo, 10 de junio de 2018

CON Y EN JESÚS TODO SE SUPERA

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Cuando se quiere buscar alguna disculpa o razón que justifique nuestra defensa o arrogancia siempre se encuentra. Aquella gente, los letrados no aceptaban que un judío cualquiera les pudiera poner en entredicho su poder y su mando absoluto en la religión de su pueblo. Ellos eran los amos y los que tenían la verdad y el poder absoluto. No se les podía discutir.

Sin embargo, el pueblo le seguía hasta el punto de aglomerarse junto a Él que no les dejaban comer. Los letrados impulsados por su envidia y viendo que Jesús les quitaba la clientela y la autoridad, por expresarlo de alguna manera, le acusan de expulsar espíritu inmundo en nombre del demonio. Enorme disparate que no guarda coherencia ni se sostiene por sí mismo. 

La respuesta de Jesús es la correcta: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin.

Es de sentido común que nadie puede hacerse la guerra a sí mismo, pues el mismo se destruiría. Pero, deja sentada otra cosa muy importante. No puedes entrar en casa del fuerte y saquear su ajuar si antes no le atas. Porque, de no hacerlo él te lo impediría. Con eso el Señor deja sentada su autoridad y su poder sobre el demonio. En y con Él vencemos los poderes del mal y quedamos libres para hacer el bien.

Porque, todo aquel que se cierre a la verdad y al bien y a la acción del Espíritu Santo impide que sea iluminado y perdonado. El perdón que Dios te da necesita una condición que sólo tú le puedes dar. Se trata del arrepentimiento. Para ser perdonado, no importa el pecado que sea, necesitas reconocerlo y arrepentirte, y conseguirás la Misericordia de Dios.

sábado, 9 de junio de 2018

DOLOR DE CORAZÓN

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(Lc 2,41-51
Uno empieza a darse cuenta del sufrimiento y del dolor cuando adquiere el rol de padre o de madre, y empieza a comprender a sus propios padres. Sobre todo a la madre, la que por su papel de gestora de la vida en su propio vientre está más cerca vitalmente de las emociones, sensibilidades y ternura del hijo. Desde esa perspectiva comprendemos el dolor de María y José.

Pero también, comprendemos la ternura y compasión de una madre que, por el hecho de ofrecer y donar su vientre para la vida intrauteria, experimenta más sensibilidad, más ternura, más compasión más interacción con el hijo y, por supuesto, experimenta también más el sufrimiento y el dolor. Hoy, día del Corazón Inmaculado de María, queremos centrarnos en ella, la Madre, ejemplo de fidelidad y obediencia a la Voluntad de Dios.

María, como sufriente, profetizado ya desde la presentación del Niño Jesús en el Templo por el anciano Simeón. ¿Podemos entender como recibió María esa respuesta que hoy nos relata el Evangelio?  «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». ¿Podemos entender su dolor? Recibir una respuesta así puede resultar desconcertante y hasta sorprendente. Y, por supuesto, sin entender nada al respecto. 

Es doloroso cuando al mismo tiempo se percibe que está próximo la hora de que el Hijo empieza a distanciarse y a dar señales de gestos que no llegas a comprender. Asumir estas circunstancias hace sufrir al corazón y cargarlo de esos interrogantes te hace costoso y difícil sostenerte en la fidelidad y confianza. Sin embargo, María persevera y camina junto a su Hijo. Ella, elegida por Dios para ser la Madre, persevera fiel a su Voluntad y sufre en silencio el mismo silencio de Dios.

Miremos a María con esa mirada de tratar de imitarla y de buena intención, para esforzarnos en seguir su ejemplo y de, también nosotros, interrogarnos respecto a la misión que nos toca a nosotros cumplir.

viernes, 8 de junio de 2018

TODO SE CUMPLE

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Jn 19,31-37
Todo estaba profetizado y todo se cumplió como se había dicho. Jesús estaba muerto y decidieron no quebrarles las piernas. Así lo narra el Evangelio de hoy: En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con Él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino...

Es de suma importancia dejar sentado y comprobado que Jesús murió, porque, para resucitar se necesita antes morir. La muerte se llena de esperanza y de gloria para el creyente, porque es la puerta y la llave para entrar en la Gloria y en la Eternidad junto al Padre. Así lo creemos los que tratamos de seguir al Señor confiados plenamente en su Palabra. Dios, que ha mantenido la promesa de resucitar a su Hijo, mantendrá también la segunda promesa: nos resucitará también a nosotros y nos elevará a su propia diestra. Pero pone una condición mínima: creer en Él y dejarnos salvar por Él. Dios no impone a nadie su amor en detrimento de la humana libertad. [ComentarioP. Raimondo M. SORGIA Mannai OP (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)].

Hoy celebramos la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, ese corazón que atravesado por una lanza desprendió sangre y agua. Sangre que borra nuestros pecados y nos redime, y agua que los purifica y nos limpia en el bautismo. Y a Él no confiamos poniéndonos en su Manos.

jueves, 7 de junio de 2018

EL VALOR DE LOS HOLOCAUSTOS Y SACRIFICIOS

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Mc 12,28-34
Con frecuencia confundimos lo fundamental con lo accidental y le damos más importancia o más valor a lo que es consecuencia que a la esencia y sello del ser creyente. Porque, nada de los actos religiosos que hagamos tienen valor si realmente no son consecuencia del amor. De un amor que emana del único y verdadero Amor que es Dios. 

Porque, para darnos de manera total e íntegra necesitamos la fuerza del Amor Absoluto que nos alimenta y nos capacita con su Espíritu y Gracia para amar como Él nos ama. Nada de lo que hagamos en favor de los otros será valioso si no está bañado de ese amor generoso, gratuito que busca el bien desinteresado del otro. Esa es la realidad de nuestra vida y lo que observamos a nuestro alrededor.

Solemos decir que nadie da nada gratis y así parece suceder en la vida de cada día. Nos sorprendemos cuando observamos que alguien se da desinteresadamente y gratuitamente y pensamos que esa persona debe ser creyente y consecuente con su fe. Porque, una cosas son las prácticas y la liturgia, y otra muy distinta es la aplicación de tu fe en la realidad de tu vida de cada día. No, por el hecho de practicar y orar das testimonio de tu fe, sino cuando esa fe aterriza en la vida y se hace amor con obras. Es entonces cuando realmente el testimonio y el ejemplo se contagia y se hace verdad.

Sucede que nuestra vida va muy por debajo de lo que nos gustaría, y que no hacemos lo que pensamos que deberíamos hacer. Nos confesamos pecadores y no nos debemos desanimar porque comprobemos que eso sea verdad y se haga realidad. No damos el nivel y a muy pesar nuestro no contagiamos nuestra fe. El Señor, a pesar de que lo ve y lo sabe, sigue confiando en nosotros y mantiene sus brazos abiertos a nuestra conversión y espera pacientemente a que nos dispongamos a mejorar. 

Claro, necesitamos mucha oración, mucho acercamiento y confianza en que Él nos transforme y, también, a dejarnos nosotros transformar. Necesitamos abrirnos a su Gracia y a dejar al Espíritu Santo entrar en nuestro corazón y movernos. Necesitamos, como los niños, dejarnos guiar por nuestro Padre del Cielo y, conociéndole, amarlo más para también amar al prójimo.

miércoles, 6 de junio de 2018

LO ABSURDO DE NUESTRA INTELIGENCIA

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Mc 12,18-27

El hombre razona y deduce sus consecuencias, pero lo hace desde su pequeñez y mentalidad humana. Porque, el hombre es una criatura y no ve más que lo que tiene delante, y muchas veces ni eso llega a ver. Por lo tanto, no comprende ni alcanza a comprender los planes que Dios tiene después de la Resurrección. El mundo será diferente, inexplicable e incomprendido para nosotros.

No será un mundo pensado como camino de salvación para el hombre. Para eso ya tenemos este, un mundo de familias, de matrimonios, de leviratos, herencias, segundas nupcias y todas las relaciones sociales y de convivencia por las que el hombre se ha desviado y corrompido. No, será un mundo diferente, sólo pensado por Dios e ininteligible para el hombre de hoy. Nunca podremos comprenderlo hasta que estemos en él y en la presencia de Dios.

Como tampoco comprendemos la resurrección, problema de aquellos saduceos que, acercándose a Jesús, le habían planteado ese problema exponiéndole un caso extraño y complicado, fantasioso mejor, pero que Jesús resolvió con la autoridad de siempre: En aquel tiempo, se le acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan que haya resurrección, y le preguntaban: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno y deja mujer y no deja hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos: el primero tomó mujer, pero murió sin dejar descendencia; también el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero...

Aspiramos a un mundo mejor. Un mundo donde la vida sea eterna y plena de felicidad. Un mundo donde no haya sufrimiento ni carencia de ningún tipo. Un mundo del que nos ha hablado Jesús, el Hijo de Dios, y al que Él ha regresado a prepararnos una mansión para llevarnos con El -Jn 14, 1-3-. 

Tenemos un Dios eterno, un Dios de vivos, un Dios que ha existido siempre y que, como Dios que es, está fuera de nuestra comprensión, pero que en Él depositamos nuestra fe y nuestra esperanza, porque su impronta y su imagen está sellada dentro de nuestro corazón.

martes, 5 de junio de 2018

JUSTICIA ES DAR A CADA UNO LO SUYO

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Mc 12,13-17
En cada discusión se dirime un acto de justicia, de verdad o de mentira. Todos apuestan por tener la verdad aunque saben que sólo la puede tener uno. Y muchos, escondiendo su mentira quieren hacerla ver como verdad. Unos argumentas sus razones, y otros lo hacen con las suyas. Pero, lo que se desea y de verdad importa es cada cual lo haga desde la sinceridad, buena intención y la verdad.

Porque, siendo así, se encuentra pronto el acuerdo. Cuando se busca la verdad, no mi verdad, siempre se llega al acuerdo, a un punto común donde se establece la unidad y la paz. Aparte quedan las diferencias que nos separan, pero que la verdad termina por unir. El caso evangélico que hoy nos ocupa lo resuelve Jesús, el Señor, de forma admirable con una sabiduría fuera de lo común y propia de su autoridad. 

Aquellos fariseos y herodianos pretendían confundir a Jesús y enfrentarlo con el César. Era una estrategia que les daba fundadas esperanzas en ponerlo en un aprieto imposible de evitar y llevarlo al enfrentamiento con el César. Se las prometían muy felices y así lo llevaron a cabo. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?».

Podemos observar que la pregunta estaba muy bien pensada y dibujaba una encerrona difícil de desenrollar. Más, Jesús, una vez más, dándose cuenta de sus malas intenciones resuelve la cuestión con una sabiduría extraordinaría que no podían imaginarse: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de Él.

También nosotros tenemos una moneda grabada en nuestros corazones, impronta de la imagen de Dios y a la que debemos corresponder con todos nuestros tributos y cualidades por encima de todo, pues, gratuitamente las hemos recibido de Él y a Él corresponden. Y, lo mejor, con ella podemos alcanzar la felicidad eterna que anhelamos. Miremos en nuestras propias vidas que hacemos con ellas.

lunes, 4 de junio de 2018

SEÑORES Y GOBERNADORES

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Mc 12,1-12
Suele ocurrir y muchos se comportan como si así fuera. Da la impresión, que lo mismo que aquellos sacerdotes, escribas y ancianos llegaron a creerse dueños absolutos, a los que había que servir y reverenciar dócilmente, sucede también hoy con algunos de nuestros jefes eclesiásticos. En algunas circunstancias suele parecer que quien manda es el sacerdote o el obispo, y el pueblo a obedecer. Cuando la realidad y lo que debe ser es que quienes sirvan sean los obispos y sacerdotes.

Que quede claro que no digo que esto suceda, sino que en algunos momentos pueda parecer, sin descartar que haya algún caso que así sea. De cualquier forma, en tiempos de Jesús sucedió así. Aquellos sacerdotes, escribas y ancianos llegaron a creerse dueños y señores de la religión. Ellos se acostumbraron a mandar y a ser obedecidos sin rechistar, y a poner las leyes que muchas veces iban en su propio beneficio. Estaban muy bien instalados y no admitían que se les discutiera lo que ellos pensaban sobre la ley judía. Ni siquiera Dios.

Por eso, Jesús, que se les enfrentó desnudando sus egoísmos e hipocresía, les molestaba y trataron de apartarlo del medio. Precisamente, la parábola que hoy expone Jesús les descubre como aquellos viñadores que se apoderaron de la Viña que le fue alquilada y no respondieron a sus deberes como inquilinos. Incluso mataron al hijo para quedarse como herederos. También puede retratarnos a muchos de nosotros que, junto a los sacerdotes y obispos que formamos la Iglesia, podemos desviarnos de nuestra verdadera misión, que no es otra que la de servir y no ser servido. Tal y como nos revela nuestro Señor Jesucristo.

Nuestro verdadero poder es el servicio. Ya lo dijo en alguna ocasión nuestro Papa Francisco. La auténtica autoridad con la que Jesús predicó su buena Noticia fue con el servicio y con las obras. No hay mejor ejemplo que descubrir que a cada palabra corresponde una acción que la materializa en la verdad de lo proclamado. Sí, realmente se nos ha dado una Viña en arrendamiento para, cultivada y bien administrada, sirva para saciar la sed y el hambre de la Verdad que nos salva y nos lleva al verdadero Señor de la Vida y la Eternidad.

domingo, 3 de junio de 2018

ALREDEDOR DE UNA MESA

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Mc 14,12-16.22-26

Los acontecimientos más importantes de nuestra vida suceden alrededor de una mesa y en una comida. Los almuerzos de trabajo, de acuerdos, de reconciliaciones, de encuentros, de negociaciones y de suma importancia se suelen tratar convocándose en desayunos, almuerzos o cenas. Alrededor de una mesa y buscando un clima distendido que favorezca el diálogo, todo se puede entender, ver y acordar desde la razón y la verdad mucho mejor.

Jesús buscó también un momento especial, importante y oportuno para anunciarnos su presencia eterna entre nosotros, y lo hizo alrededor de una mesa. En una cena, su última cena en este mundo y convocando a los más íntimos con los que había compartido de forma especial su vida en esos largos tres años donde les preparó para la misión de continuar el mensaje y proclamación de la buena Noticia de salvación.

Hoy, el Evangelio, nos relata esa última cena: (Mc 14,12-16.22-26): El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: « ¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre... Y nos describe con detalles los misterios que la rodean. Indudablemente, Jesús, el Hijo de Dios, demuestra con autoridad que lo es, y realza su poder rodeando la preparación con cierto misterio. 

Pero, lo más importante es que nos promete su presencia constante entre nosotros dándose como alimento espiritual que nos fortalece y nos sostiene en nuestro camino mundano y ante las dificultades y peligros que el propio camino nos presenta. En Él encontraremos la razón para permanecer unidos, para continuar reuniéndonos y, en torno a una mesa, conmemorar y vivir ese momento memorial que se actualiza en ese instante consagrado, haciéndose presente entre nosotros y dándose como alimento espiritual que nos conforta, nos sostiene y nos auxilia para continuar fortalecidos en el camino.

sábado, 2 de junio de 2018

SOBERBIA

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Los acontecimientos políticos nos demuestran el afán y locura del hombre por mandar. Todos quieren ser los primeros y estar por encima de todos, y cuando conviene avenirse o compartir, están dispuestos a tolerar otras iniciativas, destacando su actitud dialogante, que esconden tras una falsa arrogancia oculta por intereses y conveniencias. 

Todos quieren mandar y los sumos sacerdotes, escribas y ancianos de la época que corresponde a Jesús no eran menos. Ostentaban el poder absoluto religioso. Al menos eso es lo que ellos creían y querían y aspiraban a gobernar con total autoridad sin ninguna oposición. En este contexto, la irrupción de Jesús en la vida pública les presenta un gran problema. Jesús habla y obra con plena libertad. La autoridad con la que enseña y su coherencia en sus Palabras desprende admiración y muchos le siguen sorprendidos y admirados de lo que dice y hace.

Esta actuación de Jesús les molesta y la sienten como una amenaza que pone en duda esa supuesta autoridad religiosa que ellos tratan de arrogarse y ostentar. Y experimenta que pierden adeptos y que muchos se decantan por seguir a Jesús. Por eso tratan de buscar alguna ocasión para ridiculizarle o quitarle autoridad. El Evangelio deja muy claro lo que sucedió: (Mc 11,27-33): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el Templo, se le acercan los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto?, o ¿quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?». Jesús les dijo: «Os voy a preguntar una cosa. Respondedme y...

Pero, esto no es algo que pasó hace tiempo, sino que también ocurre hoy. Eso debe interpelarnos, porque, quizás nosotros también nos planteamos lo mismo. ¿Admitimos a Jesús como el enviado, el Hijo de Dios, o lo rechazamos? ¿Su Palabra amenaza nuestro bienestar, nuestro estar instalado y acomodado? ¿Su Palabra no invita a salir de nosotros mismo y dejar nuestras seguridades? Es cuestión de planteárselo, pero nunca solos sino en compañía del Espíritu Santo. En Él podemos descubrirnos y encontrar fuerzas para, por y en Él reorientar nuestro camino.

viernes, 1 de junio de 2018

DANOS SABIDURÍA, SEÑOR, PARA ENTENDER TU VOLUNTAD

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Mc 11,11-25
Se hace harto difícil entender la Palabra de Dios. En muchos momentos es clara y diáfana, pero en otros se no resiste a nuestra limitada y pobre inteligencia. Es una dicha ser pobre, dicho sea de paso descubrirlo, porque eso nos limita y nos demanda la necesidad de Dios. Pablo lo decía cuando sus debilidades servían para manifestar la Gloria de Dios -2ª Corintio 12, 9-10-.

Por lo tanto, nada de desesperar y menos desfallecer. Mi Dios tiene que ser un Dios al que yo no puedo llegar porque su grandeza es infinita y todo poderosa.  Todo lo contrario de su criatura -el hombre- limitado y pobre. Gracias, Señor, por esta pobreza, porque ser rico me descarta de tu salvación. Tú lo has dicho repetidas veces: EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI, PORQUE ME HA UNGIDO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES. ME HA ENVIADO PARA PROCLAMAR LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, Y LA RECUPERACION DE LA VISTA A LOS CIEGOS; PARA PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS -Lc 4, 18-.

Hoy me quedo perplejo por tus acciones y tu enfado con los que han convertido tu casa en casa de mercadería olvidando que es casa de oración. No atino a tu maldición a esa higuera que no da fruto y me asombro de tu invitación a pedir dando de antemano que lo pedido ya está conseguido. No significa esto que no lo entienda, pero quedan lagunas que no llego a entender bien. De cualquier forma, todo lo que dices tiene gran sentido común, porque, observamos que también los padres de la tierra no dan lo que los hijos le piden, sino lo que les conviene.

También Tú, Señor, nos dice que pidamos con confianza y que todo lo que sea para nuestro bien nos será concedido. No cabe duda que así será a pesar de que muchas veces no lo entendamos, porque no vemos el resultado final. El tiempo juega un papel importante y nos demuestra a la larga nuestro premio por confiar y saber esperar con paciencia. Vemos que siempre Tú, Señor, tenías razón. Al final la mala hierba se seca y no da frutos.

Te pido, Señor, una cosa, dame la sabiduría de ser siempre pobre. Pobre de espíritu para tener hambre y sed de Ti y necesitar en cada paso que dé en mi vida. Porque, Tú sólo estarás atento a aquellos que se sientan y experimenten pobres y necesitados de la Gracia de salvación.