ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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martes, 31 de julio de 2018

SÓLO EL TRIGO VALE LA PENA

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Mt 13,36-43
No da todo lo mismo y lo que verdaderamente importa es el bien. Es verdad e inevitable que en la vida cohabitan el bien y el mal y que esa mezcla nos obliga a estar siempre en tensión, en riesgo de caer en la tentación y en la trampa del mal. Es una lucha constante y sin tregua. El Maligno, sembrador de la cizaña no descansa y nos somete a una constante lucha.

Jesús ha venido para sembrar la buena semilla - que somos nosotros - y lo hace con su Palabra y con sus Obras. Y nos da testimonio de ello con su Vida. Buena semilla que escucha su Palabra y se esfuerza en seguir sus mandatos y sus indicaciones según nos lo dice cada día en el Evangelio. Pero, también está el mal, los hijos del Maligno, que siembra la cizaña con sus malas intenciones y obras. Y ese es el camino que tenemos que recorrer hasta el final.

Llegada la hora de la siega - fin del mundo - vendrán los ángeles - segadores - que recogerán  todo lo malo, apartándolo y arrojándolo al fuego para que triunfen aquellos que han vivido en el esfuerzo de cumplir los mandatos de Dios. Significa esto que hay un final y que llegará la hora de que este mundo tenga su fin y que todo lo de aquí abajo termine. Eso nos debe hacer pensar, porque también nos lo dice el sentido común, nuestra razón y nuestro corazón. Tiene sentido y es que así es como entendemos este mundo.

Sólo el trigo vale la pena conservar y todo lo que perjudica debe aniquilarse. No todo da lo mismo, pues hay unos valores que cuidar y defender. Y es el amor lo que engloba y encierra todo lo que realmente tiene valor. Porque, todo el bien y todo lo que va dirigido al bien de la persona humana es lo que prevalece y lo que importa. 

lunes, 30 de julio de 2018

DIOS SIEMBRA Y CULTIVA EN TU CORAZÓN

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Mt 13,31-35
Tú no te das cuenta. Tu estatura crece; tu pelo aumenta y se hace grande hasta el punto que tienes que arreglártelo y cortártelo; tu cara cambia y tu cuerpo se hace mayor, más ancho y... ¿Acaso tú percibes el crecimiento y los cambios? Los descubres después de pasado cierto tiempo. Adviertes que tu silueta y tu imagen han crecido y han cambiado. Pero, ¿percibes ese crecimiento día a día?

Con toda seguridad que no. No nos damos cuenta como crecemos y nos hacemos mayores. Y de la misma forma ocurre con nuestro crecimiento espiritual. Todo lo hace la Gracia de Dios. Tanto lo físico como lo espiritual. Crecemos hasta descubrirnos mayores, adultos y capaces de dar frutos. El Reino de Dios está dentro de nosotros y se parece a lo que Jesús nos describe hoy en el Evangelio: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró... (ver aquí).

No hablamos de cosas ficticias sino de la realidad que sucede en nuestra vida. Miramos nuestras fotografías de niño, de joven y de mayor y percibimos los cambios con claridad. De la misma forma nuestra fe no es la misma, si hemos ido de la Mano del Espíritu Santo, que cuando recibimos el bautismo y damos los primeros paso en la Vida de la Gracia. Sin lugar a duda, vamos creciendo en fortaleza física, en sabiduría venida de arriba y en la Gracia del Espíritu Santo que nos acompaña, nos asiste y nos auxilia.

La fe crece en la medida que tú entregas tu libertad y tu voluntad al Señor para que la dirija y la conduzca por el verdadero camino hacia la paz, la felicidad y la vida eterna. Porque, eso es lo que realmente buscamos, encontrar el gozo y plenitud de vida eterna.

domingo, 29 de julio de 2018

SÓLO UN CORAZÓN PARA AMAR

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Puede ocurrirnos que nuestra búsqueda se centre simplemente en un interés comercial de carácter económico o de salud o de cualquier otro tipo. Jesús sorprende y atrae, pero, sobre todo, son sus obras y señales, que realiza con los enfermos, las que derrumban la resistencia de todos aquellos que lo ven y le siguen desesperadamente. 

Una pregunta flota en el ambiente, ¿sigo yo a Jesús por algún interés? Sería muy bueno enfrentarnos a esa pregunta, pero nunca con miedo sino con confianza y esperanza, pues Jesús, el Señor, busca nuestro bien y nos conoce muy bien. Descubre nuestras necesidades y sabe de nuestra hambre material y física, pero también de nuestros sentimientos y necesidades espirituales. Somos humanos y pecadores y, posiblemente nuestros impulsos carnales nos activan a seguir a Jesús por intereses propios de humanos. 

Es lógico, nos sentimos atraídos por nuestras necesidades e intereses, pero, pronto, descubrimos que también tenemos un corazón agradecido y ese amor del Señor nos contagia y nos transmite ese deseo, también impulsivo y generoso, de amar incondicionalmente y darnos a los demás de forma gratuita. Pasó con aquel joven que tenía siete panes y dos peces. Los ofreció generosamente para saciar, en lo que podía, el hambre de aquella multitud. Y el Señor lo multiplicó para que todos pudieran saciarse abundantemente.

Jesús satisface nuestra hambre, no sólo física sino espiritual. Necesita también tu colaboración y tu cercanía para en Él actuar y compartir con los que nada tienen. Es verdad que muchos se pierden por su mala cabeza, pero también es verdad que tú también te pierdes y el Señor te perdona. Nos perdona a todos y, de esa misma forma, también nosotros debemos de perdonar. Quizás nos cueste, eso es innegable, pero estamos convencidos y en eso creemos,con fundadas esperanzas que el Señor cambiará nuestro corazón humano y psíquico en un corazón espiritual y generoso.

sábado, 28 de julio de 2018

TRIGO, PERO TAMBIÉN CIZAÑA

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Mt 13,24-30
La vida es hermosa, en eso todos estamos de acuerdo, pero no es hermosa para todos. O, al menos no para muchos. Algunos sufren muchos avatares y en sus vidas aparecen mucha cizaña, y todo ha empeorado al querer arrancarla cuando quizás no procedía. Porque, con ella se han ido otras semillas buenas que nos venían muy bien.

Posiblemente nunca entenderemos por qué crece la cizaña cuando nunca la hemos plantado. Aparece sin darnos cuenta y como por arte de magia. Y es que Alguien se preocupa que crezca y la siembra junto al trigo. Hay mucha cizaña en nuestro corazón y tendremos que tener mucho cuidado y saber rechazarla y eliminarla a la hora y en el momento oportuno. No todos los momentos son válidos, pues puede ser que peligre también el arrancar el trigo junto con la cizaña. Se necesita saber la hora y el momento adecuado.

Ocurre en nuestra vida que, casi sin darnos cuenta, las malas intenciones y malos deseos anidan también en nuestros corazones. Se nos hace difícil evitar que se mezclen  y al querer eliminar los malos corren peligro también los buenos. La paciencia y la perseverancia son grandes virtudes y saber servirnos de ellas es muy importante y necesario. El Espíritu Santo está con nosotros y podemos confiar en Él dejándole campo de acción para que sea Él quien decida el momento oportuno.

No desesperemos ni perdamos la esperanza de confiar, obedecer y tener fe en las órdenes del Dueño de nuestra vida. Conoce al enemigo y sabe y tiene poder para vencerle. Hagamos lo que nos dice.

viernes, 27 de julio de 2018

ACTITUDES ANTE LA PALABRA

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Mt 13,18-23
No cabe ninguna duda que ante la escucha de la Palabra se dan muchas respuestas. En algunos caso, incluso con buena actitud o con la mismas actitudes, pero con resultados muy diferentes. Y es que somos libres y ante la respuesta a la Palabra de Dios tu elección depende de ti, sobre todo de tu fe, porque te encontrarás con dificultades y contratiempos que levantan barreras difíciles de superar. Sólo la fe y la paciencia añadida a la confianza en el Espíritu Santo te fortalecerá para superar esas dificultades.

Muchos han dejado endurecer sus corazones rechazando la escucha de la Palabra y justificándose con todo lo que les puede servir para esconder sus apetencias, sus egoísmos y su incredulidad. Piensan que su felicidad está en otro lugar. El resultado será el alejamiento y el vivir de espaldas a Dios. Otros tienen buena predisposición y actitud. Son gente bien intencionada y de buena voluntad a escuchar la Palabra, pero débiles en las pruebas. A las primeras de cambio, cuando llegan las dificultades o la persecución reniegan de ella. 

Hay otros que están convencidos de que la Palabra es la verdad y la aceptan, pero, ante los afanes de la vida, el éxito y las riquezas se olvidan del mensaje. Confunden la buena Noticia de salvación con el vivir bien en abundancia de éxitos y riquezas estos cuatro días en este mundo terrenal. Y, por último, están aquellos que escuchan la Palabra, la aceptan y se esfuerzan en vivirla coherentemente. Con sus fallos y pecados, pero tratando siempre de levantarse y seguir el camino. El resultado es un giro total en la orientación de sus vidas y una conversión de cada día.

¿En qué situación me encuentro yo? ¿Soy de los que me cierro a la Palabra y la rechazo? ¿Soy de los que la acepto y tengo buena intención de seguirla, pero me aburro, me retiro ante las primeras dificultades? ¿Soy de los que la comprendo y veo que es la verdad, pero las seducciones del mundo me atraen y me olvido de ella? ¿O soy de los que la escucha y, a pesar de las dificultades, e injertado en el Señor, sigo adelante?

jueves, 26 de julio de 2018

LA FE Y SABIDURÍA ENTRAN POR LA PUERTA DE LA HUMILDAD

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(Mt 13,10-17
No se trata de saber mucho ni de tener estudios superiores y de gran altura. Se trata de reconocerse pequeño, limitado, pecador y, desde esa humildad, experimentar que la sabiduría de los misterios de Dios nos sobrepasan y sólo con la humildad de reconocerlo y abrirse a la acción del Espíritu Santo podemos encontrar la fe necesaria para ver y creer.

Siempre, en este camino terrenal, tendremos la afilada amenaza de la duda. Quizás la fe sea el arma que Dios nos ha dejado para que con ella nos ganemos el regalo que Él nos ofrece, la salvación eterna, Un arma que entraña riesgos y peligros, pero un arma que nos abre el corazón y nos llena de gozo y de paz. Sí, necesitamos abandonarnos en el Señor y abrir nuestra mente y nuestro corazón a su Palabra. Creer que su Palabra nos salva y nos da esa felicidad que, tentados por el demonio, buscamos en otros lugares.

La soberbia y la suficiencia nos impide abrir nuestro oídos hasta la frecuencia y sintonía con la Palabra de Dios. Oímos pero no escuchamos; vemos pero no aceptamos ni queremos entender. Estamos cerrados a su Palabra y endurecidos de corazón. Nos resulta casi imposible abajarnos y hacernos niños, creer en la Palabra del Señor y abrir nuestros corazones infectados de soberbia y suficiencia.

Está delante de nosotros. Jesús es la buena Noticia de salvación, pero no le vemos como tal sino como un enemigo al que hay que eliminar porque su Palabra nos molesta. Y así sucedió en su tiempo por este mundo, y continúa sucediendo ahora. Muchos discípulos del Señor sufren  rechazos y peligros de muerte y se siente perseguidos. Con mirar a nuestro derredor constatamos esa realidad.

miércoles, 25 de julio de 2018

EL PROBLEMA DE LA COMUNIDAD

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Mt 20,20-28
Todos queremos mandar, a al menos casi todos. Quizás, muchos no buscan el mando absoluto, pero sí tener una situación privilegiada y cómoda. Una situación estable y que se ajuste a su gusto o apetencias. En ese sentido podemos todos incluirnos en ese deseo y calificativo de querer mandar. Y eso revuelve, enturbia y enardece la convivencia comunitaria de todo tipo: La religiosa, pero también la política, la ONG, la deportiva, la asociativa...etc.

Todos, como reseña el refrán, queremos más. Y ese afán humano, lógico de un corazón humano, enturbia nuestra mente y desata nuestros egoísmos, avaricias, ambiciones, soberbias... No podemos ser de otra manera. Nuestros pecados pesan mucho y nos someten. Imposible convertir nuestro corazón humano en un corazón generoso y de servicio. En un corazón semejante al de Jesús.

Por eso, Jesús, reuniendo a todos los apóstoles les dice que lo principal es servir. Es el servicio a los demás lo que te hace grande y la esclavitud a ese servicio generoso a los demás es lo que te dará la oportunidad de ser el primero. Así que, para ocupar los primeros puestos y ser notable y grande hasta pequeño y sirve y ocupando los últimos lugares, es decir, siendo el esclavo de los otros. Ese es el camino que recorrió Jesús y el que nos enseña con su testimonio de amor.

Por lo tanto, reflexiónemos sobre ese particular. Ser grande significa servir y ser de los primeros consiste en someterse a ese servicio. O, traducido de otra forma, ser el primero y grande consiste en amar como nos ama Jesús. Mire por donde se mire siempre llegar al mismo lugar, porque no hay otra manera de vivir en comunidad sino amando. Y el amor se concreta en servicio. Y descubrimos que sólo injertados en Jesús podemos dar frutos. Es decir, vivir en comunidad.

martes, 24 de julio de 2018

UNIDOS POR LA VOLUNTAD DE DIOS

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Mt 12,46-50
Las familias están vinculadas por lazos de sangre y carnalidad y llevan los mismos apellidos. Sin embargo, eso no justifica ni garantiza que tengan una convivencia en paz y bien avenidos. Por experiencia sabemos que hay muchas familias separadas y enfrentadas. Hoy, Jesús, establece un lazo nuevo de familia: la Voluntad de su Padre Celestial.

Identifica a todos aquellos que cumplen la Voluntad de su Padre como sus hermano, hermana y madre: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Indudablemente que estamos unidos a la familia por vínculos de sangre. No elegimos nuestras familias sino que nos vienen dada. Y son a esos padres y madres, hermanos y hermanas y parientes más cercanos a los que consideramos familia por lazos de sangre. Sin embargo, la verdadera familia no nos viene dada por los vínculos carnales sino por la fe en un Padre común del que todos somos sus criaturas. Un Padre Dios, Creador de todo lo visible e invisible y del hombre y la mujer.

No somos hermanos en Xto. Jesús por vínculos carnales, sino por el Espíritu Santo -Rm 8, 1-17- recibido en nuestro bautismo. En ese momentos somos hijos adoptivos de Dios y coherederos con Jesús, de su Gloria. Por lo tanto, nos unimos a Jesús, nuestro hermano mayor cuando nos esforzamos en cumplir la Voluntad de Dios y cuando reconocemos nuestro pecados y con humildad y dolor de contrición nos dolemos de nuestros pecados.

lunes, 23 de julio de 2018

SIN JESÚS NOS PERDEMOS

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Jn 15, 1-8
Podemos tener mucha voluntad, muchas ganas de hacer las cosas bien y mucha tenacidad, pero, esa no es la cuestión, pues con nuestras fuerzas fracasaríamos o terminaríamos imponiendo nuestra rigidez, nuestro autoritarismo y nuestra voluntad de que todos cumplan y hagan lo mismo que yo. Y no se trata de eso, sino de vivir según la Voluntad del Señor.

"Yo soy la verdadera Vid, y mi Padre es el Labrador. A todo sarmiento que no da fruto en Mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más frutos. Yo soy la Vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en El, ese da frutos abundante; porque sin Mí no podéis hacer nada".

No hay duda, todos entendemos lo que el Señor nos dice. Significa que sin Él no damos frutos, por lo que queda claro que tenemos que estar injertados en Él para que nuestros frutos sean verdaderos frutos de bondad y de amor. Nuestras fuerzas son limitadas y todo lo que emprendemos por nuestra iniciativa, al margen del Espíritu Santo, está condenado a acabar mal, erróneamente o a morir por desfallecimiento por nuestra propia caducidad.

Necesitamos aliviar nuestra carga; necesitamos fortalecer nuestro espíritu; necesitamos iluminar nuestro camino; necesitamos la sabiduría que viene de arriba, no la de este mundo caduco y limitado; necesitamos la Gracia de Dios, para convertir nuestro corazón humano, apegado a las cosas de este mundo, en un corazón, semejante al de Cristo, ágape y abierto al amor para servir y dar verdaderos frutos de amor llenos de bondad y misericordia.

Indudablemente, sin Él no podemos hacer nada, pues por nuestra cuenta seguiríamos con nuestras apetencias humanas que nos esclavizan y no nos dejan amar como Él, el Señor, nos ama.

domingo, 22 de julio de 2018

EL SERVICIO ANTE QUE EL DESCANSO

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Mc 6,30-34
Las vacaciones son necesarias, pero vacaciones para descansar. Sucede que con el tiempo, los avances y los adelantos de transportes, no ocurre así. Las vacaciones se han convertido en un tiempo más estresado, más movido, a veces hasta tenso, apresurado y vertiginoso. De tal forma que, hay vacaciones para hacer deportes; vacaciones para senderismo; vacaciones para escalar montañas que importan riesgos; vacaciones para ver y conocer y de todo tipo. Vacaciones que, a fin de cuenta no nos procuran descanso sino actividad y más actividad. Sí, se cambia de rutina y se hacen otras cosas menos descansar y reflexionar.

Visto esto así podemos discernir que las vacaciones son para cansarnos más. Es posible que nos despejemos de lo que hacemos habitualmente, pero no descansamos y, peor aún, no ponemos en orden nuestra vida. Necesitamos reflexionar y orientarnos, y eso se hace en el descanso tranquilo y en paz. Jesús invita a los apóstoles a descansar y les propone un lugar desierto. Eso indica y nos descubre la necesidad de aislarnos para meditar y descansar de verdad. 

Nosotros buscamos bullicio, gentío, diversión, novedades, entretenimientos...etc. La pregunta es,¿nos sirve eso para descansar? Sin embargo, anteponemos nuestro descanso a la actividad de nuestro compromiso bautismal. Me explico, en el bautismos quedamos configurado como sacerdote, profeta y rey, pues bien, esa tercera de rey significa que debemos ser líder en servir y poner el servicio y la caridad en el primer lugar de nuestra vida, incluso antes que el descanso.

Fue lo que realmente hizo Jesús en el Evangelio de hoy domingo, posponer el descanso a la atención a aquel gentío desorientado como ovejas sin pastor. La compasión de Jesús primó ante su propio descanso. Verdad es que necesitamos descansar, pero siempre tendremos que discernir cuando podemos hacerlo ante las necesidades que se nos presentan de los que necesitan ser servidos.

sábado, 21 de julio de 2018

EN JESÚS SE CUMPLEN LAS PROFESÍAS

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Mt 12,14-21
La Palabra de Jesús molesta a aquellos que viven en la mentira, porque Jesús proclama y vive en la verdad. Jesús es la Verdad y en Él se cumplen todas las profecías del AT, e Isaías profetiza: «He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: en su nombre pondrán las naciones su esperanza».

Jesús no aparece en la historia de los hombres porque lo haya decidido Él. Viene, eso sí, no obligado ni por imposición, sino por Voluntad propia y libremente. Pero, enviado por el Padre y presentado en su Bautismo en el Jordán como el Hijo amado del Padre, el predilecto en el que el Padre se complace. Desde su concepción hasta el último suspiro en la cruz el Espíritu está sobre Él y le conduce. Jesús ha venido para hacer, asistido por y en el Espíritu de Dios, la Voluntad del Padre.

Su ministerio es un servicio de misericordia. No entra en disputa ni discusiones, ni responde con violencia. Sus respuestas son respuestas de amor cargadas de buenas noticias que invitan a la vida y felicidad eterna. No busca enfrentamientos y, enterado de que le buscan para acabar con Él, se evade y marcha a otro lugar sin dejar de servir, curar y atender a todos los que le siguen.

¿Qué nos ocurre a nosotros? ¿También nos molesta la Palabra de Jesús? ¿Tratamos de borrarlo de nuestra vida matándolo también en aquellos que lo anuncias? Porque, no sólo se mata quitando la vida física, sino también silenciando la palabra y persiguiendo a aquellos que la anuncian o tomando una actitud indiferente y mirando para otro lado al anuncio de la Palabra.

Mirémonos interiormente y, también, exteriormente, y dejemos que sea el Espíritu Santo, el enviado por el Padre y recibido en nuestro bautismos, quien nos dirija, como a Jesús, y viviendo su Palabra  seamos transparentes y reflejo de la misma.

viernes, 20 de julio de 2018

MIRANDO A LA LEY

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Mt 12,1-8
Somos muy ávidos a poner leyes prohibiciones para organizar el tiempo y las costumbres de los hombres, y, de alguna manera, controlar los movimientos y administrar el ritmo social y todas las consecuencias económicas y otros intereses que de ello se desprende. El hombre tiende a controlar todo lo que se mueve a su derredor, y para eso pone leyes.

Pero, salta la pregunta, ¿es la ley lo verdaderamente importante? O proclamada de otra forma, ¿es la ley más importante que el ser humano? A lo que podemos añadir, ¿es más el sacrificio que la misericordia? El sentido común nos descubre claramente que se impone la verdad y la justicia. Y eso nos lleva a desvelar que es la persona humana la prioridad y todo debe estar sometido a su bien y felicidad.

Aunque lo sentimos así porque sale de nuestro interior y de nuestro sentido común, la verdad no está en la ley sino en lo que esa ley sirve para el provecho y bien del hombre. Por lo tanto, la leyes deben estar contenidas en la verdad porque son hechas para servir al hombre. Y Jesús, el Señor, nos lo deja muy claro en el Evangelio de hoy: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».

Ahora, saca tu mismo tus propias conclusiones desde la Palabra de Dios que nos ilumina y nos alumbra.

jueves, 19 de julio de 2018

SÍ, LLEGA EL MOMENTO DEL CANSANCIO

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Mt 11,28-30
A veces nos parece que somos incombustibles y que no nos cansamos. Sí, sabemos que tenemos que dormir y descansar, pero creemos que el descanso nos repara y nos recarga para volver a empezar. Eso es así, pero también sabemos, por experiencia propia y de otros, que hay cansancios que, a pesar de que tenga su correspondiente descanso, no terminan por aligerarse y encontrar el sosiego y la paz.

Porque, hay cansancio físico, psíquico y espiritual. Posiblemente, el físico sea más fácil de reponer, pero el psíquico y espiritual se hacen más difíciles, a pesar del descanso, de reponerlos. Y es que hay momentos y situaciones que nos sobrepasan y nos alteran la vida. En esas circunstancias el descanso no es posible y tendremos que hacer uso de fármacos que nos duerman y, aparentemente, nos permitan descansar. Porque, la realidad es que siempre estamos angustiados y atormentados.

Jesús se dirige hoy en el Evangelio a esas personas. A todos aquellos que nos sentimos en muchos momentos de nuestras vidas desesperados, desfallecidos, desilusionados, derrotados y sin ánimo para continuar en la batalla diaria contra las fuerzas del mal que nos amenazan con aplastarnos y ponernos en situación de dejarnos llevar por la corriente del conformismo, de la satisfacción, de la comodidad, de los placeres y del abandono de nuestra conciencia.

Ante esta dura realidad que nos presenta el camino de cada día, Jesús, consciente de nuestras debilidades nos dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera». Simplemente, cree en Él y abándonate en sus brazos, porque en Él encontrarás el gozo y la paz que el mundo nunca te pueda dar.

miércoles, 18 de julio de 2018

CUANDO EL CORAZÓN DERRAMA GRATITUD

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En muchos momentos de nuestra vida hemos sido espontáneos y hemos experimentados que habla nuestro corazón. Es verdad que no nos atrevemos a dejarlas escapar y también que todas, o casi todas, mueren en el mismo lugar que nacen, dentro de nosotros. Sería bueno dejarlas escapar y que revoloteen a nuestro derredor y, ¿por qué no?, salgan a la luz y descubran nuestro corazón agradecido.

Hoy, Jesús, deja escapar una de esas oraciones espontáneas que le tocan el corazón. Experimenta que la escucha de la Palabra no es receptiva para aquellos intelectuales que presumen de sabérselo todo; experimenta que para escuchar hay que ser humilde y sencillo y eso no abunda en corazones orgullosos, suficientes y soberbios. No podrá crecer nunca la buena semilla entre abrojos, pedregales y tierra poco profunda, pero a pesar de eso, la Palabra será siempre sembrada porque está destinada a sembrarse en todas partes.

Pero, sólo la tierra buena, abonada con humildad y sencillez, permitirá hundir las raíces de la Palabra en sus senos y fertilizar sus profundos surcos de la Gracia de Dios transformando tu corazón humano en un corazón divino semejante al Señor. Por eso, necesitamos un corazón humilde y  sencillo para dejar que la Gracia del Señor nos transparente y la luz pueda reflejarse en nosotros y traspasarnos para llegar a otros.

También nosotros, en el Señor Jesús, damos gracias por tener esa actitud de querer convertir nuestro endurecido y humano corazón en un corazón semejante al Señor. Y, siguiendo sus pasos, nos postramos ante su presencia en gesto y señal de suplicar su sabiduría y su Amor.

martes, 17 de julio de 2018

PERO, A LA HORA DE LA VERDAD...

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Mt 11,20-24
Supongo que visto el milagro todo sigue igual. Y no lo digo por supocisiones, sino apoyado en realidades. El milagro de Calanda - ver aquí - es relativamente reciente - siglo XVII - y al parecer no ha cambiado mucho el obrar de la gente. Puede ser que empieces a pensar de otra forma, pero si tu pensamiento no te lleva a creer y la fe a obrar, tu conversíon no se ha realizado.

Convertirse es tomar la decisión de creer en Jesús de Nazaret y de ponerse con toda confianza en sus Manos. Eso no va a cambiar tu vida, pero si le va a dar verdadero sentido, gozo, felicidad y paz. Y eso no significa que todo te va a salir bien ahora, sino que todo te saldrá bien al final de tu vida. Es decir, ahora tendrás - tendremos - que caminar utilizando la mochila que nos ha sido regalada y todas nuestras capacidades, pero nunca solos, sino agarrados de la Mano de nuestro Padre Dios en el Espíritu Santo. Pero, sin perder de vista que al final, en nuestra hora, nos espera el gozo, la plenitud y la Vida Eterna.

Y, convertirse, significa que el Espíritu Santo irá cambiando tu corazón humano por un corazón parecido al de Jesús. Empezarás, quizás sin darte cuenta, a amar como te ama tu Padre Dios y a entender el amor de Jesús y su entrega hasta dar su vida sin tú haberle respondido ni hacer ningún gesto de cambio. Empezarás a comprender que el amor no exige cambio, sino aceptación y entrega hasta el extremo. Empezarás a comprender que no se necesitan pruebas sino confianza y dejarse llevar hasta experimentar el gozo y la paz dentro de ti.

Pero, no te fias de alguien que trata de ganar tu confianza, te fías del Alguien que ha dado su vida, Él primero, por ti y que ha Resucitado. Lo que te ofrece, la Vida Eterna, Él la tiene, porque ha vencido a la muerte. Así que es simplemente creer y fiarte de Él, tal y como dice Pablo, 2Tm 1, 12, - sé de quien me he fiado -.

lunes, 16 de julio de 2018

EL AMOR NOS ENFRENTA

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Mt 10,34--11,1
Parece algo raro y contradictorio, pero el amor, cuando es verdadero amor nos enfrenta y nos divide. Porque, los hombres y mujeres nos relacionamos y nos amamos con amor humano. Un amor que no sobrepasa la frontera de la gratuidad ni de la entrega total hasta la vida. Un amor que se detiene en lo puramente humano: interés, beneficio, gusto, egoísmo, placer...etc. Un amor que busca la correspondencia o el mismo pensamiento. Un amor que tiende a igualar.

Y eso no es realmente amor. No es lo mismo amar que querer. Aunque ambas palabras parecen expresar lo mismo, no lo hacen. Querer es desear una cosa o a una persona, hasta el punto de poseerla y disfrutar de su presencia, pero nunca servirla. Amar puede quedarse en lo mismo, como un querer, pero va más allá hasta el punto de implicarse en servir sin condiciones ni exigencias.

Dios nos quiere así, sin exigirnos a cambiar; sin modificar nuestra manera de ser; sin pedirnos nada a cambio. Dios nos quiere tal y como somos, pues ha sido Él quien nos ha dado la vida y todo lo que tenemos. Dios simplemente quiere que creamos en El y estemos dispuestos a dar la vida por los demás como Él la da por nosotros. Dios quiere que amemos con un amor ágape, un amor que se da en servicio y entrega hasta las últimas consecuencia. Ese es el amor que nos pide Dios.

Y ese amor nos enfrenta muchas veces. No nos hace falta ejemplos, porque todos lo hemos experimentado en nuestras familias, en nuestros ambientes y círculos más próximos, y lo vemos y observamos en los demás. Dios quiere que cambiemos en ese aspecto, en dejarnos transformar nuestro corazón endurecido por un corazón ágape. Y eso no lo puedes hacer tú, ni tampoco yo. Ambos amamos humanamente y para amar como Dios tendremos que dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo.

Esa es la cruz que tendremos que tomar y, sin mirar para otro lado, seguir fielmente al Señor. Jesús nos lleva a amar tal y como Él lo hace con nosotros. No nos pide que cambiemos sino que tratemos de amar inmersos en Él y llevados de su Gracia. Será ese amor quien nos transformará.

domingo, 15 de julio de 2018

ENVIADOS A MISIONAR

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Mc 6,7-13
No hay otro objetivo ni otra misión. Nuestra misión es misionar, valga la redundancia. Una misión, pongámosle un nombre, seglar. Es decir, una misión que realizas desde tu familia, desde tu colegio, desde tu círculo de amigos, desde tu ambiente, pueblo o ciudad. Y, hoy, también desde Internet. Desde el momento de tu bautizo quedas configurado como sacerdote, profeta y rey, y eres enviado a dar testimonio de la Palabra y del Reino de los Cielos.

Pero, ¡cuidado!, no te asuste. No se trata de nada que no sea natural. Sí, existen vocaciones concretas de misioneros que van a otros países, y de consagrados en unas misiones concretas, pero no todos son enviados a lo mismo. También está la ciudad, las familias, los pueblos, el colegio, el ambiente de tu círculo más íntimo, en tu trabajo...etc. Cada cual debe dar testimonio de su fe, es decir, de lo que vive. Y es muy fácil hacerlo. Se trata de escuchar, de compartir, de comprender, de ser amable, de ser solidario, de ayudar, de ser generoso, de...etc. Eso está al alcance de todo y en todos los lugares que tu vida se sitúe.

Otra cosa es que nos cueste y nos resulte difícil por nuestros pecados. El orgullo, la soberbia, la suficiencia, la envidia, la avaricia, el egoísmo, las riquezas, el poder...etc, son piedras que nos impiden avanzar y realizar la misión como a nosotros nos gustaría. Sí, lo fácil se torna difícil. Pero, tenemos una carta en la manga. No vamos solos. Desde el día de nuestro bautismos recibimos al Espíritu Santo, y Él nos acompaña y nos fortalece, nos da sabiduría, inteligencia, consejo, ciencia, piedad y temor de Dios. Con ellos y sus constante asistencia podemos vencer las dificultades y realizar nuestra misión.

No perdamos de vista, porque es lo que verdaderamente importa. Siempre, cuando vamos al cine, nos interesa saber el final. Pues, nuestro final es el gozo y la plenitud de la Vida Eterna. ¿Qué te parece? Ese objetivo nos ayudará a confiar, a creer y a dejarnos interpelar y dirigir por el Espíritu Santo, porque eso nos hará mas felices ahora y en la otra vida para siempre.

sábado, 14 de julio de 2018

ABANDONADOS EN EL SEÑOR

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Mt 10,24-33
No perder de vista al Señor y su promesa es la fuerza que nos impulsará antes la dureza y dificultades del camino. Sabemos, por la fe, que nuestro camino, sostenido en la fidelidad al Señor, será un éxito y un triunfo de gozo y vida eterna. El Señor nos lo ha prometido y su Palabra tiene cumplimiento. El Señor no permitirá que nuestras dificultades sean superiores a nuestras fuerzas. Yendo de sus Manos seremos siempre más fuerte y tendremos la capacidad de resistir. Él nos acompaña y no deja que desfallezcamos,

Somos sus hermanos por adopción, hijos adoptivos de su Padre del Cielo, quien lo ha enviado para rescatarnos con su voluntaria y libre entrega a una Muerte de Cruz. Por ella,  gratuitamente, y por su Gracia, alcanzamos la Misericordia y el perdón de todos nuestros pecados ante el Padre, a  pesar de ser indignos. Por su Pasión y Muerte somos acogidos y aceptados en la Gloria del Padre.

Pero, eso no evitará las pruebas que hemos de sufrir y padecer, pero tampoco permitirá que nos derrumbe. Son necesarias para que demos testimonio de nuestro auténtico amor y entrega. "Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo". Por lo tanto, tendremos que padecer en proporción a la capacidad y fortaleza que hemos recibido.

Y, sólo Dios sabe de nuestra capacidad y resistencia, pero nos ha dejado en libertad, para elegir enfrentarnos o entregarnos a las seducciones del Maligno. Somos muy valiosos para el Señor y en Él permaneceremos fuertes y seguros, y tendremos el mejor defensor ante el Padre, pues el mismo nos lo ha dicho: «todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

Tengamos confianza y fe en el Señor, pues Él nos ha creado para hacernos eternamente felices.

viernes, 13 de julio de 2018

EN UN MUNDO HOSTIL

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Mt 10,16-23
Se nos ha hablado claro desde el principio. Seremos perseguidos como lo fue Jesús y no hay otra puerta sino esa. Es la puerta estrecha de la que se nos ha hablado con anterioridad. Es la puerta por la que tendremos que pasar ante las dificultades y exigencias que el mundo nos propone. Un mundo rendido al poder del demonio y lleno de seducciones de todo tipo que tratan de incumplir los mandatos que nos propone, nunca impone, Jesús.

Unos mandatos que nos ayuda a ser libre, a dominar nuestros sentimientos y apetencias. Unos mandatos que nos favorecen y que nos conducen a vivir en paz, en armonía, verdad y justicia. Unos mandatos que persiguen nuestra plena felicidad acabado nuestro trayecto por este mundo. Tendremos que ser prudentes y guardarnos de aquellos que nos quieren entregar y azotar ante los tribunales, pero siempre con esperanza y sabiendo que el Espíritu de Dios está con nosotros. Él nos dará fortaleza, paciencia y capacidad para aceptar y superar esos sufrimientos.

Habrá mucha confusión y enfrentamientos entre hermanos, padres e hijos, pero el que persevere hasta el final ese se salvará. Será un camino de odio, de venganzas, de amenazas, de persecuciones, de luchas y de muerte. Un camino de cruz como sufrió el Señor, pero un camino de victoria, porque al final triunfará la Vida y la plena felicidad. Esa esperanza nos ayudará, injertados, por supuesto, en el Espíritu Santo, a perseverar hasta el momento final de nuestra vida.

Desde el principio, seguir a Jesús ha sido un camino contra corriente en un mundo hostil y contrario a la buena Noticia de salvación. Un mundo lleno de satisfacciones y placeres que invitan al egoísmo, al poder, a la riqueza y al olvido del más débil, pobre y pequeño. Un mundo donde prevalece el egoísmo al compartir; la mentira a la verdad y el odio al amor. 

No perdamos de vista que será el amor lo que se impondrá al final, porque el hombre ha sido creado para amar. Y en el amor, injertado en el Espíritu Santo, seremos plenamente felices. Ese es nuestro camino y el que no podemos perder de vista.

jueves, 12 de julio de 2018

COMUNIDAD Y EVANGELIZACIÓN

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Mt 10,7-15

La llamada del Señor debe tener sus razones e implicarnos en algo. Jesús llamó a sus discípulos para que compartieran y vivieran la fe en comunidad. Fue formando con ellos un grupo que terminó en hacerse comunidad. Y así lo quiso el Señor, que vivimos en comunidad, porque la única forma de expresar y dar nuestro amor es viviendo cerca el uno del otro y aprendiendo a darnos y sacrificarnos el uno por el otro.

Pero, también, esa llamada implica compromiso de enseñar a los demás ese mensaje comunitario del amor. Proclamar que somos seres, no individuales sino en relación. Y esa relación nos compromete a amarnos, porque sería absurdo permanecer junto a personas que se odian y que se procuran el mal. No tiene sentido no querernos, pues todos deseamos ser felices y la felicidad pasa porque haya paz, armonía y mucho amor.

Todo empieza con el bautismo. En él somos llamados a pertenecer al pueblo de Dios, y también a comprometernos en dar razones de esa llamada y esa conversión. Porque, en el bautismo recibimos al Espíritu Santo, que nos fortalece, nos prepara, nos ilumina y nos capacita para dar razón de nuestra fe. Jesús nos acerca a Él para que seamos sus manos y palabra en la tierra y proclamemos en todo el mundo la buena Noticia de salvación.

No tengamos miedo. Jesús nos da señales y maneras de proclamar: En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis. Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa... ver más

Hoy los tiempos son diferentes, pero la Palabra sigue siendo la misma, Palabra de salvación. Y tenemos muchas ocasiones de proclamar: en el trabajo, en la familia, con los amigos, en nuestros círculos y ambientes...etc. Siempre hay ocasiones y momentos donde se puede hablar de Dios y anunciar la buena Noticia.

miércoles, 11 de julio de 2018

IMPORTA LO QUE VALE

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Valoramos las cosas por su valor, pero, más importante sería discernir y clarificar que es lo que realmente tiene valor. Porque, estamos en un mundo hermoso y que tiene muchos valores, pero, quizás nosotros no sabemos elegir bien ni tomar los verdaderos y reales valores. La realidad nos descubre que el valor principal que el mundo erige en lo más alto es el dinero. Y es ese dinero, del que hay que dudar si realmente es un valor, el que rige y manda en todos los ordenes de este mundo. Hasta tal punto que eres alguien o se te tiene en cuenta según el dinero que tengas.

Desgraciadamente es esa la realidad que impera en todos los ambientes de nuestros pueblos y círculos. Quizás se esconde, pero se persigue y se busca. El poder político está en primer lugar, porque con él mandamos y abrimos puertas y hasta conseguimos poder económico. Es es el panorama, a grandes pinceladas, del mundo en que vivimos. Y, precisamente por eso importa el valor de las cosas y su tiempo. Porque, lo que no perdura pierde todo su valor. Es decir, conseguir algo valioso para un rato no tiene gracia, porque, lo bueno pasa pronto, ¿y después? El desconsuelo será peor y más doloroso.

Por todo ello, el valor supremo es la vida. Pero, Vida Eterna, no de unos cuantos años. Y esa vida se consigue sólo injertado en Cristo Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Dejarlo todo, como nos dice Jesús y como lo han hecho apóstoles es poner al Señor en el centro de nuestra vida. Puedes tener muchas cosas y hasta gobernar un gran país, pero, a pesar de todo eso habrás dejado todo cuando el centro de tu vida es el Señor, y cuando todos tus esfuerzos desde la presidencia de un país, o una multinacional, o una gran familia, o donde sea está centrada en vivir según la Palabra de Dios.

No se trata de quedarse sin nada, sino de poner todo lo que se tiene, material, intelectual e espiritual en aras a servir y amar según la Palabra y la Voluntad del Señor nuestro Dios.

martes, 10 de julio de 2018

UN CORAZÓN COMPASIVO

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Mt 9,32-38
Todos sabemos por propia experiencia que la compasión es algo común a todos los hombres. Diría que vive dentro del corazón del hombre. Pero, simultáneamente, también sabemos que el pecado la debilita y la endurece contaminándola de maldad y malas intenciones. Sin saber cómo la endurece transformándola agresivamente, inmisericorde y soberbia. El mundo lo sufre mientras el demonio se alegra y aprovecha de ello moviéndose a sus anchas y silenciando toda relación y unidad.

Jesús pasa y no es indiferente al dolor y sufrimiento de la gente. No puede evitar el compadecerse, pues su Corazón es un Corazón Compasivo. Y actúa liberando y expulsando demonios y aliviando las penas y sufrimientos. Y no lo hace para lucimiento personal ni para imponer su autoridad. Es consecuencia de su Corazón compasivo. Jesús se compadece de aquellos que sufren y no puede permanecer impasible ante tanto dolor y sufrimiento.

Expulsa demonios y establece la relación, el diálogo y la unidad. No obstante, muchos, que se sienten señalados y amenazados en su bienestar económico y en su cómoda vida, donde ellos dirigen y mandan, se resisten a admitir tales obras y prodigios. Buscan justificarse y le acusan de que está en complicidad con el demonio. La cerrazón ciega y sus consecuencias les lleva a tales disparates irracionales y sin sentido.

Son pocos los obreros para mitigar y ayudar a todos esos desperdigados, desorientados y esparcidos como ovejas sin pastor y entre lobos. Abundante es la mies y pocos los obreros. Pidamos obreros, nos dice Jesús, para el abundante trabajo que representa la abundante, valga la redundancia, de la mies. Sucede lo mismo hoy. La riqueza está mal repartida y se concentra en unos pocos, mientras la mayoría carece de lo necesario para vivir dignamente. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».

lunes, 9 de julio de 2018

LA FE SIEMPRE TIENE RESPUESTA DE DIOS

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Mt 9,18-26
Jesús nos lo dijo:  "Si tuvieran una fe como un grano... -Mt 17, 20- y Él siempre habla en Verdad y cumple su Palabra. Pero, sucede que no terminamos por creérnoslo y todo no pasa nada. Lo mismo le ocurrió a Jesús en su pueblo. En el Evangelio de ayer nos lo decía, "nadie es profeta en su tierra", y no hizo milagros en su pueblo porque no tenían fe.

¿Tenemos la suficiente fe nosotros para creer que el Señor lo puede todo? Esa es la pregunta que nos suscita hoy el Evangelio. La duda salta enseguida. Quizás no sabemos qué pedir, o qué realmente conviene pedir. Porque, puede ocurrirnos que lo que pedimos no conviene o no procede. De todas formas, tengamos confianza en el Señor que Él nos guiará e iluminará para pedir bien.

El Evangelio nos pone ejemplos de personajes que creyeron en Jesús y tuvieron respuesta del Señor. Respuesta afirmativa. Aquel magistrado creyó que Jesús era su única y verdadera esperanza, y, al parecer, sin titubeos, solicitó al Señor que le devolviera la vida a su hija. Realmente, no sé cuál sería su fe, pero Mateo testimonia que su hija fue resucitada. Yo también he pedido esa resurrección para muchos enfermos y hasta familiares, pero no ha sucedido como yo pedía. Tendré que reconocer que, quizás, mi fe no era suficiente. O que el Señor no puede ir curando todo las solicitudes que le lleguen, pues sería algo sin mucho sentido.

Nuestra fe debe apoyarse en que el Señor nos salvará definitivamente al final. Porque, la salvación temporal de este mundo no es eterna sino transitoria. La verdadera será después de compartir nuestra muerte con Él. En este sentido, si puedo dar testimonio de que he sido devuelto a la vida después de un ataque directo al corazón y estar aparentemente muerto casi veinte minutos. Si el Señor me mandó de nuevo a este mundo o no está por ver, pero yo creo en lo primero.

También, aquella mujer, creyó en el poder de Jesús y, acercándose a Él, tocó su manto y quedó curada. También yo creo que Jesús despertó mi corazón parado y me envío al mundo, y que, por su Amor y Misericordia, me salvará porque confío en Él. En él pongo toda mi confianza, mi esperanza y mi vida.

domingo, 8 de julio de 2018

COMO SI FUERA HOY

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Mc 6,1-6
Sigue ocurriendo lo mismo, exactamente lo mismo que sucedió en tiempo de Jesús. Nadie, en su círculo más próximo, entre sus familiares, amigos, parroquia y ambiente es reconocido. Se conoce muy de cerca sus defectos y sus orígenes, y sus talentos no son bien apreciados.

Sí, nadie es profeta en su tierra y eso lo experimentamos todos aquellos que hacemos algo que, si bien son reconocido lejos de sus círculos y ambientes, en el suyo propio es ignorado.

Jesús se extraña que en su propio pueblo se le ignore y hasta se escandalicen de su sabiduría y poder de hacer milagros. Conocen quien es y se preguntan de dónde le viene esa autoridad con la que habla y esas cosas que hace. No arranca la fe en sus propios paisanos y extrañando deja de actuar y proclamar en su tierra porque no tiene fe. Nadie es profeta en su tierra, termina Jesús por decir. Y hasta hoy llega esa frase que tanta resonancia ha tomado, porque es verdad. Donde te conocen no te valoran ni te creen.

Lo vivo yo personalmente y doy crédito de ello. Y lo viven todos los que de alguna manera y por alguna causa han experimentado esa vivencia de forma personal. Cuesta reconocer las cualidades y las buenas obras del paisano. Sobre todo si se tiene trascendencia hacia afuera. Necesitan cosas extraordinarias, fuera de lo normal para reconocer tus dones o cualidades. Ser de su pueblo, de su raza, de sus conocidos les parece muy normal para recibir lecciones de Jesús. Es el hijo del carpintero y el hermano de Santiago, José, Judas y Simón y no nos va a enseñar nada.

Algo así sucede en todas partes. Nos cuesta aceptar la verdad cuando la dice alguien al que consideramos inferior o igual a nosotros. Y es que buscar la verdad y reconocerla es lo que importa ,venga de donde venga.

sábado, 7 de julio de 2018

TIEMPOS DE GRACIA

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Tenemos el Novio con nosotros y celebramos su presencia, cercanía de forma festiva y alegre. No se contempla de otra forma. Sería contradictorio e incoherente permanecer tristes y angustiados. Vivimos tiempos de Gracia y de regocijo. Estamos salvados por la Gracia de Dios, y no hay que volver la mirada atrás ni, tampoco, a tiempos pasados.

Jesús, el Señor, nos ha redimido y ha borrado todas nuestras culpas para siempre. Son tiempos de alegría y de celebraciones. Volver la mirada con nostalgia para lamentarnos y entristecernos no sirve para nada. Cada momento tiene sus tiempos y sus momentos. Ahora ha llegado el Reino de Dios, se ha hecho presente y está, Jesús, con nosotros. Es el Señor, Novio de la Iglesia, el Esposo Eterno que nos consuela y nos acompaña en nuestro camino.

Y que se hace presente bajo las especies de pan y vino en la Eucaristía, y se nos da alimentándonos con su Cuerpo y su Sangre, y fortaleciéndonos para la lucha de cada día. Por tanto, no son momentos de lamentaciones ni de ayunos y sacrificios. Misericordia quiero -Mt 9, 23-, nos dice el Señor. Hemos sido liberados en la Cruz y nuestra cruz de cada día representa nuestra respuesta y nuestros sí al Señor. 

Cargar con ella supone renovarnos al inicio de cada amanecer. En ella nos unimos al Señor y en ella mostramos nuestra lucha diaria, nuestro sacrificio y ayuno que nos ayudan a permanecer y perseverar injertados en el Espíritu  de Dios que nos fortalece y nos sostiene en la Voluntad del Padre.

Vivamos la alegría de tener al Señor entre nosotros y de vivir en su Amor y Misericordia. Su presencia renueva y perfecciona a todos, pues su Resurrección es el fundamento de nuestra Fe.

viernes, 6 de julio de 2018

EL MEJOR REMEDIO: LA MISERICORDIA

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Mt 9,9-13
Nos ocurre hoy también, y a nosotros mismos. Confesar tus posibles faltas es señal de que quieres corregirte, porque quienes las esconden están significando que desean persistir en ellas, o no tienen fuerzas o suficiente fe para creer que Jesús puede liberarles de esas ataduras. 

Porque, Jesús busca y elige a los que están manchados y quieren limpiarse. Ha venido para eso, para limpiar a los manchados y sucios por los pecados. Posiblemente, los que miran y señalan y no ven su suciedad seguirán manchados y terminaran por ser pastos del pecado. Indudablemente, por que no decirlo, suscita envidia y deseos de critica. Ver a Jesús con aquellos pecadores da coraje y, difícilmente podemos evitar la critica. Mateo era un hombre posiblemente odiado por el pueblo, un aliado administrativo con el poder romano, y todos los que le acompañaban serían de la misma calaña. Abstenerse de criticarlos negativamente se hacía muy difícil.

Pero, ¿a quién curar y perdonar entonces? Quienes no reconocen sus pecados no permiten que se les perdone. El primer paso es darte cuenta de tu mancha y de desear limpiarla. Hace falta humildad y arrepentimiento. Y son a esos a los que busca Jesús. No tienen necesidad de médico aquellos que se consideran sanos y limpios, sino los sucios, manchados y llenos de pecados. Hace falta, no rencor, ni venganza sino Misericordia. Eso es lo que nos salva, el Amor Misericordioso de nuestro Señor Jesús.

Una hermosa y buena lección que nos puede ayudar, si queremos limpiarnos, a ver nuestra miseria, nuestra humanidad débil y pecadora y a desear aceptar la Misericordia de nuestro Padre Dios para que nos limpie dándonos gratuitamente y sin merecerlos su perdón.

jueves, 5 de julio de 2018

NECESITADOS DE PRUEBAS

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Mt 9,1-8
Nuestra humanidad, limitada y pecadora, está ávida de pruebas y demostraciones que nos convenzan. Simultaneamente, a las propuestas y mensaje de cualquier tipo, surge espontáneamente la solicitud de la prueba que afirme y nos demuestre lo que se dice. Ayer lo veíamos con Tomás. Un Tomás que hay también dentro de cada uno de nosotros. Pedimos y exigimos ver y tocar para creer.

Ocurrió con aquel paralítico, buscamos primero el pan, la materialidad, la salud y la curación, y obviamos el perdón y la paz de conciencia. No nos damos cuenta que la salud necesita al perdón, pues, sufrimos cuando nuestra conciencia está cargada de culpa y de malas obras. Eso empeora nuestra enfermedad y nos hace sufrir. Quizás, Jesús, que conoce nuestra naturaleza mejor que nosotros, comienza primero por el perdón de los pecados. Su bondad le hace ir primero a lo que más duele, aunque el hombre experimente más el dolor físico.

Pero, aquellos escribas se fija en esa autoridad de perdonar los pecados. Para ellos sólo Dios puede perdonar, y Jesús se está igualando a Dios, ¿cómo puede ser eso? No entra en sus cabezas y menos en sus corazones soberbios y mal intencionados. Se resisten a aceptar a Jesús como el Mesías enviado. No comprenden ni agradecen que será muy importante, y primero, liberarnos del sentimiento de culpa, para luego sanar nuestras propias parálisis que nos someten, nos desactivan y no nos dejan caminar.

De modo que, cegados por esa ceguera, valga la redundancia, que les oscurece su mente y venda sus ojos, persisten en resistirse a la Gracia de Dios. Ven pero no entienden, ni oyen, ni se abren a la Vida de la Gracia.

miércoles, 4 de julio de 2018

SOMETIDOS AL PODER DEL INFIERNO

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Por desgracia vivimos en la esclavitud y la muerte, pero, nuestra mayor desgracia es quedarnos por voluntad propia en esa esclavitud de muerte y condenación. Jesús viene a liberarnos, pero le rechazamos permaneciendo en situación de esclavitud y muerte. Vivimos en los sepulcros de nuestra vida de pecado, sometidos a los poderes del demonio e instalados en él ciegamente.

No vemos el gran tesoro y la gran oportunidad que Jesús, el Señor, nos ha dejado. Nos ha dado la oportunidad de arrepentirnos y de volver a empezar. Ha instituido el sacramento de la confesión con el que podemos volver a empezar y levantarnos de nuestras caídas. Sí, nos está permitido caer, pero, prohibido detenernos e instalarnos en la mediocridad, el pecado y la muerte. Siempre hay una oportunidad para empezar, y para eso está el sacramento de la Penitencia. Para levantarnos y volver a empezar.

El mundo sigue igual y prioriza lo económico a la persona humana y también al Señor. Aquel pueblo no quería saber nada de Jesús, les preocupa la pérdida de sus puercos antes que la salud de aquellos dos endemoniados que los atormentaban. Hoy no hemos avanzado nada. Seguimos sometidos al poder del dinero y esclavizados con el mundo y la carne. Vemos pasar el tiempo y no nos damos cuenta que no hay salida, que el mundo es caduco y que todo termina con la muerte.

¡Dios mío!, ¿dónde están nuestras esperanzas, nuestras aspiraciones de felicidad y eternidad? ¿Es qué no vemos más allá de nuestras narices? ¿Es qué no nos damos cuenta que Jesús, el Señor, el Hijo de Dios Vivo, es el Camino, es la Verdad y es la Vida?

martes, 3 de julio de 2018

HAY MUCHOS TOMÁS EN LA VIÑA DEL SEÑOR

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Lo de Tomás es algo muy común y que ocurre en muchos lugares y personas. Nos cuesta mucho reconocer algo que no hemos visto. Incluso, cuando nos habla alguien que sus palabras nos merecen crédito, nos cuesta reconocerlas. Sobre todo, cuando de lo que se trata es algo que no cabe en nuestra cabeza, tal es el caso que nos ocupa, la Resurrección del Señor.

No sólo Tomás, sino todos los apóstoles estaban escépticos y desconfiados. No porque no dieran crédito a las Palabras de Jesús, sino porque eso no lo podían entender. Ni tampoco nosotros. Si creemos es porque nos fiamos y nos abandonamos en el Señor, pero no porque lo entendamos. Luego, es muy normal la reacción de Tomás, aunque él conocía al Señor y había presenciado sus obras y tenía ahora el testimonio de sus compañeros. Por lo tanto, no tenía muchas excusas Tomás para no creer. Había más razones que dudas para confiar en el Señor.

Sin embargo, Tomás duda y se cierra a creer. Llegados a este punto conviene mirar para nosotros y preguntarnos también, ¿por qué no creemos? ¿No tenemos el testimonio de los apóstoles derramados en los Evangelios? ¿No tenemos el testimonio de la Iglesia, que continúa la misión de Jesús? ¿Es qué quiero provocar a Jesús exigiéndole verle para creer? Eso es precisamente la sin razón de Tomás. Él conoce a Jesús y ha visto sus obras y escuchado su Palabra, y sus compañeros le reafirman que ha estado con ellos. ¿Qué le ocurre a Tomás?

Supongo que lo mismos que a todos nosotros. El misterio de la fe nos sobrepasa y sólo podemos aceptarla fiándonos de la Palabra del Señor. Tomás tuvo el privilegio de que Jesús aceptara su reto, pero dejó bien claro que aquellos que creyeran si ver serán bienaventurados. Y eso es todavía mejor, porque somos bienaventurados los que, a pesar de nuestras dudas, nos esforzamos en confiar y ponernos en sus Manos -Jn 20, 29-.

lunes, 2 de julio de 2018

¿QUÉ ASPIRACIÓN HAY DENTRO DE NOSOTROS?

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Mt 8,18-22
Son muy pocos los que se paran y hacen un alto en camino de sus vidas para pensar a dónde se dirigen. Pocos que tratan de reflexionar que camino tomar, y menos los que son capaces de descubrir lo que buscan. Por otro lado, todos tratamos de satisfacer nuestros egoísmos dando riendas sueltas a nuestros intereses y satisfacciones. Muchos sin saber lo que buscan se afanan en vivir bien, placenteramente y felizmente.

Todos, consciente e inconscientemente buscamos la felicidad. La diferencia es que no sabemos donde buscarla, o que creemos que en este mundo la podemos encontrar, y creamos nuestros propios dioses: Internet, móvil, viajes, trabajo, riquezas, poder...etc. Y experimentamos que eso no nos llena plenamente quedándonos vacíos, huecos e insatisfecho. La vida se nos va consumiendo y esa felicidad tan ansiada no llega. Es más, nuestro cuerpo, que también ha ocupado una parte importante de esa felicidad que nos hemos fabricado, se hace viejo y se empieza a romper.

Seguir a Jesús no es simplemente querer y tener voluntad, sino ponerse en sus Manos y abrirse a la Gracia del Espíritu Santo para recibir toda la Gracia necesaria para el desprendimiento de todo aquello que entorpece nuestra vida y posterga a Jesús. Ello nos exige poner nuestra mirada en el Señor dejando todo lo demás en un plano secundario. Y eso es superior a nuestras fuerzas. Sólo injertados en el Espíritu Santo podremos soportar el camino tras los pasos de Jesús.

Jesús nos lo ha dicho muy claro: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

domingo, 1 de julio de 2018

EN EL FILO DE LA DUDA

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Mc 5,21-43
En muchos momentos de nuestra vida dudamos. Dudamos incluso de nosotros mismos y de nuestras fuerzas y nos quedamos desorientado y sin rumbo. Incapaces de seguir adelante y de buscarle sentido a nuestra vida. ¿Qué nos ocurre? En estos casos podemos abandonar y quedarnos hundidos en nuestra propia misera como veletas al viento, o reaccionar y ser capaces de levantarnos.

En nuestro camino caeremos muchas veces. Somos débiles y pecadores, y seremos víctimas muchas veces de nuestros propios pecados. Pero, lo importante es que podemos y debemos levantarnos y nunca detenernos. Ejemplos de eso nos vienen dos hoy en el Evangelio. Una, aquella mujer enferma de flujos de sangre, que habiéndolo perdido todo e incluso empeorando creyó que si lograba tocar el manto de Jesús se curaría. Y lo buscó hasta conseguirlo. Su fe tuvo premio. 

El segundo fue aquel jefe de sinagoga que recurrió a Jesús, habiendo oído hablar de Él, para que curara a su hija. E incluso persistió hasta habiendo recibido la noticia de que su hija ya había muerto. Tanto en uno como en otro hay un denominador común, la persistencia, la constancia y, sobre todo, la fe. Creo que es en esa actitud y esperanza con la que hay que mirar y leer este episodio evangélico. ¿Soy yo también constante, persistente y confiado en el poder del Señor? ¿Creo que Jesús puede salvarme, no sólo de algún apuro o muerte terrenal, sino darme la verdadera salvación para la eternidad?