| Mt 6, 7-15 |
Debía mucho y no tenía con qué pagar. Su jefe había ordenado que todos sus deudores le presentaran cuenta. La única posibilidad a la que se agarraba Jaime era la de pedir clemencia.
Cuando llegó el día señalado, Jaime se postró ante su jefe y, estremecido y tembloroso, le rogó que le diese tiempo para pagarle su deuda con su trabajo.
El jefe, compadecido al ver a Jaime con deseos de pagar su deuda, no solo reparó en concederle tiempo para pagarla, sino que se la perdonó íntegramente.
La alegría de Jaime era incontenible. Sentía que le habían quitado una pesada losa de encima y su agradecimiento no tenía límites.
Sintió un gran alivio y, camino de su casa, se cruzó con un amigo que le debía una pequeña cantidad.
—Hola, Servando, precisamente ahora caí en la cuenta de que me debes algo de dinero…
Le miró agresivamente y le exigió que le pagara.
Servando, algo nervioso, le dijo:
—Ahora no puedo pagarte, pero dentro de un breve tiempo creo que podré. Te ruego que tengas un poco de paciencia. Te pagaré.
Extrañamente, Jaime, que había sido perdonado de su deuda, no reaccionó de la misma forma con Servando y, enfurecido, respondió:
—No esperaré más. Si no me pagas ahora, te denuncio y atente a las consecuencias.
Manuel, levantado en medio de todos los que le escuchaban, dijo:
—Esta historia se repite muchas veces. Y muchos no responden de la misma forma. Piden perdón, pero no actúan así con los demás…
Tomó la Biblia en las manos y señalando el capítulo seis de Mateo, versículos del siete al quince, leyó:
—En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo…
Hizo una pausa y, lentamente y levantando la voz, añadió:
—Termina con estas palabras: Porque si perdonan a los hombres sus ofensas, también les perdonará su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre perdonará sus ofensas.
Todos se dieron cuenta de la gran importancia de perdonar. Además, comprendieron que, al rezar el Padrenuestro, están prometiendo perdonar de la misma manera que son perdonados por Dios Padre.
Nos preguntamos: ¿Estamos nosotros en esa actitud de perdonar como nos perdona nuestro Padre Dios?