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sábado, 4 de abril de 2026

QUIERO VIVIR

Mt 28, 1-10

Ambrosio se sentía decepcionado. La idea de que un día llegaría la hora de la muerte no encontraba sentido en su corazón. Él quería vivir y eso es lo que más anhelaba.

Pero, no solo él, me atrevo a decir que todos. Recuerdo de una persona cercana y muy querida que en sus últimas horas me dijo: Creo en el Señor, pero quiero vivir.

Sí, es verdad, todos queremos vivir y la cercanía de la muerte nos lleva a buscar la vida. Y la vida solo se encuentra en aquel que es la Vida, la Verdad y el Camino.

Enfrascado en esos pensamientos, se acercó a la terraza de Santiago con la intención de encontrar respuestas a sus deseos de eternidad.

La terraza estaba activa y se discernía precisamente sobre la eternidad.

—Todos queremos ser felices —hablaba Joaquín—, y buscamos la forma de conseguirlo.

—Estoy de acuerdo, pero no hay manera de lograrlo —respondió Ambrosio—. Eso es lo que más anhelo en esta vida, ser eterno.

Y mirando con cara de resignación a Joaquín, dijo:

—¡Hasta ahora nadie lo ha logrado!

Se detuvo unos segundos y, con melancolía, clavó sus ojos en él y añadió:

 —Y con el tiempo, nos hacemos viejos, hasta que llega el momento en que la vida se nos apaga.

Manuel, que había oído toda la conversación, levantó su cabeza, alzó los brazos y, llamando la atención, proclamó:

—El Evangelio de hoy (Mt 28, 1-10) anuncia la Resurrección de Jesús: … No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho…

María Magdalena y la otra María son testigos del primer anuncio que les da el ángel cuando se dirigían al sepulcro.

Entonces, se puso de pie y moviendo los brazos exclamó:

—No encuentran lo que esperan, sino a un mensajero y su mensaje: No teman, ya sé que buscan a Jesús el crucificado. No está aquí: ha resucitado.

Guardó silencio unos segundos y, con alegría y convencimiento, proclamó:

Sí, Jesús, el Señor, ha resucitado. También nosotros, los que creemos en él, resucitaremos.

En ese instante, el corazón de Ambrosio vibró de alegría y gozo. Sí, su vida tenía ahora sentido y esperanza. Hay vida más allá de este mundo: vida eterna en y con el Señor.

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